La Foto de la semana: 19-02-2012 "Barcelona y los símbolos masónicos"

La propia Gran Logia Simbólica Española define la Orden como "institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresista, que tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la ética y la práctica de la solidaridad; y trabaja por el mejoramiento material y moral de la humanidad" (www.masoneriabarcelona.com).
Existen diversas teorías que explican el origen de la masonería, sin embargo una de las más aceptadas en la actualidad es la que afirma que la masonería moderna, procede de los gremios de albañiles que allá por la Edad Media, se encargaban de la edificación de castillos y catedrales. Estos profesionales, organizaban lugares de reunión situados estratégicamente cerca de las obras, sirviendo de cobijo, reunión e intercambio de conocimientos, y a los que denominaban logias. Cada logia, establecía su reglamento y norma de conducta, que debía ser escrupulosamente respetada por todos los miembros. Asimismo, determinaba las normas de entrada de los nuevos miembros y categorizaba el acceso a determinados grados de información dentro de la organización a cada individuo o subgrupo.
Existen diversos documentos que a lo largo de la historia, han mencionado de forma más o menos explícita las logias masónicas y sus leyes. El código de Hammurabi (1692 ac) es un buen ejemplo de ello.  Sin embargo si tuviéramos que citar el documento regulador masónico escrito más antiguo que se conoce, deberíamos referirnos a la  Carta o Estatutos de Bolonia, de 1248, que no fue sino una reconstrucción de las Constituciones de York, que habían sido manuscritas por el rey Athelstan de Inglaterra en el año 926 y perdidas en el siglo XV.
No obstante, el objeto de este artículo, no es tanto realizar un análisis histórico detallado de la evolución de la masonería, como hacer referencia a la infinidad de símbolos que aún en nuestros días perduran y nos rodean en ciudades como Barcelona, considerada una de las que cuenta con más simbolismo masónico del país.
Como de simbolismos tratamos, no podemos dejar de mencionar la escuadra, icono de la rectitud; el compás, como los límites de cualquier masón con respecto a otras personas y especialmente a otros masones; y por último la letra G, en representación del Gran Arquitecto del Universo. Podemos encontrarlos en la mayoría de logotipos o iconos representativos de logias de cualquier época y país.Edurne Iza, Barcelona y los símbolos masónicos
En lógica consonancia con su origen, es en la arquitectura de nuestras ciudades, donde podemos encontrar numerosas huellas de la actividad masónica pasada y presente. Caminamos cada día por calles repletas de marcas inconfundibles que delatan el dinamismo de las logias. Barcelona, estandarte de la arquitectura modernista, no sólo no se queda a la zaga, si no que se encuentra a la cabeza de este rico simbolismo. Un buen ejemplo es su Arco del Triunfo, situado entre el Paseo de Sant joan y el de Lluis Companys, rebosante de motivos escultóricos utilizados como emblema de la masonería de la ciudad. A pocos metros, en el número 26 del mismo Paseo de Sant Joan, encontramos la joya arquitectónica que ilustra este reportaje, la Biblioteca Pública Arús. Fue inaugurada en 1895 gracias a Rossend Arús, distinguido comerciante nacido en Barcelona en 1845 y que ingresó en la masonería el 16 de Mayo de 1866, alcanzando en menos de veinte años el grado 33, máximo según el rito escocés. Arús falleció en 1891, pero dejó constancia verbal a sus herederos de su voluntad de crear la Biblioteca Pública Arús. Hoy en día, abre sus puertas a cualquier visitante, si bien por la orientación temática predominante, está especialmente aconsejada para investigadores, personas interesadas en la sociedad y cultura del siglo XIX y principios del XX y estudiantes universitarios, tal y como se describe en la presentación de su web www.bpa.es. En el interior del edificio y como un guiño a la especial relación entre Rossend Arús y la ciudad de Nueva York, podemos encontrar una reproducción a escala de la estatua de la libertad. Arús participó en la publicación "La Llumanera de Nova York", revista cultural en catalán editada en la ciudad americana, entre los años 1874 y 1881 y con la que además colaboraban otros ilustres catalanes de la época como Joan Almirall o Serafí Pitarra.
Descubrir el significado de muchos de los edificios, esculturas y decoraciones salpicadas por la ciudad, pasear por Barcelona, se ha convertido en una experiencia diferente. Del mismo modo que Hansel marcó un camino dejando pequeñas migas de pan, sólo debemos alzar la vista mientras caminamos y descubriremos parte de la historia de la ciudad, con la misma facilidad con que pasamos las páginas del atemporal libro de los hermanos Grimm.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana: 12-02-2012 "Cambio de rumbo"

Edurne Iza, Cambio de rumbo
Fila doce como el año, 2012. Viajaba acurrucada junto a una ventanilla con la mirada perdida. En otras circunstancias hubiera estado tensa, rígida, fingiendo dormir para evitar el pánico que me producen los cinco primeros minutos de vuelo. Esos momentos en que la mole metálica desafía las leyes de la gravedad y las turbinas imponen su poder, ganando metros, pies en argot aeronáutico. Sin embargo no había espacio ni tiempo para el miedo. Mi cerebro estaba aturdido y mi corazón vacío. En silencio, atrapada en un bucle destructivo sólo era capaz de reproducir una y otra vez la escena, que unas horas antes, me había empujado con inesperada improvisación a comprar aquel billete.
Llegué hacia mediodía a nuestro coqueto apartamento parisino. Me sentía feliz por estar pronto en casa. Esperaba encontrar a François como siempre absorto en su trabajo. Era poeta y en los últimos tiempos  le costaba hallar ese misterioso combustible que a los escritores les gusta llamar inspiración. La gente de ciencias, como yo, cuadriculados y matemáticos, lo consideramos un concepto abstracto... Inspiración.
Irrumpí en el dormitorio al grito de ¡"mon amour te invito a almorzar en Chez Nénesse"! y lo descubrí, bajo una oronda mujer de la que no pude distinguir el rostro ni la edad. Tampoco me importaba. Sólo miré los ojos de François y vi sorpresa y vergüenza. Cerré la puerta tras de mi y comencé a avanzar con decisión por el pasillo hacia la salida.
-¡Alicia! ¡no es lo que parece! ¡puedo explicarlo!
Me giré atraída por la "originalidad" de la frase, intentaba alcanzarme con los calzoncillos floreados de color celeste a la altura de los tobillos, mientras sus pies se entrelazaban y caía torpemente sobre la moqueta. La imagen era patética y si no hubiera sentido un dolor tan profundo, me hubiera echado a reir.
Hacía pocos días había rechazado un nuevo destino dentro de la empresa. Me ofrecían dirigir un equipo de investigación neurológica en Sidney. El sueño de cualquier científico que como yo había dedicado su adolescencia y parte de su juventud al estudio. Sin embargo, renuncié por amor. Ni siquiera había mencionado el asunto a François para no perturbar su búsqueda de inspiración. Tomé el móvil indignada.
- ¿Jacques?
- ¡Alicia! ¿Cómo estás?
- Jacques ¿sigue en pie lo de Sidney? Acepto
- No hace ni una semana me dijiste que no podías aceptar... Porque no era el momento
- Las cosas han cambiado
- Alicia esto no es un juego. El puesto es tuyo, sabes que te considero la mejor y quiero que estés al frente del equipo en Australia, pero hazme un favor, no cambies nuevamente de opinión ¿de acuerdo?
- Tranquilo Jacques, mi decisión es irrevocable
En menos de 72 horas estaba en la sala de espera del aeropuerto, dispuesta a embarcar rumbo a mi nueva vida. Me senté a esperar la llamada del vuelo. Tenía delante una pantalla que reproducía vídeos musicales. Miré distraída y de pronto me atrajo una musiquilla estridente y un personaje ridículo bailando de forma compulsiva, vestido tan solo con un calzoncillo floreado de color celeste que repetía sin parar "I'm sexy and I know it".

Me quedé absorta, pensando que debía ser una broma de mal gusto, hasta que por los comentarios del presentador del programa musical, comprendí que era el último hit en las listas internacionales. Pasé los siguientes minutos analizando el mensaje de la canción y llegué a la conclusión, de que no importa la belleza o la profesión, las modas o el físico, tan sólo tener confianza en uno mismo, personalidad y hacer exactamente aquello en lo que se cree. Sin pararse a pensar en la opinión que el resto del mundo pueda tener de nosotros. Eso hacía el tipo del vídeo y pensé "¡guau! ¡eso es inspiración!.
Ya en el avión, miré a mi alrededor, vi a una azafata con el cinturón de seguridad abrochado en un asiento plegable, justo frente a mí, esperando que se apagara la señal luminosa para comenzar con la tarea de preparación del catering. Sonrió y le devolví el gesto con amabilidad. Miré por la ventanilla y a la derecha, me llamó la atención una avioneta amarilla y azul. Observé como se alejaba, volando a baja altura. Pensé en Bogart y en su magistral Rick Blaine pronunciando la célebre frase "Siempre nos quedará París". A mí ni París, mascullé con cinismo.
- Perdone ¿cómo dice? -preguntó el pasajero que viajaba en el asiento contiguo-
- Lo lamento, un atrevido pensamiento que ha escapado entre mis labios
Era un hombre muy atractivo, con el cabello claro y ondulado. Parecía un surfista. Sus intensos ojos azules me observaban con atención mientras alargó su mano para presentarse,
- Mi nombre es Rick Blaine... ¡Sí como el de Casablanca, pero nada que ver con el bueno de Humphrey! -afirmó divertido al ver mi cara de asombro- Vuelvo a casa para participar en un proyecto de investigación neurológica en la universidad de Sidney ¿Y a usted? ¿Qué le lleva a visitar mi país?
A pesar del estado de shock, logré que una parte de mi cerebro trabajara a toda velocidad en la respuesta. Tanta coincidencia no podía ser accidental, así que me dejé arrastrar por la ola del destino y entablé una encantadora conversación con mi nuevo amigo. Progresivamente, el resto de mi sesera reaccionaba. Dediqué algunos recursos a analizar su gestualidad. Una neurona atrevida intentó distinguir bajo su camiseta los robustos abdominales, otra dirigió mi mano hacia el pelo, realizando estúpidos  tirabuzones con el dedo índice. La última de mis neuronas activas no podía evitar pensar.... ¡I'm sexy and I know it!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana: 05-02-2012 "Desertización"

Edurne Iza, Desertización
La zona más al sur de la geografía europea, se encuentra afectada por un proceso de desertización cada vez más preocupante. Se trata de una característica frecuente en los países de la cuenca mediterránea y disminuye la productividad del suelo, debido a inundaciones, incendios, actividad humana o contaminación. Si la situación sigue agravándose, sin que pongamos freno, en unos años, existirán zonas yermas, en las que la vida no será posible y la población deberá abandonarlas para dirigirse a zonas aún ricas y fértiles.
Hace ya años que Naciones Unidas decidió intervenir en este problema, creando el Convenio contra la Desertización, que propone acciones ganaderas, forestales y agrícolas contra esta devastación. No obstante el poder frenar o revertir estos procesos, conlleva una cooperación a gran escala, que contemple cambios en el modelo de gestión y la implicación y colaboración de las autoridades locales, nacionales y europeas. Una utilización más inteligente del suelo, alternando pastoreo con agricultura, creación de bancos de semillas, reforestación mediante siembra de árboles y especies autóctonas, aportación de nutrientes esenciales, contención de la erosión mediante el abancalamiento... Son sólo algunas de la medidas que pueden tomarse para evitar que la desertificación, siga convirtiendo parte de nuestro planeta en un lugar pobre, donde humanos y animales, terminan por morir o consiguen emigrar.
Es evidente que las medidas estratégicas y estructurales deben ser tomadas desde las instituciones gubernamentales. Sin embargo, cierto es, que una cultura de la prevención, en la que podemos participar todos los ciudadanos, contribuye a ralentizar el proceso devastador y en algunos casos, incluso a invertirlo. Las acciones individuales, pueden tener un impacto exponencial, sumado a que en la mayoría de casos, hablamos de actitudes sencillas como días sin automóviles, potenciar el desplazamiento urbano con bicicletas, campañas escolares de concienciación, plantación de árboles, acciones ciudadanas de limpieza de parques y jardines, reciclaje de residuos domésticos, concursos fotográficos de temática natural... Son pequeños gestos y contribuciones que entre todos podemos aportar, para disminuir la devastación a la que nuestro estilo de vida  nada sostenible está llevando al planeta.
Las grandes corporaciones y gobiernos, deben actuar con urgencia, pero mientras tanto podemos ayudar a que nuestros suelos no se cuarteen y la vida desaparezca sin remedio.




Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana: 22-01-2012 "Resplandor"

Edurne Iza, Resplandor

Koko siempre me insistía en lo saludable que era correr. Equiparse con ropa cómoda, un reproductor de mp3 y salir a ejercitar los músculos y desconectar el cerebro. No podría contar, las veces que me animó a practicar este deporte. Las innumerables alabanzas y la detallada descripción de todos los beneficios que obtendría de tan económica y sencilla actividad. Sin embargo, para mí se aproximaba bastante a la definición de tortura corporal y angustia mental. Lo intenté, eso seguro, pero me concentraba tanto en mantener el ritmo adecuado de mi respiración, que terminaba por descoordinar el paso, no escuchar la música y sentirme invadida por una sensación de ahogo, que terminaba por agotarme físicamente.
Pasó el tiempo y cada día era más consciente de que debía realizar algún tipo de ejercicio. Estaba convencida de que la vida sedentaria sólo conseguiría destrozar mi salud. Hacía tiempo que Koko había dejado de hablar sobre el jogging como opción deportiva, simplemente lo practicaba en solitario y con disciplinada regularidad, mientras yo fingía no prestarle atención. Aquella mañana, soleada y primaveral, decidí aprovechar que él estaba de viaje, para intentar por última vez, aficionarme a correr. Pensé en no compartirle mis intenciones, para evitar crear falsas expectativas y reavivar los fantasmas del pasado. Mi plan era sencillo. Mentalizarme, vestirme apropiadamente y subir tanto el volumen de la canción de moda http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=yR5jN_vLYgw, que no pudiera escuchar mi propia respiración, disfrutar del paisaje y... ¡Todo saldría bien!. Decidí tomar el paseo junto a la costa. Un recorrido llano, sinuoso, con aire puro y la espectacular vista del mar, infinito, desapareciendo en el horizonte.
Comencé a avanzar con torpeza, reconozco que durante unos minutos, la belleza del paisaje era tal, que conseguí evadirme de todo cuanto me rodeaba. "Esta es la sensación de la que tanto habla Koko", pensé, y me inundó una intensa sensación de satisfacción. Entonces, de reojo, vi como un par de tipos avanzaban hacia mí. Me giré sin dejar de correr y tenían un aspecto escalofriante. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que estaba completamente sola. Nadie paseaba a esa hora, ni jubilados, ni gente con sus perros, ni madres con los niños. Aceleré y ellos hicieron lo propio. Pronto mis piernas no podían estirarse más en cada zancada y sin embargo ellos acortaban distancias. Podía oir sus pasos y respiración agitada. Continué corriendo, no tenía alternativa. Ante mi, justo al llegar a una curva del camino, apareció una intensa luz, un resplandor de un brillo inusual, que cegó mi carrera. Avancé unos metros, casi a ciegas y de pronto los gritos de mis perseguidores me hicieron frenar en seco.
- ¿Dónde está?
- ¡No lo sé!  ¡Estaba ahí ahora mismo y ha desaparecido justo al doblar el recodo!
- ¡No es posible! ¡Busca por ese lado, se habrá tirado al agua!
Allí estaba yo, a tan sólo unos pasos de distancia, mirándoles fijamente, jadeando por el esfuerzo de la carrera y sorprendentemente a salvo. Podía verles, desde la intensa luz que me protegía. Les escuchaba con claridad y sin embargo, yo había cruzado una barrera, encubierta por una dimensión desconocida. Era como estar escondida tras una cortina invisible. Igual que en las series de ciencia ficción que veía siendo una niña.
Esperé un buen rato, hasta que mis perseguidores se convencieron de que, de algún modo, yo, me había evaporado. Cejaron en el intento y se fueron en busca de una víctima menos escurridiza. Me acerqué a la luz de nuevo, intentando descubrir el instante exacto en que cruzaba al "otro lado". Obviamente, no lo conseguí. Me senté sobre el muro de piedra mirando al mar, iluminado con aquella intensidad que lo hacía parecer blanco, fundido con el cielo, desapareciendo en el infinito. Subí el volumen y continué corriendo. La experiencia había sido tan intensa, que cuando llegué a casa, tras más de media hora de recorrido, me percaté de que no había controlado mi respiración ni una sola vez. Había memorizado la letra de un par de canciones y había logrado que la tensión acumulada durante la semana de duro trabajo, saliera expulsada de mi cuerpo en cada zancada. Había descubierto cómo aislar el cuerpo de la mente y disfrutar, aunque para ello hubiera sido necesario, cruzar al otro lado del crepúsculo.
Koko regresó a casa el viernes por la tarde, agotado, tras un viaje salpicado de atascos de tráfico, llamadas, correos electrónicos, reuniones interminables y tediosas cenas en las que inevitablemente se come y bebe más de la cuenta. Como siempre, el sábado, se enfundó su ropa deportiva y se preparó para salir a correr. Cuál fue su sorpresa cuando al venir a despedirse con la retórica frase de "hasta luego cariño, estaré de vuelta en una hora", me encontró perfectamente equipada y lista para acompañarle. A su cara de estupefacción, respondí con una mueca sarcástica y un divertido,
-¡Vamos holgazán! ¡Hay que mover los músculos!


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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