La Foto de la semana 30-06-2013: "Shopping"


Hoy  hemos ido de compras. Hemos recorrido la mayor parte de las tiendas del centro. Hemos subido y bajado escaleras. Se ha probado cientos de pantalones, de chaquetas, bañadores, zapatos... En cada uno de los establecimientos me hacía un gesto con el dedo para que permaneciera en la puerta sin acceder al interior. Pensaba que me resistiría... Qué iluso, si estaba deseando poder tumbar mis huesos doloridos y descansar. No me hubiera movido de allí por nada del mundo.
No termino de comprender el concepto humano de shopping. Parece ser que les relaja, que experimentan una extraña sensación de felicidad y sin embargo, yo lo encuentro aburrido y extenuante. Además durante ese periplo por los centros comerciales, pierden todos esos papelitos de colores que tantos esfuerzos les cuesta conseguir... Dinero creo que le llaman. Quizá no atino a descifrar el jeroglífico del shopping porque yo no utilizo zapatos, ni trajes o corbatas... O porque mi mayor felicidad consiste en disfrutar de un buen hueso y un rato de juegos con mi familia de dos patas. Para mi, lujo es sentirme querido. La comida es una necesidad y lealtad, la mejor definición de amistad.






Fotografía: Edurne Iza
Relato: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta fotografía libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella. 
 

La Foto de la semana 23-06-2013: "Fruta contra el calor"

En época estival, el cuerpo agradece comidas ligeras y refrescantes. Es ideal ingerir frutas y verduras de temporada que tienen un elevado contenido en agua, vitaminas y otros nutrientes básicos para nuestra salud. Es un modo de saciar el apetito y aportar la cantidad de fibra necesaria para que nuestra función digestiva se complete de forma adecuada, al tiempo que conseguimos mantener nuestra piel hidratada. En verano el organismo no necesita un aporte calórico elevado, ya que no debe luchar contra el frío ambiental y mantener el calor corporal, por ello, una dieta hipocalórica basada en abundantes frutas y verduras resulta ideal para sobrellevar los meses más calurosos del año.
Detallamos a continuación algunos de los aportes básicos que conseguiremos mediante la ingesta de este tipo de alimentos: ácidos grasos, vitaminas A, E y C, vitaminas del grupo B, selenio, cinc...
Existen en la red numerosos sitios que ofrecen recetas fáciles y saludables, os proponemos algunas que nos han parecido muy interesantes, saludables, y no por ello menos suculentas. 

http://www.recetasconfrutas.com/
http://www.mis-recetas.org/peticiones/pregunta/233-recetas-de-frutas
http://www.mis-recetas.org/peticiones/pregunta/233-recetas-de-frutas
http://www.pequerecetas.com/recetas-frutas/


Fotografía: Edurne Iza
Relato: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta fotografía libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella. 

La Foto de la Semana 16-06-2013: "Tras la pista de un crimen"


No entendía nada. Estaba frente a la entrada principal de lo que no me cabía la menor duda, era una exposición de escultura. Miraba y remiraba el pedazo de papel en el que Gutiérrez había manuscrito la dirección. Luego dirigía la vista hacia el anuncio de la exposición e intentaba vincular de algún modo la relación que la famosa autora nacida en Barcelona pudiera tener con los hechos que estábamos investigando. Tras unos minutos de confusión, en los que los visitantes que accedían a la muestra me miraban de reojo intentando comprender que hacía allí en medio ensimismada ante una nota, comprendí que la pista que el comunicante anónimo había ofrecido con tanta generosidad a mi compañero, era el edificio en sí. Los arcos, las plantas, los juegos de luces y sombras... Presentía que estábamos cerca. Avancé con sigilo y accedí al interior por la puerta principal. Al fondo se escuchaba el eco de los pasos y las voces de los visitantes de la galería. Hasta mis oídos llegaban las expresiones de halago y admiración por la obra de la artista, mientras yo me esforzaba por aislar esos sonidos y escuchar, como decía uno de mis maestros, el alma del edificio. Sin saber exactamente el motivo, tenía la certeza de que aquellas paredes de piedra y los escalones de madera que había comenzado a descender, escondían las piezas que le faltaban a nuestro puzle para ser completado. La luz era mucho más tenue en el sótano, así que me detuve para que mis ojos se acostumbraran a la nueva situación. Tenía el corazón desbocado y todos los músculos en tensión. Deslicé la mano por la parte trasera de mi pantalón y liberé la Heckler & Koch que llevaba camuflada en la cintura.  La sujeté con ambas manos, extendí los brazos con el dedo en el gatillo y avancé con pasos cortos e intentando asegurarme de que no dejaba ningún rincón sin inspeccionar. Los techos abovedados y la decoración recargada con tapices, armaduras y lámparas de mil lágrimas de cristal que proyectaban sus reflejos contra paredes y techos no me ayudaban demasiado, pero intenté conservar la calma. Una sombra se deslizó con rapidez al fondo de la sala. Los cristalitos de la lámpara chocaron unos contra otros emitiendo un sonido escalofriante que anunciaba que había llegado el momento de la acción. La sombra se detuvo, pero podía escuchar ahora su respiración agitada por el miedo.

-¡Salga con las manos en alto! -como única respuesta, un largo y angustioso silencio- Sabemos que ha sido usted quien ha envenenado a los niños. Acérquese con las manos donde pueda verlas y explíqueme por qué. Si ha sido un accidente estoy segura de que encontraremos una solución. Vamos, no empeore las cosas. Sólo quiero ayudarle.

El discurso estereotipado de telefilm policíaco había vuelto a fallar, no me sorprendía. La respiración sonaba cada vez más fuerte y de pronto la armadura que tenía a mi derecha se deshizo en medio de un estruendo que retumbó en todo el edificio, vi como la puerta trasera se abría dejando entrar un cuchillo de luz y alguien salía atropelladamente por ella. Me lancé a su persecución y en pocos segundos me encontraba lo suficientemente cerca como para abalanzarme sobre el sospechoso. Lo inmovilicé en el suelo y cuando giré su cuerpo para verle la cara, sólo atiné a balbucear:

- ¿Señora Rocamuro?
- ¡Esos pequeños bastardos merecían morir! -espetó antes de caer en un estado de semiinconsciencia fruto, a todas luces, de la tensión del momento-.

Efectivamente, llevábamos meses tras la pista de alguien que había envenenado a una clase completa de un colegio de primaria. Veinticinco niños de entre siete y ocho años habían resultado intoxicados sin que los investigadores pudieran determinar el origen de la letal sustancia. Veinticuatro de ellos perecieron durante los tres primeros días y sólo uno consiguió recuperarse tras permanecer casi quince días en el hospital. Cuando estaba a punto de arrojar la toalla, mi compañero Gutiérrez recibió una llamada anónima indicando la dirección donde supuestamente encontraríamos al asesino. Allí atrapé, como ya sabéis, a la señora Rocamuro. La profesora de artes plásticas del colegio. La habíamos interrogado en numerosas ocasiones y nunca hubo ni la más mínima señal que nos hiciera pensar en ella como sospechosa. En su confesión, relató como los niños unos días antes de los hechos, habían desobedecido sus instrucciones y se habían burlado de la leve cojera de su pierna izquierda. Más tarde descubrimos sus antecedentes psiquiátricos y una interminable lista de incidentes similares bajo otras tantas identidades, de los que había conseguido milagrosamente salir indemne.

Aquella noche, frente a un delicioso plato de spaghetti y un buen vaso de vino tinto, me sentí aliviada porque el caso de los niños envenenados estaba resuelto y sin embargo aún quedaba algo por comprender... ¿Quién había realizado la llamada anónima?.


Fotografía: Edurne Iza
Relato: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta fotografía libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella. Este texto es ficción y cualquier mención o relación con lugares y personajes reales, no es más que un instrumento de ambientación de la trama.

La Foto de la semana 09-06-2013: "Paracaidismo"

Desde que el ser humano existe ha ambicionado imitar las habilidades de otros animales. Siempre asociamos el vuelo a la libertad. Al movimiento sin límites, a desafiar un medio, el aire, que no es el que controlamos por naturaleza. Diversos estudios coinciden en que el paracaidismo y la caída libre fueron, sin duda, los primeros intentos de vuelo de nuestra especie. 
Es difícil encontrar los orígenes del paracaidismo pero todo apunta a que fueron los chinos los primeros en inventar una especie de paraguas con el que lanzarse desde unas torres especialmente diseñadas para su uso. Más adelante, en el siglo XV, Leonardo da Vinci, realizó numerosos estudios sobre el vuelo de las aves y diseñó un paracaídas de forma piramidal con la intención de salvar la vida de personas que se encontraran en un piso elevado durante un incendio. Este artilugio le valió el nombre de padre del paracaídas. Hacia el 1616, Fausto de Veranzio, perfeccionó el diseño dándole forma rectangular, con cuatro líneas que sujetaban al pasajero mediante un arnés, este diseño era muy similar al que se utiliza hoy en día en el paracaidismo deportivo. Le siguieron Sebastian le Normand, Jean Pierre Blanchard y otros muchos estudiosos del tema. El primer salto de exhibición registrado tuvo lugar en París el 27 de Octubre de 1797. El saltador fue André Jacques  Garnerin. Al año siguiente, su esposa Geneviève Labrosse, se convirtió en la primera mujer que saltó en paracaídas. Desde entonces muchos han sido los aficionados en todo el mundo a practicar este deporte, que tuvo su primer reconocimiento como tal durante el campeonato que se celebró en 1951 en la antigua Yugoslavia y que dio arranque a la era dorada de esta disciplina durante los años 50 y 60 del pasado siglo.
Este deporte se ha ido perfeccionando hasta nuestros días. Mejorando los equipos, las condiciones de seguridad y desafiando insistentemente a la fuerza de la gravedad incrementando la altura de los saltos.




Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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