La Foto de la semana 16-12-2012: "El renacer de Virginia I"

La barca avanzada sigilosa cortando con su proa la mar en calma. Virginia se sentía segura. La esponjosa niebla que le rodeaba acariciaba su rostro con suavidad. Hacía frío, pero ella sólo notaba la dulce protección de la invisibilidad. Se acercaban a la costa y el paisaje era abrupto, rocoso, salvaje. Para ella sin embargo, el paraíso. Aquella embarcación, rumbo a lo desconocido, era su pasaje a la libertad. Le había permitido dejar atrás un mundo de miseria, de hambre, de miradas lascivas y oscuras intenciones.
Edurne Iza, El renacer de Virginia-1ª ParteVirginia había sido una joven con un futuro prometedor. Graduada de una buena universidad, realizaba su proyecto final cuando recibió la noticia del fallecimiento de sus padres en un accidente aéreo. Hasta entonces había llevado una vida acomodada, sus progenitores habían costeado sus estudios y caprichos y ella era una joven feliz y despreocupada que sólo pensaba en tiempo presente, como tantos de sus compañeros. Pronto descubrió con horror el desorbitado importe de la hipoteca de su cómoda casa y los préstamos que sus padres habían contraído para pagar el máster en Nueva York, la ropa de marca, las clases de chino mandarín, las de Pilates y los fines de semana de esquí en los Alpes Suizos para su pequeña princesa. Sin embargo, no se les ocurrió matricularle en la escuela de la vida. Esa en la que te enseñan  a sobrevivir, a luchar por lo que quieres.
Así Virginia, se quedó paralizada. Durante meses vivió del dinero que aún quedaba en las cuentas. Pronto las cartas amenazadoras del banco y el resto de acreedores colapsaron el buzón, pero ni siquiera entonces supo qué hacer. Para entonces la crisis económica estaba azotando a la mayoría de las empresas, acudió apática y asustada a algunas entrevistas, pero nadie estaba dispuesto a contratar a una joven acomodada, con cara de no saber nada de la vida y sin ninguna experiencia profesional. Sin darse cuenta cómo, la casa familiar fue embargada por el banco y una mañana lluviosa del mes de Diciembre se encontró durmiendo en un cajero automático. Su mundo de color de rosa se tornó de golpe oscuro y sucio. Siempre había tratado con gentes bien intencionadas que le habían ofrecido una visión distorsionada del mundo real. Ahora le parecía estar interpretando un personaje de Los Miserables. Rodeada de cartones mugrosos, había tenido que esquivar propuestas indecentes a cambio de un plato de comida, soportar miradas de asco y recelo y sufrir las burlas de jóvenes de casa bien, en los que con faciliidad podía haber reconocido a alguno de sus antiguos amigos. ¿Dónde estaban ahora sus compañeros de estudios? ¿Las jóvenes del club? ¿Sus "very best friends"? Hacía tiempo que había dejado de preguntárselo. Estaba demasiado ocupada compadeciéndose de sí misma.
La mañana del veintiocho de Diciembre, como si de una broma macabra se tratara, el empleado de la sucursal bancaria que le había servido de hogar en las últimas y frías noches, la echó literalmente a patadas. Sin darle tiempo a recoger sus cartones, que pisoteó y lanzó con desprecio al contenedor de basuras. Ese día Virginia comenzó a caminar. Sin prisa, sin rumbo, sin mirar atrás. Simplemente caminó. Sus pasos le llevaron hasta el mar a las afueras de la ciudad, donde la urbe dejaba de serlo. Se sentó en una pequeña playa de piedras, cerca del agua juguetona que movía unas algas de color rojo. Al fondo un par de barcas de madera reposaban en la orilla. Observó el horizonte y vio a lo lejos un pequeño islote rodeado de densa y baja niebla que albergaba un faro abandonado. Recordó que su padre le había explicado que un antepasado de la familia había cuidado de aquella torre más de cien años atrás y que hoy en día con la estructura del nuevo puerto había quedado en desuso. Pensando en el viejo faro, el rostro de Virginia se iluminó y sonrió convencida de que había encontrado un rumbo que darle a su vida. Tomo una de las barcas de madera y se echó a la mar.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 09-12-2012: "Tres eran tres..."

Edurne Iza, Tres eran tres...

Tres eran tres las hijas de Elena; tres las hijas del Rey; Los Reyes Magos de Oriente; los cerditos; los monos sabios; tres eran los ángeles de Charlie; los mosqueteros; tres son los puntos de apoyo necesarios para mantener un objeto en equilibrio; tres puntos no alineados son suficientes para determinar un plano y una circunferencia; un número natural es divisible entre tres, si la suma de sus dígitos es divisible entre tres; no podemos olvidar la regla de tres; las medallas olímpicas; los premios de la lotería; a la tercera va la vencida; WWW; tres en raya; el concurso un, dos tres; la cuenta atrás... Tres, dos uno...

Detalle de la fachada del Colegio de Arquitectos de Barcelona. Una parte de los Frisos realizados por Picasso en 1960. Leer más en:

http://www.blogmuseupicassobcn.org/2012/07/50-anos-de-los-esgrafiados-de-picasso-en-el-col%C2%B7legi-d%E2%80%99arquitectes-de-catalunya/?lang=es


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 02-12-2012: "¡Qué vienen!"

Edurne Iza,¡Qué vienen!

Las acrobacias de los aviones habían dejado el cielo pintado con curiosas líneas blancas. Recreando las piruetas que tan sólo unos minutos antes aquellos colosos de acero habían realizado en un claro desafío a la gravedad. Miguel, como siempre, seguía con su cámara todos los movimientos para dejar constancia gráfica e informar al mayor número posible de personas. Absorto como estaba en su tarea, se quedó perpelejo cuando divisó a lo lejos una luz muy brillante. Parecía moverse de un lado al otro del horizonte y Miguel la observó con curiosidad durante unos segundos. De pronto escuchó gritos, carreras y en tan sólo unos instantes la confusión reinó a su alrededor.
No entendía lo que estaba sucediendo, pero algo le decía que debía seguir grabando. Así que asió con determinación la empuñadura de su cámara y enfocó al punto de luz. La multitud pasaba a su lado aterrorizada, el público que asistía a la exhibición acrobática era muy numeroso e impresionaba ver aquella masa de gente corriendo descontrolada. Una mujer tropezó con la cámara y cayó al suelo aparatosamente. Miguel se agachó para ayudarle al tiempo que aprovechaba para obtener algo de información

- ¿Qué sucede? ¿Por qué corre toda esta gente? ¿De qué huyen?
- ¡De qué no, de quién! ¡Huya! ¡Qué vienen!
- ¿Pero quienes vienen?
- ¡Hágame caso y huya!- es lo único que la mujer atinó a gritar antes de continuar con su carrera

Miguel estaba desconcertado y el pánico comenzaba a apoderarse de él. Entonces, a lo lejos distinguió una especie de enormes monstruos metálicos que daban grandes saltos y arrasaban todo cuanto quedaba a su paso. Ajustó el Zoom de su cámara y vio que los robots bajaban por cientos de tres naves de color marrón que cubrían por completo la línea del horizonte y emitían la extraña luz que había visto al principio. No daba crédito a lo que estaba viendo. Algo parecido sólo era posible en una de esas taquilleras películas hollywoodienses, pero no aquí, en la pequeña ciudad de provincias que le vio nacer.
Cuanto más se acercaban los gigantes de metal, mejor podía distinguir la crueldad de sus movimientos. Agarraban a la gente por la cabeza arrancándosela de cuajo, aplastaban con sus pies los coches con sus ocupantes dentro, por los ojos, lanzaban una especie de llamaradas que calcinaban todo lo que hubiera podido quedar con vida. Miguel apartó la vista del visor y se percató de que podía ver la matanza sin necesidad de utilizar el aumento del objetivo, eso significaba que avanzaban muy deprisa y en ese momento comprendió que ya no tenía tiempo. Miró su cámara, la devastación que había a su alrededor y decidió continuar de pie, grabando aquel cataclismo. Uno de los gigantes metálicos se dirigió hacia él y levantó su enorme pie para aplastarlo. Entonces vino a la mente de Miguel, la imagen de aquellos pobres músicos del Titanic que optaron por continuar tocando mientras las aguas devoraban el coloso y todo cuanto en él había. Sólo deseó que la cinta se salvara para que las generaciones venideras, supieran alguna vez lo que había pasado en aquella tranquila mañana de Domingo. El pie del robot bajó a toda velocidad justo sobre Miguel, luego... Oscuridad.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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Texturas Naturales

Hojarasca,rocas, raices, tierra...La naturaleza nos ofrece infinitas texturas para utilizar en nuestros diseños. Os dejamos unas cuantas. ¡Qué las disfrutéis!

Fotografías: Edurne Iza
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