La Foto de la semana 14-12-2014: "Vaquebra"

El vaquebra es en realidad un personaje real y que inunda nuestras vidas. En el caso de la imagen que nos ocupa es una vaca con aspiraciones de cebra, a la que hemos denominado vaquebra. Sin embargo, en nuestro día a día estamos rodeados de ellos. El vecino que conduce un coche de alta gama y envía a sus hijos a colegios que no puede pagar. Que viste ropa de marca pero debe dinero a amigos y compañeros de trabajo, por no decir que el banco le ha cancelado todas sus tarjetas, es un vaquebra. 
También los encontramos en el trabajo. Son estos personajillos de tres al cuarto que gesticulan ampliamente para cubrir los espacios que la triste realidad de sus vidas dejan al descubierto. Los que inflan su currículum diciendo por ejemplo "empresario del sector de la comunicación" cuando en realidad tienen la franquicia de un kiosco de prensa. Directivo hostelero, el que regenta una caravana móvil que es a su vez su vivienda y la churrería de la esquina.
No me malinterpretéis, todas las anteriores son profesiones muy loables, válgame Dios, lo que es una pena es no poder decir, soy churrero o tengo un kiosco. En el fondo los vaquebras sufren mucho. No quisiera encontrarme bajo su piel, y no por lo de las rayas que hoy en día en la Pasarela Gaudí, Cibeles o Milano están muy de moda, tanto rayas como topos. Y ya que estamos puestos con la simbología animal, más ciego que un topo habría que estar para no identificar a un vaquebra.
En fin, estoy segura de que ahora que les hemos puesto nombre si miráis a vuestro alrededor reconocéis a más de uno y de que la próxima vez que alguien os pregunte dónde vais a pasar las vacaciones de Navidad, antes de contestar "en una cabaña en la nieve, en un pueblecito de las montañas", reconoceréis qué vais a visitar a la familia, que vive en un pueblo perdido del que todos los jóvenes huyeron hace décadas por no existir futuro profesional.

Moraleja: seas vaca, cebra o topo... Nunca te avergüences de quien en realidad eres. La belleza está en ser auténtico. 



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 07-12-2014: "La luna y la güadaña"

Luna soñaba con un amor verdadero. Pasaba noches y días imaginando encontrar a quien le aceptara tal y como era. Con sus luces y sus sombras. Con su belleza radiante y con su cara oculta. Al fin y al cabo, ¿quién no la tiene en esta vida? pensaba ella para sus adentros. La única diferencia es que unos lo muestran y otros no. Hay quien valientemente enseña lo mejor y lo peor de sí mismo y quien atraviesa este mundo como si de un escenario de teatro se tratara y el lema "el espectáculo debe continuar" domina sus vidas. Luna era consecuente con su forma de ser. Quizá mejor, quizá peor, no estaba interesada en juzgarlo, tan sólo se comportaba conforme su ética le guiaba.

Un día Luna conoció a un hombre siniestro. Vestía de negro y portaba una enorme y afilada guadaña en su mano derecha. El hombre aterrorizaba a Luna, al tiempo que la llenaba de intriga y curiosidad. El desconocido le prometió lo que a ella le parecía imposible. Le ofreció presentarle a esa persona especial que llevaba toda su vida esperando. Leyendo entre las líneas de novelas caballerescas y escudriñando en las caras de cada nuevo vecino, de los viandantes que se cruzaban con ella en los semáforos de la ciudad. ¿A cambio de qué? preguntó inquisitiva, No soy tonta, ¿sabe?. 

 que eres una muchacha muy inteligente y por eso te hago la propuesta a ti y no a cualquiera de los otros cientos de chicas con las que me cruzo por la calle cada día. Lo único que te pediré a cambio es que aceptes que el Sol gire en torno a tí e ilumine tus días. A cambio tu iluminarás sus noches.

La chica estaba algo confundida, no entendía exactamente los términos del trato pero antes de que pudiera profundizar en las condiciones el hombre le mostró la imagen de una pareja feliz. Ellos no llegan a casa y están solos. Se tienen el uno al otro. Comparten alegrías y tristezas, son una familia, construyen juntos su futuro. ¿No es eso lo que anhelas joven Luna?.

Antes de que el hombre terminara sus palabras Luna se dejó llevar por el profundo sentimiento de abandono y contestó tajante. Sí, acepto. 

El hombre esbozó una malévola sonrisa y puso frente a Luna una vida perfecta. De pronto tenía una preciosa casa, cenaba junto al hombre de sus sueños y compartía una existencia tanto o más feliz que la que tantas veces había imaginado. Disfrutó de las horas más maravillosas de su vida. Sin embargo, apenas los primeros rayos del sol brillaron en el firmamento el timbre de la puerta sonó con insistencia. Aún somnolienta abrió y se encontró en el umbral al oscuro individuo. No tuvo tiempo de reaccionar cuando él blandió su enorme y afilada guadaña en el aire y dibujando movimientos rítmicos y violentos se acercó tanto a Luna que ésta comenzó a temblar. La negra figura emitió un grito ensordecedor y la guadaña cayó implacable sobre la joven. No hubo sangre ni su cuerpo quedó cercenado. Tan sólo comenzó a girar a gran velocidad y se elevó hasta el cielo ocupando la exacta posición de la Luna. Ese fue su triste destino, pasar los días iluminada por el Sol dando brillo a sus noches. 

Cuentan los más ancianos que en su cara oculta, Luna llora lamentando su error. Ya no tiene sueños. Solo tiene días y noches y una infinita soledad desde la cual observa a hombres y mujeres ser felices y desgraciados, perseguir sus ilusiones, triunfar y fracasar. Ser lo que ella nunca podrá volver a ser...Humanos.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 30-11-2014: "Noches de fuego y flores"

Cuando el sol acaricia el horizonte, todo cuanto nuestro ojos alcanzan a ver se tiñe de fuego. El día se extingue entre sus llamas y todas la criaturas diurnas apuran los últimos minutos de actividad. Las flores estiran sus pétalos atrapando los últimos resquicios de calor y energía, antes de plegarse sobre sí mismas y recogerse hasta el amanecer. Existe un instante en que el firmamento se ha ahogado en las tinieblas y tan sólo quedan unas llamas lejanas que reflejan en las últimas flores despiertas en la pradera. Ese instante, esa magia es casi tan difícil de capturar como la Aurora Boreal. Hoy "La Foto de la semana" os regala Noches de fuego y flores, un instante mágico atrapado para siempre en forma de fotografía. 


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana 23-11-2014: "El limpiador de fuentes"

Su vida transcurría monótona. Se enfundaba sus pantalones de agua, se introducía en las fuentes de los parques de la ciudad y con los aparejos adecuados se encargaba de que los fondos de las fuentes estuvieran limpios y parecieran atractivos a los visitantes. Tenía un calendario, por distritos para limpiar en orden las fuentes públicas. En sus muchos años de oficio había encontrado prácticamente de todo sumergido en los fondos: relojes, anillos, colillas, basuras de todo tipo y por supuesto monedas. Era lunes y le tocaba el distrito sur de la ciudad. Una enorme fuente, casi estanque, de poca profundidad y larga extensión. Estaba bastante limpia en comparación al mes anterior, lo cual le permitía identificar de forma muy rápida los objetos a eliminar. Vislumbró un brillo a unos metros de donde se encontraba. Era una especie de lámina reflectante que navegaba semi hundida y proyectaba llamativos reflejos en su lento vaivén. La pescó con el bichero y la sacó del agua. Escuchó entonces un grito estremecedor, al tiempo que el brillante papel perdía sus colores y se arrugaba como si se retorciera de dolor. En un acto reflejo, sumergió de nuevo el bichero y pudo escuchar un susurro ahogado que decía "gracias". Confundido, realizó la misma operación tres veces más y tres veces se repitieron los alaridos de angustia y posteriormente los murmullos de agradecimiento. A punto de pensar que estaba perdiendo la cabeza, soltó el bichero y se acercó hasta el papel que brillaba ahora en todo su esplendor. Lo tomó en su mano con cuidado de no sacarlo del agua y se agachó hasta la superficie del agua para contemplarlo mejor. Era precioso. Una serie de líneas curvas que dibujaban graciosamente formas circulares. Dorada, plateada, cobriza... Y en el centro perfilada una boca. Observó durante unos segundos hasta que la boca se movió. 
- Hola limpiador de fuentes.
- Hola, respondió tímidamente mientras miraba a ambos lados para comprobar que no hubiera nadie cerca que pudiera pensar que había perdido la razón.
- Soy la voz de tus sueños imposibles
- No entiendo...
- Puedes contarme tus sueños y haré lo imposible por hacerlos realidad
- ¿Como una lámpara de Aladino?
- ¡Un respeto! Las comparaciones son odiosas
- Disculpa, no pretendía ofenderte
- Bueno, centrémonos. Puedes pedirme tres deseos: uno justo, uno que no sea para ti y otro imposible. Si los formulas adecuadamente, si no muestras avaricia ni egoísmo, haré realidad los tres. Tienes tres minutos, uno por deseo.
A estas alturas el limpiador de fuentes estaba tan concentrado en seleccionar correctamente sus deseos que se abstrajo por completo de su entorno.
- El deseo justo es tener un trabajo que me permita envejecer y morir con dignidad.
- Ummm muy interesante este deseo. Continúa.
- El deseo que no es para mí... Que se descubra la indiscutible cura contra el cáncer. 
- Me gusta este segundo deseo, dijo la enorme boca esbozando una sonrisa
- Y el imposible... que la gente en lugar de tirar basura y desperdicios a las fuentes, sólo lanzara palabras 
- ¿Palabras?
- Sí, de ese modo los limpiadores de fuentes sólo tendrían que recoger sentimientos: olvídame, perdón, te amo, soy libre, he terminado mis estudios... ¿No crees que sería precioso? En lugar de eso, recogen billetes de autobús y bolsas de patatas fritas.
- Está bien. Tus deseos me parecen justos. Déjame pensarlo.
La lámina se movió dulcemente en las aguas del estanque, brillaba con mayor intensidad que nunca los reflejos tenían al joven completamente maravillado. De pronto, la lámina cayó hasta lo más profundo del estanque y desapareció.
El joven se quedó perplejo mirando a su alrededor intentando comprender qué había sucedido. ¿Habría sido el calor de aquel día de Agosto?. Quizá debía tomarse en serio lo de beber más agua.
Confundido y por qué no decirlo, sí, decepcionado continuó trabajando. A la hora habitual recogió sus herramientas y se marchó a casa. Cenó frugalmente y rendido por una profunda y pesada sensación de somnolencia se fue a dormir pronto.
Amaneció en una cama que no reconocía, en un dormitorio que no recordaba y rodeado de sonidos que no le resultaban familiares. Se levantó de la cama y se percató de que a pesar de no reconocer nada de lo que le rodeaba, sus movimientos eran los de alguien habituado a ese entorno. Fue al baño y encontró a la primera la espuma de afeitar, el gel o la pasta de dientes. Supo bajar las escaleras, dirigirse a la cocina y preparar el café... Tomó las llaves de su flamante Mercedes y lo condujo sin dudas hasta el garaje del Hospital Central. Tomó el ascensor, saludó a Natalia, la secretaria de la planta de radiología cuando se cruzó con ella en el pasillo. Abrió la puerta de su despacho, colocó el maletín en su lugar habitual, encendió el ordenador, Mónica, su secretaria saludó amablemente al tiempo que le leía la agenda del día:
- Buenos días doctor Fuentes
- Buenos días Mónica
- Para hoy tenemos la presentación de la cura contra el cáncer a las once en el despacho presidencial, seguida de la rueda de prensa y el convite para políticos y personalidades del mundo de la ciencia. A las cinco de la tarde la inauguración de la fuente de las palabras.

Atónito escuchó las palabras de la joven secretaria tratando de ordenar sus ideas. Tener un trabajo que me permita envejecer y morir con dignidad, era un doctor de prestigio, el doctor Fuentes. Que se descubra la indiscutible cura contra el cáncer, él era el científico que había descubierto la solución a tan cruel enfermedad. Que la gente en lugar de tirar basura y desperdicios a las fuentes, sólo lanzara palabras, iba a inaugurar aquella misma tarde la Fuente de las Palabras.

- Gracias, masculló el hombre visualizando la lámina brillante que cambió su vida.
- De nada, contestó Mónica ajena a la realidad, ¿un café para empezar el día doctor?





Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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