La Foto de la semana 07-04-2013: "Plaga de medusas"

Edurne Iza, Plaga de medusas
En los últimos años hemos observado atónitos verano tras verano como nuestras costas se llenan de estos viscosos  animales cuya proximidad nos aterra con la misma intensidad que nos llena de curiosidad. Varios son los motivos que provocan este aumento estacional de medusas. En primer lugar la contaminación de las aguas marinas, acrecentada en las zonas costeras por la mezcla de corrientes de las desembocaduras de ríos. Éstos van cargados de nitratos y fosfatos procedentes de abonos y fertilizantes para la agricultura y residuos urbanos y de fábricas, provocando un incremento de la población de fitoplancton que en combinación con la subida estacional de las temperaturas del agua ofrecen un entorno ideal para la proliferación de diversas especies de zooplancton, alimento fundamental de las medusas, de modo que  proliferan de forma masiva en las épocas cálidas.
Al mismo tiempo en las últimas décadas, los principales depredadores de la medusa, la tortuga marina o el atún rojo, han visto disminuida su población por la contaminación de las aguas si hablamos de las tortugas o la pesca indiscriminada en el caso del atún. Esta pesca incontrolada ha disminuido en general la población de todo tipo de especies marinas, lo que a su vez contribuye a que nuestros mares contengan elevados niveles de zooplancton que dejan de ser ingeridos y sirven de caldo de cultivo a nuestras protagonistas de hoy. De igual modo el cambio climático, el calentamiento global y la construcción de espigones, muelles y zonas ganadas al mar, sirve de asentamiento para los pólipos facilitando de igual manera la proliferación de esta especie. 

Este verano cuando estéis paseando por la playa y diviseis las masas viscosas flotando en la orilla, veréis algo más que una simple medusa. Tendréis ante vuestros ojos un flash forward de la destrucción de nuestro planeta. 




Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 31-03-2013: "Venganza"

Edurne Iza, Venganza
Aquella mañana del último día de Marzo en que los relojes habían cambiado de hora debían encontrarse en el puerto. Subir a aquel barco que les llevaría lejos de todo y de todos. Comenzarían una nueva vida juntos. En la otra orilla del mar, donde los viejos rencores de una pelea familiar que había sucedido hacía varias generaciones, no podrían alcanzarles. Donde eran dos jóvenes más. Enamorados y libres para disfrutar de sus vidas sin tener que honrar un apellido, una memoria que sólo les había traído tristeza y desgracia. 
Hacía más de doscientos años sus tatara-tatarabuelos se habían batido en duelo por un asunto de tierras. Era una historia oscura y siniestra cuyos motivos y circunstancias desequilibraban a un lado o al otro la balanza, dependiendo de cual de las dos familias la contara. Sin embargo, en ambas versiones coincidían dinero, poder, orgullo, alcohol, amor no correspondido y... armas. Una combinación que no importa la época, el lugar o el narrador, siempre tiene un desenlace dramático. Y tan dramático fue, que en pleno siglo XXI aún sus descendientes pagaban el precio de la histórica pelea. Los jóvenes, cansados de sentirse los protagonistas de un Romeo y Julieta con WhatsUp y iPad, decidieron poner distancia y comenzar de cero sin la herencia de rencor y venganza con la que sus familias respectivas les habían obsequiado.
"Mañana a las 16:00 en el Moll de Ponent. Te amo." Rezaba el mensaje que Daniela leía una y otra vez mientras observaba la placa de piedra que indicaba claramente "Moll de Ponent" y revisaba con nerviosismo la hora del reloj cuyo minutero avanzaba implacable y de uno en uno había pasado por todos los minutos hasta llegar hasta el 58. 16:59.... 17:00. Daniela envió docenas de mensajes, y llamó varias veces al número de su amado, pero el teléfono estaba apagado o fuera de cobertura. ¡Cómo odiaba aquella frase!. Los minutos siguieron avanzando y las agujas marcaron las 18:00. Decidió acercarse a su casa. Quizá pudiera averiguar qué había sucedido. Estaba segura de que él no le habría abandonado así como así, por lo que algo realmente grave debía haber pasado. Recorrió media ciudad, tomó el funicular, para subir a la parte más alta. Todo un barrio construido en la ladera de la montaña. Llegó a la puerta de su casa y vio un grupo de gente arremolinada alrededor de una ambulancia. Su corazón se agitó y latía con tanta fuerza que pensaba que saldría por su boca. Vió a la madre siendo atendida por los servicios de emergencia. Al padre, detenido por la policía local y a la hermana llorando con desesperación y siendo consolada  por una vecina. Luego reparó en una camilla, que transportaba un cuerpo. Justo antes de que lo introdujeran en la ambulancia, logró acercarse a empujones y retirar la sábana que cubría el cadáver. Sus ojos de aquel verde imposible que tan dulcemente le miraran, estaban abiertos. Perdidos para siempre en el infinito. Sin expresión. 
Daniela comprendió en ese instante que de algún modo, el padre había descubierto sus planes de huida y antes que permitir a su hijo escapar con la heredera de su archienemigo, en un instante de locura, había matado a su propio hijo. Cuando el filicida estaba siendo introducido en el furgón policial sus miradas se encontraron. La del hombre destilaba locura, la de Daniela por primera vez odio. 
Por más que intentaron sustituir el odio por amor... Daniela ya sólo viviría para fraguar su venganza. El mal había vencido.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 24-03-2013: "Gacelas... Somos todos"


Edurne Iza, Gacelas... Somos todosLas gacelas son herbívoros ágiles y delicados, viven normalmente en la sabana y son capaces de alcanzar velocidades de más de 90 Km/h y de mantenerse entorno a los 60Km/h durante prolongados espacios de tiempo. Aunque solemos asociar estos gráciles animales al continente africano... Estamos rodeados de gacelas. No nos engañemos. Miguelito el pequeñuelo del quinto, corre como una de ellas cuando después de descubrir su enésima travesura, su madre lo persigue endemoniada con la zapatilla en la mano. Cuando el primer día de rebajas los grandes almacenes abren sus puertas, qué son si no gacelas todos los que se pelean por llevarse a casa el mejor chollo... Bueno, quizá en este caso, las gacelas sean las pobres dependientas asediadas por los cientos de leones hambrientos de ganga. Qué me decís de las carreras de los niños cuando suena el timbre que anuncia el final del día escolar. Por no hablar de un pasillo del metro en hora punta... En realidad, ahí podríamos encontrar a más de un felino, rumiante e incluso ave carroñera... Pero eso ya lo dejamos para otro capítulo de National Geographic.
Hasta yo, aunque me avergüence reconocerlo, me convertí en gacela la noche en que de improviso aquel compañero de trabajo tímido y callado se me declaró tartamudeando tras una cena de empresa, ante lo cual no pude por menos que apresurarme a aclararle lo mucho que me alegraba que fuese mi AMIGO.
Pues sí amigos lectores, no hace falta engancharse a un reportaje de la 2. Con darnos un paseo por nuestra rutina diaria descubriremos que... Gacelas somos todos.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 17-03-2013: "Reflejos"

Cuando un rayo de luz, en su recorrido, topa con un objeto u otro medio se produce un fenómeno denominado reflexión, por el que ese rayo de luz, al chocar con otro medio, se desvía de su recorrido inicial y vuelve al medio original devolviéndonos, como en el caso de los espejos, la imagen reflejada. Para que esto se produzca, la superficie contra la que rebota el haz de luz debe ser lisa, dura y pulida porque de ese modo los rayos reflejados regresarán en la misma dirección pero sentido contrario al que fueron emitidos generando el reflejo. A este tipo de reflexión se le denomina especular.
Existen además la reflexión difusa, extendida, mixta y esparcida. En todas ellas los rayos reflejados no regresan sobre la misma dirección que los emitidos si no que combinan varias direcciones en su retorno, debido a la rugosidad e irregularidad de los materiales contra los que chocan. Es por ello que no podemos vernos reflejados, por ejemplo, en una hoja de papel o en una olla llena de arroz hervido.
Conocida como la Ley de Beer-Lambert, existe todo un desarrollo científico que explica el comportamiento de la luz al atravesar diferentes superficies. Ambos científicos, uno de origen francés y el otro alemán, estudiaron a finales del siglo XVIII el comportamiento de la luz, concluyendo en la teoría que hoy lleva su nombre y que sin saberlo explica muchos de los gestos diarios que realizamos en nuestras casas, como mirarnos al pasar por delante de un espejo o una ventana, buscar nuestra imagen en el fondo de una cacerola con agua o incluso en la concavidad de una cuchara de acero inoxidable.


Páginas de interés: http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Beer-Lambert


Foto: Edurne Iza
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La Foto de la semana 10-03-2013: "Hijos del Rock & Roll"

Edurne Iza, Hijos del Rock & Roll
De lunes a viernes me disfrazo de profesional. De persona seria y responsable, con  traje y corbata. Mi cara de pocos amigos me protege contra preguntas indiscretas acerca de mi vida privada. No soporto a las malas personas cargadas de buenas intenciones que se acercan armados de una amplia sonrisa con el claro propósito de saber. Sobre las vidas de los demás. Quizá con la esperanza de descubrir algún oscuro secreto que les haga olvidar por un momento sus existencias oscuras y monótonas. Yo sin embargo, los mantengo a raya, convenciéndolos de que soy un huraño y amargado cincuentón que vive para y por su empleo. De ese modo, mi verdadero yo , que es en realidad por el que trabajo tan duro, revive cada viernes a las seis de la tarde, cuando me enfundo mis tejanos raídos, y lo dejo aflorar. Pues sí, señoras y señores, los viejos roqueros nunca mueren y yo al igual que el Maestro Ríos, soy un hijo del Rock and Roll. Del sol, la arena, el mar y el Windsurf, siempre que su majestad el astro rey se digne a soplar. De primera fila de concierto apestando a cerveza y sudor. Soy fan de los karaokes y de pasar tiempo con mis amigos. Estoy ahorrando para tomarme un año sabático y dar la vuelta al mundo con una mochila cargada a la espalda. Dejar atrás a esas personas cuyas mentes nunca han salido de sus diminutos pueblos porque están convencidos que más allá no hay nada mejor. Mientras ellos se sumergen en su rutina, yo me dejaré arrastrar por los aromas de otros mundos. El suave tacto de la libertad acariciará mi rostro. Y a lo lejos seguiré escuchando el familiar soniquete del Bien-ve-ni dos.






Foto: Edurne Iza
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La Foto de la semana 03-03-2013: "Mar de espuma"

¿Nunca os habéis preguntado por qué se forma esa deliciosa espuma blanca cuando el agua de mar choca contra las rocas o la orilla de la playa?. Según Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Espuma), se forma como consecuencia de la aglomeración de burbujas que persiste durante un corto tiempo en la superficie del mar, agitada por causas mecánicas. La formación de la espuma marina se facilita por varios factores químicos o físicos: una diferencia muy grande entre el aire y el agua, la alcalinidad del agua, el contenido de ésta en encoloides disueltos etc. Sin embargo existen lugares de nuestro planeta donde como consecuencia de la coincidencia de una serie de fenómenos, podemos asistir al maravilloso espectáculo de ver el mar literalmente convertido en espuma. Esto sucede en Australia cada tres a cinco años, donde debido a una combinación de vientos extremadamente fuertes y lluvias torrenciales se produce una agitación de la materia orgánica que contiene el océano provocando que los amantes del agua y los deportes acuáticos puedan experimentar la increíble sensación de nadar, surfear o simplemente flotar en espuma. A pesar de la extraña sensación visual que produce, los expertos aseguran que esta espuma no es en absoluto nociva para la salud.



Algo similar sucedió en la localidad escocesa de Footdee, donde los ciudadanos y sus mascotas, tuvieron la oportunidad de disfrutar de este curioso capricho natural.



Foto: Edurne Iza
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La Foto de la semana 24-02-2013: "Justicia"


Arrastraba mi maleta por la calle. Las últimas luces del día iluminaban el cielo tiñéndolo de un  azul intenso y profundo. Los arcos de la estación de autobuses resplandecían, blancos. A mis ojos se aparecían como las mismísimas puertas del paraíso. Después de tanto sufrimiento y penalidades para mí era la oportunidad de volver a empezar. Desde cero. Una nueva vida. Nadie encontraría jamás las huellas de mi pasado.  Las aguas bravas rompiendo contra los acantilados de piedra, arrastrarían los restos de aquel cuerpo donde nadie jamás pudiera encontrarlo. La voracidad de los peces y otros animales marinos, harían el resto. Nunca había pensado que sería capaz de matar a nadie y sin embargo no tenía remordimientos. Sólo una palabra retumbaba en mi mente... Justicia. En realidad no lo había planeado. Sencillamente sucedió. La semana anterior había acudido a una reunión a su flamante despacho de la sucursal bancaria. La única solución, me dijo, es que embarguemos su vivienda. Si hubiera cumplido usted con los plazos de la hipoteca no nos veríamos obligados a tomar esta dolorosa decisión.
Dolorosa?, sonaba extraño, viniendo de aquel tipo desalmado y sin escrúpulos... Dolorosa. Por eso, viéndome sola, desvalida, sin trabajo, sin el techo que me había dado cobijo desde hacía mas de veinte años, no me lo pensé dos veces cuando aquella mañana fría del mes de Enero, el azar que es sin duda caprichoso, me había hecho cruzarme con él en aquel acantilado solitario. Más de cien kilómetros al norte de mi ciudad de residencia. Nada podía relacionarme con ese lugar. Sólo había decidido pasear cerca del mar para intentar aclarar mis ideas. Tomé el primer autobús y me bajé en aquel pequeño pueblo de costa al que nada me unía, con el que nadie podría jamás relacionarme. Caminé durante horas a la orilla del mar, al borde de los acantilados solitarios. Hacía frío, pero iba enfundada en una gruesa bufanda y unos guantes de lana que me protegían. A lo lejos apareció una silueta que me resultaba conocida. Mis ojos se encontraron por un segundo con los del hombre, una vertiginosa sucesión de imágenes atravesó mi mente. Mi casa, las escrituras, los documentos de la hipoteca, el momento en que la policía me obligaba a abandonar mi hogar... Simplemente le empujé y observé su cara de horror mientras caía al vacío.



Foto: Edurne Iza
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La Foto de la semana 17-02-2013: "La frontera"

Edurne Iza, La frontera
Había caminado durante horas por aquel sendero rocoso que bordeaba el mar. Los serpenteantes muros de piedra, las casas que moldeaban sus paredes curvas como en un juego al vaivén de las olas y sin embargo, ni una sola persona en horas. Había sido un día soleado, de cielo raso y despejado y en mi caminar, la noche había ganado terreno, las sombras se habían apoderado del mar, las rocas y el cielo. Sólo escuchaba los gritos lejanos de algunas aves marinas y el jugueteo del agua acariciando las rocas. Si prestaba atención, también mis pisadas y el susurro de mi respiración. Había caminado durante horas pero no me sentía cansada. Necesitaba llegar a la frontera y desaparecer como la espuma de las olas. Dejar atrás un pasado oscuro y triste. Lleno de nombres, de caras y lugares que no quería recordar. De malas personas cargadas de buenas intenciones. De lobos con piel de cordero. Había comenzado aquella aventura con mi inseparable compañero de viaje. Ambos nos habíamos infiltrado en las filas enemigas. Éramos dos soldados adiestrados para obedecer, para no fallar, para alcanzar nuestro objetivo o morir por él. Y era la muerte la que había truncado mi destino. Él había caído prisionero y había elegido morir antes que delatarme o dar información sobre la operación en la que trabajábamos. No sé por qué me sorprendo, yo habría hecho lo mismo. Estábamos entrenados para abstraer la mente del dolor. No pensar, abandonar nuestro cuerpo, bajar las pulsaciones, morir. Pero para mí había marcado un antes y un después. Ya no encontraba sentido a aquella guerra absurda. No sin él. Así que emprendí mi camino, por una ruta poco transitada. Antiguo camino de piratas  y contrabandistas. Ya debía estar cerca, tan sólo unos pocos kilómetros me separaban de un nuevo nombre, un pasaporte diferente, la oportunidad de comenzar de cero.
Frente a mí, se mostraba un nuevo recodo del camino. Estaba muy iluminado y eso me asustaba. Había aprendido que la oscuridad es la mejor aliada del que huye y yo llevaba mucho tiempo huyendo, demasiado. Desconfiaba de la luz. Agucé el oído y el inconfundible eco de las órdenes militares me hizo estremecer. Si me encontraban estaba perdida. Si eran los de mi bando, me juzgarían por desertar. Si eran los del contrario me torturarían hasta la muerte para obtener información. Ya no había amigos o enemigos. Eran el resto... Y yo. Salté al otro lado del muro agazapándome entre las rocas, manteniéndome donde la luz no pudiera delatarme. Los pasos se acercaban y también las voces, cada vez más claras. Junto a mi mano cayó la colilla aún encendida de un cigarro. Los soldados continuaron su marcha, distraídos y confiados. Permanecí oculta aún varios minutos. Luego atravesé la zona iluminada por el otro lado del muro, no quería más sorpresas. Dos horas más tarde, arropada por la oscuridad y con la cara llena de salitre llegué a la frontera. Lo había conseguido.




Foto: Edurne Iza
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La Foto de la semana 10-02-2013: "No nos moverán"



Toda una generación creció disfrutando con las aventuras de aquellos niños de los setenta que montaban en bicicleta y vivían juntos una odisea tras otra. Nos mostraron la magia de las vacaciones de verano en los pueblos de costa, la inocencia de una época que ahora parece casi olvidada. Cuando los niños no teníamos teléfono móvil, ni videojuegos. Cuando los coches no disponían de aire acondicionado ni circulaban a 200 Km/h. Cuando las digestiones de dos horas eran sagradas antes de bañarse y las playas no estaban infestadas de plagas de medusas.  Sin embargo, hay algo que casi treinta años después continúa igual. En uno de los capítulos de la inocente serie televisiva, que por si hay algún lector despistado o demasiado joven, era "Verano Azul", los protagonistas se unían para evitar el desahucio del bonachón Chanquete. Hoy las calles se llenan de gentes para protestar y defender a los cientos familias que son lanzadas de sus casas a diario, sin escrúpulos. Sus recuerdos, toda una vida les es arrebatada ante notario con absoluta impunidad. Desde la comodidad de nuestros salones, disfrutamos de la película de los domingos, proyectada en pantalla plana de alta definición, nos indignamos llenos de solidaridad por los pobres campesinos de la época medieval a los que los señores feudales despojaban hasta del alimento de sus hijos y sin embargo... ¿Qué ha cambiado?.  Lo único distinto hasta hace muy poco era, que la mayoría de la población en lugar de vestirse con andrajos, podía ir a comprar a Zara, que tenía un plato en la mesa y un vehículo con el que desplazarse.  Sin embargo comenzamos a atender atónitos a noticias como las de Emilia Soria, a punto de ser condenada por robar pañales y comida para sus hijos. La población en masa salió en su defensa y las protestas y las firmas la salvaron in extremis. Ya se habla de modernas versiones de Robin Hood, salpicados a lo largo y ancho de este mundo. Hemos caído en la trampa del progreso, de la globalización, del estado del bienestar. Qué fácil sería todo si como aquellos personajes de hace treinta años pudiéramos resolverlo al grito unánime del "¡No nos moverán!".



Foto: Edurne Iza
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La Foto de la semana 03-02-2013: "Tormenta"

Edurne Iza, Tormenta
Sus sentidos fueron despertando uno tras otro. Entreabrió los labios y una bocanada de sal marina inundó sus fosas nasales y papilas gustativas. Luego sus dedos palparon la áspera superficie de las rocas y el estruendo de las olas rompiendo contra ellas alertó sus oídos. Finalmente fueron sus párpados los que con debilidad se levantaron para destapar ante sí un espectáculo de furia natural. Elementos en estado puro. Cuando consiguió procesar la información y darse cuenta de dónde estaba se sentó de un respingo y comenzó a buscar al resto de sus compañeros. Unos metros más allá le pareció ver algo que se mecía a merced de las olas. se acercó y vio el cuerpo de Juan, con la cara hundida en la arena y un charco de sangre rodeando su cabeza. Luego encontró a Tomás y a Pedro. También sin vida. Ángela era la única que no aparecía. Recorrió la zona arriba y abajo incesantemente en busca de algún rastro de su amiga, pero nada. Definitivamente había desaparecido. Parecía ser ella la única superviviente de aquella estúpida excursión que los viejos marinos del lugar tanto les habían desaconsejado. Fueron varios los que advirtieron al grupo de jóvenes que no debían aventurarse mar adentro con la tormenta que se avecinaba y sin embargo, desoyeron todas las advertencias y se echaron a navegar. Continuó caminando sin rumbo, con la esperanza de encontrar alguna población cercana donde poder explicar su desgracia y que vinieran a recoger los cuerpos de sus amigos. No podía abandonarlos allí para que fueran pasto de los peces. No sabía con exactitud dónde se encontraba, cuántas millas el océano enfurecido les habría desviado de su ruta. Dobló un recodo, luego otro. La tormenta había cesado y el mar mostraba ahora su cara más amable e inofensiva.

Al borde de la extenuación se sentó en unas piedras para recobrar el aliento, con la mirada perdida en el vacío, sin poder creer aun lo que les había sucedido. Juan, Tomás y Pedro muertos, Ángela desaparecida y ella allí, perdida en aquel paraje inhóspito. Absorta en sus pensamientos como estaba, tardó unos segundos en reconocer la voz de Ángela llamándola por su nombre. Parecía proceder de mar adentro pero allí no había nada. Se frotó los ojos incrédula y de pronto descubrió a lo lejos la pequeña embarcación en la que había comenzado toda la tragedia. ¡Era Ángela y estaba viva!.

Entre sollozos, las dos amigas se abrazaron y Ángela le relató como una ola gigantesca había barrido la cubierta arrastrando a todos menos a ella que se había atado fuertemente al timón para no dejar el barco a la deriva. Varias veces estuvo a punto de naufragar, pero la fortuna y su destreza con el timón, hicieron que aguantara. Luego cayó rendida sobre cubierta y al despertar se percató de que sus amigos ya no estaban y decidió recorrer la costa en su busca. Juntas recogieron los cuerpos de sus amigos y pusieron proa al puerto de origen. No sabían si sentirse afortunadas o culpables.



Foto: Edurne Iza
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La Foto de la semana 27-01-2013: "¡Malditos artistas!"



Edurne Iza, ¡Malditos artistas!
Le parecía mentira haber escapado. Respirar de nuevo el aire limpio y no el denso fluido viciado de la cueva. Sus ropas estaban desgastadas y agujereadas, sus zapatos tenían las suelas abiertas. Debía hacer frío, mucho, porque al alzar la vista, observó que las ramas de los árboles, cubiertas de nieve, se habían congelado. Sin embargo, lo único que sentía era la tibia y reconfortante caricia de la libertad. Se detuvo unos segundos y contempló el paisaje, le parecía caminar a través de un bosque de cristal. Se hubiera quedado admirando aquella escena de cuento durante horas, pero no podía correr riesgos. Pronto se darían cuenta de su ausencia y comenzarían a buscarle. Volviendo bruscamente a la realidad miró hacia atrás para comprobar si le seguían y descubrió horrorizado sus propias huellas en la nieve marcando delatoras el camino que estaba siguiendo. Debía borrar su rastro para evitar ser capturado, así que arrancó unas cuantas ramas del camino y removió la nieve a su alrededor hasta que las pisadas quedaron confundidas con la tierra, la hojarasca y las marcas que habían dejado algunos animalillos del bosque. No podía estimar cuanto tiempo había permanecido recluido en aquella cueva. Las horas habían desaparecido de su mente y el sistema de medición se había convertido en el intervalo transcurrido entre una paliza y la siguiente. Aquellos salvajes estaban convencidos de que él podía ofrecerles información acerca del paradero de un tal general Stark. No había oído ese nombre en su vida, ni tenía nada que ver con generales, armas o secretos de estado. Durante su cautiverio había intentado comprender por qué él. Un simple escritor fracasado que había tenido que recurrir a publicar folletines para pagar sus facturas a fin de mes. Lo cierto era, que aquellos tipos estaban convencidos de que él poseía una valiosa información y dispuestos a obtenerla a cualquier precio. También comprobó que sabían bien cómo hacer sufrir a un hombre llevándolo al límite de sus fuerzas pero sin matarlo y sintió en su propia piel la resistencia del cuerpo humano. Le habían golpeado cada músculo, arrancado uñas de las manos y pies, apenas le daban alimento y sin embargo, con el descanso adecuado entre tortura y tortura, su vida se había convertido en una montaña rusa de dolor y penalidades.

Edurne Iza, ¡Malditos artistas!
Absorto en sus reflexiones, alcanzó un camino. Estaba lleno de pisadas y marcas de esquíes y trineos. Al final del sendero vislumbró una cabaña de madera. Pensó que podía ser su salvación y aceleró el paso todo cuanto sus doloridos miembros le permitieron. Comenzaba a presentar síntomas de congelación e hipotermia, no podía pensar con claridad y sin embargo, sabía que debía alcanzar aquella cabaña. Pensó en gritar y alertar a sus posibles habitantes, pero se arrepintió en el acto, pues podría, en su lugar, marcar el camino a sus captores. Cada vez veía la casa más cerca e intentó abstraer su mente del dolor pensando en algo que le reconfortara. De ese modo no notaría las agudas puñaladas que el frío le iba propinando. Se prohibió mirar hacia el suelo, para no ver sus pequeños dedos de los pies amoratados e insensibles desplazarse por la nieve agonizantes. Cuando había recorrido la mitad del sendero, ya no caminaba si no que arrastraba una de sus piernas, dejando un rastro claro en la blanca nieve. Hacía ya un rato que había perdido la rama con la que borraba sus huellas.


Edurne Iza, ¡Malditos artistas!
 Simplemente no tenía fuerzas. No podía más. Divisó ante sí la diminuta construcción de madera y se desplomó antes de poder alcanzar la puerta. Unas voces angustiadas lo hicieron regresar del mundo de los sueños. Levantó los párpados con debilidad y al reflejo de las llamas crepitantes de una chimenea, vio el rostro de una mujer que intentaba desesperadamente reanimarle. "¡Está vivo! ¡Gracias a Dios!". Entonces, le envolvió de nuevo la oscuridad.


- ¿Qué me dice señor Williams?
- Pues le digo que deja usted en este texto muchas incógnitas y preguntas sin resolver.
- Acordamos que le entregaría tan sólo las primeras páginas, para que pudiera usted hacerse una idea de la dinámica de la novela. No me dirá que no es emocionante...
- No puedo negarle que me ha gustado, es cierto.

- Entonces... ¿Aceptaría usted darme un adelanto para cubrir gastos mientras continúo escribiendo?
- Le daré un adelanto... No me extraña que el personaje de su novela sea un escritor arruinado que malvive de folletines... ¡Tiene usted dónde encontrar inspiración!.
- Sí señor Williams, lo que usted diga, pero acordemos ahora ese adelanto ¿de acuerdo?.
- Está bien, está bien... ¡Malditos artistas!

Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 20-01-2013: "Sabes más que los ratones coloraos"

Paseaba yo esta mañana, disfrutando del frío siberiano que azotaba la minúscula parte de mi rostro que no quedaba cubierta por la bufanda y el gorro, cuando ante mí ha aparecido esta simpática figura de latón, representando a dos pequeños roedores. Su imagen, me ha hecho recordar la popular frase "sabes más que los ratones coloraos" y he decidido investigar su origen. Carlos Canales y Jesús Callejo, publicaron en 1994, una guía en la que se explica el origen de diversos seres mágicos que plagan las historias infantiles más tradicionales. Al parecer, los ratones coloraos, son unos duendecillos que habitan en los bosques y que sólo pueden ser vistos por los niños. Adoptan forma de ratoncito vestido de rojo para realizar piruetas y morisquetas, capaces de entretener a los más pequeños. Así, ante la incrédula mirada de sus progenitores, el pequeñuelo que minutos antes lloraba o protestaba aburrido, parece distraerse, observando a la nada. Los adultos, en su necesidad de encontrar una explicación al repentino cambio de actitud de los niños, que han encontrado mirando al vacío  un entretenimiento, lo justifican, diciendo que son esos inteligentes seres, invisibles para los mayores los que con sus argucias, hacen las delicias de sus hijos. De ahí que aún en nuestros días, sigamos diciendo que aquellos que consideramos listos y espabilados, saben más que los ratones coloraos. Aún corriendo el riesgo de sonar un tanto repetitiva, no puedo evitar la tentación de terminar la historia de hoy diciendo que... colorín colorado, este cuento se ha acabado.


Foto: Edurne Iza, tomada en el puente Carl-Theodor de Heidelberg
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 13-01-2013: "Barcelona abierta al mar"

Edurne Iza, Barcelona abierta al mar
Barcelona es una ciudad de algo más de 1.600.000 habitantes, situada en un llano que queda delimitado por la sierra de Collserola al Oeste, el mar al Este, el río Besós al Norte y el río Llobregat al Sur. Posee uno de los puertos marítimos más importantes del Mediterráneo, un aeropuerto que fue utilizado, sólo en 2011, por más de 34 millones de pasajeros y ha sido en los dos últimos siglos, anfitriona de numerosos eventos deportivos y culturales de índole internacional como la Exposición Universal de 1888, la Exposición Internacional de 1929, Los Juegos Olímpicos de verano de 1992 y el Fórum Universal de las Culturas de 2004. 
Haciendo un poco de historia, encontramos indicios de los primeros pobladores de esta ciudad allá por los años 2.000 a 1.500 antes de Cristo, si bien es cierto que los primeros registros destacados de población, se atribuyen a los layetanos, un pueblo íbero asentado en la zona entre los siglos VII y VI antes de Cristo. Los primeros antecedentes del nombre Barcelona parecen estar relacionados con Amílcar Barca, padre de Aníbal, y que refundó la ciudad tras su toma por los ejércitos cartagineses. No obstante, cuando los romanos derrotaron a las tropas de Barca y se hicieron con la ciudad, la rebautizaron hacia el año 10 antes de Cristo como Colonia Ivlia Augusta Faventia Paterna Barcino.
En la actualidad existen en Barcelona ocho puntos declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, entre los que encontramos espacios o edificios tan emblemáticos como el Parque Güell o la Casa Milá. El litoral de la ciudad está dividido por diez playas que de sur a norte son: playa de San Sebastián, San Miguel, Barceloneta, Somorrostro, Nueva Icaria, Bogatell, Mar Bella, Nueva Mar Bella, Levante y los baños del Forum.
Barcelona está hermanada con al menos veintiséis ciudades de todo el mundo entre las que destacan: Atenas, Boston, Dublín, Río de Janeiro o La Habana. En un paso adelante Barcelona ha firmado, en los últimos años, convenios de amistad y cooperación con otras tantas ciudades, con el fin de establecer objetivos claros y tangibles.

Fuentes consultadas:



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 06-01-2013: "Literatura o celuloide"

Edurne Iza, Literatura o celuloide Libros o celuloide... A menudo el gran público se debate entre dos horas de sala oscura y sonido envolvente o varios días de inmersión compartiendo alegrías y tristezas con unos personajes a los que tenemos el privilegio de imaginar exactamente como queramos. En los últimos veinte años, hemos pasado de tener un sesenta por ciento de población que afirmaba no leer nunca a que ese porcentaje haya descendido hasta el cuarenta por ciento.Muy lejos aún de las cifras de otros países Europeos, pero una mejora, sin duda.
Asimismo hemos pasado de un cine basado casi exclusivamente en películas del denominado destape, a grandes producciones de diversos géneros con interpretaciones relevantes y guiones que cubren un amplio espectro de gustos.
Con frecuencia se organizan en pueblos y ciudades ferias del libro o festivales de cine con el fin de acercar a todos los públicos estas dos formas de expresión artística y cultural.
Las nuevas tecnologías también contribuyen a que libros y películas nos resulten más atractivas, o cuando menos diferentes. Hace ya algunos años que circulan los libros electrónicos, que podemos cargar con cientos de novelas para visualizar en una pequeña y ligera pantalla. Tampoco podemos olvidar el realismo con el que nos envuelven las películas en 3D.
En una época en la que nos abduce el consumismo, no deberíamos olvidar que si además de cumplir con las tradiciones y de hacer entrega de un vistoso paquete envuelto en colorido papel de regalo, éste puede contener un libro o una película, estaremos no sólo contribuyendo a mantener viva la cultura si no a potenciar la imaginación de los afortunados que lo reciben.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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¡Feliz Año Nuevo!


Urte Berri On! Feliç Any Nou!  ¡Feliz Año Nuevo!     Happy New Year!
Gutes neues Jahr!   Bonne Nouvelle Année!   Felice Anno Nuovo!  Feliz Ano  Novo!

Edurne Iza, Feliz Año Nuevo 
                    Fotografía nocturna de la torre Agbar en Barcelona iluminada
                                                         Diciembre 2012 Fotografía Edurne Iza

La Foto de la semana 30-12-2012: "El fenómeno de las comunicaciones"

Edurne Iza, El fenómeno de las comunicaciones
Aún no han pasado cincuenta años desde que en 1969 se inventara el protocolo de comunicaciones TCP/IP que permitiría crear Internet como un conjunto descentralizado de redes de comunicación. Se inició como método de conexión entre varias universidades estadounidenses. No fue, sin embargo, hasta 1990, cuando se creó el primer cliente y servidor Web, llamado WorldWideWeb y que desembocaría en la archiconocida www. Nació en Ginebra, de la mano de un grupo de físicos con Tim Berners-Lee a la cabeza. Crearon primero el lenguaje HTML, basado en el SGML, el efecto bola de nieve había comenzado.
En 1995, Sabeer Bhatia, nacido en India y doctorado por la Universidad de Stanford, en colaboración con Jack Smith, desarrollaron el primer servicio de correo electrónico gratuito y basado en la Web de Microsoft. Se dio a conocer oficialmente en Julio de 1996 y realmente cambió el concepto de comunicaciones.
Los jóvenes nacidos en las décadas de los 70 y 80 absorvimos entusiasmados esta nueva forma de compartir información. La adaptación fue vertiginosa y casi natural. Pronto quedaron atrás las cartas manuscritas, postales de Navidad y otros artilugios que hoy son casi dignos de vitrina de museo. Los nacidos a partir de los noventa ni siquiera conciben quedar con alguien en un lugar y a una hora, sin necesidad de enviar varios SMS o Whats App para confirmar la cita. No han vivido la sensación de salir de casa a las cinco diciendo "vuelvo a las once" respirando la libertad de que nadie esperara noticias durante esas seis horas.
Microsoft adquirió Hotmail en 1997 por cuatrocientos millones de dólares y lo rebautizó como MSN Hotmail.  En  Septiembre de ese mismo año, dos estudiantes de doctorado en ciencias de la computación, Larry Page y Sergey Brin, registraron el dominio de Google. Un año después fundan Google Inc que se estrena como motor de búsqueda en Internet, superando en muy poco tiempo a su antecesor AltaVista, creado en 1995. Pronto surge Adwords, la Barra Google, Google Maps, Imágenes, Noticias, Earth, Talk, Picasa, Calendar, Docs... y un sin fin de servicios propios o adquiridos, como el popular Youtube que fue comprado por Google en 2006.
Hoy a punto de entrar en 2013, nos parece inconcebible un mundo sin netbooks, ultrabooks, tabletas, smartphones, Facebook, Twiter, iCloud, iPod....
Quizá fuera a esto a lo que se referían los Mayas en su profecía del fin del mundo, porque no podemos negar que hace ya unos años que el mundo tal y como se concebía hace unas pocas décadas, ha desaparecido. El reto para las generaciones venideras es no permitir que la tecnología nos domine. Que nuestros hijos prefieran un abrazo humano a sumergirse en el mundo de Warcraft y que el mejor 3D siga siendo disfrutar frente al océano de una puesta de sol.



Fuentes consultadas:
http://es.wikipedia.org/wiki/Internet
http://es.old.buzzear.net/tag/jack%20smith
http://www.indobase.com/indians-abroad/sabeer-bhatia.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Google

Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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2013

 * 
2013

 Zorionak eta Urte Berri On

 Bones Festes i Feliç Any Nou
              
 Buenas  Fiestas y  Feliz  Año  Nuevo 
                
   Merry  Christmas  and a  Happy  New  Year 
                                                                    
 Frohe   Weihnachten  und  ein  glückliches  neues   Jahr
                                             Fotografía nocturna de la torre Agbar en Barcelona iluminada. Diciembre 2012
                                                                                                                                        Fotografía Edurne Iza
                                          

La Foto de la semana 23-12-2012: "El renacer de Virginia II"

Edurne Iza, El renacer de Virginia-^2°parteAmarró la barca y se dispuso a inspeccionar el islote. En aquel pedazo de mundo perdido entre la niebla, Virginia se sentía segura. Se acercó al faro. Vio que la pequeña puerta de madera que daba acceso a la torre, estaba abierta y golpeaba a merced del viento. Decidió entrar. No tenía miedo, era como si hubiera estado allí con anterioridad. A pesar de la humedad de las paredes, de la oscuridad y de los restos que las tormentas y el abandono habían desperdigado por todas partes, no tenía miedo. Por primera vez desde la desaparición de sus padres, sólo sentía paz. Decidida, subió la escalera de caracol hasta llegar a la parte superior y allí se encontró una estancia acogedora y muy amplia. Era un espacio circular y diáfano donde el dormitorio, el salón y la cocina, quedaban separados por algún mueble estratégicamente colocado o por la misma forma de la construcción. Un loft, pensó Virginia, con una sonrisa dibujada en los labios. Lo que darían mis amigos del club por vivir en un ático con vistas al océano. Su rostro se tiñó de amargura al recordar a esos amigos que hacía ya mucho la habían olvidado. Había unos cuantos enseres de madera, sucios pero aún aprovechables. Le llamó la atención un escritorio colocado de forma estratégica junto a una de las ventanas. La luz natural lo iluminaba con unos haces gruesos que Virginia parecía poder rodear con su mano. Distinguió una fotografía en una de las esquinas de la mesa. Tomó el marco, sopló para liberarlo de la densa capa de polvo que lo cubría y observó una imagen que la dejó atónita. Era ella, con no más de dos o tres años, sentada en las rodillas de un anciano, que sin embargo proyectaba la viva imagen de su padre. El hombre y la niña estaban sentados en un paraje idílico, las olas de fondo, ellos, cubiertos con gorros y bufandas, al abrigo de una glorieta con columnas de piedra. Era como un cenador mirando al mar embravecido. Virginia liberó la fotografía del marco y la giró para comprobar si había alguna anotación en su parte posterior. Su madre siempre escribía algo que le permitiera identificar en la imagen, quién y dónde. "Por si algún día no puedo recordarlo", solía decir. Los ojos de Virginia se humedecieron de nostalgia. Se acercó a la ventana para ver con más nitidez "El abuelo y Virginia en el viejo faro". Efectivamente, era la caligrafía de su madre.
Las reflexiones se agolparon en su cabeza. Por eso había percibido que conocía el lugar, ella ya había estado allí. Pero entonces, el hombre de la foto era su bisabuelo y ¿dónde estaba aquella glorieta de la fotografía? Debía salir de inmediato a inspeccionar la zona.
Bajó atropelladamente las escaleras, rodeó el faro e instintivamente se dirigió hacia una parte algo menos elevada del terreno. Descendió unos cuantos metros sorteando las rocas que con salvaje naturalidad protegían la atalaya. Al girar un recodo apareció ante ella el cenador. Siete columnas de piedra describían un círculo desafiando la inmensidad del mar. Se sentó exactamente en el mismo lugar en el que aparecían en la fotografía. Permaneció allí durante horas, escudriñando en su memoria los breves flashes de infancia en aquel remoto lugar. el sol ya desaparecía en el firmamento. Respiró con profundidad y dijo, estoy en casa. Volvió a la torre. Rebuscó en los armarios y cajones y para su sorpresa, encontró todo lo necesario para limpiar, reparar y organizar la estancia. Era como si nadie después de su bisabuelo hubiera vuelto a entrar allí. Como si aquel rincón del universo hubiera permanecido en silencio esperando que ella volviera un día a devolverle la vida que hacía tanto tiempo había perdido.
Las siguientes semanas Virginia se dedicó a arreglar las puertas y ventanas, limpiar en profundidad y ordenar sus pensamientos. En uno de los cajones del escritorio encontró cuadernos en blanco y bolígrafos. Al morir sus padres, una anciana sentada en los pasillos del tanatorio le había dado un consejo, "Escribe todos tus pensamientos, te ayudará a superarlo". Hasta entonces la joven había hecho caso omiso del consejo y sin embargo, allí, en el fin del mundo, pasaba los días escribiendo, paseando y pescando con una vieja caña que encontró en una alacena. Agradeció que la pesca deportiva fuera bien vista en los círculos sociales de su antigua vida. No hubiera podido sobrevivir de otro modo y sin embargo, ya estaba harta de comer sólo pescado.
Una lluviosa mañana, mientras paseaba con sus cuadernos llenos de notas junto al faro, le sobresaltó la voz de un hombre que la saludaba desde lejos. Resultó ser un agricultor que vivía en el litoral, justo frente a la torre. Virginia, recelosa al principio y relajada después, le contó su historia y cómo había llegado hasta allí. El hombre se interesó por sus escritos y le comentó que su hijo trabajaba en un periódico de la ciudad. Se notaba que el hombre estaba orgulloso y le pidió que le prestara algunas de las hojas, para que su hijo las valorara.
- A mí me parecen muy buenos y a ti te vendría bien algo de dinero con el que poder comprar ropa y comer algo más que pescado ¿no crees?. De momento te pasaré un cesto con tomates y algunas verduras. Considéralo un adelanto.
Virginia asintió sin muchas esperanzas. No podía creer que aquel hombre de manos curtidas y ojos sumergidos en una inmensidad de pequeñas arrugas, pudiera estar ofreciéndole una salida a su vida. Sin embargo, algo en su rostro le infundía confianza, como si ya se hubieran visto antes.
Al cabo de unos días el viejo regresó dando a Virginia unas noticias increíbles. Sus relatos habían fascinado al editor del periódico que le ofrecía un precio razonable por entregas semanales durante seis meses. El viejo entregó a Virginia un sobre con algo de dinero para pagar la primera entrega. A la muchacha le pareció una fortuna y abrazó al anciano llorando de emoción.
- Gracias, atinó a decir con voz ahogada.
El viejo le entregó los datos del editor para que Virginia pudiera organizar directamente sus entregas. 
- He visto que tienes una barca así que ahora que ya tienes algo de dinero y la dirección del periódico, no necesitas a un viejo como yo para que te haga de intermediario.
Virginia compartió con él la pesca del día y una animada charla. Al anochecer el hombre tomó su lancha y desapareció entre la niebla. Virginia escribía con más dedicación que nunca. Tomaba la barca cada semana y se acercaba a la ciudad. Entregaba sus escritos, cobraba, realizaba sus compras y regresaba al faro por la tarde. 
El anciano nunca más regresó. Infructuosas fueron las pesquisas de la joven en el periódico. Nadie parecía conocer a un hombre que trabajara allí y cuyo anciano padre fuera agricultor. Su benefactor desapareció como la niebla a mediodía.
Un año después, publicaba su primera novela, "El faro de Virginia" En la primera página podía leerse:
 "Con amor a mi bisabuelo,
eterno recuerdo a mis padres
e infinita gratitud a mi salvador"




Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 16-12-2012: "El renacer de Virginia I"

La barca avanzada sigilosa cortando con su proa la mar en calma. Virginia se sentía segura. La esponjosa niebla que le rodeaba acariciaba su rostro con suavidad. Hacía frío, pero ella sólo notaba la dulce protección de la invisibilidad. Se acercaban a la costa y el paisaje era abrupto, rocoso, salvaje. Para ella sin embargo, el paraíso. Aquella embarcación, rumbo a lo desconocido, era su pasaje a la libertad. Le había permitido dejar atrás un mundo de miseria, de hambre, de miradas lascivas y oscuras intenciones.
Edurne Iza, El renacer de Virginia-1ª ParteVirginia había sido una joven con un futuro prometedor. Graduada de una buena universidad, realizaba su proyecto final cuando recibió la noticia del fallecimiento de sus padres en un accidente aéreo. Hasta entonces había llevado una vida acomodada, sus progenitores habían costeado sus estudios y caprichos y ella era una joven feliz y despreocupada que sólo pensaba en tiempo presente, como tantos de sus compañeros. Pronto descubrió con horror el desorbitado importe de la hipoteca de su cómoda casa y los préstamos que sus padres habían contraído para pagar el máster en Nueva York, la ropa de marca, las clases de chino mandarín, las de Pilates y los fines de semana de esquí en los Alpes Suizos para su pequeña princesa. Sin embargo, no se les ocurrió matricularle en la escuela de la vida. Esa en la que te enseñan  a sobrevivir, a luchar por lo que quieres.
Así Virginia, se quedó paralizada. Durante meses vivió del dinero que aún quedaba en las cuentas. Pronto las cartas amenazadoras del banco y el resto de acreedores colapsaron el buzón, pero ni siquiera entonces supo qué hacer. Para entonces la crisis económica estaba azotando a la mayoría de las empresas, acudió apática y asustada a algunas entrevistas, pero nadie estaba dispuesto a contratar a una joven acomodada, con cara de no saber nada de la vida y sin ninguna experiencia profesional. Sin darse cuenta cómo, la casa familiar fue embargada por el banco y una mañana lluviosa del mes de Diciembre se encontró durmiendo en un cajero automático. Su mundo de color de rosa se tornó de golpe oscuro y sucio. Siempre había tratado con gentes bien intencionadas que le habían ofrecido una visión distorsionada del mundo real. Ahora le parecía estar interpretando un personaje de Los Miserables. Rodeada de cartones mugrosos, había tenido que esquivar propuestas indecentes a cambio de un plato de comida, soportar miradas de asco y recelo y sufrir las burlas de jóvenes de casa bien, en los que con faciliidad podía haber reconocido a alguno de sus antiguos amigos. ¿Dónde estaban ahora sus compañeros de estudios? ¿Las jóvenes del club? ¿Sus "very best friends"? Hacía tiempo que había dejado de preguntárselo. Estaba demasiado ocupada compadeciéndose de sí misma.
La mañana del veintiocho de Diciembre, como si de una broma macabra se tratara, el empleado de la sucursal bancaria que le había servido de hogar en las últimas y frías noches, la echó literalmente a patadas. Sin darle tiempo a recoger sus cartones, que pisoteó y lanzó con desprecio al contenedor de basuras. Ese día Virginia comenzó a caminar. Sin prisa, sin rumbo, sin mirar atrás. Simplemente caminó. Sus pasos le llevaron hasta el mar a las afueras de la ciudad, donde la urbe dejaba de serlo. Se sentó en una pequeña playa de piedras, cerca del agua juguetona que movía unas algas de color rojo. Al fondo un par de barcas de madera reposaban en la orilla. Observó el horizonte y vio a lo lejos un pequeño islote rodeado de densa y baja niebla que albergaba un faro abandonado. Recordó que su padre le había explicado que un antepasado de la familia había cuidado de aquella torre más de cien años atrás y que hoy en día con la estructura del nuevo puerto había quedado en desuso. Pensando en el viejo faro, el rostro de Virginia se iluminó y sonrió convencida de que había encontrado un rumbo que darle a su vida. Tomo una de las barcas de madera y se echó a la mar.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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