La Foto de la semana: 12-02-2012 "Cambio de rumbo"

Edurne Iza, Cambio de rumbo
Fila doce como el año, 2012. Viajaba acurrucada junto a una ventanilla con la mirada perdida. En otras circunstancias hubiera estado tensa, rígida, fingiendo dormir para evitar el pánico que me producen los cinco primeros minutos de vuelo. Esos momentos en que la mole metálica desafía las leyes de la gravedad y las turbinas imponen su poder, ganando metros, pies en argot aeronáutico. Sin embargo no había espacio ni tiempo para el miedo. Mi cerebro estaba aturdido y mi corazón vacío. En silencio, atrapada en un bucle destructivo sólo era capaz de reproducir una y otra vez la escena, que unas horas antes, me había empujado con inesperada improvisación a comprar aquel billete.
Llegué hacia mediodía a nuestro coqueto apartamento parisino. Me sentía feliz por estar pronto en casa. Esperaba encontrar a François como siempre absorto en su trabajo. Era poeta y en los últimos tiempos  le costaba hallar ese misterioso combustible que a los escritores les gusta llamar inspiración. La gente de ciencias, como yo, cuadriculados y matemáticos, lo consideramos un concepto abstracto... Inspiración.
Irrumpí en el dormitorio al grito de ¡"mon amour te invito a almorzar en Chez Nénesse"! y lo descubrí, bajo una oronda mujer de la que no pude distinguir el rostro ni la edad. Tampoco me importaba. Sólo miré los ojos de François y vi sorpresa y vergüenza. Cerré la puerta tras de mi y comencé a avanzar con decisión por el pasillo hacia la salida.
-¡Alicia! ¡no es lo que parece! ¡puedo explicarlo!
Me giré atraída por la "originalidad" de la frase, intentaba alcanzarme con los calzoncillos floreados de color celeste a la altura de los tobillos, mientras sus pies se entrelazaban y caía torpemente sobre la moqueta. La imagen era patética y si no hubiera sentido un dolor tan profundo, me hubiera echado a reir.
Hacía pocos días había rechazado un nuevo destino dentro de la empresa. Me ofrecían dirigir un equipo de investigación neurológica en Sidney. El sueño de cualquier científico que como yo había dedicado su adolescencia y parte de su juventud al estudio. Sin embargo, renuncié por amor. Ni siquiera había mencionado el asunto a François para no perturbar su búsqueda de inspiración. Tomé el móvil indignada.
- ¿Jacques?
- ¡Alicia! ¿Cómo estás?
- Jacques ¿sigue en pie lo de Sidney? Acepto
- No hace ni una semana me dijiste que no podías aceptar... Porque no era el momento
- Las cosas han cambiado
- Alicia esto no es un juego. El puesto es tuyo, sabes que te considero la mejor y quiero que estés al frente del equipo en Australia, pero hazme un favor, no cambies nuevamente de opinión ¿de acuerdo?
- Tranquilo Jacques, mi decisión es irrevocable
En menos de 72 horas estaba en la sala de espera del aeropuerto, dispuesta a embarcar rumbo a mi nueva vida. Me senté a esperar la llamada del vuelo. Tenía delante una pantalla que reproducía vídeos musicales. Miré distraída y de pronto me atrajo una musiquilla estridente y un personaje ridículo bailando de forma compulsiva, vestido tan solo con un calzoncillo floreado de color celeste que repetía sin parar "I'm sexy and I know it".

Me quedé absorta, pensando que debía ser una broma de mal gusto, hasta que por los comentarios del presentador del programa musical, comprendí que era el último hit en las listas internacionales. Pasé los siguientes minutos analizando el mensaje de la canción y llegué a la conclusión, de que no importa la belleza o la profesión, las modas o el físico, tan sólo tener confianza en uno mismo, personalidad y hacer exactamente aquello en lo que se cree. Sin pararse a pensar en la opinión que el resto del mundo pueda tener de nosotros. Eso hacía el tipo del vídeo y pensé "¡guau! ¡eso es inspiración!.
Ya en el avión, miré a mi alrededor, vi a una azafata con el cinturón de seguridad abrochado en un asiento plegable, justo frente a mí, esperando que se apagara la señal luminosa para comenzar con la tarea de preparación del catering. Sonrió y le devolví el gesto con amabilidad. Miré por la ventanilla y a la derecha, me llamó la atención una avioneta amarilla y azul. Observé como se alejaba, volando a baja altura. Pensé en Bogart y en su magistral Rick Blaine pronunciando la célebre frase "Siempre nos quedará París". A mí ni París, mascullé con cinismo.
- Perdone ¿cómo dice? -preguntó el pasajero que viajaba en el asiento contiguo-
- Lo lamento, un atrevido pensamiento que ha escapado entre mis labios
Era un hombre muy atractivo, con el cabello claro y ondulado. Parecía un surfista. Sus intensos ojos azules me observaban con atención mientras alargó su mano para presentarse,
- Mi nombre es Rick Blaine... ¡Sí como el de Casablanca, pero nada que ver con el bueno de Humphrey! -afirmó divertido al ver mi cara de asombro- Vuelvo a casa para participar en un proyecto de investigación neurológica en la universidad de Sidney ¿Y a usted? ¿Qué le lleva a visitar mi país?
A pesar del estado de shock, logré que una parte de mi cerebro trabajara a toda velocidad en la respuesta. Tanta coincidencia no podía ser accidental, así que me dejé arrastrar por la ola del destino y entablé una encantadora conversación con mi nuevo amigo. Progresivamente, el resto de mi sesera reaccionaba. Dediqué algunos recursos a analizar su gestualidad. Una neurona atrevida intentó distinguir bajo su camiseta los robustos abdominales, otra dirigió mi mano hacia el pelo, realizando estúpidos  tirabuzones con el dedo índice. La última de mis neuronas activas no podía evitar pensar.... ¡I'm sexy and I know it!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana: 05-02-2012 "Desertización"

Edurne Iza, Desertización
La zona más al sur de la geografía europea, se encuentra afectada por un proceso de desertización cada vez más preocupante. Se trata de una característica frecuente en los países de la cuenca mediterránea y disminuye la productividad del suelo, debido a inundaciones, incendios, actividad humana o contaminación. Si la situación sigue agravándose, sin que pongamos freno, en unos años, existirán zonas yermas, en las que la vida no será posible y la población deberá abandonarlas para dirigirse a zonas aún ricas y fértiles.
Hace ya años que Naciones Unidas decidió intervenir en este problema, creando el Convenio contra la Desertización, que propone acciones ganaderas, forestales y agrícolas contra esta devastación. No obstante el poder frenar o revertir estos procesos, conlleva una cooperación a gran escala, que contemple cambios en el modelo de gestión y la implicación y colaboración de las autoridades locales, nacionales y europeas. Una utilización más inteligente del suelo, alternando pastoreo con agricultura, creación de bancos de semillas, reforestación mediante siembra de árboles y especies autóctonas, aportación de nutrientes esenciales, contención de la erosión mediante el abancalamiento... Son sólo algunas de la medidas que pueden tomarse para evitar que la desertificación, siga convirtiendo parte de nuestro planeta en un lugar pobre, donde humanos y animales, terminan por morir o consiguen emigrar.
Es evidente que las medidas estratégicas y estructurales deben ser tomadas desde las instituciones gubernamentales. Sin embargo, cierto es, que una cultura de la prevención, en la que podemos participar todos los ciudadanos, contribuye a ralentizar el proceso devastador y en algunos casos, incluso a invertirlo. Las acciones individuales, pueden tener un impacto exponencial, sumado a que en la mayoría de casos, hablamos de actitudes sencillas como días sin automóviles, potenciar el desplazamiento urbano con bicicletas, campañas escolares de concienciación, plantación de árboles, acciones ciudadanas de limpieza de parques y jardines, reciclaje de residuos domésticos, concursos fotográficos de temática natural... Son pequeños gestos y contribuciones que entre todos podemos aportar, para disminuir la devastación a la que nuestro estilo de vida  nada sostenible está llevando al planeta.
Las grandes corporaciones y gobiernos, deben actuar con urgencia, pero mientras tanto podemos ayudar a que nuestros suelos no se cuarteen y la vida desaparezca sin remedio.




Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto de la semana: 22-01-2012 "Resplandor"

Edurne Iza, Resplandor

Koko siempre me insistía en lo saludable que era correr. Equiparse con ropa cómoda, un reproductor de mp3 y salir a ejercitar los músculos y desconectar el cerebro. No podría contar, las veces que me animó a practicar este deporte. Las innumerables alabanzas y la detallada descripción de todos los beneficios que obtendría de tan económica y sencilla actividad. Sin embargo, para mí se aproximaba bastante a la definición de tortura corporal y angustia mental. Lo intenté, eso seguro, pero me concentraba tanto en mantener el ritmo adecuado de mi respiración, que terminaba por descoordinar el paso, no escuchar la música y sentirme invadida por una sensación de ahogo, que terminaba por agotarme físicamente.
Pasó el tiempo y cada día era más consciente de que debía realizar algún tipo de ejercicio. Estaba convencida de que la vida sedentaria sólo conseguiría destrozar mi salud. Hacía tiempo que Koko había dejado de hablar sobre el jogging como opción deportiva, simplemente lo practicaba en solitario y con disciplinada regularidad, mientras yo fingía no prestarle atención. Aquella mañana, soleada y primaveral, decidí aprovechar que él estaba de viaje, para intentar por última vez, aficionarme a correr. Pensé en no compartirle mis intenciones, para evitar crear falsas expectativas y reavivar los fantasmas del pasado. Mi plan era sencillo. Mentalizarme, vestirme apropiadamente y subir tanto el volumen de la canción de moda http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=yR5jN_vLYgw, que no pudiera escuchar mi propia respiración, disfrutar del paisaje y... ¡Todo saldría bien!. Decidí tomar el paseo junto a la costa. Un recorrido llano, sinuoso, con aire puro y la espectacular vista del mar, infinito, desapareciendo en el horizonte.
Comencé a avanzar con torpeza, reconozco que durante unos minutos, la belleza del paisaje era tal, que conseguí evadirme de todo cuanto me rodeaba. "Esta es la sensación de la que tanto habla Koko", pensé, y me inundó una intensa sensación de satisfacción. Entonces, de reojo, vi como un par de tipos avanzaban hacia mí. Me giré sin dejar de correr y tenían un aspecto escalofriante. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que estaba completamente sola. Nadie paseaba a esa hora, ni jubilados, ni gente con sus perros, ni madres con los niños. Aceleré y ellos hicieron lo propio. Pronto mis piernas no podían estirarse más en cada zancada y sin embargo ellos acortaban distancias. Podía oir sus pasos y respiración agitada. Continué corriendo, no tenía alternativa. Ante mi, justo al llegar a una curva del camino, apareció una intensa luz, un resplandor de un brillo inusual, que cegó mi carrera. Avancé unos metros, casi a ciegas y de pronto los gritos de mis perseguidores me hicieron frenar en seco.
- ¿Dónde está?
- ¡No lo sé!  ¡Estaba ahí ahora mismo y ha desaparecido justo al doblar el recodo!
- ¡No es posible! ¡Busca por ese lado, se habrá tirado al agua!
Allí estaba yo, a tan sólo unos pasos de distancia, mirándoles fijamente, jadeando por el esfuerzo de la carrera y sorprendentemente a salvo. Podía verles, desde la intensa luz que me protegía. Les escuchaba con claridad y sin embargo, yo había cruzado una barrera, encubierta por una dimensión desconocida. Era como estar escondida tras una cortina invisible. Igual que en las series de ciencia ficción que veía siendo una niña.
Esperé un buen rato, hasta que mis perseguidores se convencieron de que, de algún modo, yo, me había evaporado. Cejaron en el intento y se fueron en busca de una víctima menos escurridiza. Me acerqué a la luz de nuevo, intentando descubrir el instante exacto en que cruzaba al "otro lado". Obviamente, no lo conseguí. Me senté sobre el muro de piedra mirando al mar, iluminado con aquella intensidad que lo hacía parecer blanco, fundido con el cielo, desapareciendo en el infinito. Subí el volumen y continué corriendo. La experiencia había sido tan intensa, que cuando llegué a casa, tras más de media hora de recorrido, me percaté de que no había controlado mi respiración ni una sola vez. Había memorizado la letra de un par de canciones y había logrado que la tensión acumulada durante la semana de duro trabajo, saliera expulsada de mi cuerpo en cada zancada. Había descubierto cómo aislar el cuerpo de la mente y disfrutar, aunque para ello hubiera sido necesario, cruzar al otro lado del crepúsculo.
Koko regresó a casa el viernes por la tarde, agotado, tras un viaje salpicado de atascos de tráfico, llamadas, correos electrónicos, reuniones interminables y tediosas cenas en las que inevitablemente se come y bebe más de la cuenta. Como siempre, el sábado, se enfundó su ropa deportiva y se preparó para salir a correr. Cuál fue su sorpresa cuando al venir a despedirse con la retórica frase de "hasta luego cariño, estaré de vuelta en una hora", me encontró perfectamente equipada y lista para acompañarle. A su cara de estupefacción, respondí con una mueca sarcástica y un divertido,
-¡Vamos holgazán! ¡Hay que mover los músculos!


Foto: Edurne Iza
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La Foto de la semana: 15-01-2012 "La cara oculta de la luna"

La noche era cálida. Salí al jardín, para disfrutar de mi copa, arropada por la luz de la luna, contrastada con la blancura de las callas, que adornaban la escalera.  Celebrábamos nuestra despedida. La de los cuatro intrépidos astronautas, que partiríamos en pocos días, con la especial misión, de inspeccionar la cara oculta de la luna. Me senté en uno de los peldaños de brillante mármol ante un espléndido espécimen  de calla blanca. Por un momento, mis pensamientos se centraron únicamente en aquella bella flor, importada desde Sudáfrica allá por 1731, símbolo de distinción, belleza y estabilidad. Protagonista de grandes eventos y acontecimientos inolvidables. Blanca, misteriosa y sola, igual que el satélite que nos esperaba a más de 380.000 kilómetros de distancia.

Nuestro objetivo una vez realizado el alunizaje, sería recorrer la superficie, tomando muestras de rocas, minerales y cualquier indicio de vida actual o anterior, que permitiera a los científicos, determinar la viabilidad de una futura adaptación humana, a la supervivencia en nuestro satélite natural. Los científicos aseguran, que las constantes catástrofes, provocadas por el hombre y que están acelerando el deterioro de nuestro planeta, han puesto en marcha un mecanismo de cuenta atrás, hacia la destrucción inminente de la Tierra. Así pues, las grandes fortunas, pensadores, científicos y gobiernos de naciones influyentes, han aunado esfuerzos para asegurar la supervivencia de unos pocos elegidos, que llevarán consigo el conocimiento acumulado durante siglos y la tarea de asegurar la perpetuación de la especie. 
Una suave brisa alborotó mi cabello, haciendo que mi cerebro volviera al momento actual, justo en el instante en que un intenso sonido, retumbó en la noche. Le siguieron los ladridos  de los perros de la finca, un agudo grito de terror y numerosas carreras previas al caos y la confusión total. Intenté regresar al salón principal, de donde procedía el bullicio, pero una marea de personas corriendo despavoridas me lo impidió. Me crucé con una mujer vestida de verde que tenía la cara salpicada de sangre. En su carrera, los invitados se empujaban, perdían zapatos y bolsos. Sólo deseaban salir de la casa y sentirse a salvo. Me acerqué con cautela al salón principal. Vi a mis tres compañeros de expedición, junto a varios hombres de traje oscuro y a sus pies... ¡El señor Morrison!. Yacía inerte y ensangrentado, mientras unos intentaban reanimarlo y otros llamar a los servicios de emergencia. Angustiada pregunté:
- ¿Qué ha pasado?
- ¡Es terrible! alguien ha asesinado a Morrison. No hemos visto nada. Tan sólo el disparo y ha caído fulminado.
De pronto, me sentí protagonista de una historia al más puro estilo Agatha Christie. Una mansión perdida en la campiña. Invitados distinguidos, astronautas con la misión de salvar la raza humana y el magnate que financia tan descabellado plan, es asesinado sin que haya testigos. En pocos minutos llegaron la ambulancia y varias unidades de la policía. Nada pudo hacerse por el desdichado, que falleció en el acto. La bala, atravesó el hueso frontal  y salió por la nuca, levantándole parte del cráneo. A los ojos de las autoridades, todos éramos sospechosos e incluso muchos, podían tener motivos de venganza. Morrison, no era precisamente conocido por su transparencia en los negocios. Los escándalos amorosos y los escarceos con las drogas, teñían su existencia de un blanco sucio, igual que la masa encefálica que se esparcía alrededor de su cabeza.
La policía cerró todos los accesos a la finca y nos pidió que permaneciéramos allí, hasta que hubieran tomado los nombres, huellas y declaración a todos los asistentes, invitados y servicio. La noche, prometía ser larga e intensa.
Habían pasado unas tres horas, aún no habían atestiguado ni la mitad de los asistentes, cuando una mujer vestida de blanco, elegante, sobria y con gesto ausente, avanzó lentamente por la estancia. Me llamó la atención, que llevara una calla blanca en la mano izquierda. Acercó la flor a su mejilla, recorrió su rostro hasta la boca, donde se detuvo un instante, la besó, imprimiendo sus rojos labios en la gran hoja con forma de corazón. Entonces, con levedad, dejó caer la calla sobre el cuerpo inerte de Morrison, levantó la mano derecha, en la que empuñaba un revólver y se disparó en la sien. Cayendo sin vida sobre el hombre.
Días después nos enteramos que la mujer, era la señora Morrison y la pistola había sido disparada otra vez aquella noche. La policía cerró el caso como un crimen pasional. Yo... No puedo parar de pensar en aquella luna llena, la brisa tibia y la calla blanca.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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