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Urte Berri On! Feliç Any Nou!  ¡Feliz Año Nuevo!     Happy New Year!
Gutes neues Jahr!   Bonne Nouvelle Année!   Felice Anno Nuovo!  Feliz Ano  Novo!

Edurne Iza, Feliz Año Nuevo 
                    Fotografía nocturna de la torre Agbar en Barcelona iluminada
                                                         Diciembre 2012 Fotografía Edurne Iza

La Foto de la semana 30-12-2012: "El fenómeno de las comunicaciones"

Edurne Iza, El fenómeno de las comunicaciones
Aún no han pasado cincuenta años desde que en 1969 se inventara el protocolo de comunicaciones TCP/IP que permitiría crear Internet como un conjunto descentralizado de redes de comunicación. Se inició como método de conexión entre varias universidades estadounidenses. No fue, sin embargo, hasta 1990, cuando se creó el primer cliente y servidor Web, llamado WorldWideWeb y que desembocaría en la archiconocida www. Nació en Ginebra, de la mano de un grupo de físicos con Tim Berners-Lee a la cabeza. Crearon primero el lenguaje HTML, basado en el SGML, el efecto bola de nieve había comenzado.
En 1995, Sabeer Bhatia, nacido en India y doctorado por la Universidad de Stanford, en colaboración con Jack Smith, desarrollaron el primer servicio de correo electrónico gratuito y basado en la Web de Microsoft. Se dio a conocer oficialmente en Julio de 1996 y realmente cambió el concepto de comunicaciones.
Los jóvenes nacidos en las décadas de los 70 y 80 absorvimos entusiasmados esta nueva forma de compartir información. La adaptación fue vertiginosa y casi natural. Pronto quedaron atrás las cartas manuscritas, postales de Navidad y otros artilugios que hoy son casi dignos de vitrina de museo. Los nacidos a partir de los noventa ni siquiera conciben quedar con alguien en un lugar y a una hora, sin necesidad de enviar varios SMS o Whats App para confirmar la cita. No han vivido la sensación de salir de casa a las cinco diciendo "vuelvo a las once" respirando la libertad de que nadie esperara noticias durante esas seis horas.
Microsoft adquirió Hotmail en 1997 por cuatrocientos millones de dólares y lo rebautizó como MSN Hotmail.  En  Septiembre de ese mismo año, dos estudiantes de doctorado en ciencias de la computación, Larry Page y Sergey Brin, registraron el dominio de Google. Un año después fundan Google Inc que se estrena como motor de búsqueda en Internet, superando en muy poco tiempo a su antecesor AltaVista, creado en 1995. Pronto surge Adwords, la Barra Google, Google Maps, Imágenes, Noticias, Earth, Talk, Picasa, Calendar, Docs... y un sin fin de servicios propios o adquiridos, como el popular Youtube que fue comprado por Google en 2006.
Hoy a punto de entrar en 2013, nos parece inconcebible un mundo sin netbooks, ultrabooks, tabletas, smartphones, Facebook, Twiter, iCloud, iPod....
Quizá fuera a esto a lo que se referían los Mayas en su profecía del fin del mundo, porque no podemos negar que hace ya unos años que el mundo tal y como se concebía hace unas pocas décadas, ha desaparecido. El reto para las generaciones venideras es no permitir que la tecnología nos domine. Que nuestros hijos prefieran un abrazo humano a sumergirse en el mundo de Warcraft y que el mejor 3D siga siendo disfrutar frente al océano de una puesta de sol.



Fuentes consultadas:
http://es.wikipedia.org/wiki/Internet
http://es.old.buzzear.net/tag/jack%20smith
http://www.indobase.com/indians-abroad/sabeer-bhatia.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Google

Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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2013

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2013

 Zorionak eta Urte Berri On

 Bones Festes i Feliç Any Nou
              
 Buenas  Fiestas y  Feliz  Año  Nuevo 
                
   Merry  Christmas  and a  Happy  New  Year 
                                                                    
 Frohe   Weihnachten  und  ein  glückliches  neues   Jahr
                                             Fotografía nocturna de la torre Agbar en Barcelona iluminada. Diciembre 2012
                                                                                                                                        Fotografía Edurne Iza
                                          

La Foto de la semana 23-12-2012: "El renacer de Virginia II"

Edurne Iza, El renacer de Virginia-^2°parteAmarró la barca y se dispuso a inspeccionar el islote. En aquel pedazo de mundo perdido entre la niebla, Virginia se sentía segura. Se acercó al faro. Vio que la pequeña puerta de madera que daba acceso a la torre, estaba abierta y golpeaba a merced del viento. Decidió entrar. No tenía miedo, era como si hubiera estado allí con anterioridad. A pesar de la humedad de las paredes, de la oscuridad y de los restos que las tormentas y el abandono habían desperdigado por todas partes, no tenía miedo. Por primera vez desde la desaparición de sus padres, sólo sentía paz. Decidida, subió la escalera de caracol hasta llegar a la parte superior y allí se encontró una estancia acogedora y muy amplia. Era un espacio circular y diáfano donde el dormitorio, el salón y la cocina, quedaban separados por algún mueble estratégicamente colocado o por la misma forma de la construcción. Un loft, pensó Virginia, con una sonrisa dibujada en los labios. Lo que darían mis amigos del club por vivir en un ático con vistas al océano. Su rostro se tiñó de amargura al recordar a esos amigos que hacía ya mucho la habían olvidado. Había unos cuantos enseres de madera, sucios pero aún aprovechables. Le llamó la atención un escritorio colocado de forma estratégica junto a una de las ventanas. La luz natural lo iluminaba con unos haces gruesos que Virginia parecía poder rodear con su mano. Distinguió una fotografía en una de las esquinas de la mesa. Tomó el marco, sopló para liberarlo de la densa capa de polvo que lo cubría y observó una imagen que la dejó atónita. Era ella, con no más de dos o tres años, sentada en las rodillas de un anciano, que sin embargo proyectaba la viva imagen de su padre. El hombre y la niña estaban sentados en un paraje idílico, las olas de fondo, ellos, cubiertos con gorros y bufandas, al abrigo de una glorieta con columnas de piedra. Era como un cenador mirando al mar embravecido. Virginia liberó la fotografía del marco y la giró para comprobar si había alguna anotación en su parte posterior. Su madre siempre escribía algo que le permitiera identificar en la imagen, quién y dónde. "Por si algún día no puedo recordarlo", solía decir. Los ojos de Virginia se humedecieron de nostalgia. Se acercó a la ventana para ver con más nitidez "El abuelo y Virginia en el viejo faro". Efectivamente, era la caligrafía de su madre.
Las reflexiones se agolparon en su cabeza. Por eso había percibido que conocía el lugar, ella ya había estado allí. Pero entonces, el hombre de la foto era su bisabuelo y ¿dónde estaba aquella glorieta de la fotografía? Debía salir de inmediato a inspeccionar la zona.
Bajó atropelladamente las escaleras, rodeó el faro e instintivamente se dirigió hacia una parte algo menos elevada del terreno. Descendió unos cuantos metros sorteando las rocas que con salvaje naturalidad protegían la atalaya. Al girar un recodo apareció ante ella el cenador. Siete columnas de piedra describían un círculo desafiando la inmensidad del mar. Se sentó exactamente en el mismo lugar en el que aparecían en la fotografía. Permaneció allí durante horas, escudriñando en su memoria los breves flashes de infancia en aquel remoto lugar. el sol ya desaparecía en el firmamento. Respiró con profundidad y dijo, estoy en casa. Volvió a la torre. Rebuscó en los armarios y cajones y para su sorpresa, encontró todo lo necesario para limpiar, reparar y organizar la estancia. Era como si nadie después de su bisabuelo hubiera vuelto a entrar allí. Como si aquel rincón del universo hubiera permanecido en silencio esperando que ella volviera un día a devolverle la vida que hacía tanto tiempo había perdido.
Las siguientes semanas Virginia se dedicó a arreglar las puertas y ventanas, limpiar en profundidad y ordenar sus pensamientos. En uno de los cajones del escritorio encontró cuadernos en blanco y bolígrafos. Al morir sus padres, una anciana sentada en los pasillos del tanatorio le había dado un consejo, "Escribe todos tus pensamientos, te ayudará a superarlo". Hasta entonces la joven había hecho caso omiso del consejo y sin embargo, allí, en el fin del mundo, pasaba los días escribiendo, paseando y pescando con una vieja caña que encontró en una alacena. Agradeció que la pesca deportiva fuera bien vista en los círculos sociales de su antigua vida. No hubiera podido sobrevivir de otro modo y sin embargo, ya estaba harta de comer sólo pescado.
Una lluviosa mañana, mientras paseaba con sus cuadernos llenos de notas junto al faro, le sobresaltó la voz de un hombre que la saludaba desde lejos. Resultó ser un agricultor que vivía en el litoral, justo frente a la torre. Virginia, recelosa al principio y relajada después, le contó su historia y cómo había llegado hasta allí. El hombre se interesó por sus escritos y le comentó que su hijo trabajaba en un periódico de la ciudad. Se notaba que el hombre estaba orgulloso y le pidió que le prestara algunas de las hojas, para que su hijo las valorara.
- A mí me parecen muy buenos y a ti te vendría bien algo de dinero con el que poder comprar ropa y comer algo más que pescado ¿no crees?. De momento te pasaré un cesto con tomates y algunas verduras. Considéralo un adelanto.
Virginia asintió sin muchas esperanzas. No podía creer que aquel hombre de manos curtidas y ojos sumergidos en una inmensidad de pequeñas arrugas, pudiera estar ofreciéndole una salida a su vida. Sin embargo, algo en su rostro le infundía confianza, como si ya se hubieran visto antes.
Al cabo de unos días el viejo regresó dando a Virginia unas noticias increíbles. Sus relatos habían fascinado al editor del periódico que le ofrecía un precio razonable por entregas semanales durante seis meses. El viejo entregó a Virginia un sobre con algo de dinero para pagar la primera entrega. A la muchacha le pareció una fortuna y abrazó al anciano llorando de emoción.
- Gracias, atinó a decir con voz ahogada.
El viejo le entregó los datos del editor para que Virginia pudiera organizar directamente sus entregas. 
- He visto que tienes una barca así que ahora que ya tienes algo de dinero y la dirección del periódico, no necesitas a un viejo como yo para que te haga de intermediario.
Virginia compartió con él la pesca del día y una animada charla. Al anochecer el hombre tomó su lancha y desapareció entre la niebla. Virginia escribía con más dedicación que nunca. Tomaba la barca cada semana y se acercaba a la ciudad. Entregaba sus escritos, cobraba, realizaba sus compras y regresaba al faro por la tarde. 
El anciano nunca más regresó. Infructuosas fueron las pesquisas de la joven en el periódico. Nadie parecía conocer a un hombre que trabajara allí y cuyo anciano padre fuera agricultor. Su benefactor desapareció como la niebla a mediodía.
Un año después, publicaba su primera novela, "El faro de Virginia" En la primera página podía leerse:
 "Con amor a mi bisabuelo,
eterno recuerdo a mis padres
e infinita gratitud a mi salvador"




Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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