La Foto de semana 26-07-2015: "El bosque encantado"





En su delirio hubiera jurado que aquellos árboles podían moverse. Era un día gris y la luz apenas atravesaba la frondosidad del bosque. Tan sólo diferenciaba sombras. Siluetas alargadas en blanco y negro que se le antojaban gigantescos y amenazantes seres encantados. Nunca debía haber aceptado la pócima de Rebeca. Sin embargo la desesperación por encontrar a su amada le hubiera llevado a firmar un pacto con el mismísimo diablo si de ese modo hubiera tenido tan sólo una oportunidad de recuperarla. 
Le hablaron de Rebeca, la vieja curandera que vivía sola en una cabaña perdida en el bosque. Le aseguraron que si alguien podía idear un modo de hacer volver a un ser querido era sin duda Rebeca. Así que en un intento desesperado por huir de la realidad aporreó la desvencijada puerta de madera de su cabaña, le explicó su problema y aceptó beber  su pócima milagrosa con la esperanza de despertar junto a su querida Daniela como si todo hubiera sido únicamente un mal sueño.
La cabeza le daba vueltas, los árboles se le antojaban cada vez más altos y amenazadores. Sentía un profundo dolor en el estómago y su cabeza estaba a punto de estallar. En las tinieblas de su imaginación le pareció ver a Daniela. Tan hermosa como siempre. Ella le tomaba una mano y mirándole dulcemente a los ojos le susurraba unas palabras que recordaría el resto de sus días. Déjame ir. Libera mi espíritu para que pueda descansar en paz. Conserva mi recuerdo, pero deja ir mi alma. Algún día volveremos a encontrarnos. No en este espacio ni tiempo pero nuestros espíritus serán uno para siempre. En su ensoñación él aceptó, ella sonrió y su imagen desapareció entre las sombras de los árboles. 
Al despertar, tendido aún en el medio del bosque, comprendió que Rebeca tan sólo le había hecho enfrentarse a sus propios fantasmas. Daniela no regresaría a su vida. Era parte del pasado y debía dejarla ir para poder vivir su presente. Adiós Daniela... Adiós. 


Texto: Onintza Otamendi Iza
Fotografía: Edurne Iza

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La foto de la semana 19-07-2015: "Ecosistema lacustre"



Es un sistema dinámico que evoluciona lentamente con el tiempo y el clima. Durante miles y millones de años, los sedimentos se van depositando en el fondo de los lagos, acumulándose en espesores de metros hasta decenas de metros. Al mismo tiempo, los pantanos o los cinturones de vegetación boscosa pueden colonizar la parte central. Un lago con el tiempo se puede rellenar, y no funcionar ya más que como un estanque, después se convierte en un pantano y más tarde puede llegar a ser un bosque húmedo (en las zonas que siguen teniendo bastante humedad).
A medida que el lago es más profundo, más importante es la inercia térmica y química de la masa de agua. Por el contrario, algunos grandes cuerpos de aguas superficiales como los lagos poco profundos son muy sensibles y responden inmediatamente a los cambios ambientales (clima, hidrología, contaminación, las actividades humanas). Esto es aplicable también, pero a otras escalas espacio-temporales a los estanques y los mares.
Los lagos poco profundos, tiene delgadas láminas de agua.1 2
Algunos volcanes poseen lagos de cráter, algunos de los cuales son lagos ácidos y altamente mineralizados (Nota: también conocido como lagos de lava).
Los lagos relativamente cerrados, son vulnerables a ciertas especies invasoras cuando han sido introducidas en ellos (intencionalmente o no).

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Lago#El_ecosistema_lacustre

Fotografía: Edurne Iza: Paisaje    (Datos de disparo: f/16; 1/250; ISO 100)

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La Foto de la semana 12-07-2015: "Rebeca, una sirena moderna"





La reina de las profundidades le había dicho que lo sabría. Que cuándo llegara el momento de escoger, su corazón le diría claramente cuál era la decisión correcta. Sin embargo, allí estaba ella, una diminuta cabeza asomando en la superficie marina, justo en el medio de los dos gigantescos buques de carga. Uno llegaba y el otro abandonaba el puerto de Rotterdam y en uno de los dos viajaba su destino. El hombre cuyo beso rompería el hechizo que le había convertido en sirena y condenado a vivir en las profundidades. Lejos de su familia, lejos de sus amigos, condenada a no amar ni ser amada. Pero la reina de las profundidades le había dicho claramente el lugar y la hora. Así que Rebeca tomó su iPhone 6 con carcasa acuática, conectó el Google maps y nadó a toda la velocidad que los movimientos armoniosos de su cola le permitían, para llegar a tiempo a la que se antojaba sería la cita más importante de su vida. Sí, Rebeca era una sirena del siglo XXI. Le apasionaban las tecnologías, llevaba un piercing en el ombligo y había decorado su brillante cola con un par de tatuajes de colores. Era una chica normal como cualquier otra de su edad, en todo, menos en que durante una clase de química en la universidad una de sus compañeros mezcló equivocadamente dos sustancias y generó un compuesto que comenzó a emitir humo negro con un fuerte olor. Se puso tan nervioso que al intentar vaciar la probeta y detener la humareda vertió todo su contenido sobre Rebeca que muy enfadada por la torpeza del otro alumno, se marchó a casa para darse una ducha y cambiarse de ropa. Decidió tomarse la tarde libre y se quedó encerrada en su habitación con la música a todo volumen y chateando con una de sus amigas. Se acostó pronto, se sentía especialmente cansada. A la mañana siguiente sintió un irreprimible deseo de acercarse a la playa. Era temprano, le daba tiempo de dar un pequeño paseo antes de que comenzaran las clases. Se descalzó y caminó por la orilla, tan pronto sus pies entraron en contacto con el agua se produjo la transformación. Sus piernas desaparecieron para dejar paso a una larga y esbelta cola cubierta de brillantes escamas... Era una sirena.
Rebeca no sabía que hacer, cada uno de los barcos avanzaba en una dirección opuesta y según la Reina ese era el lugar exacto, por tanto su misterioso salvador debía por fuerza viajar a bordo de uno de ellos. En ese momento de angustia e indecisión, Rebeca recordó las palabras de su madre "Cuando no sepas que hacer... No hagas nada". Así que resignada, respiró hondo y nadó con suavidad de un lado al otro de ambas estelas. De pronto de uno de los buques vio caer algo por la borda, se acercó sumergida y vio que era un hombre. Estaba inconsciente y su cuerpo inerte se hundía a gran velocidad. Rebeca lo asió por los brazos y lo arrastró con rapidez a una cala oculta detrás de la dársena principal del puerto. No sin dificultad consiguió sacar al joven del agua. Sobre las piedras de la playa Rebeca no tenía mucha movilidad, pero se las apañó para colocarse junto a él y con gran cuidado realizarle la respiración boca a boca. Después de unos interminables segundos el hombre no respondía. Comenzó a asustarse. ¿Estaría muerto? Alejó de su mente todo pensamiento negativo y continuó introduciendo aire en sus pulmones. De pronto el joven tosió, expulsó gran cantidad de agua por nariz y boca y abrió los ojos. Pasados unos minutos de absoluta confusión, Rebeca pensó que debía desaparecer de inmediato, antes de que él se diera cuenta de que era una sirena. Intentó arrastrarse hacia el agua y notó algo extraño en su cola. Había desaparecido y en su lugar se movían de forma independiente dos largas y esbeltas piernas. 
La decisión que hubo de tomar, fue no hacer nada. Hubo de salvar la vida a su supuesto salvador. No fue él quien le besó si no ella quien posó sus labios en los de él para realizarle el boca a boca. Con algunos matices, pero la Reina de las Profundidades había cumplido su palabra. Rebeca volvía a ser una chica normal. Aunque después de haber sido una sirena ¿podría ser alguna vez una chica normal?. 





Texto: Onintza Otamendi Iza
Fotografía: Edurne Iza: Puerto de Rotterdam   (Datos de disparo: f/8; 1/1000; ISO 200)

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La Foto de la semana 05-07-2015: "Lapsus"

En la mente de Daniel ha quedado un vacío de unos minutos de aquel veinte de Enero que nunca podrá recuperar. Lo último que consigue recordar es haber conocido a aquella preciosa e inteligente joven en el pub que solía frecuentar. Bebían cerveza y charlaban animosamente. Daniel pensaba que acababa de conocer a una persona muy especial. Se ausentó tan sólo un par de minutos para ir al lavabo. A su regreso, la chica había desaparecido y sólo quedaban los dos vasos de cerveza a medio terminar sobre la barra de madera. Daniel tomó su vaso y apurando su contenido de un solo sorbo, sonrió con el gesto cínico de aquel que en el fondo sabía que que no podía ser cierto que una chica como aquella se hubiera fijado en él. Miró a su alrededor para comprobar una vez más que no quedaba ni rastro de ella y entonces bebió también lo que quedaba de su cerveza. Fue en ese momento cuando su vista comenzó a nublarse, las voces animadas de la gente charlando y la música de fondo pareció ralentizarse y alejarse hacia el fondo de su mente. Dos hombres le asieron cada uno de un brazo y notó como con gran fuerza casi lo arrastraban hacia la calle. Con desesperación intentaba hacer un esfuerzo por aclarar su mente, por pensar e identificar qué estaba sucediendo y a dónde le llevaban. Los  coches circulando por la calzada le parecían lenguas de luz que dibujaban ondas en el aire. Los edificios de alrededor parecían haber perdido consistencia y doblarse como si fueran de gelatina. Lo empujaron al interior de un coche y le pareció escuchar la voz de la joven del bar, nunca supo si realmente estaba allí o fue parte de su delirio. Luego todo se volvió oscuro.
Sería imposible precisar cuánto tiempo transcurrió hasta que sus ojos se abrieron de nuevo. Estaba atado a una camilla en una habitación completamente blanca. Paredes, techo, suelo... nada que no fuera el más puro y límpido blanco. Había silencio absoluto y ni siquiera distinguía una puerta de acceso a aquella habitación. De pronto escuchó un ruido como un zumbido profundo, una fuerte vibración. Delante de la camilla se apareció una figura algo temblorosa. No era una persona de carne y hueso, era una especie de holograma en el que un hombre colocado de espaldas a él a quien no consiguió ver el rostro comenzó a hablarle.

- Hola Daniel, en unos minutos esta pesadilla habrá acabado. Ya nos has dado lo que necesitamos y no deseamos hacerte ningún mal. Dormirás profundamente y despertarás en la cama de tu dormitorio. Estarás un poco confundido durante unas horas pero pronto pasará. Lamentamos haberlo tenido que hacer así pero ambos sabemos que de otro modo nunca nos hubieras facilitado la información.

De nuevo el zumbido invadió la habitación y la figura se desvaneció en el aire.

- Un momento ¿Quién es usted? ¿De qué información habla? ¡Por favor! ¡No me deje aquí, por favor!

Tal y como el desconocido había anunciado Daniel perdió toda consciencia y amaneció en su cama a la mañana siguiente. Aún llevaba las mismas ropas del día anterior y le dolía la cabeza. Se dio una ducha larga intentando conseguir que el agua tibia le ayudara a comprender. Se preparó un café bien cargado y se sentó en el sofá. Miró a su alrededor. Recorrió con la mirada las estanterías repletas de libros de química, física cuántica, biología. Más a la derecha estaba su escritorio. Desordenado, con montañas de papeles y libros abiertos. Instintivamente se acercó a la mesa. Tomó un cuaderno garabateado con apuntes, tachaduras, flechas, esquemas y fórmulas químicas, le faltaban varias hojas. De pronto todo tomó sentido. Recordó el motivo por el que el día anterior había decidido salir precipitadamente de su apartamento e ir al pub a tomar una cerveza. Estaba celebrando que por fin lo había conseguido. La fórmula de la energía limpia, gratuita e infinita. Daniel era parte de un proyecto de investigación en búsqueda de alternativas al petróleo y las energías convencionales. Había llamado a su amigo Jorge para compartir las noticias con él y celebrarlo juntos. Quedaron en el bar. Jorge nunca apareció pero Daniel estaba demasiado eufórico para sospechar nada y además se le acercó aquella mujer de ensueño...

Ahora lo comprendía, le habían robado la información de su descubrimiento. Derrotado se dejó caer en el sofá y entonces se percató de que había sobre él un ejemplar del periódico del día que antes ni siquiera había visto. Lo tomó en sus manos y vio en portada una foto a todo color de Jorge, elegantemente vestido y haciendo público "su" hallazgo. El titular rezaba "Joven investigador descubre la energía del futuro. Jorge Carbón, del laboratorio al estrellato".


Texto: Onintza Otamendi Iza
Fotografía: Edurne Iza: Long Exposure   (Datos de disparo: f/11; 10 seg; ISO 200)

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