La Foto de la semana: 08-04-2012 "Naufragios"

Edurne Iza, Naufragios
Naufragios, antiguas construcciones portuarias, muelles abandonados... A menudo en calas y rocas encontramos vestigios de otras épocas, de otras vidas.  Los mares de nuestro planeta mantienen cautivos los restos de miles de barcos de todos los tamaños y épocas y en algunos casos se han convertido en un reclamo turístico importante, por hallarse en la zona y profundidad adecuadas para poder bucear entre hierros cubiertos de algas y crustáceos, practicar la fotografía submarina y quién sabe si encontrar algún tesoro abandonado. En este caso, resulta conveniente conocer con detalle La Ley de los Hallazgos, que reza así: "Si el navío naufragado ha estado sumergido durante un período de años durante los cuales los dueños del navío no han tratado activamente o han renunciado a recuperar sus contenidos, entonces la ley de los hallazgos puede aplicarse. Un descubridor que encuentra un naufragio de acuerdo con la ley de los hallazgos, tiene derecho al valor total de todos los bienes recuperados. Dado que el dueño del navío ha desistido de tratar de recuperar el naufragio, el descubridor tiene todos los derechos sobre el contenido."
Existen diferentes puntos geográficos, especialmente interesantes para quienes se sienten atraídos por los buques hundidos. Uno de ellos se encuentra situado en las costas de Croacia. Cerca del Parque Natural de las Islas Brijuni, en Istria, encontramos reliquias como la del "Barón Gautsch", un navío de pasajeros austro húngaro de noventa metros de eslora, que naufragó en mil novecientos catorce, víctima de una mina submarina. En el trágico suceso perdieron la vida doscientas cincuenta personas. Lo que queda del casco se encuentra sumergido a unos treinta y cinco metros de la superficie, lo que facilita a los centros de buceo de la zona, la organización de excursiones.
No muy lejos, en la bahía de Kvarner, naufragó durante una tormenta en mil novecientos sesenta y ocho, el carguero griego "Pestaltis". Descansan también en la zona el "Francesca da Rimini" y el buque de guerra "S57".
Sin embargo, el denominado paraíso de los barcos hundidos, se encuentra en la costa caribeña americana, tierra de piratas y corsarios. En México se puede bucear a poco más de veinticinco metros de profundidad entre dos navíos y rodeados de coloridos peces tropicales. En las costas cubanas, además de la numerosa flota hundida, nos topamos con una colonial española y podemos "disfrutar" de la compañía de los tiburones que pueblan sus aguas. En Asia, los bombardeos americanos durante la Segunda Guerra Mundial, nos han dejado la combinación de más de sesenta navíos, rodeados de barreras coralinas y rayas.
Se han encontrado decenas de miles de restos y tesoros bajo el mar, pero se sospecha que quedan otros muchos aún por descubrir. Es por eso que existen empresas como la americana Odyssey Marine Exploration, fundada en mil novecientos noventa y cuatro y dedicada a utilizar la más moderna tecnología para detectar y acceder a cualquier recóndito punto del océano donde reposen buques con objetos valiosos en su interior. Odyssey Marine ha sido la responsable del hallazgo del "SS Republic" víctima en mil ochocientos sesenta y cinco de un huracán frente a las costas de Georgia y que reportó a la compañía interesantes beneficios procedentes de la venta de reportajes y de las más de cincuenta mil monedas y catorce mil artefactos que habían permanecido ocultos a mil setecientos pies de profundidad. La Odyssey Marine se ha visto envuelta en varios escándalos relacionados con el transporte secreto de tesoros desde diferentes puntos del planeta hasta costas americanas, donde una vez respaldados por las leyes locales, hacían pública la noticia del hallazgo. De igual modo, la empresa también americana, Sea Search Armada, encontró el "Galeón San José", hundido en mil setecientos ocho y cargado con alhajas y riquezas valoradas en más de diez millones de dólares, lo que les ocasionó un interminable proceso judicial con el gobierno colombiano.
Desde el año dos mil ocho, el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena, será el encargado de recuperar los magníficos tesoros perdidos con los galeones españoles de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX durante sus viajes a las Indias.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana: 01-04-2012 "Celia y el lobo"

Edurne Iza, Celia y el lobo

Cuando Celia tomó su cuaderno de dibujo y se fue a pasear por los alrededores de la aldea, no podía imaginar las aventuras que estaba a punto de vivir. Se dirigió hacia los acantilados, pese a las advertencias de sus padres. "Es un lugar peligroso, no debes jugar allí"-recomendaba la madre. "La leyenda cuenta que quien se acerque demasiado a la guarida del lobo, quedará convertido en piedra"-sentenciaba el papá. Semejantes afirmaciones no hacían más que estimular la curiosidad de la pequeña, que lejos de sentirse intimidada, experimentaba una irresistible atracción hacia el prohibido lugar.
Caminó distraída durante un buen rato, hasta llegar a una zona que le pareció perfecta para practicar con sus lápices de colores. Se sentó en una piedra lisa, libreta en ristre, para poder admirar la belleza salvaje de aquellas rocas acariciadas por la suave espuma del mar. El sol brillante reflejaba sobre la superficie marina como en un espejo. Hacía calor, una densa humedad que invadía los pulmones de Celia. Pronto la desbocada imaginación de la niña se adueñó de ella y en su mente, el mar adoptó una extraña forma esférica de un azul vivo. Los reflejos rojizos del sol sobre las rocas se tornaron más intensos, como si las piedras estuvieran ardiendo y al sumergirse bajo las aguas, las tiñeran de un rosa liliáceo. Luego reparó en una extraña figura, justo delante de ella. Tenía forma de lobo, como si estuviera vigilando para que nadie se acercara demasiado al precipicio.
Cualquier niño de la edad de Celia, se hubiera sobresaltado al distinguir la silueta del animal, y más con las historias que circulaban en la aldea, sobre curiosos y desobedientes convertidos en piedra. Sin embargo ella, enternecida por la soledad de la estatua, acarició su cabeza y se disponía a darle un beso en el hocico, cuando las piedras se agitaron, los ojos cobraron vida y el cuerpo se llenó de pelo negro y plata. ¡El lobo!. Celia observaba maravillada al espléndido ejemplar cuando éste, con voz profunda le dijo:
-Hola Celia, gracias por no tenerme miedo
-Hola Lobo ¿miedo? a mí sólo me has dado pena.
-No es pena lo que los humanos suelen sentir hacia mí. Explícate.
-Pena por verte tan solo en este acantilado. Condenado a la tarea eterna de vigilar. Porque es eso lo que haces ¿verdad?
-Eres una jovencita muy lista. Hace muchos, muchos años yo vivía en el bosque con mis padres y mi hermanita, Lobezna. Era muy traviesa y mamá, me encargó que cuidara de ella. Fuimos a dar un paseo y llegamos a este precipicio. Ella jugaba sin fijarse en las piedrecillas sueltas y en un descuido resbaló. Salté para sujetarla, pero fue demasiado tarde y se estrelló contra las piedras. Su cuerpo nunca apareció, las olas lo arrastraron. Mi padre enloqueció tras la tragedia y no quiso aceptar la muerte de Lobezna. Así que con ayuda del hechicero del bosque, me convirtió en estatua de piedra y me condenó a la eterna vigilancia, por si un día el mar decidía devolverla. Todos en la aldea me temen y prohíben a sus hijos que se acerquen hasta aquí. Hace años que mis padres fallecieron  y he perdido toda esperanza de volver a ver a mi hermana.
-Es una historia muy triste, Lobo ¿Qué piensas hacer ahora? Eres libre.
-Libre... Pero ¿qué significa libre? Yo no sé cómo ser libre.
-Puedes ir donde te plazca y hacer lo que quieras. Sin pedir permiso ¡Es maravilloso!
-Pero no sé dónde ir, ni puedo hacer otra cosa que no sea vigilar este acantilado. Tengo miedo de ser libre.
-¡Vaya! eso debe ser lo que les ocurre a los adultos de mi aldea... Por eso nunca quieren aventurarse a salir más allá del límite del bosque ¡Tienen miedo a ser libres! Bueno Lobo, déjame pensar, estoy segura de que algo se me ocurrirá.
Y así fue. Celia se presentó en casa acompañada de Lobo. Por fortuna, nadie la vió cruzar la aldea, acompañada por el peludo animal. Su padre agarró la escopeta para ahuyentarlo, temiendo por la vida de su pequeña y a Celia, le costó varias horas convencer a su familia de que Lobo era inofensivo, que había sido víctima de un hechizo siendo apenas un cachorro y que no tenía dónde ir. Al final, accedieron a que pasara la noche en el establo. Los caballos relincharon al principio, pero cuando le vieron  hacerse un ovillo junto al heno y dormir plácidamente, durmieron también. Lobo fue entrenado para guiar los rebaños de ovejas. Se convirtió en un leal guardián de la finca y sobretodo en el más fiel compañero de juegos de Celia. Juntos iban cada domingo hasta el acantilado y miraban el mar y las rocas. Los papás de Celia estaban tranquilos porque sabían que su niña estaba a salvo con Lobo. No podía tener mejor compañía.
Los años pasaron y Celia se convirtió en una joven alta y sana. El pelo de lobo se fue tornando blanco, sus fuerzas mermaron y las ovejas parecían correr a su lado a la velocidad de la luz. Ya nunca iban de paseo, Lobo no tenía energía. Una mañana gris y lluviosa, Lobo pidió a Celia que le acompañara al acantilado. Es hora de reunirme con Lobezna, dijo. Celia no entendía muy bien a qué se refería su fiel amigo, pero decidió seguirle. Lobo se colocó sobre la roca que tantos años había sido su encierro y miró al mar una vez más, buscando a su hermana. Entonces a lo lejos, le pareció distinguir sus ojos vivarachos y su hocico brillante. ¡Lobezna!-gritó, al tiempo que emprendía una última y frenética carrera hacia el abismo. Tomó impulso al llegar al borde de las rocas y saltó al encuentro de su perdida Lobezna. Desapareció entre las aguas agitadas del mar sin que Celia pudiera hacer nada para evitarlo.

Cualquiera que visite hoy este mágico lugar encontrará flores frescas adornando una pequeña inscripción que dice "Descansa en paz Lobo".



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana: 25-03-2012 "Volcanes bajo el mar"

Edurne Iza, Volcanes bajo el mar
Hawaii es el único de los Estados de Norte América que está formado por rocas volcánicas, procedentes de los cráteres que comenzaron a desarrollarse hace más de setenta millones de años. Cada uno de los volcanes que forman las islas Hawaianas erupcionaron numerosas veces hasta lograr que una parte de ellos quedara emergida sobre la superficie marina y crear lo que hoy conocemos como uno de los archipiélagos más atractivos del planeta. Como sucede con los iceberg, tan sólo una pequeña fracción queda visible sobre las aguas.
El más antiguo de Hawaii es Kohala, con más de quinientos mil años de antigüedad y actualmente está clasificado como volcán inactivo, ya que la última erupción se calcula que tuvo lugar unos ciento veinte mil años atrás. La superficie visible de Kohala representa el cinco coma ocho por ciento del territorio hawaiano. El contrapunto nos lo ofrece Mauna Loa o montaña larga, cuyas sesenta millas de largo y treinta de ancho, le hacen abarcar el ochenta y cinco por ciento del territorio de Hawaii. Presenta una elevación sobre el nivel del mar de cuatro mil cien metros, por lo que su cima aparece nevada en invierno. Desde mil ochocientos cuarenta y tres hasta mil novecientos ochenta y cuatro, el Mauna Loa ha entrado en erupción un total de treinta y tres veces y en la actualidad se encuentra en constante observación, ya que los expertos prevén en breve una nueva explosión.
Una de las curiosidades de Mauna Loa, es que se trata de un volcán acorazado. Es una montaña con una generosa inclinación, generada por numerosos y fluidos ríos de lava. Este tipo de volcanes pueden formarse también en otros planetas. El más grande descubierto hasta la actualidad es el Monte Olimpo en Marte, con una elevación sobre la superficie marciana de entre veintidós y veintitrés mil metros.
De regreso al planeta Tierra, a más de cinco mil metros bajo el mar Caribe, en la depresión de Caimán, ha sido descubierto gracias al trabajo de investigación de una expedición científica británica, el volcán más profundo de nuestro mundo. A esa profundidad la temperatura es lo suficientemente elevada como para fundir el plomo y la presión es insorpotable. El fenómeno geológico pudo ser descubierto gracias a un vehículo para inmersiones profundas utilizado por control remoto desde el buque de investigación James Cook. La mayor parte de estos accidentes geográficos sumergidos y descubiertos hasta la actualidad, no se encuentran más abajo de los tres mil ochocientos metros. Teniendo en cuenta que supuso todo un reto tecnológico el acceder a los restos del naufragado Titanic a cuatro mil metros de la superficie, nos encontramos ante todo un desafío para la ciencia.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana: 18-03-2012 "Fábula del Sastre y las Tijeras"

Edurne Iza, Fábula del Sastre y las Tijeras

Érase una vez una aldea rodeada de montañas en la que vivían dos jóvenes sastres. Ambos trabajaban como aprendices en el taller del señor Lino y soñaban con poseer, algún día, su propio atelier. Diseñaban trajes elegantes y vestidos glamurosos. Por sus manos pasaban las telas más selectas y al tocarlas su imaginación volaba hasta elevarles al reino de la fantasía, donde cualquier deseo podía convertirse en realidad.
Cada año, coincidiendo con las fiestas navideñas, se celebraba un sorteo de lotería. Era un acontecimiento importante, puesto que muchas familias depositaban sus esperanzas en el premio. Resultaba divertido, sobre todo para los más jóvenes y entusiastas, elucubrar acerca de viajes, casas, joyas y todo cuanto el boleto agraciado les permitiría disfrutar.
Los dos alfayates vivían en sendas habitaciones en la posada de la señora Mesón, famosa por su pulcritud y las deliciosas recetas que nacían en su cocina. Por las noches llegaban extenuados, tras un día repleto de dobladillos, pespuntes e hilvanes, se sentaban en una de las mesas de madera y disfrutaban de la cena. Su modesto sueldo, sólo alcanzó para comprar un décimo que compartieron y sujetaron con los ojos cerrados, mientras el bombo giraba y las bolas eran seleccionadas. Cuando el último número estuvo fuera, comprendieron que eran ellos, los humildes aspirantes a modisto, los portadores del billete ganador.
Pasada la confusión inicial, cada uno tomó decisiones para que su sueño, unas horas antes imposible de cumplir, se materializara. Así, en pocas semanas, la aldea contaba con otras dos sastrerías: Cremallera y Tijeras. Podríamos pensar que nuestros jóvenes amigos, no se esforzaron demasiado en escoger los nombres para sus establecimientos y sin embargo la historia demostró que no podían haber sido más apropiados, ya que la estrategia empresarial de cada uno, reflejaba exactamente lo mismo que los objetos seleccionados.
Cremallera ofrecía a sus clientes productos de alta calidad y basaba su éxito en las duras horas de trabajo y en seleccionar las mejores materias primas. Empleó numerosos recursos en la investigación de tejidos y técnicas de fabricación que le permitieran aumentar el número de prendas por hora. Sus ventas crecieron a la vez que su fama y pronto necesitó contratar un ayudante. Decidió pagarle un buen salario, que le permitiera vivir con comodidad. El joven empresario se sentía motivado y orgulloso de la marca que representaba y reinvertía gran parte de los beneficios en el progreso de su negocio.
Tijeras mientras tanto, optó por lanzar una colección de bajo coste. Adquirió maquinaria de segunda mano, algo anticuada pero muy económica. Elaboró la ropa con fibras sintéticas y consiguió unas ventas iniciales muy elevadas, por lo atractivo de sus precios. Sin embargo, tan pronto los consumidores comprobaron la escasa calidad de su producción, los pedidos disminuyeron en picado. Los que se interesaban por sus productos, buscaban el precio más bajo del mercado, con lo que la presión por reducir costes se fue incrementando. El dueño de Tijeras decidió cambiar de local a uno más reducido y alejado del centro. Contrató operarios para manejar las viejas máquinas. Sólo podía pagarles la mitad del sueldo estipulado, pero tenían que trabajar el doble, por lo que los empleados apenas permanecían en Tijeras un par de meses. Tras los cuales, nuevas e inexpertas manos eran destinadas a controlar las agotadas cosedoras automáticas. Una fría mañana de Marzo se pararon. Habían dado demasiadas puntadas, sin reparaciones ni descansos. Sencillamente dejaron de funcionar. El sastre no tenía dinero para reemplazar el utillaje y se vio forzado a cerrarTijeras.
Pocos días después una mano temblorosa llamó a la puerta de Cremallera. Ambos amigos se encontraron uno frente al otro. Los recortes de Tijeras, en su irreflexiva persecución del mejor precio, le habían condenado a la bancarrota. El paso firme de Cremallera, buscando la excelencia y la innovación, le convirtieron en una empresa de referencia en el sector. Aquel día sus vidas volvían a cruzarse. Uno triunfador, el otro necesitado de ayuda. Se fundieron en un abrazo y frente a una taza de café caliente hablaron durante horas, como aquellas noches que habían pasado en la posada de la señora Mesón. Hicieron planes de futuro, trabajaron juntos aprendiendo de la experiencia y sólo utilizaron las tijeras para recortar las finas telas de sus creaciones.
Moraleja: ¿calidad, I+D+i, trabajo duro y salarios dignos o recortes indiscriminados, pérdida de la capacidad de consumo y regresión?


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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