La Foto de la semana 02-06-2013: "S2S"


Edurne Iza, S2S
 
Tan sólo un 20% del total de la flota marítima está formada por embarcaciones con una eslora superior a 10 metros. Esto significa que el 80% restante son embarcaciones pequeñas que no están obligadas por ley a utilizar el chaleco salvavidas de trabajo. A menudo este tipo de embarcaciones cuentan con una tripulación de uno a tres marineros y en el desafortunado caso de que uno de ellos caiga por la borda sin chaleco se dificultará la visibilidad del mismo en el agua, retrasándose el rescate lo que en demasiadas ocasiones termina en tragedia. Sin embargo, las nuevas tecnologías nos han traído Safe to See (S2S), una solución de seguridad inteligente que actúa de manera automática ante situaciones de “hombre al agua”: última tecnología en telecomunicaciones integrada en formatos simples y ergonómicos que no entorpecen el trabajo diario. Sus principales beneficios son: la detección automática de la caída del tripulante, sin necesidad de que éste active ningún sistema; cada sistema personal contiene un sistema de flotación que contribuye a que el accidentado permanezca en la superficie hasta el momento del rescate; en el momento de la caída, el equipo a bordo del sistema Safe to Sea notifica automáticamente la posición en tiempo real del marinero, tanto al barco al que pertenece, como a otros barcos cercanos y a los servicios de rescate; es un equipo ligero y ergonómico que no molesta en su uso diario. Existen diferentes modalidades de este equipo, en formato cinturón, embebido en la ropa impermeable de trabajo o incluso en los propios chalecos de seguridad. Adicionalmente cada embarcación debe adquirir el equipo central de abordo que es el que recibe la señal del accidentado y la transmite a los centros de rescate.

Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 26-05-2013: "Aerofobia"

Edurne Iza, Aerofobia
Tengo un amigo que me contó que un amigo suyo tiene miedo a volar. Aerofobia, como le llaman los expertos. El caso es que hace unos meses, tuve la oportunidad de conocer al amigo de mi amigo y resultó que era justo lo contrario de lo que yo había imaginado. Pensaba que, frente a mí en aquella cafetería, aparecería un ser de aspecto frágil y con comportamiento de sabiondo de serie televisiva, al más puro estilo Sheldon Cooper. Sin embargo, imperdonable para alguien como yo, había sido víctima de todos los estereotipos existentes al respecto y me quedé gratamente sorprendida al estrechar la mano de Ismael, un joven atractivo y seguro de si mismo que no dudó en extenderme su tarjeta de visita, donde la combinación de las palabras senior, executive y manager no dejaban lugar a la especulación, y estrujar los huesecillos de mi mano con solemnidad y mirada penetrante. Dada mi profesión, mi amigo y amigo de Ismael, me había solicitado como un favor personal, que echara una mano al pobre e inseguro ejecutivo en su trance con los aviones.
Ahora que lo pienso, debéis disculparme ¿Dónde están mis modales?. El motivo por el que mi amigo me pidió ayuda, es porque soy psicóloga y pensó que sería capaz de charlar con Ismael, escudriñar en su pasado a base de preguntas "indiscretas" y descubrir el origen de su fobia a los aviones, lo que nos dejaría a mitad de camino de resolver el problema.
Lo que mi amigo no calculó es que en muchas ocasiones, los seres humanos nos sentimos inseguros e intentamos ocultarnos tras esa mirada fría de superioridad y gesto de perdonavidas con la que los padres regañan a los niños o los niños tratan a sus juguetes. No es algo que reconozcamos de forma natural, yo de hecho, al confesarlo, me convierto en una excepción. Solemos dejarnos influenciar por los libros de texto, las estadísticas y las teorías de comportamiento humano y tendemos tan pronto obtenemos una brizna de información sobre alguien, a catalogarlo, etiquetarlo, diagnosticarlo y hasta decidir el mejor modo de tratarlo, sin tan siquiera haberle dado los buenos días. Por lo que mi amigo me había explicado, yo había imaginado a Ismael como alguien que había pasado gran parte de su vida entre libros y teorías científicas, lo que le habría convertido en un ser con serios problemas para las relaciones humanas y con una clara tendencia a desarrollar todo tipo de fobias y manías. Así que cuando aquel extraordinario ejemplar del género masculino con su tarjeta de "Senior Executive" sus modales refinados y su mirada carente de miedos se sentó ante mí sólo encontré el recurso de la risa tonta y la pregunta incómoda y obvia.

¿Nuestro amigo en común me ha dicho que tienes miedo a volar? ¿Has tenido alguna mala experiencia en alguna travesía aerea?-Ismael respondió con una sonora carcajada y al ver mi gesto desencajado se aclaró la voz y repuso-
- La verdad es que perdí el miedo a volar hace mucho tiempo, a base de razonar, de analizar estadísticas de accidentes aereos y si te soy absolutamente sincero... A base de volar, que pienso que es la mejor terapia, enfrentar tus miedos hasta que desaparecen.

Ismael acababa de arrastrar por el suelo mi segundo, tercer y cuarto paso. Intentaba buscar algo adecuado que decir, cuando él continuó,

- Simplemente, nuestro amigo común me había hablado muchas veces de ti y tras darle un par de vueltas, se me ocurrió que un buen modo de obtener una cita contigo, sin necesidad de ponernos bajo la presión de llamarle cita, era despertar tu curiosidad y permitirte crear un estereotipo en tu cabeza para luego despedazarlo en unos minutos ¿Porque eso es lo que te ha sucedido verdad?.
- ¿Serviría de algo decir no?

Fue una tarde maravillosa, vestida con conversaciones inteligentes y desnuda de estereotipos. Esa tarde decidí que nunca jamás obtendría información previa de mis pacientes, al menos hasta pasada la primera visita.




Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 19-05-2013: "¿2D?"

Edurne Iza, ¿2D?

Paseando por la ciudad de Barcelona, llegué a La Fuente de Montjuic. Era de noche y estaba iluminada. Los chorros de agua cambiaban de dirección dibujando formas imposibles al compás de la música de fondo. Me alejé unos cuantos metros para tomar una fotografía de tan maravillosa escena, con la esperanza de que mi cámara pudiera no sólo captar la imagen, si no también las sensaciones que yo experimentaba en aquel momento. La perfecta armonía entre sonido y movimiento, la frescura de millones de minúsculas gotas de agua salpicando mi rostro, las expresiones de la gente que asombrada disfrutaba como yo de aquel instante. Cuando levanté el dedo del disparador, la magia se había producido. De algún modo, la simetría de la imagen y las espirales de luz en que se había convertido la fuente fueron capaces de captar la emoción de aquel momento. Quizá fuera casualidad, pero hasta el bebé del centro de la foto, que acompañaba a su padre en un cochecito, dejó de llorar cuando el espectáculo comenzó. En ocasiones una imagen nos muestra mucho más que dos simples dimensiones.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 12-05-2013: "Neptuno Aguado"

Edurne Iza, Neptuno Aguado
 
Dicen que pescar relaja. Observar la caña a la espera de que algún desdichado pique el anzuelo. Mirar al horizonte. El vaivén de las olas. El ruido del mar...
Aquella mañana necesitaba relajarme. Era un domingo del mes de Mayo, nublado y templado. Un día corriente de no ser porque se aproximaba otro fin de mes sin dinero para pagar las facturas. Pronto los acreedores no se conformarían con enviarme cartas amenazadoras y llamar insistentemente por teléfono. En pocos días me cortarían la luz, el agua... Así que decidí coger la gloriosa caña de pescar que mi padre me había dejado en herencia y acercarme a la playa porque como os he comentado, necesitaba relajarme... Y para ser sincero... Algo de comida también. Así que cuando picó el primero lo lancé al cesto de mimbre que tenía preparado para mis capturas y mientras se retorcía agonizante lo miré con lástima y le dije -lo siento amigo, pero llevo tres días sin probar bocado-.
Animado, decidí probar suerte una segunda vez, prometiéndome a mí mismo que si un segundo picaba me iría a casa a prepar una comilona como hacía semanas mi paladar no había probado.
Pasó un buen rato hasta que noté que el sedal se tensaba. Algo grande parecía haber picado esta vez. Emocionado comencé a recoger el hilo y pronto me vi a mi mismo volcando medio cuerpo sobre la caña para acercar hacia mí lo que parecía una gran captura. Por un momento pensé que iba a arrastrarme mar adentro así que hice un último esfuerzo y vi salir de ente las aguas el cuerpo de una mujer. Sobrevoló mi cabeza y cayó en la arena justo a mi lado. Atónito la observé con curiosidad al comprobar que de la cintura para abajo tenía cuerpo de pez y sólo de la mitad hacia arriba era una mujer.
 
-¡Una sirena! exclamé
 
Tan sólo recibí un gemido como respuesta. Entonces comencé a comportarme como cuando los extranjeros me preguntaban algo en medio de la calle y pensaba que por gritar y hablar despacio terminarían comprendiendo mi idioma.
 
-¡Ho-la! ¿En-ti-en-des lo que te di-go?
-Por supuesto que te entiendo. Que viva en el mar no me convierte en una criatura estúpida. Y para tu información me duele mucho. -Dijo señalando una herida enorme que atravesaba su brazo de lado a lado y en la que yo, con la emoción del momento, ni siquiera había reparado-. ¡Aun llevo el anzuelo clavado¡ -protestó-.
-¡Dios mío! ¡Lo lamento muchísimo! Deja que te ayude. ¡Caramba hoy parece ser mi día de suerte! ¡He "pescado" una sirena!
-Pues como ves no es mi día de suerte. He sido atrapada por un imbécil que me ha destrozado el brazo. 
 
Enmudecí avergonzado y al acercarme comprendí que el anzuelo había desgarrado buena parte de su brazo  izquierdo y había quedado enganchado entre la carne. Con toda la delicadeza que pude, liberé a la pobre sirena que emitía unos alaridos que me partían al alma. Cuando se hubo calmado un poco, intenté rebajar la tensión presentándome.
 
-Bueno, parece que esto ya está. Me llamo Tuno, encantado de conocerte, dije estirando mi mano en señal de saludo.
-¿Tuno? ¿Qué clase de nombre es ese? Permite que no esté encantada de conocerte, dadas las circunstancias. Dijo ella con desdén, dejando mi mano colgada en el aire.
-Bueno, Tuno es el diminutivo de Neptuno. Mi nombre es Neptuno Aguado y mi padre adoraba el mar. De hecho esta caña con la que te he... bueno,  digamos recogido, fue la herencia que me dejó al morir.
-Estupendo, Neptuno, Dios del mar, captura a una sirena -gimoteó la joven-
-Deja que te cure ese brazo, estás sangrando mucho.
 
Lavé la herida lo mejor que pude y utilicé una camiseta blanca que había colocado en la mochila, para improvisar un vendaje. La sirena me dejó hacer y me observaba con curiosidad. Cuando terminé me dio las gracias con media sonrisa de derrota y furia en sus ojos. Las aguas que barrían la orilla mojaban su cola mientras ella la balanceaba lentamente en un gesto semi automático, pero no tenían la suficiente fuerza para arrastrarla hacia dentro. Me senté a su lado y sin saber por qué comencé a contarle lo penoso de mi situación. Cómo había perdido mi trabajo unos meses atrás. Mi periplo infructuoso en busca de un nuevo empleo. Lo rápido que el dinero había desaparecido de mi cuenta, que llevaba varios días casi sin comer... Al acabar mi historia, la ira había abandonado su mirada y noté unos dedos frágiles y delicados recogiendo una de las lágrimas revoltosas que había decidido deslizarse por mi mejilla.
 
Entonces, me tomó el rostro entre las manos, posó sus labios sobre los míos y cuando terminó de regalarme el beso más dulce que jamás había recibido me susurró al oído "Neptuno, tienes la solución ante tus ojos. Tu nuevo hogar te está esperando". Sin saber cómo vi como mi cuerpo se transformaba y acompañaba a la sirena nadando y respirando con normalidad bajo las aguas de aquella playa que me había visto  crecer.
 
Dos días después, acariciado por el confort de mi nueva vida, contemplé como en la superficie, unas barcas de salvamento recogían el cuerpo ahogado de un joven e imprudente pescador arrastrado por una ola mientras esperaba que algún despistado pececillo picara el anzuelo. Me acerqué atraído por una curiosidad morbosa y atiné a escuchar como uno de los buzos había sacado un papel del bolsillo de la víctima y decía en voz alta
 
-Neptuno Aguado... Si no fuera porque el infeliz ha muerto ahogado, diría que tiene gracia.
 
Me sumergí en las profundidades, hacia mi nuevo hogar confundido pero disfrutando de una sensación de libertad como nunca antes había sentido. Neptuno Aguado era feliz.
 
 
 
Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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