La Foto del día: 31-10-2011 "Terracitas"

Edurne Iza, Terracitas
El clima veraniego, invita a sentarse en las terrazas de bares y restaurantes, a disfrutar, a la caída del sol de una tranquila cena y una larga sobremesa. Esta tradición, que en sus orígenes se reservaba en exclusiva para los meses estivales, se ha ido extendiendo no sólo geográficamente si no también a lo largo del año. De modo, que muchos establecimientos, dotan sus terrazas con estufas de gas, que permiten a los comensales tener una agradable temperatura, a pesar del invierno. Incluso hay quienes las acristalan o cubren con mamparas de material plástico transparente, que permiten observar el exterior, manteniéndose a cubierto.
Inicialmente, eran más propias de zonas mediterráneas con climas templados, pero poco a poco se han ido popularizando en países más al centro y norte de Europa. En general, las terrazas son indicativo de negocio y buen ambiente, pero existen zonas, en algunas capitales europeas, en las que han proliferado tanto, que se han convertido en una verdadera pesadilla para los vecinos de la zona. 
Además de por el éxito de concepto, estas cafeterías al aire libre, se han multiplicado de forma exponencial, desde la entrada en vigor de la ley antitabaco, que obliga a los fumadores a respetar los espacios cerrados y limita el consumo de tabaco a los espacios abiertos. Si además disponemos de una mesa, una estufa en invierno, buena compañía y diversos factores externos, como transeúntes, coches etc. que sirven de entretenimiento, la afluencia masiva a estas terrazas está garantizada.
Buen negocio para los hosteleros, que ven compensada la pérdida de clientes fumadores en el interior de sus locales, pero auténtico martirio para los habitantes de las zonas afectadas, que sufren el alboroto de conversaciones, carcajadas, música y en el peor de los casos, discusiones y trifulcas, hasta bien entrada la madrugada. A la mañana siguiente, suele ser habitual encontrar restos de la fiesta nocturna, lo cual también desagrada enormemente a los vecinos. 
Una vez más la polémica está servida, hay barrios enteros en pie de guerra, mientras los propietarios de los locales reivindican su derecho a ganarse al vida. Es un problema de difícil solución. ¿Limitar aún más, el horario de apertura? ¿trasladar  los locales a zonas no urbanizadas? ¿multar a los clientes ruidosos?...


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 30-10-2011 "La Farola"

Edurne Iza, La FarolaLas primeras reseñas históricas sobre alumbrado público, se remontan a la Mesopotamia de los años 7.000-8.000 a.c. Desde que el ser humano aprendió como controlar el fuego, uno de sus principales usos, fue la iluminación. Al principio fueron simples antorchas, que acompañaban a las personas en su caminar o les permitían dar luz a sus entornos de trabajo o vida cotidiana. A medida que las estructuras sociales evolucionaron, se crearon poblados, en los que además de viviendas, comenzaron a aparecer espacios públicos de uso comunitario y la iluminación permanente de esas zonas, se convirtió en una necesidad. Los sistemas basados en sencillas teas, pronto fueron insuficientes, por su fragilidad y poca duración. Fueron sustituidos por mechas sumergidas en recipientes de terracota, que contenían aceites y permitían mantener la luz encendida, durante más tiempo. Descubrimientos arqueológicos en Egipto y Persia, indican, que ya hacia el 2.700 a.c. las lámparas se elaboraban con cobre y bronce. Francia se colocó a la cabeza de este servicio público, con sus ordenanzas sobre alumbrado municipal, allá por el siglo XVI. Inicialmente, la responsabilidad recaía sobre los ciudadanos, que estaban obligados a colocar a la entrada de sus viviendas, una luz. Un siglo después, se creó un cuerpo de vigilancia nocturna, encargado de encender, apagar y mantener la iluminación de las calles, añadiendo además, faroles en cada esquina y en las plazas y lugares comunes. Fue en el siglo XIX, cuando se introdujo la utilización de reflectores, para mejorar la calidad e intensidad de la luz y además se introdujo el gas, como combustible para los postes, en pueblos y ciudades. Los faroleros, siguieron siendo necesarios durante los primeros años de vida de los dispositivos a gas, pero más adelante comenzaron a utilizarse sistemas de encendido automático, que prendían la llama, cuando se permitía el paso del gas. La revolución eléctrica, alcanzó el mundo de la iluminación a finales del siglo XIX. Se trataba de las lámparas de arco eléctrico, que utilizaban electrodos de carbón y empleaban corriente alterna que permitía que dichos electrodos, ardieran de forma regular. Fueron instaladas por primera vez, en la década de 1.880, para iluminar los Grand Magasins de Louvre en París y se les denominó velas de Yablochkov, como homenaje a su creador. La elevada emisión de calor, la corta vida de los electrodos y la necesidad de un constante servicio de mantenimiento, hizo que los electrodos de carbón, fueran sustituidos con relativa rapidez, por lámparas incandescentes, baratas, brillantes y fiables. Sucesivamente, se utilizaron en el alumbrado público, lámparas fluorescentes, de vapor de mercurio, de vapor de sodio... En la actualidad, los sistemas de iluminación por LED se imponen por eficiencia lumínica y térmica, aunque aún no existe consenso en cuanto a su empleo a nivel europeo.
Lo que sí podemos atesorar, es que el alumbrado de calles y ciudades tal y como lo conocemos hoy en día, nunca hubiera sido posible, sin las aportaciones de personas como Laudati Carraffe, Le Reynie, Sartines, Frederick Albert Winsor, Philippe Lebon, Pavel Yablochkov, Friederich von Hefner-Alteneck y tantos otros, que de forma anónima, contribuyeron a dar luz a nuestras vidas.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 29-10-2011 "Mi casa... Teléfono"

Edurne Iza, Mi casa... Teléfono
Millones de personas en todo el mundo, se emocionaron sentadas en las butacas de un cine o en el sofá de sus hogares, al ver a aquel pequeño alienígena cautivar la inocencia de un grupo de chavales y conseguir regresar a casa, sano y salvo, cuando ya en los rostros de la mayoría de espectadores, asomaba una lagrimilla, pensando que lo perdíamos. Atrás quedó su fiel amigo Elliot, sin el que nunca hubiera conseguido su tan ansiado sueño de reunirse con los suyos. Los corazones de los seguidores de tan emotiva historia se quedaron reconfortados al saber, que ET, lograría por fin, reunirse con los suyos. El extraterrestre, pasa más de media película mirando al cielo con ojos melancólicos y señalando con su dedo esquelético, sin parar de decir "Mi casa... Teléfono".
Pues queridos amigos... Espero que estéis preparados para lo que debo deciros. ¡ET nunca volvió a su planeta!. Nos engañó a todos con la pose sentimental de que añoraba a los suyos. La instantánea que nos acompaña hoy, demuestra que ha sido visto a bordo de un barco pesquero, en aguas de la Costa Brava. Los investigadores más prestigiosos afirman, que lleva una vida tranquila. Pasa la temporada de invierno, discretamente amarrado en el atraque más alejado del puerto y aprovecha la época estival, para recorrer el Mediterráneo, fondeando en diversas calas del litoral.
Fuentes cercanas a este blog, han confirmado, que en las próximas semanas, concederá una entrevista en exclusiva, al televisivo Sálvame. Protagonizará alguna de las portadas más sonadas y mejor remuneradas, de la historia de la prensa rosa y será el encargado de anunciar la llegada del Año Nuevo, dando las campanadas en directo, desde la Plaza del Sol, de Madrid. Asimismo, parece confirmada la reserva para tres personas, en un prestigioso restaurante, para el día uno de Enero de 2012. Se especula, con que a la cena más esperada del siglo, asistirán, además del alienígena, Drew Barrymore y Henry Thomas. Existe en estos momentos, una auténtica batalla mediática, por ser el primer medio en publicar las fotografías de la cena y el detalle del menú. Hasta entonces, deberemos conformarnos con repetir con voz entrecortada, una de las frases más cinematográficas de la historia. Mi casa... Teléfono.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 28-10-2011 "¿Borracho yo?

Edurne Iza, ¿Borracho yo?Después de tantos días en alta mar, los marineros se dejaban arrastrar por los deseos de tomar contacto con la civilización. Como atraídos por un  desconocido magnetismo, normalmente terminaban consolando sus corazones solitarios, en algún tugurio cercano al puerto, donde cantaban, jugaban a cartas y bebían, hasta que sus cuerpos desfallecían o el mesonero decidía cerrar el local. Aquel día, no podía ser la excepción. Habían pasado más de cuarenta jornadas a bordo de su viejo cascarón y sus gaznates necesitaban lubricarse, con una buena dosis de ron moreno. Nerviosos como colegiales en su primer día de clase, emplearon buena parte de la tarde, en planchar  ropas y abrillantar zapatos. Sabían que un uniforme bien lustroso, era un imán infalible, para llamar la atención de las jovenzuelas, dispuestas a pasar una noche de juerga con ellos. Sin embargo, lejos estaban de imaginar que aquella noche, regresarían al barco con una compañía bien distinta. La primera parte de la velada, transcurrió sin sorpresas. Un plato de estofado de ternera, pan casero, embutidos... Todo regado, con buen vino de la región.  Cuando todos hubieron saciado su apetito, comenzaron los corros, los chascarrillos, bravuconadas y apuestas. El afán desmesurado por demostrar su hombría, parecía llevarles, por un irremisible camino sin retorno. Las botellas de alcohol, comenzaron a circular y el regordete tabernero, se frotaba las manos calculando las ganancias de la noche. Bravatas aparte, todo transcurrió dentro de la más monótona rutina. Conatos de trifulca, por ser acusado de hacer trampas jugando al póker, pequeñas contusiones, al golpearse contra una mesa o un banco, por haber bebido demasiado, gargantas roncas de cantar, fumar y beber... Nada sorprendente.
Un par de jóvenes marineros, tuvieron varias manos afortunadas a las cartas y cuando vaciaron la tercera botella de aguardiente, decidieron abandonar el local y recolectar las ganancias de la fructífera noche. Apoyados el uno en el otro, tambaleantes y con la ropa destartalada, comenzaron a recorrer los callejones adoquinados, que serpenteantes conducían hasta los muelles. De pronto el brillo de una afilada navaja, deslumbró a uno de los marinos, que dijo arrastrando la lengua:

-¿Quién anda ahí?
- ¡Entregadme vuestra bolsa y no os sucederá nada!
- ¡Ni lo sueñes, estúpido ladronzuelo!

En ese momento, el asaltante, se abalanzó hacia los dos hombres, sabedor de que sus lentos reflejos, los convertían en una presa fácil. Derribó a uno de ellos y tenía casi inmovilizado al otro, cuando de entre las sombras, surgió una figura animal, que saltó sobre el ladrón propinándole un enorme mordisco en el cuello. Era un perro, de color canela, con los ojos pardos e inteligentes. El bandido, huyó maltrecho, taponando con fuerza la herida con su mano derecha y dejando una fina estela de sangre en su carrera. El can, lamió las mejillas de los dos marineros, que agradecidos, lo abrazaron y acariciaron con efusividad.

- ¡Nos has salvado la bolsa y la vida, pequeño!
- ¡Te llamaremos Rufo! ¿te vienes con nosotros?

Con gesto de comprender a la perfección lo que sus nuevos amigos le decían, los acompañó con paso lento hasta el barco. Cuando llegaron, estaba amaneciendo, subieron la escala y se toparon con el capitán.

-¡Vaya! ¿tenemos un nuevo tripulante?
- Se llama Rufo, capitán, y esta noche, hemos vuelto a nacer gracias a sus dientes afilados y su sentido de la protección. Creemos, que sería un buen guardián para el buque
- ¡Que así sea! ¡Bienvenido Rufo!

A la caída del sol, zarparon con nuevas órdenes y un "tripulante" más. Rufo.



 
Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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