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Edurne Iza, Feliz Año Nuevo 
                    Fotografía nocturna de la torre Agbar en Barcelona iluminada
                                                         Diciembre 2012 Fotografía Edurne Iza

La Foto de la semana 30-12-2012: "El fenómeno de las comunicaciones"

Edurne Iza, El fenómeno de las comunicaciones
Aún no han pasado cincuenta años desde que en 1969 se inventara el protocolo de comunicaciones TCP/IP que permitiría crear Internet como un conjunto descentralizado de redes de comunicación. Se inició como método de conexión entre varias universidades estadounidenses. No fue, sin embargo, hasta 1990, cuando se creó el primer cliente y servidor Web, llamado WorldWideWeb y que desembocaría en la archiconocida www. Nació en Ginebra, de la mano de un grupo de físicos con Tim Berners-Lee a la cabeza. Crearon primero el lenguaje HTML, basado en el SGML, el efecto bola de nieve había comenzado.
En 1995, Sabeer Bhatia, nacido en India y doctorado por la Universidad de Stanford, en colaboración con Jack Smith, desarrollaron el primer servicio de correo electrónico gratuito y basado en la Web de Microsoft. Se dio a conocer oficialmente en Julio de 1996 y realmente cambió el concepto de comunicaciones.
Los jóvenes nacidos en las décadas de los 70 y 80 absorvimos entusiasmados esta nueva forma de compartir información. La adaptación fue vertiginosa y casi natural. Pronto quedaron atrás las cartas manuscritas, postales de Navidad y otros artilugios que hoy son casi dignos de vitrina de museo. Los nacidos a partir de los noventa ni siquiera conciben quedar con alguien en un lugar y a una hora, sin necesidad de enviar varios SMS o Whats App para confirmar la cita. No han vivido la sensación de salir de casa a las cinco diciendo "vuelvo a las once" respirando la libertad de que nadie esperara noticias durante esas seis horas.
Microsoft adquirió Hotmail en 1997 por cuatrocientos millones de dólares y lo rebautizó como MSN Hotmail.  En  Septiembre de ese mismo año, dos estudiantes de doctorado en ciencias de la computación, Larry Page y Sergey Brin, registraron el dominio de Google. Un año después fundan Google Inc que se estrena como motor de búsqueda en Internet, superando en muy poco tiempo a su antecesor AltaVista, creado en 1995. Pronto surge Adwords, la Barra Google, Google Maps, Imágenes, Noticias, Earth, Talk, Picasa, Calendar, Docs... y un sin fin de servicios propios o adquiridos, como el popular Youtube que fue comprado por Google en 2006.
Hoy a punto de entrar en 2013, nos parece inconcebible un mundo sin netbooks, ultrabooks, tabletas, smartphones, Facebook, Twiter, iCloud, iPod....
Quizá fuera a esto a lo que se referían los Mayas en su profecía del fin del mundo, porque no podemos negar que hace ya unos años que el mundo tal y como se concebía hace unas pocas décadas, ha desaparecido. El reto para las generaciones venideras es no permitir que la tecnología nos domine. Que nuestros hijos prefieran un abrazo humano a sumergirse en el mundo de Warcraft y que el mejor 3D siga siendo disfrutar frente al océano de una puesta de sol.



Fuentes consultadas:
http://es.wikipedia.org/wiki/Internet
http://es.old.buzzear.net/tag/jack%20smith
http://www.indobase.com/indians-abroad/sabeer-bhatia.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Google

Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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2013

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2013

 Zorionak eta Urte Berri On

 Bones Festes i Feliç Any Nou
              
 Buenas  Fiestas y  Feliz  Año  Nuevo 
                
   Merry  Christmas  and a  Happy  New  Year 
                                                                    
 Frohe   Weihnachten  und  ein  glückliches  neues   Jahr
                                             Fotografía nocturna de la torre Agbar en Barcelona iluminada. Diciembre 2012
                                                                                                                                        Fotografía Edurne Iza
                                          

La Foto de la semana 23-12-2012: "El renacer de Virginia II"

Edurne Iza, El renacer de Virginia-^2°parteAmarró la barca y se dispuso a inspeccionar el islote. En aquel pedazo de mundo perdido entre la niebla, Virginia se sentía segura. Se acercó al faro. Vio que la pequeña puerta de madera que daba acceso a la torre, estaba abierta y golpeaba a merced del viento. Decidió entrar. No tenía miedo, era como si hubiera estado allí con anterioridad. A pesar de la humedad de las paredes, de la oscuridad y de los restos que las tormentas y el abandono habían desperdigado por todas partes, no tenía miedo. Por primera vez desde la desaparición de sus padres, sólo sentía paz. Decidida, subió la escalera de caracol hasta llegar a la parte superior y allí se encontró una estancia acogedora y muy amplia. Era un espacio circular y diáfano donde el dormitorio, el salón y la cocina, quedaban separados por algún mueble estratégicamente colocado o por la misma forma de la construcción. Un loft, pensó Virginia, con una sonrisa dibujada en los labios. Lo que darían mis amigos del club por vivir en un ático con vistas al océano. Su rostro se tiñó de amargura al recordar a esos amigos que hacía ya mucho la habían olvidado. Había unos cuantos enseres de madera, sucios pero aún aprovechables. Le llamó la atención un escritorio colocado de forma estratégica junto a una de las ventanas. La luz natural lo iluminaba con unos haces gruesos que Virginia parecía poder rodear con su mano. Distinguió una fotografía en una de las esquinas de la mesa. Tomó el marco, sopló para liberarlo de la densa capa de polvo que lo cubría y observó una imagen que la dejó atónita. Era ella, con no más de dos o tres años, sentada en las rodillas de un anciano, que sin embargo proyectaba la viva imagen de su padre. El hombre y la niña estaban sentados en un paraje idílico, las olas de fondo, ellos, cubiertos con gorros y bufandas, al abrigo de una glorieta con columnas de piedra. Era como un cenador mirando al mar embravecido. Virginia liberó la fotografía del marco y la giró para comprobar si había alguna anotación en su parte posterior. Su madre siempre escribía algo que le permitiera identificar en la imagen, quién y dónde. "Por si algún día no puedo recordarlo", solía decir. Los ojos de Virginia se humedecieron de nostalgia. Se acercó a la ventana para ver con más nitidez "El abuelo y Virginia en el viejo faro". Efectivamente, era la caligrafía de su madre.
Las reflexiones se agolparon en su cabeza. Por eso había percibido que conocía el lugar, ella ya había estado allí. Pero entonces, el hombre de la foto era su bisabuelo y ¿dónde estaba aquella glorieta de la fotografía? Debía salir de inmediato a inspeccionar la zona.
Bajó atropelladamente las escaleras, rodeó el faro e instintivamente se dirigió hacia una parte algo menos elevada del terreno. Descendió unos cuantos metros sorteando las rocas que con salvaje naturalidad protegían la atalaya. Al girar un recodo apareció ante ella el cenador. Siete columnas de piedra describían un círculo desafiando la inmensidad del mar. Se sentó exactamente en el mismo lugar en el que aparecían en la fotografía. Permaneció allí durante horas, escudriñando en su memoria los breves flashes de infancia en aquel remoto lugar. el sol ya desaparecía en el firmamento. Respiró con profundidad y dijo, estoy en casa. Volvió a la torre. Rebuscó en los armarios y cajones y para su sorpresa, encontró todo lo necesario para limpiar, reparar y organizar la estancia. Era como si nadie después de su bisabuelo hubiera vuelto a entrar allí. Como si aquel rincón del universo hubiera permanecido en silencio esperando que ella volviera un día a devolverle la vida que hacía tanto tiempo había perdido.
Las siguientes semanas Virginia se dedicó a arreglar las puertas y ventanas, limpiar en profundidad y ordenar sus pensamientos. En uno de los cajones del escritorio encontró cuadernos en blanco y bolígrafos. Al morir sus padres, una anciana sentada en los pasillos del tanatorio le había dado un consejo, "Escribe todos tus pensamientos, te ayudará a superarlo". Hasta entonces la joven había hecho caso omiso del consejo y sin embargo, allí, en el fin del mundo, pasaba los días escribiendo, paseando y pescando con una vieja caña que encontró en una alacena. Agradeció que la pesca deportiva fuera bien vista en los círculos sociales de su antigua vida. No hubiera podido sobrevivir de otro modo y sin embargo, ya estaba harta de comer sólo pescado.
Una lluviosa mañana, mientras paseaba con sus cuadernos llenos de notas junto al faro, le sobresaltó la voz de un hombre que la saludaba desde lejos. Resultó ser un agricultor que vivía en el litoral, justo frente a la torre. Virginia, recelosa al principio y relajada después, le contó su historia y cómo había llegado hasta allí. El hombre se interesó por sus escritos y le comentó que su hijo trabajaba en un periódico de la ciudad. Se notaba que el hombre estaba orgulloso y le pidió que le prestara algunas de las hojas, para que su hijo las valorara.
- A mí me parecen muy buenos y a ti te vendría bien algo de dinero con el que poder comprar ropa y comer algo más que pescado ¿no crees?. De momento te pasaré un cesto con tomates y algunas verduras. Considéralo un adelanto.
Virginia asintió sin muchas esperanzas. No podía creer que aquel hombre de manos curtidas y ojos sumergidos en una inmensidad de pequeñas arrugas, pudiera estar ofreciéndole una salida a su vida. Sin embargo, algo en su rostro le infundía confianza, como si ya se hubieran visto antes.
Al cabo de unos días el viejo regresó dando a Virginia unas noticias increíbles. Sus relatos habían fascinado al editor del periódico que le ofrecía un precio razonable por entregas semanales durante seis meses. El viejo entregó a Virginia un sobre con algo de dinero para pagar la primera entrega. A la muchacha le pareció una fortuna y abrazó al anciano llorando de emoción.
- Gracias, atinó a decir con voz ahogada.
El viejo le entregó los datos del editor para que Virginia pudiera organizar directamente sus entregas. 
- He visto que tienes una barca así que ahora que ya tienes algo de dinero y la dirección del periódico, no necesitas a un viejo como yo para que te haga de intermediario.
Virginia compartió con él la pesca del día y una animada charla. Al anochecer el hombre tomó su lancha y desapareció entre la niebla. Virginia escribía con más dedicación que nunca. Tomaba la barca cada semana y se acercaba a la ciudad. Entregaba sus escritos, cobraba, realizaba sus compras y regresaba al faro por la tarde. 
El anciano nunca más regresó. Infructuosas fueron las pesquisas de la joven en el periódico. Nadie parecía conocer a un hombre que trabajara allí y cuyo anciano padre fuera agricultor. Su benefactor desapareció como la niebla a mediodía.
Un año después, publicaba su primera novela, "El faro de Virginia" En la primera página podía leerse:
 "Con amor a mi bisabuelo,
eterno recuerdo a mis padres
e infinita gratitud a mi salvador"




Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 16-12-2012: "El renacer de Virginia I"

La barca avanzada sigilosa cortando con su proa la mar en calma. Virginia se sentía segura. La esponjosa niebla que le rodeaba acariciaba su rostro con suavidad. Hacía frío, pero ella sólo notaba la dulce protección de la invisibilidad. Se acercaban a la costa y el paisaje era abrupto, rocoso, salvaje. Para ella sin embargo, el paraíso. Aquella embarcación, rumbo a lo desconocido, era su pasaje a la libertad. Le había permitido dejar atrás un mundo de miseria, de hambre, de miradas lascivas y oscuras intenciones.
Edurne Iza, El renacer de Virginia-1ª ParteVirginia había sido una joven con un futuro prometedor. Graduada de una buena universidad, realizaba su proyecto final cuando recibió la noticia del fallecimiento de sus padres en un accidente aéreo. Hasta entonces había llevado una vida acomodada, sus progenitores habían costeado sus estudios y caprichos y ella era una joven feliz y despreocupada que sólo pensaba en tiempo presente, como tantos de sus compañeros. Pronto descubrió con horror el desorbitado importe de la hipoteca de su cómoda casa y los préstamos que sus padres habían contraído para pagar el máster en Nueva York, la ropa de marca, las clases de chino mandarín, las de Pilates y los fines de semana de esquí en los Alpes Suizos para su pequeña princesa. Sin embargo, no se les ocurrió matricularle en la escuela de la vida. Esa en la que te enseñan  a sobrevivir, a luchar por lo que quieres.
Así Virginia, se quedó paralizada. Durante meses vivió del dinero que aún quedaba en las cuentas. Pronto las cartas amenazadoras del banco y el resto de acreedores colapsaron el buzón, pero ni siquiera entonces supo qué hacer. Para entonces la crisis económica estaba azotando a la mayoría de las empresas, acudió apática y asustada a algunas entrevistas, pero nadie estaba dispuesto a contratar a una joven acomodada, con cara de no saber nada de la vida y sin ninguna experiencia profesional. Sin darse cuenta cómo, la casa familiar fue embargada por el banco y una mañana lluviosa del mes de Diciembre se encontró durmiendo en un cajero automático. Su mundo de color de rosa se tornó de golpe oscuro y sucio. Siempre había tratado con gentes bien intencionadas que le habían ofrecido una visión distorsionada del mundo real. Ahora le parecía estar interpretando un personaje de Los Miserables. Rodeada de cartones mugrosos, había tenido que esquivar propuestas indecentes a cambio de un plato de comida, soportar miradas de asco y recelo y sufrir las burlas de jóvenes de casa bien, en los que con faciliidad podía haber reconocido a alguno de sus antiguos amigos. ¿Dónde estaban ahora sus compañeros de estudios? ¿Las jóvenes del club? ¿Sus "very best friends"? Hacía tiempo que había dejado de preguntárselo. Estaba demasiado ocupada compadeciéndose de sí misma.
La mañana del veintiocho de Diciembre, como si de una broma macabra se tratara, el empleado de la sucursal bancaria que le había servido de hogar en las últimas y frías noches, la echó literalmente a patadas. Sin darle tiempo a recoger sus cartones, que pisoteó y lanzó con desprecio al contenedor de basuras. Ese día Virginia comenzó a caminar. Sin prisa, sin rumbo, sin mirar atrás. Simplemente caminó. Sus pasos le llevaron hasta el mar a las afueras de la ciudad, donde la urbe dejaba de serlo. Se sentó en una pequeña playa de piedras, cerca del agua juguetona que movía unas algas de color rojo. Al fondo un par de barcas de madera reposaban en la orilla. Observó el horizonte y vio a lo lejos un pequeño islote rodeado de densa y baja niebla que albergaba un faro abandonado. Recordó que su padre le había explicado que un antepasado de la familia había cuidado de aquella torre más de cien años atrás y que hoy en día con la estructura del nuevo puerto había quedado en desuso. Pensando en el viejo faro, el rostro de Virginia se iluminó y sonrió convencida de que había encontrado un rumbo que darle a su vida. Tomo una de las barcas de madera y se echó a la mar.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 09-12-2012: "Tres eran tres..."

Edurne Iza, Tres eran tres...

Tres eran tres las hijas de Elena; tres las hijas del Rey; Los Reyes Magos de Oriente; los cerditos; los monos sabios; tres eran los ángeles de Charlie; los mosqueteros; tres son los puntos de apoyo necesarios para mantener un objeto en equilibrio; tres puntos no alineados son suficientes para determinar un plano y una circunferencia; un número natural es divisible entre tres, si la suma de sus dígitos es divisible entre tres; no podemos olvidar la regla de tres; las medallas olímpicas; los premios de la lotería; a la tercera va la vencida; WWW; tres en raya; el concurso un, dos tres; la cuenta atrás... Tres, dos uno...

Detalle de la fachada del Colegio de Arquitectos de Barcelona. Una parte de los Frisos realizados por Picasso en 1960. Leer más en:

http://www.blogmuseupicassobcn.org/2012/07/50-anos-de-los-esgrafiados-de-picasso-en-el-col%C2%B7legi-d%E2%80%99arquitectes-de-catalunya/?lang=es


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 02-12-2012: "¡Qué vienen!"

Edurne Iza,¡Qué vienen!

Las acrobacias de los aviones habían dejado el cielo pintado con curiosas líneas blancas. Recreando las piruetas que tan sólo unos minutos antes aquellos colosos de acero habían realizado en un claro desafío a la gravedad. Miguel, como siempre, seguía con su cámara todos los movimientos para dejar constancia gráfica e informar al mayor número posible de personas. Absorto como estaba en su tarea, se quedó perpelejo cuando divisó a lo lejos una luz muy brillante. Parecía moverse de un lado al otro del horizonte y Miguel la observó con curiosidad durante unos segundos. De pronto escuchó gritos, carreras y en tan sólo unos instantes la confusión reinó a su alrededor.
No entendía lo que estaba sucediendo, pero algo le decía que debía seguir grabando. Así que asió con determinación la empuñadura de su cámara y enfocó al punto de luz. La multitud pasaba a su lado aterrorizada, el público que asistía a la exhibición acrobática era muy numeroso e impresionaba ver aquella masa de gente corriendo descontrolada. Una mujer tropezó con la cámara y cayó al suelo aparatosamente. Miguel se agachó para ayudarle al tiempo que aprovechaba para obtener algo de información

- ¿Qué sucede? ¿Por qué corre toda esta gente? ¿De qué huyen?
- ¡De qué no, de quién! ¡Huya! ¡Qué vienen!
- ¿Pero quienes vienen?
- ¡Hágame caso y huya!- es lo único que la mujer atinó a gritar antes de continuar con su carrera

Miguel estaba desconcertado y el pánico comenzaba a apoderarse de él. Entonces, a lo lejos distinguió una especie de enormes monstruos metálicos que daban grandes saltos y arrasaban todo cuanto quedaba a su paso. Ajustó el Zoom de su cámara y vio que los robots bajaban por cientos de tres naves de color marrón que cubrían por completo la línea del horizonte y emitían la extraña luz que había visto al principio. No daba crédito a lo que estaba viendo. Algo parecido sólo era posible en una de esas taquilleras películas hollywoodienses, pero no aquí, en la pequeña ciudad de provincias que le vio nacer.
Cuanto más se acercaban los gigantes de metal, mejor podía distinguir la crueldad de sus movimientos. Agarraban a la gente por la cabeza arrancándosela de cuajo, aplastaban con sus pies los coches con sus ocupantes dentro, por los ojos, lanzaban una especie de llamaradas que calcinaban todo lo que hubiera podido quedar con vida. Miguel apartó la vista del visor y se percató de que podía ver la matanza sin necesidad de utilizar el aumento del objetivo, eso significaba que avanzaban muy deprisa y en ese momento comprendió que ya no tenía tiempo. Miró su cámara, la devastación que había a su alrededor y decidió continuar de pie, grabando aquel cataclismo. Uno de los gigantes metálicos se dirigió hacia él y levantó su enorme pie para aplastarlo. Entonces vino a la mente de Miguel, la imagen de aquellos pobres músicos del Titanic que optaron por continuar tocando mientras las aguas devoraban el coloso y todo cuanto en él había. Sólo deseó que la cinta se salvara para que las generaciones venideras, supieran alguna vez lo que había pasado en aquella tranquila mañana de Domingo. El pie del robot bajó a toda velocidad justo sobre Miguel, luego... Oscuridad.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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Texturas Naturales

Hojarasca,rocas, raices, tierra...La naturaleza nos ofrece infinitas texturas para utilizar en nuestros diseños. Os dejamos unas cuantas. ¡Qué las disfrutéis!

Fotografías: Edurne Iza
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La Foto de la semana 25-11-2012: "Tic-Tac"

Desde el origen de la vida, el ser humano ha necesitado dividir su paso por este planeta en diminutas unidades. Concretas, mesurables, visibles e incluso audibles a través del artilugio llamado reloj. No existe un único inventor del medidor del tiempo. El Sol y la Luna sirvieron a las civilizaciones antiguas para cuantificarlo. Se evolucionó después hacia los relojes solares y de arena. Galileo Galilei contribuyó con sus estudios sobre el movimiento pendular, que remató Christian Huygens en el siglo XVII con el primer reloj de péndulo. Le siguió Peter Henlein en 1524 con la modalidad de bolsillo que, aunque sólo ofrecía una hora de autonomía, se hizo muy popular entre los caballeros de la época, y lo culminó en el siglo XIX Patek Philippe inventando la versión para muñeca.
 
Edurne Iza, Tic-Tac
 
Me resulta muy curioso que estemos tan obsesionados por el segundero. Por cuánto dura esto o tarda aquello. Y sin embargo no se cuestione lo efímero de la felicidad. Decimos que tal o cual persona es feliz y que la otra es desgraciada y en el fondo nadie sufre o disfruta de manera constante. Si pensamos en las situaciones que nos hacen sentir bien, durante ese espacio de veinticuatro horas que hemos decidido denominar día, probablemente descubriremos, que no van más allá de unos pocos segundos. Y esa diminuta cantidad de tiempo, durante la que sonreímos, es suficiente para decir que somos felices.

Por eso hoy, queridos lectores, os invito a la reflexión acerca de nuestro sistema de medida de ese bien de valor incalculable llamado tiempo. No damos aprecio a los pocos segundos que dura nuestra satisfacción al recibir el beso de un ser querido tras un largo período de separación y sin embargo suele ser suficiente para que definamos que el día ha sido feliz, olvidando el sufrimiento de las horas, días o meses de ausencia. Toda una jornada frente a unos pocos segundos.

Por eso, he decidido, no dividir mis veinticuatro horas en 1440 minutos ni en 86400 segundos. Lo mediré por el número de instantes felices, de sonrisas en mi rostro. Por el torrente de lágrimas derramadas o de suspiros de satisfacción. De ese modo, tendré la sensación de que mi vida cuenta, más allá del monótono tic-tac de mi reloj de pared.




Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 18-11-2012: "Mi deseo de Navidad: Yo no te pido la Luna"

Edurne Iza, Mi deseo de Navidad: Yo no te pido la Luna

Yo no te pido la Luna, sólo un trabajo y comida en el plato de mis hijos. No te pido joyas, ni perfumes caros, ni muebles de madera noble. No te pido viajes exóticos ni una casa de veraneo. No necesito una cuenta en Suiza ni un coche de alta gama.
 
Mi voz es la de uno de tantos ciudadanos que está sufriendo en sus carnes la mala gestión de los políticos. La ambición desmedida de algunos empresarios y la incapacidad de los gobernantes.
 
No hay trabajo para mí. Porque soy hombre, porque soy mujer, porque tengo más de cincuenta, porque tengo menos de treinta, porque estoy en ese intermedio que ni treinta ni cuarenta, porque tengo demasiados estudios, porque no tengo formación suficiente, porque no hablo inglés, porque mi inglés is too good, porque me fascina la tecnología, porque soy de la escuela del papel y el lápiz. Lo cierto es, que no hay trabajo para mí.
 
Hoy he venido ante ti para entregarte una carta con el regalo que me gustaría recibir en estas fiestas. Espíritu de la Navidad, yo no te pido la  Luna, sólo vivir con dignidad.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 11-11-2012: "La Fuente de los Deseos"


Edurne Iza, La Fuente de los Deseos
En las frías tardes de invierno, cuando el viento azota las calles solitarias de la ciudad y el agua de las fuentes  se solidifica formando puentes de hielo, es entonces cuando al abrigo del calor de las cocinas, las viejas leyendas pasan de abuelos a nietos. Son tardes de olor a leña, a castañas asadas. Son tardes de hogar y tradición. Hoy voy a contaros una de esas historias cocinada a fuego lento durante generaciones. Que ha pasado de boca en boca y ha llegado hasta nuestros días. Sólo sabemos que ocurrió hace muchos, muchos años, cuando dos jóvenes enamorados soñaban con el día en que sus corazones pudieran unirse para formar uno solo. Sin embargo, desde que eran niños, sus familias tenían planes ajenos al amor que se profesaban. Él debía convertirse en médico, para lo cual debería atravesar el océano y aprender técnicas vanguardistas de curación. Ella había sido prometida en matrimonio a un comerciante rico, poderoso y viejo a partes iguales. Eran tiempos en que el futuro de los jóvenes lo decidían los mayores. Eran tiempos en los que los hijos heredaban la profesión de los padres y las hijas no eran sino un favorable intercambio comercial que posicionaba a la familia en sociedad. Tiempos en los que el amor no iba más allá de unos cuantos versos en un viejo libro de poesía. En los que revelarse significaba morir y no hacerlo era vivir encerrado en un cuerpo sin alma. 
Lucharon intentando eludir el futuro que les había sido asignado. Desesperados acudieron a visitar a la vieja Gestern, conocida por su pócimas, ungüentos y hechizos capaces de hacer desaparecer una verruga, proporcionar ricas cosechas o convertir el agua en vino. Les aseguró que si su deseo era permanecer juntos para el resto de su existencia, debían acudir a la plaza del pueblo, junto a la Fuente de los Deseos y pronunciar unas palabras que la misma vieja escribió con mano temblorosa en un trozo de papel. Les hizo beber un brebaje a base de hierbas y frutas del bosque y les advirtió de que la magia había comenzado, de que una vez leído el conjuro, no podrían echarse atrás y de que si ambos no acudían a la cita, exactamente a la media noche y pronunciaban las palabras al unísono las consecuencias serían terribles.
La joven acudió unos minutos antes al punto de encuentro. Justo a las doce apareció la vieja. Los segundos avanzaban sin piedad y cuando la aguja amenazaba con marcar el primer minuto del nuevo día, la hechicera gritó desesperada

- ¡Las palabras mágicas, ahora!

La joven, desconcertada, obedeció. La última letra del conjuro enmudeció cuando el minutero se detuvo. Segundos de eterno silencio, de rostros desencajados, de miradas de despedida. La muchacha comenzó a transformarse, adoptando la forma de una pétrea figura que pasó a adornar la parte superior de La Fuente de los Deseos. En ese momento, irrumpió en la plaza el joven enamorado, cubierto de sangre, era evidente que había librado una encarnizada batalla para conseguir reunirse con su amada. Se abalanzó sobre la anciana mientras imploraba una respuesta. Ésta señaló la grácil figurita de piedra que vertía agua por la boca. El muchacho al comprender la tragedia, se sumergió en La Fuente, mirando la estatuilla,  mirando a su amada. Dejó que el agua llenara su cuerpo, inundara sus pulmones y lo llevara para siempre junto a ella. Cuenta la leyenda, que cuando los padres de ambos acudieron a la plaza e intentaron recuperar el cuerpo del joven, este se deshizo, formando una gruesa capa de musgo verde que envolvió la piedra y rodeó con suavidad la figura de la joven. La hechicera, regresó a su cabaña no sin antes dedicar una mirada melancólica a La Fuente de los Deseos, al tiempo que decía "Musgo y Piedra, eternamente juntos".




Foto: Edurne Iza
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La Foto de la semana 04-11-2012: "Santa Caterina"

Edurne Iza, Santa Caterina

Deambulaba por la ciudad, sin rumbo. El cielo amenazaba tormenta y se iba tiñendo de un gris plomizo y algo tenebroso. Bajé la vista aun calculando cuantos minutos quedarían hasta que comenzara a llover y descubrí ante mí un edificio majestuoso. El tejado estaba formado por miles de diminutas piezas de cerámica de diferentes colores que simulaban las frutas y verduras que se vendían en su interior. Al acercarme a la fachada principal comprendí que se trataba de un mercado. Un mercado con vida propia pero sobretodo con una larga historia de la que han sido parte muchos de los ciudadanos de Barcelona.

En sus orígenes, allá por el siglo XIII, Santa Caterina era un monasterio dominicano que se constituyó más adelante en la primera sede del consejo de ciento de la ciudad. Sin embargo, fruto de las revueltas de la época y pese a su elevado contenido artístico, fue derruido en 1835.  Sobre sus ruinas, se levantó el primer mercado cubierto de Barcelona y del antiguo convento, sólo quedó el nombre, convirtiéndose así en el Mercado de Santa Caterina. Su construcción comenzó en 1844 y finalizó cuatro años más tarde. Durante la posguerra en los años cuarenta del siglo XX, se convirtió en un centro crucial de abastecimiento tanto de Barcelona como de las ciudades aledañas: Sant Adriá del Besós, Badalona, Santa Coloma de Gramanet, el Masnou, Mataró... Los tranvías facilitaban a los ciudadanos el traslado desde estas poblaciones, hasta la calle Trafalgar y la Ronda de Sant Pere, situadas en las inmediaciones del mercado.

Este espectacular edificio ha sido recientemente restaurado, manteniendo la estructura original, pero resaltando el llamativo tejado mediante mosaicos inspirados en el trabajo de Gaudí. El de Santa Caterina, es el segundo mercado de Barcelona en antigüedad después del de la Boquería. Hoy en día además de un centro de compra de productos frescos de primera calidad para los vecinos de Barcelona, se ha convertido en punto de encuentro y atracción turística. En sus inmediaciones la oferta de restauración y ocio es amplia y diversa, lo cual ofrece un aliciente adicional a quienes deciden visitar tan singular construcción. Además el mercado se encuentra adaptado a las nuevas tecnologías ofreciendo servicios de compra on line.

Tras un colorido e histórico paseo por las más de 180 paradas de fruta, verdura, carne, pescado, flores o legumbres, salí a la calle y casi había anochecido. Decidí quedarme a cenar por la zona y disfrutar en Santa Caterina, de una velada perfecta ayer, hoy y siempre.
 


Foto: Edurne Iza
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La Foto de la semana 28-10-2012: "Far, far away"


Edurne Iza, Far, far away
Se acabó el dinero. Se acabó la suerte. Atrás quedaba la quimera que les había hecho abandonar el pueblo varias semanas atrás. Con lo puesto y una maleta de piel raída que contenía algunos recuerdos familiares y apenas un palmo reseco de lo que había sido un jugoso salchichón, tenían frente a sí la llanura de lo desconocido. Decidieron hacer un alto en el camino. No tenían prisa. No les esperaban en su destino, ni les extrañaban allá de donde venían. En realidad, no había nadie. Sólo se tenían el uno al otro y ambos, sólo tenían sus sueños. Buscaban un mundo mejor, donde formar un hogar, encontrar un trabajo, vivir con dignidad, tener hijos quizá...
Observaron las nubes, formando caprichosos dibujos, como si alguien trazara círculos con el humo de su cigarro. El sol reconfortaba sus cuerpos cansados del viaje, pero sabían que en unas horas oscurecería y debían encontrar un lugar donde pernoctar. Caminaron hasta el ocaso. Sin saber cómo, llegaron a un enorme vertedero de basuras donde las aves carroñeras revoloteaban en círculos mientras emitían desagradables chillidos. Decidieron bordear la inmensa explanada de desperdicios. De vez en cuando miraban con disimulo, por si descubrían algo que les fuera de utilidad para resguardarse aquella noche. En una de aquellas miradas furtivas, detectaron lo que parecía un edredón. Les daba asco, vergüenza, pero era grande y mullido y la noche amenazaba con ser gélida. Estiraron cada uno de un extremo con todas sus fuerzas. Estaba atrapado debajo de algo pesado. Hicieron un último intento y descubrieron con horror, que lo que aprisionaba la tela, era el cuerpo de un hombre. Estaba medio descompuesto, con una espantosa mueca de dolor en su rostro agusanado. Se apartaron de allí entre nauseas y gritos. El pánico les hizo correr por entre las montañas de basura, hasta que ella tropezó con un hierro y cayó de bruces al suelo. Con enorme ternura él la abrazó y le ayudó a sentarse sobre una especie de maletín negro que había a su lado. Con el peso de la mujer, los cierres de la valija cedieron y su contenido se desparramó a su alrededor. ¡Billetes de quinientos Euros! Había docenas de fajos enormes de aquellos billetes de color violeta, que en su vida habían tenido la oportunidad siquiera de ver.
Aturdidos miraron a su alrededor. Los pájaros seguían disfrutando escandalosamente de su festín. A lo lejos la mano podrida del muerto parecía decirles "vamos ¿a qué esperais?, yo di la vida por esos billetes". Temblorosos, abrieron su vieja maleta de piel, introdujeron todos los billetes que cupieron. El resto, los apretujaron en sus bolsillos, cuidando que no sobresaliera ninguna delatora punta. Caminaron hasta bien entrada la madrugada. Llegaron a una ciudad y buscaron una pensión modesta, donde su aspecto no destacara. A solas en la habitación recontaron su botín. Había varios millones de euros ¡Varios millones!. De un plumazo, su vida estaba resuelta. Sólo tenían que escoger un destino y disfrutar. Eso sí, como en los más tradicionales cuentos de hadas, su nueva vida comenzaría... Far, far away...





Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 21-10-2012: "A flote"


Desde el amanecer, hasta el ocaso y viceversa. Sin detenerse un solo segundo, la actividad de los puertos de mercancías es frenética. Hoy nos acompañan tres panorámicas del puerto de Barcelona, tomadas a diferentes horas, una tarde de domingo.

Edurne Iza, A flote

El puerto de Barcelona, está situado en un enclave geográfico estratégico. En los últimos años, se ha convertido en el mayor puerto de cruceros del Mar Mediterráneo y el segundo del mundo detrás tan sólo del de Miami. Sirve de escala a 313 líneas regulares conectando 423 puertos en todo el mundo. Por él circulan más de cincuenta millones de toneladas de mercancías cada año, cerca de dos millones cien mil contenedores, 8.900 buques y dos millones y medio de pasajeros de los que más de la mitad viajan en crucero. El puerto de Barcelona ha experimentado en los últimos años diversas ampliaciones que le han permitido adaptarse al vertiginoso crecimiento de su actividad. 

Edurne Iza, A flote

Es importante conocer que la norma que regula el transporte de mercancías por vía marítima dependerá de su carácter internacional o nacional. En el caso del contrato de transporte marítimo internacional de mercancías (en el que “los puertos de origen y de destino están situados en países diferentes”), deberemos remitirnos a la Convención de Bruselas para la unificación de ciertas reglas en materia de conocimientos de embarque (Reglas de la Haya - 1924), el Protocolo Modificatorio a la Convención de Bruselas (Reglas de la Haya-Visby - 1968) y la Convención de Naciones Unidas sobre el transporte marítimo de mercancías (Reglas de Hamburgo - 1978), que serán los encargados de regir el tema. Por el contrario, si se tratara de un transporte marítimo nacional (“cuyo puerto de origen y cuyo puerto de destino están ubicados en el territorio de un mismo país”), son las normas del Código de Comercio (C.Co.) las encargadas de regular la materia.

Edurne Iza, A flote

Un elevado porcentaje de la industria del transporte de mercancías se realiza por vía marítima. Existen una amplia variedad de buques destinados al transporte de contenedores, mercancías a granel, sustancias peligrosas... acompañados de sus correspondientes regulaciones de seguridad, que se van actualizando o modificando, muchas veces después de experiencias dramáticas como el naufragio del petrolero monocasco Prestige, que transportaba 77.000 toneladas de fueloil, cuando una vía de agua provocada por los efectos de un fuerte temporal a la altura del Cabo de Finisterre, hizo que se hundiera a una profundidad de 3.850 metros, provocando uno de los desastres  ecológicos más lamentables de la última década. A consecuencia de la tragedia, se consiguió la prohibición en toda la Unión europea de los petroleros monocasco. Diez años después del hundimiento, el Prestige nos vuelve a recordar lo que ocurrió, ya que ha comenzado el juicio que intentará aclarar las circunstancias de la catástrofe. El próximo 13 de Noviembre declarará el que fuera capitán de la tristemente conocida nave, Apostolos Mangouras. Y al mismo tiempo nos recuerda el siempre abierto debate sobre  las banderas y los puertos de conveniencia y la lucha de los sindicatos internacionales para mejorar las condiciones de los trabajadores del mar y puertos así como las leyes de seguridad marítima.




Fotografías: Edurne Iza
Investigación y Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 14-10-2012: "Controversia"

Edurne Iza, Controversia

En la fotografía de esta semana, desde un punto de vista en contrapicado podemos apreciar la cúspide de la  grandiosa estructura del hotel que la cadena Starwood inauguró en Barcelona a finales de 2009. Conocido por los ciudadanos  como "hotel vela", este edificio fue diseñado por el arquitecto catalán Ricardo Bofill. En sus planes iniciales estaba que la altura de la torre principal con forma de vela, alcanzara los 170 metros, sin embargo el ayuntamiento, obligó a modificar el diseño, reduciendo su altura a los 99 metros actuales, para evitar alterar la silueta urbanística de la ciudad, en la que las Torres de la Villa Olímpica deben coronarla en su entrada visual desde el mar.
Sin embargo, no quedó aquí la polémica suscitada por la construcción del lujoso hotel. Aún hoy, tres años después de su inauguración, voces de protesta  piden que sea demolido. Numerosas organizaciones vecinales han denunciado la supuesta ilegalidad del proyecto, ya que al parecer, el edificio se alzó en terrenos de dominio público, privatizados con fines especulativos.
Asimismo, asociaciones ecologistas afirman que la espectacular construcción, incumple la ley de costas, encontrándose a tan sólo veinte metros de la ribera del mar y en terrenos portuarios. Esta distancia sería correcta en el caso de que el edificio se hubiera levantado en terrenos clasificados como suelo urbano en el momento de la entrada en vigor de la citada ley, pero en cualquier otra circunstancia, debería ser no inferior a cien metros.
Es una verdadera lástima que un diseño arquitectónico tan espectacular quede empañado por una polémica que parece difícil de zanjarse.

Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 07-10-2012: "¡A las armas!"



Edurne Iza, A las armas


Era domingo por la tarde, un día despejado de mediados de Septiembre. Estaba en casa, tirada en el sofá, cambiando de canal a la búsqueda de un programa que valiera la pena. Tras veinte minutos de infructuosos intentos, decidí salir a dar un paseo. Caminé sin rumbo hasta la cima de una pequeña colina desde la que se divisaba toda la ciudad. La caída del sol ofrecía unos reflejos rojizos que intensificaban de un modo especial el azul del cielo. De pronto encontré ante mí un cañón, colocado sobre una base de hormigón, apuntando al infinito. Lustroso, bien conservado, recuerdo de batallas pasadas. Comencé a imaginar a los dos bandos rivales librando una lucha encarnizada por el control del litoral. Mi concentración se vió interrumpida por un "¡A las armas!". A mi alrededor, una nube de soldados con uniformes raídos y salpicados de sangre, barro y restos de guerra corrían desordenados a cumplir su tarea. Unos cargaban el cañón, otros levantaban sacos de arena para construir un parapeto, los demás disparaban sus fusiles a discreción. Yo no podía ver al enemigo pero opté por arrastrarme  hasta un lugar más seguro, cuando el muchacho que estaba junto a mí cayó al suelo bañado en sangre y con los ojos fuera de las órbitas. El estruendo era tal, que pasados unos minutos parecía que no oyera nada. Alcancé un rincón  resguardado de los impactos de bala. Pegué la espalda contra la pared y me protegí la cabeza entre los brazos. Entonces, me percaté de que no estaba sola, otro infeliz presa del pánico había hallado cobijo en el mismo recodo. ¡Un momento! ¡Este tipo va vestido con traje y corbata!¡Los soldados y las armas que utilizan tienen más de un siglo!... ¿Qué clase de broma es esta?.
- Hola -balbuceó el hombre- usted también atrapada en este estupendo rodaje ¿no?
- ¿Rodaje?
- Claro, no pensaría que esto era una batalla verdadera...
- No, no, claro, era evidente, un rodaje...
Nuestra conversación terminó al grito de ¡Corten! Entonces, de la nada, aparecieron peluqueros maquilladores, gente con botellas de agua, otros arrastrando focos y flashes... Estaba tan aturdida que no podía creerlo. De pronto un hombre mal encarado y que masticaba chicle a toda velocidad se dirigió a mi.
- Espero que tenga usted una buena razón para haberse arrastrado por el fondo de mi escena arruinando así la última toma de esta cinta...
- Yo... En realidad pasaba por aquí
- ¿Pasaba por aquí? ¿Eso es todo lo que se le ocurre decir?
- Bueno, es la verdad
- ¿La verdad? ¡Pues otro día quédese en su casa viendo la tele!
- Es que la programación está fatal últimamente...
El director me miró fijamente con cara de pocos amigos, sonreí temblorosa y me fui a paso ligero. Al llegar a casa, me senté en el sofá, encendí la tele y me quedé viendo anuncios sin cambiar de canal durante casi quince minutos. Lo peor de todo era, que si al día siguiente contaba  mi historia en la oficina, me tomarían por una mentirosa.  ¡Para qué luego digan que la realidad no supera a la ficción!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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