La Foto de la semana 05-01-2014: "Madera de sueños"

Era invierno. El día después de una gran tormenta de viento, lluvia, truenos y relámpagos. El sol había decidido asomar tímidamente en un cielo que se debatía por aparecer azul pero no conseguía más que un tono gris plomizo. Decidí pasear. No tenía nada mejor que hacer. La tempestad había dejado muestras de su paso por toda la playa. Ante mí, un enorme tocón, que sin duda, en algún momento, en algún lugar, había dado vida a un gran árbol. No pude evitar la tentación de subirme sobre el trozo de madera reseca y balancearme haciendo presión con ambos pies, cuando me pareció escuchar una vocecilla ahogada:

- ¡Piedad!, ¡Piedad!

Miré a mi alrededor atónita. Intentando comprender de dónde procedía el sonido. Al no encontrar su procedencia, decidí continuar con mi entretenimiento y volví a juguetear con el tronco. De nuevo escuché los gritos, esta vez aún más angustiosos.

- ¡Por favor, por caridad, acaba con mi sufrimiento!

Un tanto asustada, me bajé de la madera y comencé a inspeccionar con detenimiento el objeto. Di la vuelta completa y cuando estaba husmeando por la zona de las raíces vi que una de ellas no estaba seca del todo, de hecho ¡Se movía! Me froté los ojos intentando convencerme de que no me había vuelto loca y entonces descubrí que la pequeña raíz tenía cara. Dos vivarachos ojillos y una boca redonda que se movía diciendo "ayuda, ayuda".
Incrédula decidí responder, con la esperanza de comprobar que todo había sido un efecto óptico, unas gotas de imaginación y el ulular del viento que me habían jugado una mala pasada. 

- ¿Hola?
- ¿Vas a quedarte ahí parada o piensas echarme una mano?
- Pero eres un tronco seco ¡los árboles no hablan!
- ¡Ay! humana de poca fe. Soy un árbol, sí. Pero no uno cualquiera. Procedo del bosque encantado. Más allá de donde alcanza tu vista. Mi desgracia comenzó el día que un hombre llegó al bosque. Su codicia por vender la madera de mis hermanos, le llevó a talar a la mayoría de nosotros. La Madre Naturaleza se enfadó tanto al enterarse que desató una tormenta nunca vista con anterioridad, pero antes, me encargó una misión muy especial. Me nombró responsable de crear un nuevo bosque encantado. Yo debería escoger el lugar y el momento. Así que con su fuerza prodigiosa generó un tornado, me arrancó de cuajo y me lanzó al mar. Floté durante días, semanas tal vez. Las ballenas y los delfines me ayudaron a alcanzar esta orilla. Aquí he permanecido varios días, a la espera de una señal que me indicara cómo continuar con mi misión. Ahora creo que se cómo.

Completamente imbuida en la surrealista conversación, contesté:

- ¿Ah sí? Y ¿cómo piensas hacerlo?
- ¡Tú me ayudarás!
- ¿Yo? ¡Ni lo sueñes! Además, ¿Cómo diablos podría yo ayudarte? ¡Qué tontería!
- Muchos han pasado por aquí. La mayoría me han ignorado. Unos pocos han reparado en mi presencia, pero tras echar un ligero vistazo ni siquiera han escuchado mis gritos. Sin embargo, tú, me has visto, me has oído y llevas diez minutos hablando conmigo ¿No te parece suficiente prueba de que tú eres la elegida?
- Bien. Suponiendo que así sea ¿Qué debería hacer?
- ¡Ayudarme a encontrar un lugar para replantar el bosque encantado!

Sin poder creerme lo que estaba haciendo, miré a mí alrededor. Arena infinita a izquierda y derecha. A la espalda colinas llenas de urbanizaciones y casas lujosas con jardines emperifollados y criadas con delantales de puntillas. Al frente… El mar.

- ¡Ya lo tengo! Situaremos el bosque en el medio del mar.
- ¿Y esa es la mejor idea que se te ha ocurrido? ¡Pues vaya ayudante que me he ido a buscar!  -Con gesto dramático la raíz miró al cielo y exclamó- ¡Madre Naturaleza, ilumíname!

En ese momento un rayo tan luminoso como vertical, partió el horizonte y atravesó el mar allá donde el agua se unía con las nubes. Y la raíz, continuando con su teatral comportamiento, se onduló en una reverencia casi imposible al tiempo que decía con suavidad:

- Gracias. Así se hará. –luego con tono condescendiente, continuó- Está bien humana. Parece que tu idea no es tan mala después de todo. ¡Sube, tenemos una misión que cumplir!

Por increíble que parezca, arrastré el tronco hasta la orilla y cuando conseguí que flotara, me subí sobre él. Aprovechamos la resaca para introducirnos mar adentro. Utilicé manos y pies  para avanzar animada por los gritos incesantes de mí, ya por entonces, nueva amiga. Perdí la noción del tiempo. Sólo sé que la playa se veía ahora como una fina línea en el horizonte. Estaba en mitad del océano subida en un trozo de árbol seco, guiada por una raíz parlante. Sin embargo, no tenía miedo. Sentía una sensación de plenitud para la que sólo encontré un  nombre. Libertad.

- Hemos llegado. Aquí es donde el bosque encantado debe renacer ¿Y ahora? –dije con la lejana esperanza de recibir una respuesta-
- Ahora esperemos una señal.

Pasaron horas. El sol buceó en el océano. Las estrellas comenzaron su bailoteo intermitente alrededor de la luna y yo me quedé dormida, mecida por el vaivén de las aguas y observando la inmensidad.

- ¡Despierta! ¡Despierta!

Sobresaltada pegué un salto y cuando ya esperaba sumergirme en las aguas saladas que me rodeaban, aterricé en un prado de hierba verde y mullida que amortiguó mi caída. Junto a mí un árbol infinito de tronco robusto y cientos de ramas frondosas que acariciaban las nubes. Prados vestidos de flores de mil colores, incontables especies arbóreas, animalillos de todos los colores y tamaños. Era como despertar en el paraíso. Se respiraba alegría, vida, salud. Miré con detenimiento y la pequeña raíz asomaba tímidamente junto al gran árbol. Sin decir nada, me regaló la sonrisa más sincera que jamás haya visto y se hundió para siempre en la tierra.

Me hubiera quedado allí sin más pero en el fondo de mi ser sabía que mi aventura llegaba a su fin. Una libélula revoloteó frente a mis ojos y me pareció que me invitaba a recostarme entre las raíces retorcidas del gran árbol. Obedecí.

- ¡Señora! ¡Señora! ¿Se encuentra bien?
- Sí, pero ¿dónde estoy?
- ¡Me ha dado usted un susto de muerte! Estaba paseando a mi perro y la he encontrado aquí tirada en la arena con la cabeza en este tronco seco. Creo que debió tropezar y se ha dado un mal golpe. A saber cuánto tiempo lleva inconsciente. Deberíamos llamar a una ambulancia.
- Muchas gracias, me encuentro perfectamente. Estaba cansada y decidí recostarme un rato. He tenido un sueño precioso. Extraño, pero maravilloso. He soñado que… Era libre.



Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La foto de la Semana 29-12-2013: "Solitaria multitud"


En estos días festivos es habitual ver recorrer las calles de nuestras ciudades a cientos de personas, cargadas de paquetes de regalo, de obsequios navideños. Pero también, desde el confort y el calor del hogar y la familia, no puedo evitar escudriñar en los rostros de algunas de esas personas que me cruzo a diario y descubrir una profunda y dolorosa soledad. 
Es cierto, en las ciudades vivimos en comunidad, casi masificados en algunos momentos. Sin embargo, la soledad es uno de los ciudadanos más habituales. En realidad creo que existen varios estados diferentes. El ermitaño, que escoge la soledad como quien decide el color de sus zapatos, en cuyo caso, no creo que debamos definirla como tal si no como una situación de tranquilidad y paz interior. Luego está quien daría todo por estar acompañado, pero no encuentra a nadie con quien compartir su vida. Ironías del destino, cuanto más se esfuerzan estos individuos por hallar a la persona especial, más infructuosa resulta la búsqueda. 
No podemos olvidar a los que ignoran que están solos. Viven en familia, tienen actividades y amistades, son extrovertidos, siempre están rodeados de personas y sin embargo, sólo llegan a descubrir lo solos que están cuando necesitan un hombro en el que llorar, un consejo o una palmadita en la espalda. 
Por último tenemos a quienes estando físicamente no acompañados, jamás se sienten solos. Entran, salen, tienen  hobbies, amigos... pero viven solos y felices.

Se acerca el final del año y  tenemos la costumbre de reflexionar y hacer balance. Pienso que nuestra civilización nos ensena a luchar, mejorar, progresar, estudiar, ganar enamorarnos, crecer... pero no nos ensena a perder, a estar solos o morir. No nos ensena que a veces un paso atrás sirve para dar un salto adelante. No nos explica que en ocasiones, estar a solas con nuestros propios pensamientos nos da la clarividencia de tomar la decisión adecuada. Nadie repite lo suficiente que la muerte es lo único seguro que tenemos al nacer y que por tanto cada minuto de vida es un regalo. Que equivocarse es parte del proceso vital. Que sólo somos quienes somos por lo bueno y malo que hemos vivido. Que no vale arrepentirse, sólo mirar adelante. Que no sirve auto compadecerse, sólo continuar luchando. Que el último soplo de vida y el pensamiento final que recorra nuestro cerebro será uno de los instantes más íntimos de todo ser humano y en ese instante, que también llegará para mi algún día en algún lugar, sólo deseo desaparecer pensando que no me dejé nada en el tintero. 

Dedicado a los que sufren y disfrutan. A los que aman y odian. Aciertan y se equivocan.
Dedicado a ti y a mí. 
A todos los que están dispuestos a exprimir 2014 en modo 365/7/24/60.


¡Feliz Año Nuevo!


Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 22-12-2013: "Tierra, Nieve y el origen de los muñecos"

- Mami, cuéntame otra vez el cuento sobre el origen de los muñecos de nieve. 
- Pero cuántas veces tengo que decirte que no es un cuento. Es una historia real. ¡Mágica y real!
- Esta bien, pero ¿me la cuentas?
Érase una vez, hace tantos años que no existen calendarios para mostrarlo, en un remoto bosque del Reino de las Montañas, vivía una princesa, Tierra. Tenía los cabellos largos y ondulados, del color cobrizo de sus prados. En los ojos la tonalidad parda con reflejos verdosos de las hojas de los árboles. Era fuerte como los osos, astuta como las ardillas y ágil como los cervatillos. La princesa vivía feliz rodeada de los bosques y  la tierra que tanto amaba. Una mañana de invierno, paseando a caballo por los campos  que rodeaban su palacio, encontró a un hombre herido. Era alto y delgado, pero fuerte. Con los cabellos rubios y rizados, la piel blanca como la nieve y el cielo celeste de invierno pintado en sus ojos. Estaba tendido junto a una vereda y parecía mal herido. La princesa se apiadó de él y lo llevó a su castillo. Con esmero y ungüentos de hierbas y flores sanó sus heridas. Unos días después el extranjero fue capaz de levantarse y explicar su historia. Era un príncipe, de nombre Nieve y originario del remoto país de los hielos. Perdió su barco y sus hombres en una tormenta y cuando despertó herido y desorientado en una orilla desconocida, comenzó a caminar sin rumbo hasta que fue encontrado por la bella princesa. Durante su recuperación ambos príncipes compartieron conversaciones, secretos y experiencias y descubrieron que además de haber nacido el mismo día del mismo año, compartían un pasado muy parecido. Los dos eran huérfanos y herederos únicos de sus reinos y en el justo momento de sus nacimientos habían sido prometidos para garantizar el futuro de su estirpe. Los matrimonios deberían celebrarse el cuarto día del vigésimo invierno en la vida de ambos jóvenes. Tierra debería unirse en eterno matrimonio a Roble, el árbol más sólido y robusto del reino. Nieve, a su vez, debía amar eternamente a Glaciar, la gran madre del reino de los hielos. Era su destino, su deber y al mismo tiempo su condena. Tierra y Nieve coincidían en pensar que era injusto portar semejante carga en sus espaldas. ¿Quién había decidido que serían lo suficientemente fuertes para acarrear con el futuro de sus reinos?. En realidad, nadie tenía derecho a manejar sus destinos de ese modo. 
Con el convencimiento de que habían encontrado a su alma gemela, disfrutaron de los días que pasaron juntos como si fueran los últimos de sus vidas. Una mañana amanecieron decididos a fugarse lejos de tamaña responsabilidad. Habían oído hablar del reino de Fuego. Pensaron que Tierra y Nieve, encontrarían un buen refugio en Fuego y ya dispuestos a iniciar su aventura, emprendieron raudo camino por los bosques del Reino de las Montañas. Llevaban recorridas unas pocas horas cuando un hada brillante como una luciérnaga se colocó revoloteando ante sus ojos.
- ¿Qué hacéis desdichados? Traeréis la desgracia a vuestros pueblos. Provocaréis enormes sufrimientos a la gente que os ama y que amáis. Debéis regresar de inmediato y cumplir con vuestras obligaciones. Ambos sabéis que en una semana deberéis desposar a vuestros prometidos.
- Pero hada, buen hada ¿por qué hemos sido elegidos nosotros? ¿no hay nadie más que pueda cumplir con esa tarea? 
- Veréis jovencitos. La vida no es justa. La vida es vida. Y por muchos sueños que tengáis, por muchos anhelos, sólo hay un camino correcto, y no siempre ese camino es el de la felicidad, pero si el del deber cumplido. Que al final de vuestros días cuando os sentéis junto al fuego rodeados de vuestros nietos, os hará sentir bien, satisfechos. Sin embargo, voy a concederos un deseo que se cumplirá una vez al año. Cada cuarto día del invierno, allá donde estéis, utilizando nieve, un gorro de lana rojo, una zanahoria, y unos botones haréis un muñeco pensando en vuestro amor imposible y por unas horas, hasta el ocaso del cuarto día, cobrará vida y podréis disfrutar de su compañía. Será vuestro secreto y el mío y os ayudará a tomar la decisión adecuada. Los jóvenes se separaron entre ríos de lágrimas y aceptaron el regalo del buen hada. 

Así que desde entonces, los humanos realizamos muñecos de nieve para celebrar el invierno, la magia y porque aquellos poseedores en secreto de amores imposibles, saben que podrán hacerlos realidad hasta el ocaso del cuarto día de invierno.

- No me canso de escuchar la historia mami. Este año, he colgado del cuello de mi hombre de nieve una cámara de fotos.
- ¿Para qué?
- Porque cuando cobre vida mi amor imposible, le haré una fotografía que podré guardar conmigo el resto del año y así no tendré que esperar sólo al cuarto día del invierno. Es que cuando el hada les concedió el deseo a Tierra y Nieve, aún no existían las cámaras... Shhhh que no nos oiga el hada...
- Shhhh, será nuestro secreto. 

Y colorín colorado... 


¡Felices Fiestas desde Fotografía Edurne Iza!



Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza



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La Foto de la semana 15-12-2013: "Paseo solitario"

En las últimas semanas estoy disfrutando con una serie de televisión que me habían recomendado muchas veces y que sin embargo, no había encontrado el momento de ver. Se trata de Los Soprano. Mafia de los siglos XX-XXI al más puro estilo clásico italiano. Es magistral cómo juegan con los sentimientos del público haciendo al espectador tomar aprecio a un personaje que en realidad tiene todos los ingredientes para ser despreciable. Pero que nos muestra en cada capítulo esa ética especial del clásico gánster que a pesar de matar, descuartizar y lo que se tercie, tiene su corazoncito que se cuida muy bien de mostrar en público para no perder su estatus de hombre duro e implacable.
Sin duda, una de las genialidades de la serie es su banda sonora. Las piezas musicales escogidas para cada episodio son magníficas y nos recuerdan clásicos del cine y melodías que nunca pasarán de moda. Os recomiendo visitar este link para haceros una mejor idea http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:M%C3%BAsica_de_Los_Soprano.
En esta mañana de domingo invernal, soleada pero fría como el hielo, he decidido salir a dar un paseo. Mientras pensaba en esto y en aquello me he topado con un árbol casi infinito, trepando en solitario hacia las nubes. Me he parado a observarlo. Fuerte y orgulloso, pero infinitamente solo. Sin apenas darme cuenta he pensado en aquellos cowboys que recorrían el desierto con la única compañía de su caballo y un rifle para protegerse. Sin pretenderlo he vuelto a pensar en mi amigo Tony Soprano y en el capítulo de la cuarta temporada titulado Pie O My que culmina con el clásico de Dean Martin que llevo canturreando las dos últimas horas y que os dejo a continuación. Espero que os transporte, al menos por un par de minutos, al centro de vuestros propios pensamientos. Este, Oeste, Norte o Sur, allá donde sólo cada uno de nosotros tiene permitido el acceso.



Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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La Foto de la semana 08-12-2013: "Sigue tensando"


-¡Sigue tensando! ¡Sigue tensando!
Y obediente el muchacho forzó las cuerdas que rechinaban entre las pastecas hasta que su padre realizó un gesto con la mano indicando que ya era suficiente. 
Con un enorme bocadillo cada uno, se sentaron a descansar sintiendo el salitre en sus rostros. Era invierno y hacía frío, pero estando junto a su padre, disfrutando de un domingo en alta mar y con el suculento almuerzo entre sus manos, la temperatura más gélida se tornaba tibia y agradable.
Cuando hubieron terminado de comer, el hombre decidió compartir con su retoño un poco de filosofía de la vida.
- Las cuerdas son como las personas. Si las dejas sueltas, libres, sin ninguna atadura, no sirven para nada. Se quedan enroscadas en un rincón acumulando polvo. Si las estiras en exceso, son capaces de aguantar esa tensión durante unos minutos, pero luego sus hebras ceden y saltan en mil pedazos, dejando la situación mucho peor que al principio. Sin embargo, si les aplicas la fuerza exacta para que se tensen en la medida adecuada, y luego les dejas descansar, entonces te darán lo mejor de sí mismas. Trabajarán durante años y cumplirán su cometido sin rechistar. Igual que las personas.
- Pero padre, las personas no pasan por una pasteca ni se estiran... No entiendo.
- Según cómo lo mires hijo. Los obreros que van a la fábrica a las cinco de la mañana ¿crees que lo hacen por gusto? No, por un salario. Los oficinistas que soportan el despotismo de su jefe ¿lo hacen por gusto?. No, por dar una vida mejor a sus familias. ¿Los pescadores que retan a la mar cada día? ¿Los agricultores que luchan contra las malas cosechas?.
- Ya lo entiendo padre. ¿Y que sucedería si todas las cuerdas del universo se revelaran al unísono?
- Que el equilibrio de la naturaleza se rompería y el mundo tal y como lo conocemos desaparecería.
- ¿Y cómo sería ese nuevo mundo?
- Uno sin seres humanos hijo mío.

El padre abrazó a su hijo y en silencio continuaron disfrutando del mar, las cuerdas y la vida misma.



Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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La Foto de la semana 01-12-2013: "Mirada al futuro"



Dicen que en invierno, cuando la nieve cubre los campos y el hielo las cortezas de los árboles, si asomas la mirada por uno de los huecos que los troncos forman en su recorrido hacia las nubes, puedes ver tu futuro.
En ocasiones la incerteza nos acecha. No somos capaces de discernir cuál será la decisión correcta. Si es que alguna lo es. Y como seres humanos que somos, necesitamos pensar que en algún lugar, a nuestro alcance, existe un modo de ayudarnos a decidir.
Yo insisto y asomo el hocico por esos mágicos huecos de los árboles en busca de inspiración, pero lo cierto es que, como en tantos otros momentos de la vida, las decisiones las tomamos en solitario. Acertamos o no, nos hacen desgraciados o felices, cambian nuestra vida o la mantienen inamovible... Sólo cada uno de nosotros tiene su respuesta. 
Por eso cuando utilizo la magia de los árboles en busca de ayuda, en realidad cierro los ojos y busco en mi interior, porque ahí, en lo más profundo, se encuentra la solución.




Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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La Foto de la semana 24-11-2013: "De nombre Sábado, de apellido Noviembre"

De nombre Sábado, de apellido Noviembre. Así registraron a la pequeña, de apenas unos días de nacida, que fue encontrada en los bosques de Gélida. Dada la originalidad de su salvador, de más está decir en qué día y mes fue hallada. La niña fue adoptada por un anciano matrimonio que vivía en lo más profundo del bosque y fue criada con sencillez y austeridad, pero con todo el amor y la ternura que aquellos viejos solitarios habían ahorrado durante toda su vida, con la esperanza de poder entregar en herencia al hijo que la Madre Naturaleza les negó y que, sin embargo, el azar puso entre sus brazos. A la edad de once años, en una noche fría como la muerte, Sábado quedó huérfana por segunda vez en el preciso instante en que sobresaltada por una pesadilla, acudió al dormitorio de sus padres adoptivos en busca de consuelo y al no recibir respuesta se percató de que abrazados y en paz, habían emprendido el camino hacia el mundo inalcanzable. Aquel, en que todos queremos creer pero del que nadie ha regresado.
La niña, curtida por la dura vida del bosque, continuó su rutina con la máxima normalidad que pudo. El invierno se aproximaba y la pequeña se esforzaba por acumular leña para sobrevivir a las temperaturas extremas que le esperaban.
Con más destreza que fuerza, propinaba habilidosos tajos a los troncos y elaboraba simétricos montones de maderos. De pronto, de entre los leños, apareció un diminuto personaje, vestido de verde, con la nariz roja y respingona y una sonrisa de oreja a oreja. Apenas medía veinte centímetros pero tenía una voz potente que sobresaltó a la muchacha.

- ¡Eh tú, Sábado!
- ¿Es a mi?
- Hay alguien más que se llame Sábado por aquí?
- Supongo que no, pero... ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Quién eres?
- Soy un gnomo y he venido a cambiar tu vida

Ante tan lapidarias palabras Sábado se quedó atónita y decidió invitar a su nuevo amigo a cenar. Compartió con él un plato de gachas y un buen trozo de pan de maíz y al calor de la chimenea escuchó con atención lo que tenía que contarle. Le habló de flores, de un país cálido y rico en alimentos, de hadas y duendes, de pócimas y conjuros, de corceles alados. La niña creyó. Necesitaba desesperadamente un toque de magia que hiciera cambiar su oscura vida. Al amanecer el gnomo le sorprendió con un suculento desayuno. Además había preparado un hatillo con las pertenencias de la pequeña. 

- ¡Vamos! a desayunar que debemos emprender camino cuanto antes.
- Pero... 
- No hay peros que valgan, hip-hop, hip-hop

Sin saber muy bien por qué pero sin encontrar ningún buen motivo para negarse, Sábado siguió al hombrecillo que caminaba con decisión hacia lo más remoto del bosque. Más allá de donde la niña había jamás osado a adentrarse. Pasaron horas, de camino tortuoso, con los pies cubiertos de nieve y las manos insensibles por el frío. Cuando el cielo comenzó a oscurecer el gnomo se detuvo, se sentó en mitad del camino y dijo:

- ¡Aquí! ¡Hemos llegado!
- ¡Pero si aquí no hay nada! -protestó la pequeña-
- ¿Llamas nada a esto?

Y con un giro de sus manos apareció ante ellos una portezuela dibujada en la nieve. Con dificultad, levantaron la trampilla de madera y se deslizaron hacia el interior del túnel. Caminaron unos minutos a oscuras y entonces... sucedió. Ante los obnubilados ojos de Sábado se abrió un mundo de color y primavera. De gentes amables y sonrientes que convivían con naturalidad. El gnomo la condujo hasta una pequeña cabaña de madera, sencilla pero mucho más confortable que lo que estaba acostumbrada. El hombrecillo abrió la puerta y haciendo una reverencia le dijo, "Bienvenida a casa". Ante la confusión de la niña, decidió que era el momento de explicarle la verdad. 
- Fue durante una tormenta, hace once años, tu madre necesitaba un ingrediente para completar la pócima, un ingrediente imposible de encontrar en estas tierras y que sólo puede obtenerse en Gélida, la nieve. Le dije que era peligroso, que el bebé estaba en camino, pero ella deseaba con tanta fuerza cambiar el curso del destino que se aventuró a cruzar el túnel en busca de la nieve que necesitaba para su receta. Nunca regresó. Crucé cientos de veces, recorrí los bosques sin descanso, pero nunca hallé rastro de ella, ni de la criatura, hasta hace dos días, cuando te encontré y supe que eras tú, porque tienes su rostro, su coraje y llevas escrito en los ojos que quieres una vida mejor.

- Pero entonces... ¿Tú quien eres?
- Yo soy tu padre y no, no siempre fui un gnomo. De hecho, la pócima en la que tu madre trabajaba era para devolverme la forma de hombre que un hechizo me arrebató. Magia destructiva ejercida por el Gran Brujo, que enamorado perdidamente de su belleza no pudo soportar nuestra felicidad y víctima de los celos aplicó sobre mi. Ella deseaba que fuéramos felices y por ello arriesgó todo y cruzó a Gélida. Ya nunca podré recuperarla pero al menos ahora te tengo a ti, mi pequeña. 
- Ahora comprendo todo -repuso Sábado abriendo un pequeño colgante que llevaba oculto bajos su ropas andrajosas-

Del camafeo extrajo un papelito amarilleado por el tiempo y de los pliegues de su abrigo un copo de nieve que aún no se había derretido. Tomó un cuenco, recogió una flor de aquí, un poco de agua de allá y agitó la mezcla con fuerza mientras releía el papel verificando la receta. Se la dio a beber al gnomo pero, sin querer, derramó unas gotas sobre el suelo. La estancia se cubrió de humo. Sábado comenzó a toser violentamente y pasados unos segundos cuando el aire se hubo aclarado... Ante sí visualizó la imagen más bella que nunca hubiera podido soñar, el gnomo se había transformado en un hombre apuesto y fuerte y a su lado, de las gotas derramadas en el suelo, surgió una hermosa mujer que lloraba y reía de felicidad.

Los tres se abrazaron en un instante eterno de infinita felicidad. Once años de penurias habían terminado con un hechizo roto y una familia feliz. Y así vivieron por siempre en el país de la eterna primavera.

Y colorín colorado...


Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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La Foto de la semana 17-11-2013: "La idea de Plumín"


Hacía ya varias semanas que el otoño había llegado. Viento, lluvia. Una sensación desapacible invadía el cuerpo de todos los que caminaban por la calle. Los días se habían vuelto ya más cortos y las noches más largas invadiendo los espíritus de un sentimiento pre invernal.
El señor Plumín, ilustre propietario del diario local más vendido de los últimos cincuenta años, caminaba con paso firme en dirección a la rotativa. Como cada mañana desde hacía varios meses, una tremenda preocupación rondaba su cabeza. Las ventas estaban cayendo en picado y si no ideaba algún plan efectivo, pronto tendría que anunciar la quiebra de su negocio.
De pronto una violenta ráfaga de viento colocó a sus pies un ejemplar de su principal competidor. Justo abierto por una página que mostraba ofertas navideñas de un centro comercial cercano. El cerebro de Plumín comenzó a trabajar, a enlazar ideas, conceptos, fechas... Y de pronto ¡La solución!.
Aprovechando la proximidad de la campaña de Navidad, organizaría un sorteo entre los compradores de su diario, en el que podrían participar mediante la adquisición del cupón que se entregaría junto con cada ejemplar del diario, cada día hasta el 24 de Diciembre, fecha en la que se celebraría la rifa. El premio consistiría en colaborar en el desarrollo de una versión online, incluida la versión para dispositivos electrónicos portátiles. La publicación de Plumín se encontraba ubicada en una población famosa por contener la comunidad de universitarios más grande de la zona. Por tanto decidió reforzar su campaña con anuncios en cada facultad y breves cuñas en las emisoras de radio locales.
La idea de Plumín fue un éxito rotundo y a los pocos meses, el talento de un grupo de estudiantes elevó su diario a niveles de ventas que no alcanzaba hacía más de diez años y sirvió a los jóvenes para conseguir el premio al mejor proyecto de final de estudios y a una beca en el extranjero para perfeccionar sus conocimientos.
Fue una gran entrada de año para Plumín, quien desde entonces asocia el viento a la llegada de inspiración y buenas nuevas.



Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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La Foto de la semana 10-11-2013: "Avatar"

Ambientada en el año 2154, los acontecimientos que narra se desarrollan en Pandora, una luna del planeta Polifemo habitada por una raza humanoide llamada na'vi, con la que los humanos se encuentran en conflicto debido a que uno de sus clanes está asentado alrededor de un gigantesco árbol que cubre una inmensa veta de un mineral muy cotizado y que supondría la solución a los problemas energéticos de la Tierra: el unobtainium. Jake Sully, un marine que quedó parapléjico, es seleccionado para participar en el programa Avatar, un proyecto que transporta la mente de los científicos a unos cuerpos artificiales de na'vi para que la comunicación con los nativos resulte así más sencilla. A pesar del fin científico del proyecto, el coronel Quaritch, quien dirige la defensa de la base humana en Pandora, convence a Jake para que le proporcione información sobre los nativos en caso de que fuera necesario recurrir a la fuerza para que se marchen. En un principio, Jake cumple profesionalmente su misión, pero se enamora de una de las nativas, Neytiri, y se da cuenta de que éstos jamás renunciarán a su tierra, haciendo inevitable un conflicto armado; él deberá decidir de qué lado está.

El presupuesto oficial de Avatar fue de 237 millones de dólares,1 aunque algunas estimaciones lo sitúan entre los 280 y los 310 millones, más otros 150 millones dedicados al marketing.4 5 6

La película se estrenó el 18 de diciembre de 2009 en gran parte de Europa y en Estados Unidos, así como en México, Paraguay, Venezuela y Uruguay, aunque en algunos países se proyectó en fechas distintas, tanto anteriores como posteriores, al estreno internacional. Algunos de ellos fueron Perú, Bélgica, Francia, Indonesia, Jamaica y Egipto, donde pudo ser vista desde el 16 de diciembre, mientras que en Argentina, China e Italia fue estrenada el 1, 2 y 15 de enero, respectivamente.7 8 En Cuba fue estrenada el 6 de febrero de 2010.

El día de su estreno Avatar logró una recaudación de aproximadamente 27 millones de dólares,9 aumentando esta cifra hasta los 241 millones tras su primer fin de semana en taquilla.10 Diecisiete días después de que se estrenara, se convirtió en la película que más rápido ha alcanzado la cifra de mil millones de dólares en recaudación11 y, transcurridas tres semanas, se situó como la película con mayor recaudación de todos los tiempos, superando así a Titanic (1997), también de James Cameron.12 Avatar consiguió superar esa marca en menos de seis semanas, convirtiéndose en la película más taquillera de la historia del cine hasta la fecha, logrando además ser la primera película en sobrepasar la barrera de los 2.000 millones de dólares en recaudación.13

Avatar fue nominada al Premio Oscar 2010 en la categoría de Mejor película. Y ganó el Premio Oscar 2010 en las categorías de Mejores efectos visuales, Mejor dirección de arte, y Mejor fotografía. La película se reestrenó en Estados Unidos el 27 de agosto de 2010 en salas 3D y IMAX 3D, con algunas escenas inéditas.

Fuente: Wikipedia "La enciclopedia libre"

La Foto de la semana 03-11-2013: "Escala de Beaufort"

    "Escala de Beaufort"

La Escala de Beaufort es una medida empírica para la intensidad del viento, basada principalmente en el estado del mar, de sus olas y la fuerza del viento. Su nombre completo es Escala de Beaufort de la Fuerza de los Vientos.
a escala fue creada por Sir Francis Beaufort (oficial naval e hidrógrafo), alrededor de 1805. Antes de 1800, los oficiales navales hacían observaciones regulares del tiempo, pero no tenían "escala" haciendo mediciones muy subjetivas.
La escala inicial no tenía velocidades de vientos, sino que detallaba un conjunto de condiciones cualitativas desde 0 a 12 de acuerdo a cómo un navío actuaría bajo cada una de ellas, desde 'apenas suficiente para maniobrar' hasta 'insostenible para las velas'. La escala se transformó en un parte estándar de las bitácoras para navíos de la Marina Británica a finales de los 1830s.
La escala fue adaptada para uso no naval a partir de los 1850s, cuando los números de Beaufort se asociaron con el número de rotaciones de un anemómetro para medir la velocidad del viento.
En 1906, con el advenimiento del vapor, las descripciones se cambiaron de cómo el mar se comportaba y se extendieron a las observaciones en tierra. El meteorólogo George Simpson, director de la Oficina Meteorológica, fue quien agregó dichos descriptores para tierra.
La velocidad del viento en la Escala de Beaufort puede expresarse por la fórmula:
v = 0,837 B3/2 m/s
Esta relación sólo se estandarizó en 1923, y la medida fue ligeramente alterada algunas décadas más tarde para mejorar su utilidad para los meteorólogos. Hoy, usualmente se numera a los huracanes con valores entre 12 y 16 utilizando la Escala de Huracanes de Saffir-Simpson, donde un huracán de categoría 1 lleva un número de Beaufort de 12, el de categoría 2, Beaufort 13, etc. La Categoría 1 de tornados en la escala de Fujita y en la escala de TORRO también comienza al final del nivel 12 en la Escala Beaufort.
La Escala Beaufort se extendió en 1944, donde se agregaron las fuerzas 13 a 17. Sin embargo, las fuerzas 13 a 17 solo se aplican en casos especiales, como en ciclones tropicales. Actualmente, la escala extendida se usa en Taiwán y en China, que frecuentemente son afectados por tifones.
Número de BeaufortVelocidad del viento (km/h)Nudos (millas náuticas/h)DenominaciónAspecto del marEfectos en tierra
00 a 1< 1CalmaDespejadoCalma, el humo asciende verticalmente
12 a 51 a 3VentolinaPequeñas olas, pero sin espumaEl humo indica la dirección del viento
26 a 114 a 6Flojito (Brisa muy débil)Crestas de apariencia vítrea, sin romperSe caen las hojas de los árboles, empiezan a moverse los molinos de los campos
312 a 197 a 10Flojo (Brisa Ligera)Pequeñas olas, crestas rompientes.Se agitan las hojas, ondulan las banderas
420 a 2811 a 16Bonancible (Brisa moderada)Borreguillos numerosos, olas cada vez más largasSe levanta polvo y papeles, se agitan las copas de los árboles
529 a 3817 a 21Fresquito (Brisa fresca)Olas medianas y alargadas, borreguillos muy abundantesPequeños movimientos de los árboles, superficie de los lagos ondulada
639 a 4922 a 27Fresco (Brisa fuerte)Comienzan a formarse olas grandes, crestas rompientes, espumaSe mueven las ramas de los árboles, dificultad para mantener abierto el paraguas.
750 a 6128 a 33Frescachón (Viento fuerte)Mar gruesa, con espuma arrastrada en dirección del vientoSe mueven los árboles grandes, dificultad para caminar contra el viento
862 a 7434 a 40Temporal (Viento duro)Grandes olas rompientes, franjas de espumaSe quiebran las copas de los árboles, circulación de personas muy dificultosa
975 a 8841 a 47Temporal fuerte (Muy duro)Olas muy grandes, rompientes. Visibilidad mermadaDaños en árboles, imposible andar contra el viento
1089 a 10248 a 55Temporal duro(Temporal)Olas muy gruesas con crestas empenachadas. Superficie del mar blanca.Árboles arrancados, daños en la estructura de las construcciones
11103 a 11756 a 63Temporal muy duro(Borrasca)Olas excepcionalmente grandes, mar completamente blanca, visibilidad muy reducidaDestrucción en todas partes, lluvias muy intensas, inundaciones muy altas
12+ 118+64Temporal huracanado(Huracán)Olas excepcionalmente grandes, mar blanca, visibilidad nulaVoladura de autos, árboles, casas, techos y personas. Puede generar un huracan o un tifón
De Wikipedia "La enciclopedia libre"

La Foto de la semana 27-10-2013: "La caída de la hoja"


Sólo debemos darnos un paseo por cualquiera de nuestros bosques para comprobar que la mayoría de caminos están recubiertos de una acolchada capa de hojas secas. Verdes, amarillos, ocres... Nos sumergen en un océano de color, que bien podría haber estado pintado por el mismísimo Monet.

El fenómeno de la caída de la hoja, afecta a los árboles caducifolios. En otoño, las horas de luz disminuyen, la radiación solar pierde fuerza y las temperaturas nocturnas bajan. Todo ello dificulta que las raíces puedan absorber agua y nutrientes. Llega un punto, en que mantener el follaje es excesivamente costoso y la naturaleza elabora una estrategia defensiva para compensar la escasez de alimento. Se genera una película aislante entre la rama y la hoja, de modo que ésta no puede recibir savia ni clorofila. Las hojas perecen literalmente de hambre. Van amarilleando y perdiendo fuerza, hasta que el ligero peso de las gotas de lluvia o el vaivén de la brisa hacen que caigan, convirtiéndose en decoración estacional de nuestros bosques, pueblos y ciudades.

Los árboles pasan el invierno en un estado de baja actividad y por tanto mínimo consumo y aguardan silenciosos la luz y tibias temperaturas de la primavera para comenzar a trabajar a toda velocidad en generar el proceso inverso y poblar de nuevo sus ramas de vida y color.


Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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La Foto de la semana 20-10-2013: "El corazón mágico"


Anelisa era una chica muy hermosa. La más bella de cuantas jóvenes casaderas habitaban en el reino. La muchacha vivía feliz y ajena a los planes de Edgar, su padre. Edgar había sido uno de los nobles de mejor posición y nombre de cuantos habitaban aquellas tierras, pero su afición a la bebida y a las apuestas le habían llevado al borde de la miseria. Tan sólo conservaba el título que preservaba su buen nombre y el de su pequeña. Por eso, le urgía organizar una boda conveniente lo antes posible para evitar su quiebra económica. Era consciente de que su hija estaba enamorada de un plebeyo. El hijo del herrero. 
Aprovechaban cualquier instante para estar juntos, pasear de la mano y dedicarse dulces miradas. Una tarde, se acercaron a la playa y grabaron un corazón en un árbol que miraba melancólico hacia la inmensidad del océano. Era un dibujo sencillo, tan sólo un  contorno negro. Satisfechos y cómplices sellaron el momento con un beso. 

Pasaron un par de semanas en que cada tarde los enamorados se encontraban furtivamente junto al árbol. Observaron con asombro que poco a poco, el corazón se iba tornando de un color rojo que cada tarde era un poco más intenso. Era su secreto de amor y disfrutaban de aquella mágica transformación mientras planeaban cómo y cuándo compartirían su felicidad con sus familias. Imaginaban su casa, su futuro juntos... Soñaban con una vida que aún no sabían que nunca llegaría.

Era sábado y el padre de Anelisa llevaba muchos días callado y ausente. Por fin rompió su silencio y durante el desayuno, anunció a su desconcertada hija que al día siguiente contraería matrimonio con el Conde de FiloAgudo. La joven tuvo que sentarse para no desmayarse. A sus ojos, el conde debía tener más de cien años y era conocido por su afición a los cuchillos. Vivía rodeado de ellos, colocados en las paredes, afilados y amenazantes. 

Anelisa suplicó, lloró y rogó a su padre que anulara la boda, le prometió trabajar para garantizar una buena vida para ambos... Nada le hizo cambiar de opinión. Se trataba de un acuerdo muy suculento que aseguraría su bienestar hasta el fin de sus días y no pensaba dejar escapar esa oportunidad. Terminarás por cogerle cariño, ya lo verás.

En un último intento por ablandar la voluntad de su progenitor, Anelisa confesó su amor por el herrero e intentando urdir un plan para escapar con él solicitó el último deseo de despedirse de su amado y ser ella la que le explicara la situación en persona. Edgar olfateó el peligro y encerró a su hija en su habitación junto a su ama. "Encárgate de que esté hermosa para la ceremonia de mañana." Cerró la puerta con violencia y giró dos vueltas la llave en el interior de la cerradura.

La muchacha no podía creer que no hubiera opciones. Tenía que haber una salida. Intentó convencer a su ama de que le dejara escapar y tras horas de llanto y desesperación, tan sólo consiguió que la vieja doncella aceptara entregar una nota de despedida de su puño y letra al herrero. 

A la mañana siguiente todo estaba listo para la ceremonia. Camino a la iglesia, el ama se escabulló entre la muchedumbre que aclamaba la belleza de la novia y cuchicheaba acerca del espanto que la joven sufriría junto a FiloAgudo durante la noche de bodas. El casamiento apenas duró unos minutos, no hubo celebración ni convite posterior. Edgar tenía prisa por disfrutar de su recompensa, que según el acuerdo no recibiría hasta después de la noche de bodas y FiloAgudo por quedarse a solas con su nueva esposa. 

El herrero destrozado por la desgarradora carta de despedida, corrió a refugiarse a su escondite secreto, junto al árbol testigo de su amor. Pensando tan sólo en cómo rescatar a su amada de las garras de FiloAgudo. 

Anelisa entraba en ese momento en el que iba a ser su nuevo hogar. Los cuchillos, espadas, floretes, hachas... eran la exclusiva decoración de las paredes. La muchacha se giró con agilidad tomó una de las dagas expuestas y se atravesó el corazón al tiempo que pronunciaba el nombre de su amado.

A la orilla del mar, el corazón grabado en el árbol, más rojo que nunca, dibujó dos hilos de sangre que descendían por el tronco. 

En ese instante, él supo que era demasiado tarde. 



Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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La Foto de la semana 13-10-2013: "El árbol y yo"


El cielo amenazaba con derramar más lluvia sobre la ya caída los días anteriores. Paseaba despacio, con el paso lento del que arrastra una carga pesada. Los expertos dicen que tan sólo utilizamos un diez por ciento de nuestro cerebro y por el contrario, el mío, parecía rebosar información, como un disco duro a punto de explotar.   
Una alarma sonaba en mi interior, demasiadas batallas libradas en el mismo campo, balas perdidas, brazos cortados, piernas amputadas, luces rojas, sirenas… ¡Peligro!. Sin embargo, todos a mi alrededor sonreían con dulzura y me prodigaban esas odiosas miradas benevolentes, dando por hecho que los fuertes siempre ganan. Que yo era fuerte y por tanto nada suponía un problema para mí, para acto seguido pasar a hablarme de sus vidas miserables y cargadas de vicisitudes que por su debilidad como seres humanos no conseguían gestionar. “Si yo fuera tan fuerte como tu…” terminaban diciendo. Si supieran cuánto había llegado a aborrecer esa frase. Un tremendo improperio estaba a punto de salir por mi boca cuando reparé en un árbol  justo delante de mí. En realidad eran dos árboles. El real y su reflejo en una balsa de agua.

Tan cotidiana visión me hizo reflexionar. El primero, alto, erguido, robusto, preparado para soportar cualquier inclemencia, retando impasible a cielo y mar. El segundo, tan frágil como cualquier proyección de uno mismo, dispuesto a romperse por unas gotas de lluvia o un paso despistado en mitad del charco. No sé cuánto tiempo permanecí absorto en mis propios pensamientos. Mirando el árbol, el charco y el mar. Luego el charco, el mar y el árbol. En realidad, me estaba viendo a mí mismo… Y mi reflejo.

El cielo se abrió por la mitad bajo el filo de un rayo y en pocos segundos comenzó a descargar millones de furiosas gotas de agua. El charco se convirtió en un amasijo de diminutas explosiones acuosas y entonces comprendí que estábamos solos. El árbol y yo. 




Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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La Foto de la semana 06-10-2013: "A paso de tortuga"


¡Qué injustos somos con las tortugas! Siempre decimos que son lentas y torpes. En su defensa, sin embargo, son las ganadoras de la fábula de la liebre y la tortuga... ¿Curioso verdad?.
Lo cierto es que, por ejemplo, para las tortugas marinas, el primer reto con el que la naturaleza les pone a prueba es precisamente una carrera. Una muy especial, no contra la astuta liebre, no. Una carrera por su propia supervivencia.  
Las tortugas hembra camuflan sus nidos en la playa a una distancia suficiente de la orilla como para que no queden expuestos a mareas y tormentas. Cuando los bebé tortuga nacen, se quedan bajo la arena hasta que la temperatura exterior baja, ya que por instinto saben que tendrán más posibilidades de sobrevivir si realizan el recorrido desde el nido hasta el agua de noche, cuando un menor número de depredadores acechan su camino. Una vez en la superficie, las crías se orientan gracias al brillo y los reflejos del mar, aunque por desgracia en ocasiones, las luces de poblaciones cercanas pueden hacerles errar en la elección de su ruta y perecerán de inanición o cansancio o en las fauces de algún oportunista. Si toman el camino correcto, deben lanzarse a la carrera para alcanzar el agua antes de ser descubiertos por cangrejos o aves nocturnas. Sería estupendo decir que aquellas afortunadas que alcanzaron la orilla han superado todos los peligros, pero nada más lejos de la realidad. Es entonces cuando comienza una etapa más larga y dura que la anterior. Las tortugas miden en ese momento unos cinco centímetros. Son aún débiles para nadar con rapidez o luchar contra las corrientes y quedan expuestas a peces y aves marinas deseosas de probar tan tierno bocado. Así que hasta que cumplen el primer año de vida, suelen optar por ocultarse en bancos de sargazos que flotan a la deriva a corta distancia de la costa. Allí se encuentran protegidas mientras se alimentan con facilidad de otras criaturas más pequeñas.

Hoy, a paso de tortuga, ha entrado un nuevo miembro en mi lista de súper héroes... 

Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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La Foto de la semana 29-09-2103: "Emos, Mods, Fresas y otras tribus urbanas"


Nunca pensé que nuestra sociedad pudiera estar fragmentada hasta el extremo de presentar no sólo grupos sociales, lo que toda la vida hemos llamado ricos y pobres, si no toda una forma de vida tras cada una de las etiquetas que clasifican a estos individuos que se definen miembros de una u otra tribu por tan diversos motivos como la indumentaria, el estilo de música o el estatus económico de sus familias. 

Por ejemplo, los Pokemones son jóvenes con complejo de Peter Pan, obsesionados por el mundo y la estética de la animación Manga. Los Emos, no sólo se sienten atraídos por la música del mismo nombre, si no que desarrollan una estética entorno a la melancolía y la infelicidad. Se trata de parecer amargado y depresivo resaltando problemas emocionales, existentes o no. Los Mods, herederos del movimiento modernista británico de finales de los cincuenta, se caracterizan por su interés en la música la moda y los Scooters. 
Luego vendrían los Fresas, también llamados Pijos, básicamente corresponde al histórico modelo de "hijo de papá" que sin haber hecho absolutamente nada en la vida, disfrutan, gracias al poder adquisitivo de sus padres de la mejor educación, ropa de marca, coches deportivos... Y se enfrentan a problemas tan graves como no tener un Armani para el cumple de Chuchi (los nombres ridículos parecen formar parte del estereotipo) o que Pipi no les ha invitado a la cena en su villa de Formentera. Utilizan coletillas como "o sea" y rozan la vagancia, el ridículo y la aberración. Podemos complicar aún más las estructuras de las tribus si analizamos casos como el de la japonesa Otakus que a su vez dispone de infinidad de sub tribus en función de su vestimenta o su música preferida o incluso del tipo de animación favorita.

El tema daría para escribir muchas páginas y realizar otras tantas reflexiones pero os animo a que echéis un vistazo a este link http://www.detribusurbanas.com.


Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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