La Foto de la semana 03-02-2013: "Tormenta"

Edurne Iza, Tormenta
Sus sentidos fueron despertando uno tras otro. Entreabrió los labios y una bocanada de sal marina inundó sus fosas nasales y papilas gustativas. Luego sus dedos palparon la áspera superficie de las rocas y el estruendo de las olas rompiendo contra ellas alertó sus oídos. Finalmente fueron sus párpados los que con debilidad se levantaron para destapar ante sí un espectáculo de furia natural. Elementos en estado puro. Cuando consiguió procesar la información y darse cuenta de dónde estaba se sentó de un respingo y comenzó a buscar al resto de sus compañeros. Unos metros más allá le pareció ver algo que se mecía a merced de las olas. se acercó y vio el cuerpo de Juan, con la cara hundida en la arena y un charco de sangre rodeando su cabeza. Luego encontró a Tomás y a Pedro. También sin vida. Ángela era la única que no aparecía. Recorrió la zona arriba y abajo incesantemente en busca de algún rastro de su amiga, pero nada. Definitivamente había desaparecido. Parecía ser ella la única superviviente de aquella estúpida excursión que los viejos marinos del lugar tanto les habían desaconsejado. Fueron varios los que advirtieron al grupo de jóvenes que no debían aventurarse mar adentro con la tormenta que se avecinaba y sin embargo, desoyeron todas las advertencias y se echaron a navegar. Continuó caminando sin rumbo, con la esperanza de encontrar alguna población cercana donde poder explicar su desgracia y que vinieran a recoger los cuerpos de sus amigos. No podía abandonarlos allí para que fueran pasto de los peces. No sabía con exactitud dónde se encontraba, cuántas millas el océano enfurecido les habría desviado de su ruta. Dobló un recodo, luego otro. La tormenta había cesado y el mar mostraba ahora su cara más amable e inofensiva.

Al borde de la extenuación se sentó en unas piedras para recobrar el aliento, con la mirada perdida en el vacío, sin poder creer aun lo que les había sucedido. Juan, Tomás y Pedro muertos, Ángela desaparecida y ella allí, perdida en aquel paraje inhóspito. Absorta en sus pensamientos como estaba, tardó unos segundos en reconocer la voz de Ángela llamándola por su nombre. Parecía proceder de mar adentro pero allí no había nada. Se frotó los ojos incrédula y de pronto descubrió a lo lejos la pequeña embarcación en la que había comenzado toda la tragedia. ¡Era Ángela y estaba viva!.

Entre sollozos, las dos amigas se abrazaron y Ángela le relató como una ola gigantesca había barrido la cubierta arrastrando a todos menos a ella que se había atado fuertemente al timón para no dejar el barco a la deriva. Varias veces estuvo a punto de naufragar, pero la fortuna y su destreza con el timón, hicieron que aguantara. Luego cayó rendida sobre cubierta y al despertar se percató de que sus amigos ya no estaban y decidió recorrer la costa en su busca. Juntas recogieron los cuerpos de sus amigos y pusieron proa al puerto de origen. No sabían si sentirse afortunadas o culpables.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 27-01-2013: "¡Malditos artistas!"



Edurne Iza, ¡Malditos artistas!
Le parecía mentira haber escapado. Respirar de nuevo el aire limpio y no el denso fluido viciado de la cueva. Sus ropas estaban desgastadas y agujereadas, sus zapatos tenían las suelas abiertas. Debía hacer frío, mucho, porque al alzar la vista, observó que las ramas de los árboles, cubiertas de nieve, se habían congelado. Sin embargo, lo único que sentía era la tibia y reconfortante caricia de la libertad. Se detuvo unos segundos y contempló el paisaje, le parecía caminar a través de un bosque de cristal. Se hubiera quedado admirando aquella escena de cuento durante horas, pero no podía correr riesgos. Pronto se darían cuenta de su ausencia y comenzarían a buscarle. Volviendo bruscamente a la realidad miró hacia atrás para comprobar si le seguían y descubrió horrorizado sus propias huellas en la nieve marcando delatoras el camino que estaba siguiendo. Debía borrar su rastro para evitar ser capturado, así que arrancó unas cuantas ramas del camino y removió la nieve a su alrededor hasta que las pisadas quedaron confundidas con la tierra, la hojarasca y las marcas que habían dejado algunos animalillos del bosque. No podía estimar cuanto tiempo había permanecido recluido en aquella cueva. Las horas habían desaparecido de su mente y el sistema de medición se había convertido en el intervalo transcurrido entre una paliza y la siguiente. Aquellos salvajes estaban convencidos de que él podía ofrecerles información acerca del paradero de un tal general Stark. No había oído ese nombre en su vida, ni tenía nada que ver con generales, armas o secretos de estado. Durante su cautiverio había intentado comprender por qué él. Un simple escritor fracasado que había tenido que recurrir a publicar folletines para pagar sus facturas a fin de mes. Lo cierto era, que aquellos tipos estaban convencidos de que él poseía una valiosa información y dispuestos a obtenerla a cualquier precio. También comprobó que sabían bien cómo hacer sufrir a un hombre llevándolo al límite de sus fuerzas pero sin matarlo y sintió en su propia piel la resistencia del cuerpo humano. Le habían golpeado cada músculo, arrancado uñas de las manos y pies, apenas le daban alimento y sin embargo, con el descanso adecuado entre tortura y tortura, su vida se había convertido en una montaña rusa de dolor y penalidades.

Edurne Iza, ¡Malditos artistas!
Absorto en sus reflexiones, alcanzó un camino. Estaba lleno de pisadas y marcas de esquíes y trineos. Al final del sendero vislumbró una cabaña de madera. Pensó que podía ser su salvación y aceleró el paso todo cuanto sus doloridos miembros le permitieron. Comenzaba a presentar síntomas de congelación e hipotermia, no podía pensar con claridad y sin embargo, sabía que debía alcanzar aquella cabaña. Pensó en gritar y alertar a sus posibles habitantes, pero se arrepintió en el acto, pues podría, en su lugar, marcar el camino a sus captores. Cada vez veía la casa más cerca e intentó abstraer su mente del dolor pensando en algo que le reconfortara. De ese modo no notaría las agudas puñaladas que el frío le iba propinando. Se prohibió mirar hacia el suelo, para no ver sus pequeños dedos de los pies amoratados e insensibles desplazarse por la nieve agonizantes. Cuando había recorrido la mitad del sendero, ya no caminaba si no que arrastraba una de sus piernas, dejando un rastro claro en la blanca nieve. Hacía ya un rato que había perdido la rama con la que borraba sus huellas.


Edurne Iza, ¡Malditos artistas!
 Simplemente no tenía fuerzas. No podía más. Divisó ante sí la diminuta construcción de madera y se desplomó antes de poder alcanzar la puerta. Unas voces angustiadas lo hicieron regresar del mundo de los sueños. Levantó los párpados con debilidad y al reflejo de las llamas crepitantes de una chimenea, vio el rostro de una mujer que intentaba desesperadamente reanimarle. "¡Está vivo! ¡Gracias a Dios!". Entonces, le envolvió de nuevo la oscuridad.


- ¿Qué me dice señor Williams?
- Pues le digo que deja usted en este texto muchas incógnitas y preguntas sin resolver.
- Acordamos que le entregaría tan sólo las primeras páginas, para que pudiera usted hacerse una idea de la dinámica de la novela. No me dirá que no es emocionante...
- No puedo negarle que me ha gustado, es cierto.

- Entonces... ¿Aceptaría usted darme un adelanto para cubrir gastos mientras continúo escribiendo?
- Le daré un adelanto... No me extraña que el personaje de su novela sea un escritor arruinado que malvive de folletines... ¡Tiene usted dónde encontrar inspiración!.
- Sí señor Williams, lo que usted diga, pero acordemos ahora ese adelanto ¿de acuerdo?.
- Está bien, está bien... ¡Malditos artistas!

Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 20-01-2013: "Sabes más que los ratones coloraos"

Paseaba yo esta mañana, disfrutando del frío siberiano que azotaba la minúscula parte de mi rostro que no quedaba cubierta por la bufanda y el gorro, cuando ante mí ha aparecido esta simpática figura de latón, representando a dos pequeños roedores. Su imagen, me ha hecho recordar la popular frase "sabes más que los ratones coloraos" y he decidido investigar su origen. Carlos Canales y Jesús Callejo, publicaron en 1994, una guía en la que se explica el origen de diversos seres mágicos que plagan las historias infantiles más tradicionales. Al parecer, los ratones coloraos, son unos duendecillos que habitan en los bosques y que sólo pueden ser vistos por los niños. Adoptan forma de ratoncito vestido de rojo para realizar piruetas y morisquetas, capaces de entretener a los más pequeños. Así, ante la incrédula mirada de sus progenitores, el pequeñuelo que minutos antes lloraba o protestaba aburrido, parece distraerse, observando a la nada. Los adultos, en su necesidad de encontrar una explicación al repentino cambio de actitud de los niños, que han encontrado mirando al vacío  un entretenimiento, lo justifican, diciendo que son esos inteligentes seres, invisibles para los mayores los que con sus argucias, hacen las delicias de sus hijos. De ahí que aún en nuestros días, sigamos diciendo que aquellos que consideramos listos y espabilados, saben más que los ratones coloraos. Aún corriendo el riesgo de sonar un tanto repetitiva, no puedo evitar la tentación de terminar la historia de hoy diciendo que... colorín colorado, este cuento se ha acabado.


Foto: Edurne Iza, tomada en el puente Carl-Theodor de Heidelberg
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 13-01-2013: "Barcelona abierta al mar"

Edurne Iza, Barcelona abierta al mar
Barcelona es una ciudad de algo más de 1.600.000 habitantes, situada en un llano que queda delimitado por la sierra de Collserola al Oeste, el mar al Este, el río Besós al Norte y el río Llobregat al Sur. Posee uno de los puertos marítimos más importantes del Mediterráneo, un aeropuerto que fue utilizado, sólo en 2011, por más de 34 millones de pasajeros y ha sido en los dos últimos siglos, anfitriona de numerosos eventos deportivos y culturales de índole internacional como la Exposición Universal de 1888, la Exposición Internacional de 1929, Los Juegos Olímpicos de verano de 1992 y el Fórum Universal de las Culturas de 2004. 
Haciendo un poco de historia, encontramos indicios de los primeros pobladores de esta ciudad allá por los años 2.000 a 1.500 antes de Cristo, si bien es cierto que los primeros registros destacados de población, se atribuyen a los layetanos, un pueblo íbero asentado en la zona entre los siglos VII y VI antes de Cristo. Los primeros antecedentes del nombre Barcelona parecen estar relacionados con Amílcar Barca, padre de Aníbal, y que refundó la ciudad tras su toma por los ejércitos cartagineses. No obstante, cuando los romanos derrotaron a las tropas de Barca y se hicieron con la ciudad, la rebautizaron hacia el año 10 antes de Cristo como Colonia Ivlia Augusta Faventia Paterna Barcino.
En la actualidad existen en Barcelona ocho puntos declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, entre los que encontramos espacios o edificios tan emblemáticos como el Parque Güell o la Casa Milá. El litoral de la ciudad está dividido por diez playas que de sur a norte son: playa de San Sebastián, San Miguel, Barceloneta, Somorrostro, Nueva Icaria, Bogatell, Mar Bella, Nueva Mar Bella, Levante y los baños del Forum.
Barcelona está hermanada con al menos veintiséis ciudades de todo el mundo entre las que destacan: Atenas, Boston, Dublín, Río de Janeiro o La Habana. En un paso adelante Barcelona ha firmado, en los últimos años, convenios de amistad y cooperación con otras tantas ciudades, con el fin de establecer objetivos claros y tangibles.

Fuentes consultadas:



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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