La Foto de la semana 06-10-2013: "A paso de tortuga"


¡Qué injustos somos con las tortugas! Siempre decimos que son lentas y torpes. En su defensa, sin embargo, son las ganadoras de la fábula de la liebre y la tortuga... ¿Curioso verdad?.
Lo cierto es que, por ejemplo, para las tortugas marinas, el primer reto con el que la naturaleza les pone a prueba es precisamente una carrera. Una muy especial, no contra la astuta liebre, no. Una carrera por su propia supervivencia.  
Las tortugas hembra camuflan sus nidos en la playa a una distancia suficiente de la orilla como para que no queden expuestos a mareas y tormentas. Cuando los bebé tortuga nacen, se quedan bajo la arena hasta que la temperatura exterior baja, ya que por instinto saben que tendrán más posibilidades de sobrevivir si realizan el recorrido desde el nido hasta el agua de noche, cuando un menor número de depredadores acechan su camino. Una vez en la superficie, las crías se orientan gracias al brillo y los reflejos del mar, aunque por desgracia en ocasiones, las luces de poblaciones cercanas pueden hacerles errar en la elección de su ruta y perecerán de inanición o cansancio o en las fauces de algún oportunista. Si toman el camino correcto, deben lanzarse a la carrera para alcanzar el agua antes de ser descubiertos por cangrejos o aves nocturnas. Sería estupendo decir que aquellas afortunadas que alcanzaron la orilla han superado todos los peligros, pero nada más lejos de la realidad. Es entonces cuando comienza una etapa más larga y dura que la anterior. Las tortugas miden en ese momento unos cinco centímetros. Son aún débiles para nadar con rapidez o luchar contra las corrientes y quedan expuestas a peces y aves marinas deseosas de probar tan tierno bocado. Así que hasta que cumplen el primer año de vida, suelen optar por ocultarse en bancos de sargazos que flotan a la deriva a corta distancia de la costa. Allí se encuentran protegidas mientras se alimentan con facilidad de otras criaturas más pequeñas.

Hoy, a paso de tortuga, ha entrado un nuevo miembro en mi lista de súper héroes... 

Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

Puedes descargarte esta fotografía libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.

La Foto de la semana 29-09-2103: "Emos, Mods, Fresas y otras tribus urbanas"


Nunca pensé que nuestra sociedad pudiera estar fragmentada hasta el extremo de presentar no sólo grupos sociales, lo que toda la vida hemos llamado ricos y pobres, si no toda una forma de vida tras cada una de las etiquetas que clasifican a estos individuos que se definen miembros de una u otra tribu por tan diversos motivos como la indumentaria, el estilo de música o el estatus económico de sus familias. 

Por ejemplo, los Pokemones son jóvenes con complejo de Peter Pan, obsesionados por el mundo y la estética de la animación Manga. Los Emos, no sólo se sienten atraídos por la música del mismo nombre, si no que desarrollan una estética entorno a la melancolía y la infelicidad. Se trata de parecer amargado y depresivo resaltando problemas emocionales, existentes o no. Los Mods, herederos del movimiento modernista británico de finales de los cincuenta, se caracterizan por su interés en la música la moda y los Scooters. 
Luego vendrían los Fresas, también llamados Pijos, básicamente corresponde al histórico modelo de "hijo de papá" que sin haber hecho absolutamente nada en la vida, disfrutan, gracias al poder adquisitivo de sus padres de la mejor educación, ropa de marca, coches deportivos... Y se enfrentan a problemas tan graves como no tener un Armani para el cumple de Chuchi (los nombres ridículos parecen formar parte del estereotipo) o que Pipi no les ha invitado a la cena en su villa de Formentera. Utilizan coletillas como "o sea" y rozan la vagancia, el ridículo y la aberración. Podemos complicar aún más las estructuras de las tribus si analizamos casos como el de la japonesa Otakus que a su vez dispone de infinidad de sub tribus en función de su vestimenta o su música preferida o incluso del tipo de animación favorita.

El tema daría para escribir muchas páginas y realizar otras tantas reflexiones pero os animo a que echéis un vistazo a este link http://www.detribusurbanas.com.


Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

Puedes descargarte esta fotografía libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.


La Foto de la semana 22-09-2013: "De hombres, pelotas y sueños"



Amaneció un día soleado, decidí coger el coche y conducir sin rumbo. Necesitaba escapar. De la rutina, de la soledad, de las ochocientas calorías del helado de chocolate después de haber visto una comedia romántica con Jennifer Anniston, que lejos de levantarme el ánimo, únicamente había conseguido restregar a lo largo y ancho de mi orgullo la indiscutible realidad. Estaba sola y para más humillación, hasta un ridículo personaje de cine sin ningún tipo de credibilidad, con más maquillaje y tacones que cerebro, topaba por accidente con el hombre de sus sueños.

Me encontraba sumida en una de esas fases de cinismo destructivo en las que me gusta recrearme cuando tengo la autoestima por los suelos. Flagelándome a mi misma con que acababa de cumplir ... y tantos, con el incipiente Michelin que se intuía por debajo de la blusa y con una flagrante incapacidad de establecer una relación duradera con el sexo opuesto. 

Pasados unos treinta minutos y algo más de cincuenta kilómetros de autopista recorrida, me aburrí de compadecerme por tan mala suerte y decidí encender la radio. La voz tintineante de la locutora anunció el último single de Virginia Labuat "Dream man" y no pude evitar desfigurar el rostro con una mueca sarcástica. Estupendo, justo lo que necesitaba­ -mascullé-.

Sin embargo, el soniquete alegre de la canción me atrapó en un instante y a pesar de mis esfuerzos por permanecer en el pozo de la desesperación, no pude evitar repetir una y otra vez su estribillo:


♫♫ Always dream, dream, dream / That today may be / When I meet the sweetest man / That's meant for me ♫♫

Repiqueteaba con los dedos en el volante y con el pie izquierdo castigaba ligeramente la superficie del embrague mientras disfrutaba de uno de esos escasos instantes de libertad espiritual en el que todas las tristezas y frustraciones parecían haberse evaporado, cuando algo impactó contra la ventanilla trasera del vehículo obligándome a desviar el rumbo. La inyección de adrenalina natural de mi sistema simpático disparó todas las defensas y conseguí controlar el coche parándolo en el arcén derecho. Cuando me hube tranquilizado un poco, me puse el chaleco reflectante y bajé con mucha precaución para inspeccionar los daños y comprender qué había sucedido con exactitud. En el asiento de atrás, entre millones de trocitos de cristal encontré una pelota de tenis de color verde. La cogí apartando los vidrios y me quedé mirándola intentando comprender cómo semejante objeto había podido llegar precisamente hasta mi coche. 

Entonces sucedió. Un hombre se acercó corriendo, angustiado, con una raqueta en la mano, pantalones cortos y camiseta. Lanzó la raqueta a un lado y me sujetó con fuerza de ambos brazos al tiempo que soltaba una retahíla atropellada:

- ¡Dios mío! ¿Estás bien? ¡No sé cómo ha podido ocurrir! Estaba jugando con mi sobrina y un golpe mal controlado en la pelota, el ángulo de impacto, no sé, no puedo explicarlo pero ¿seguro que estás bien?.

- En cuanto dejes de estrangularme los brazos estaré perfectamente -dije al tiempo que dibujaba una sonrisa conciliadora-.

El hombre se apoyó sobre el capó del coche al tiempo que respiraba profundamente. Aún atónita, no podía apartar la mirada de sus bíceps bien definidos. La piel dorada por el sol que envolvía un rostro de facciones suaves y unos enormes ojos de color miel en los que podría haberme sumergido en un Viaje al Centro de la Tierra. Ante lo incómodo de la situación e intentando disimular la curiosidad acerca del estado sentimental de semejante espécimen, dije con torpeza:

-Bueno, así que jugando al tenis con tu sobrina... ¡pues vaya puntería tienes con las pelotas!, las de tenis quiero decir...

Hubiera deseado desaparecer para siempre y sin embargo, el inesperado doble sentido, sirvió para relajar la tensión del momento. Tendiéndome la mano el desconocido dijo:

- Me llamo Patrick, y sí estaba jugando al tenis con mi sobrina, es lo que pasa cuando eres el soltero de oro de la familia, no hay manera de liberarse del rol de canguro  -y me regaló una amplia sonrisa que me supo a gloria celestial más por el mensaje que acababa de enviarme que por el gesto en sí. ¡Estaba soltero!-

- Hola, yo soy Carolina, encantada de conocerte.

Intenté pensar con rapidez, buscar esa frase mágica que obrara el milagro y entonces, sucedió

- Bueno Carolina, creo que lo mínimo que puedo hacer para compensar semejante estropicio es invitarte a cenar. ¿Te parece buena idea?

- Lo cierto es, que no se me ocurre un mejor modo de solucionarlo. Del cristal, ya se encargará el seguro.

Ambos reímos divertidos, me ofrecí a llevarle al encuentro de su sobrina y acordamos lugar y hora para la cena. De regreso a casa paré en una tienda de discos y me compré el "Dream man" en todas las versiones posibles. Al llegar a casa conecté el aparato de música, subí el volumen al máximo y escribí cien veces en mi diario "Jamás volveré a menospreciar una comedia romántica".


Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Música: Virginia Labuat

Puedes descargarte esta fotografía libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.

La Foto de la semana 15-09-2013: "Proa a la mar"


Cuando la mar se enfada, no hay barco grande, ni marino experto. Cuando las aguas rugen y las olas se levantan como muros infranqueables, tan sólo puedes poner proa a la mar y esperar. Habían pasado muchos años desde que su padre pronunciara esas palabras y sin embargo en el recuerdo de Juan, permanecían tan frescas como el olor a salitre. Al evocar aquellos días en su cerebro, abandonaba el cuerpo alto y fornido de adulto y volvía a convertirse en aquel frágil muchacho mal alimentado que seguía a su padre como a un Dios. No hubiera habido instrucción, o sugerencia de aquel hombre que él no secundara aunque ello le hubiera costado la vida. Sin embargo, fue la vida el precio que tuvo que pagar por poner a salvo su barca y sus hombres, casi arribando a puerto, una ola traicionera barrió la cubierta con tanta fuerza que ni siquiera los musculosos brazos de aquel experto marino resistieron. Del mismo modo que desaparece la espuma tras chocar con una roca, se desvaneció. Infructuosos fueron los esfuerzos de sus marineros. Inútiles las lágrimas de su viuda y su hijo. Cuando la mar hace prisioneros nunca los devuelve. Juan creció cerca del mar. Se convirtió en un hombre robusto, el vivo retrato de su padre, solían decirle. Juan no fue marino, pero de su progenitor aprendió que la mar está en todas partes y no se le puede dar la espalda. De él aprendió que la mar no es sólo ese infinito de agua salada que embruja a los seres humanos, es la vida en sí misma y por eso Juan vive, aún hoy, poniendo siempre proa a la mar.

Fotografía: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta fotografía libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.