La Foto de la semana 28-09-2014: "¿Nacionalista? Sí igual que tú"

La tierra, las raíces, la lengua... Desde que comenzamos a tener uso de razón, subimos uno a  uno los escalones de la vida y en función del entorno social y cultural en el que crecemos, adquirimos con mayor o menor fuerza unos u otros valores. Estudiamos historia y memorizamos los acontecimientos vividos y sufridos por otras generaciones como si de películas se tratara. Como si el hecho de comprender y analizar los errores que otros cometieron, fuera suficiente para evitar que nosotros volvamos a tropezar con las mismas piedras. 
Hay palabras, conceptos, que de tanto repetirlos han perdido su esencia y el significado más puro y profundo que emanan. Democracia, libertad de expresión, estado de derecho... Sin embargo, miramos a nuestro alrededor y esos derechos básicos y esenciales de que todo ser humano debería disfrutar por definición, se quebrantan con total impunidad. A la vista y oído del mundo entero se pretende no sólo ignorar si no aplastar, el deseo de todo un pueblo, de muchos pueblos.
Hubo una época en la que decir en voz alta "soy nacionalista" era casi como reconocer un pecado por el que uno debía ser castigado. Nacionalismo ha sido una de esas palabras manidas y distorsionadas por los intereses políticos de unos y otros. Durante un tiempo intenté ocultar que me sentía nacionalista, por aquello de no ser señalada con el dedo, de no ser observada como sospechosa. Sin embargo, necesité muy poco tiempo para mirar a mi alrededor y comprender que los que me despreciaban por nacionalista, henchían su pecho al ver ondear la bandera de su nación; dejaban resbalar una lágrima por su mejilla al escuchar el himno de su país y gritaban con todas las fuerzas que sus pulmones les permitían si su selección de fútbol marcaba en un campeonato internacional. Ese día llegué a la conclusión de que todos somos nacionalistas y de que los nacionalistas más radicales, son a menudo los que intentan tachar despectivamente de nacionalistas a los que en inferioridad de condiciones por los acontecimientos históricos de los que antes hablaba, perdieron su frontera o sus derechos políticos y viven condenados a esperar una nueva oportunidad en la historia. Una curva inesperada, o premeditada, en el camino, que escriba un capítulo más en los libros que estudiarán los niños del futuro. Por eso cuando alguien me pregunta si soy nacionalista, mi respuesta es contundente: Sí, igual que tú.
Estamos en pleno siglo XXI rodeados de alta tecnología, inimaginable hace dos o tres generaciones y sin embargo los hombres y mujeres de este planeta, siguen dando su vida en sentido literal, político, económico o cultural, por una bandera, por un idioma, por una frontera o por un derecho básico e inquebrantable como la libertad de expresar sus deseos y sentimientos.

No se puede evitar que los árboles echen raíces, ni mirar al mar sin sentir que te invade una satisfactoria sensación de liviana libertad. 



Fotografía: Edurne Iza en Sa Conca, Platja D´Aro, Catalunya.
Texto: Onintza Otamendi Iza
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Alcantarillado

Se denomina alcantarillado (de alcantarilla, diminutivo de la palabra hispano-árabe al-qánṭara (القنطرة), «el puentecito») o también red de alcantarillado, red de saneamiento o red de drenaje al sistema de estructuras y tuberías usado para la recogida y transporte de las aguas residuales de una población desde el lugar en que se generan hasta el sitio en que se vierten al medio natural o se tratan.
Las redes de alcantarillado son estructuras hidráulicas que funcionan a presión atmosférica, por gravedad. Sólo muy raramente, y por tramos breves, están constituidos por tuberías que trabajan bajo presión o por vacío. Normalmente están constituidas por conductos de sección circular, oval o compuesta, la mayoría de las veces enterrados bajo las vías públicas.

 La red de alcantarillado se considera un servicio básico, sin embargo la cobertura de estas redes en las ciudades de países en desarrollo es ínfima en relación con la cobertura de las redes de agua potable. Esto genera importantes problemas sanitarios. Durante mucho tiempo, la preocupación de las autoridades municipales o departamentales estaba más ocupada en construir redes de agua potable, dejando para un futuro indefinido la construcción de las redes de alcantarillado. Actualmente la existencia de redes de alcantarillado es un requisito para aprobar la construcción de nuevas urbanizaciones en la mayoría de las naciones.


El más antiguo alcantarillado de que se tiene referencia es el que fue construido en Nippur (India), alrededor del 3750 AC. Posteriormente en los centros poblados de Asia Menor y de Oriente Próximo utilizaron conductos de alfarería, (Creta, 1700 AC). En Atenas y Corinto, en la Grecia antigua, se construyeron verdaderos sistemas de alcantarillado. Se utilizaron canales rectangulares, cubiertos con losas planas (atarjeas, propiamente dichas), que eventualmente formaban parte del pavimento de las calles; a las atarjeas afluían otros conductos secundarios, formando verdaderas redes de alcantarillado.
Existen muchos relatos y descripciones de las alcantarillas de la antigüedad, quizás las más conocidas sean las de la antigua Roma, de París y de Londres, estas dos ultimas alcantarillas construidas en Europa y en los Estados Unidos, se dirigían fundamentalmente a la recolección de las aguas de lluvia. Las aguas usadas de origen humano solo comenzaran a ser conectadas a las alcantarillas en 1815 en Londres, en Boston a partir de 1833, y en París, solo a partir de 18801
El primer sistema moderno de alcantarillado se diseñó en Hamburgo en 1842, utilizando las más modernas teorías de la época, teniendo en cuenta las condiciones topográficas y las necesidades reales de la comunidad. Este hecho significó un espectacular avance, considerando que los principios fundamentales en que se basó el proyecto no se generalizaron hasta inicios de los 1900, y siguen vigentes en la actualidad.2

 Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Alcantarillado
 Fotografía: Edurne Iza. Tapa de registro en la localidad de Platja d'Aro, Catalunya



La Foto de la semana 14-09-2014: "La fábula del sastre y las tijeras"



Érase una vez una aldea rodeada de montañas en la que vivían dos jóvenes sastres. Ambos trabajaban como aprendices en el taller del señor Lino y soñaban con poseer, algún día, su propio atelier. Diseñaban trajes elegantes y vestidos glamurosos. Por sus manos pasaban las telas más selectas y al tocarlas su imaginación volaba hasta elevarles al reino de la fantasía, donde cualquier deseo podía convertirse en realidad.
Cada año, coincidiendo con las fiestas navideñas, se celebraba un sorteo de lotería. Era un acontecimiento importante, puesto que muchas familias depositaban sus esperanzas en el premio. Resultaba divertido, sobre todo para los más jóvenes y entusiastas, elucubrar acerca de viajes, casas, joyas y todo cuanto el boleto agraciado les permitiría disfrutar.
Los dos alfayates vivían en sendas habitaciones en la posada de la señora Mesón, famosa por su pulcritud y las deliciosas recetas que nacían en su cocina. Por las noches llegaban extenuados, tras un día repleto de dobladillos, pespuntes e hilvanes, se sentaban en una de las mesas de madera y disfrutaban de la cena. Su modesto sueldo, sólo alcanzó para comprar un décimo que compartieron y sujetaron con los ojos cerrados, mientras el bombo giraba y las bolas eran seleccionadas. Cuando el último número estuvo fuera, comprendieron que eran ellos, los humildes aspirantes a modisto, los portadores del billete ganador.
Pasada la confusión inicial, cada uno tomó decisiones para que su sueño, unas horas antes imposible de cumplir, se materializara. Así, en pocas semanas, la aldea contaba con otras dos sastrerías: Cremallera y Tijeras. Podríamos pensar que nuestros jóvenes amigos, no se esforzaron demasiado en escoger los nombres para sus establecimientos y sin embargo la historia demostró que no podían haber sido más apropiados, ya que la estrategia empresarial de cada uno, reflejaba exactamente lo mismo que los objetos seleccionados.
Cremallera ofrecía a sus clientes productos de alta calidad y basaba su éxito en las duras horas de trabajo y en seleccionar las mejores materias primas. Empleó numerosos recursos en la investigación de tejidos y técnicas de fabricación que le permitieran aumentar el número de prendas por hora. Sus ventas crecieron a la vez que su fama y pronto necesitó contratar un ayudante. Decidió pagarle un buen salario, que le permitiera vivir con comodidad. El joven empresario se sentía motivado y orgulloso de la marca que representaba y reinvertía gran parte de los beneficios en el progreso de su negocio.
Tijeras mientras tanto, optó por lanzar una colección de bajo coste. Adquirió maquinaria de segunda mano, algo anticuada pero muy económica. Elaboró la ropa con fibras sintéticas y consiguió unas ventas iniciales muy elevadas, por lo atractivo de sus precios. Sin embargo, tan pronto los consumidores comprobaron la escasa calidad de su producción, los pedidos disminuyeron en picado. Los que se interesaban por sus productos, buscaban el precio más bajo del mercado, con lo que la presión por reducir costes se fue incrementando. El dueño de Tijeras decidió cambiar de local a uno más reducido y alejado del centro. Contrató operarios para manejar las viejas máquinas. Sólo podía pagarles la mitad del sueldo estipulado, pero tenían que trabajar el doble, por lo que los empleados apenas permanecían en Tijeras un par de meses. Tras los cuales, nuevas e inexpertas manos eran destinadas a controlar las agotadas cosedoras automáticas. Una fría mañana de Marzo se pararon. Habían dado demasiadas puntadas, sin reparaciones ni descansos. Sencillamente dejaron de funcionar. El sastre no tenía dinero para reemplazar el utillaje y se vio forzado a cerrar Tijeras. 
Pocos días después una mano temblorosa llamó a la puerta de Cremallera. Ambos amigos se encontraron uno frente al otro. Los recortes de Tijeras, en su irreflexiva persecución del mejor precio, le habían condenado a la bancarrota. El paso firme de Cremallera, buscando la excelencia y la innovación, le convirtieron en una empresa de referencia en el sector. Aquel día sus vidas volvían a cruzarse. Uno triunfador, el otro necesitado de ayuda. Se fundieron en un abrazo y frente a una taza de café caliente hablaron durante horas, como aquellas noches que habían pasado en la posada de la señora Mesón. Hicieron planes de futuro, trabajaron juntos aprendiendo de la experiencia y sólo utilizaron las tijeras para recortar las finas telas de sus creaciones.
Moraleja: ¿calidad, I+D+i, trabajo duro y salarios dignos o recortes indiscriminados, pérdida de la capacidad de consumo y regresión?


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 07-09-2014: "¡Buen viaje!"

Pocas veces a lo largo del año nos damos cuenta de que el tiempo pasa tan rápido como cuando estamos de vacaciones. Los primeros días, tenemos la sensación de poder realizar cientos de actividades. Por fin podemos dedicarnos a la familia, amigos, a nuestras aficiones y actividades favoritas sin la presión del reloj marcando los minutos para ir al trabajo, sacar al perro, llevar los niños al colegio, la hora de cierre del supermercado... Pasada la primera semana, los minutos pasan de un modo distinto. Es como si cada sesenta segundos durara, en realidad, treinta. En pocos días se acelera esta dinámica hasta que el día antes de la vuelta a la normalidad nos parece que se esfumara en apenas unas horas. Y así, de este modo, ha amanecido el primer fin de semana de Septiembre donde "La Foto de la semana" inicia una nueva travesía. Esperamos que sea un viaje apasionante, lleno de historias, imágenes y minutos para compartir con todos vosotros. Hoy levamos anclas rumbo al horizonte de la imaginación. A todos los que decidáis acompañarnos... Bienvenidos y ¡Buen viaje!







 




Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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