La Foto de la Semana 16-06-2013: "Tras la pista de un crimen"


No entendía nada. Estaba frente a la entrada principal de lo que no me cabía la menor duda, era una exposición de escultura. Miraba y remiraba el pedazo de papel en el que Gutiérrez había manuscrito la dirección. Luego dirigía la vista hacia el anuncio de la exposición e intentaba vincular de algún modo la relación que la famosa autora nacida en Barcelona pudiera tener con los hechos que estábamos investigando. Tras unos minutos de confusión, en los que los visitantes que accedían a la muestra me miraban de reojo intentando comprender que hacía allí en medio ensimismada ante una nota, comprendí que la pista que el comunicante anónimo había ofrecido con tanta generosidad a mi compañero, era el edificio en sí. Los arcos, las plantas, los juegos de luces y sombras... Presentía que estábamos cerca. Avancé con sigilo y accedí al interior por la puerta principal. Al fondo se escuchaba el eco de los pasos y las voces de los visitantes de la galería. Hasta mis oídos llegaban las expresiones de halago y admiración por la obra de la artista, mientras yo me esforzaba por aislar esos sonidos y escuchar, como decía uno de mis maestros, el alma del edificio. Sin saber exactamente el motivo, tenía la certeza de que aquellas paredes de piedra y los escalones de madera que había comenzado a descender, escondían las piezas que le faltaban a nuestro puzle para ser completado. La luz era mucho más tenue en el sótano, así que me detuve para que mis ojos se acostumbraran a la nueva situación. Tenía el corazón desbocado y todos los músculos en tensión. Deslicé la mano por la parte trasera de mi pantalón y liberé la Heckler & Koch que llevaba camuflada en la cintura.  La sujeté con ambas manos, extendí los brazos con el dedo en el gatillo y avancé con pasos cortos e intentando asegurarme de que no dejaba ningún rincón sin inspeccionar. Los techos abovedados y la decoración recargada con tapices, armaduras y lámparas de mil lágrimas de cristal que proyectaban sus reflejos contra paredes y techos no me ayudaban demasiado, pero intenté conservar la calma. Una sombra se deslizó con rapidez al fondo de la sala. Los cristalitos de la lámpara chocaron unos contra otros emitiendo un sonido escalofriante que anunciaba que había llegado el momento de la acción. La sombra se detuvo, pero podía escuchar ahora su respiración agitada por el miedo.

-¡Salga con las manos en alto! -como única respuesta, un largo y angustioso silencio- Sabemos que ha sido usted quien ha envenenado a los niños. Acérquese con las manos donde pueda verlas y explíqueme por qué. Si ha sido un accidente estoy segura de que encontraremos una solución. Vamos, no empeore las cosas. Sólo quiero ayudarle.

El discurso estereotipado de telefilm policíaco había vuelto a fallar, no me sorprendía. La respiración sonaba cada vez más fuerte y de pronto la armadura que tenía a mi derecha se deshizo en medio de un estruendo que retumbó en todo el edificio, vi como la puerta trasera se abría dejando entrar un cuchillo de luz y alguien salía atropelladamente por ella. Me lancé a su persecución y en pocos segundos me encontraba lo suficientemente cerca como para abalanzarme sobre el sospechoso. Lo inmovilicé en el suelo y cuando giré su cuerpo para verle la cara, sólo atiné a balbucear:

- ¿Señora Rocamuro?
- ¡Esos pequeños bastardos merecían morir! -espetó antes de caer en un estado de semiinconsciencia fruto, a todas luces, de la tensión del momento-.

Efectivamente, llevábamos meses tras la pista de alguien que había envenenado a una clase completa de un colegio de primaria. Veinticinco niños de entre siete y ocho años habían resultado intoxicados sin que los investigadores pudieran determinar el origen de la letal sustancia. Veinticuatro de ellos perecieron durante los tres primeros días y sólo uno consiguió recuperarse tras permanecer casi quince días en el hospital. Cuando estaba a punto de arrojar la toalla, mi compañero Gutiérrez recibió una llamada anónima indicando la dirección donde supuestamente encontraríamos al asesino. Allí atrapé, como ya sabéis, a la señora Rocamuro. La profesora de artes plásticas del colegio. La habíamos interrogado en numerosas ocasiones y nunca hubo ni la más mínima señal que nos hiciera pensar en ella como sospechosa. En su confesión, relató como los niños unos días antes de los hechos, habían desobedecido sus instrucciones y se habían burlado de la leve cojera de su pierna izquierda. Más tarde descubrimos sus antecedentes psiquiátricos y una interminable lista de incidentes similares bajo otras tantas identidades, de los que había conseguido milagrosamente salir indemne.

Aquella noche, frente a un delicioso plato de spaghetti y un buen vaso de vino tinto, me sentí aliviada porque el caso de los niños envenenados estaba resuelto y sin embargo aún quedaba algo por comprender... ¿Quién había realizado la llamada anónima?.


Fotografía: Edurne Iza
Relato: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta fotografía libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella. Este texto es ficción y cualquier mención o relación con lugares y personajes reales, no es más que un instrumento de ambientación de la trama.

La Foto de la semana 09-06-2013: "Paracaidismo"

Desde que el ser humano existe ha ambicionado imitar las habilidades de otros animales. Siempre asociamos el vuelo a la libertad. Al movimiento sin límites, a desafiar un medio, el aire, que no es el que controlamos por naturaleza. Diversos estudios coinciden en que el paracaidismo y la caída libre fueron, sin duda, los primeros intentos de vuelo de nuestra especie. 
Es difícil encontrar los orígenes del paracaidismo pero todo apunta a que fueron los chinos los primeros en inventar una especie de paraguas con el que lanzarse desde unas torres especialmente diseñadas para su uso. Más adelante, en el siglo XV, Leonardo da Vinci, realizó numerosos estudios sobre el vuelo de las aves y diseñó un paracaídas de forma piramidal con la intención de salvar la vida de personas que se encontraran en un piso elevado durante un incendio. Este artilugio le valió el nombre de padre del paracaídas. Hacia el 1616, Fausto de Veranzio, perfeccionó el diseño dándole forma rectangular, con cuatro líneas que sujetaban al pasajero mediante un arnés, este diseño era muy similar al que se utiliza hoy en día en el paracaidismo deportivo. Le siguieron Sebastian le Normand, Jean Pierre Blanchard y otros muchos estudiosos del tema. El primer salto de exhibición registrado tuvo lugar en París el 27 de Octubre de 1797. El saltador fue André Jacques  Garnerin. Al año siguiente, su esposa Geneviève Labrosse, se convirtió en la primera mujer que saltó en paracaídas. Desde entonces muchos han sido los aficionados en todo el mundo a practicar este deporte, que tuvo su primer reconocimiento como tal durante el campeonato que se celebró en 1951 en la antigua Yugoslavia y que dio arranque a la era dorada de esta disciplina durante los años 50 y 60 del pasado siglo.
Este deporte se ha ido perfeccionando hasta nuestros días. Mejorando los equipos, las condiciones de seguridad y desafiando insistentemente a la fuerza de la gravedad incrementando la altura de los saltos.




Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 02-06-2013: "S2S"


Edurne Iza, S2S
 
Tan sólo un 20% del total de la flota marítima está formada por embarcaciones con una eslora superior a 10 metros. Esto significa que el 80% restante son embarcaciones pequeñas que no están obligadas por ley a utilizar el chaleco salvavidas de trabajo. A menudo este tipo de embarcaciones cuentan con una tripulación de uno a tres marineros y en el desafortunado caso de que uno de ellos caiga por la borda sin chaleco se dificultará la visibilidad del mismo en el agua, retrasándose el rescate lo que en demasiadas ocasiones termina en tragedia. Sin embargo, las nuevas tecnologías nos han traído Safe to See (S2S), una solución de seguridad inteligente que actúa de manera automática ante situaciones de “hombre al agua”: última tecnología en telecomunicaciones integrada en formatos simples y ergonómicos que no entorpecen el trabajo diario. Sus principales beneficios son: la detección automática de la caída del tripulante, sin necesidad de que éste active ningún sistema; cada sistema personal contiene un sistema de flotación que contribuye a que el accidentado permanezca en la superficie hasta el momento del rescate; en el momento de la caída, el equipo a bordo del sistema Safe to Sea notifica automáticamente la posición en tiempo real del marinero, tanto al barco al que pertenece, como a otros barcos cercanos y a los servicios de rescate; es un equipo ligero y ergonómico que no molesta en su uso diario. Existen diferentes modalidades de este equipo, en formato cinturón, embebido en la ropa impermeable de trabajo o incluso en los propios chalecos de seguridad. Adicionalmente cada embarcación debe adquirir el equipo central de abordo que es el que recibe la señal del accidentado y la transmite a los centros de rescate.

Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 26-05-2013: "Aerofobia"

Edurne Iza, Aerofobia
Tengo un amigo que me contó que un amigo suyo tiene miedo a volar. Aerofobia, como le llaman los expertos. El caso es que hace unos meses, tuve la oportunidad de conocer al amigo de mi amigo y resultó que era justo lo contrario de lo que yo había imaginado. Pensaba que, frente a mí en aquella cafetería, aparecería un ser de aspecto frágil y con comportamiento de sabiondo de serie televisiva, al más puro estilo Sheldon Cooper. Sin embargo, imperdonable para alguien como yo, había sido víctima de todos los estereotipos existentes al respecto y me quedé gratamente sorprendida al estrechar la mano de Ismael, un joven atractivo y seguro de si mismo que no dudó en extenderme su tarjeta de visita, donde la combinación de las palabras senior, executive y manager no dejaban lugar a la especulación, y estrujar los huesecillos de mi mano con solemnidad y mirada penetrante. Dada mi profesión, mi amigo y amigo de Ismael, me había solicitado como un favor personal, que echara una mano al pobre e inseguro ejecutivo en su trance con los aviones.
Ahora que lo pienso, debéis disculparme ¿Dónde están mis modales?. El motivo por el que mi amigo me pidió ayuda, es porque soy psicóloga y pensó que sería capaz de charlar con Ismael, escudriñar en su pasado a base de preguntas "indiscretas" y descubrir el origen de su fobia a los aviones, lo que nos dejaría a mitad de camino de resolver el problema.
Lo que mi amigo no calculó es que en muchas ocasiones, los seres humanos nos sentimos inseguros e intentamos ocultarnos tras esa mirada fría de superioridad y gesto de perdonavidas con la que los padres regañan a los niños o los niños tratan a sus juguetes. No es algo que reconozcamos de forma natural, yo de hecho, al confesarlo, me convierto en una excepción. Solemos dejarnos influenciar por los libros de texto, las estadísticas y las teorías de comportamiento humano y tendemos tan pronto obtenemos una brizna de información sobre alguien, a catalogarlo, etiquetarlo, diagnosticarlo y hasta decidir el mejor modo de tratarlo, sin tan siquiera haberle dado los buenos días. Por lo que mi amigo me había explicado, yo había imaginado a Ismael como alguien que había pasado gran parte de su vida entre libros y teorías científicas, lo que le habría convertido en un ser con serios problemas para las relaciones humanas y con una clara tendencia a desarrollar todo tipo de fobias y manías. Así que cuando aquel extraordinario ejemplar del género masculino con su tarjeta de "Senior Executive" sus modales refinados y su mirada carente de miedos se sentó ante mí sólo encontré el recurso de la risa tonta y la pregunta incómoda y obvia.

¿Nuestro amigo en común me ha dicho que tienes miedo a volar? ¿Has tenido alguna mala experiencia en alguna travesía aerea?-Ismael respondió con una sonora carcajada y al ver mi gesto desencajado se aclaró la voz y repuso-
- La verdad es que perdí el miedo a volar hace mucho tiempo, a base de razonar, de analizar estadísticas de accidentes aereos y si te soy absolutamente sincero... A base de volar, que pienso que es la mejor terapia, enfrentar tus miedos hasta que desaparecen.

Ismael acababa de arrastrar por el suelo mi segundo, tercer y cuarto paso. Intentaba buscar algo adecuado que decir, cuando él continuó,

- Simplemente, nuestro amigo común me había hablado muchas veces de ti y tras darle un par de vueltas, se me ocurrió que un buen modo de obtener una cita contigo, sin necesidad de ponernos bajo la presión de llamarle cita, era despertar tu curiosidad y permitirte crear un estereotipo en tu cabeza para luego despedazarlo en unos minutos ¿Porque eso es lo que te ha sucedido verdad?.
- ¿Serviría de algo decir no?

Fue una tarde maravillosa, vestida con conversaciones inteligentes y desnuda de estereotipos. Esa tarde decidí que nunca jamás obtendría información previa de mis pacientes, al menos hasta pasada la primera visita.




Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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