La Foto del día: 29-10-2011 "Mi casa... Teléfono"

Edurne Iza, Mi casa... Teléfono
Millones de personas en todo el mundo, se emocionaron sentadas en las butacas de un cine o en el sofá de sus hogares, al ver a aquel pequeño alienígena cautivar la inocencia de un grupo de chavales y conseguir regresar a casa, sano y salvo, cuando ya en los rostros de la mayoría de espectadores, asomaba una lagrimilla, pensando que lo perdíamos. Atrás quedó su fiel amigo Elliot, sin el que nunca hubiera conseguido su tan ansiado sueño de reunirse con los suyos. Los corazones de los seguidores de tan emotiva historia se quedaron reconfortados al saber, que ET, lograría por fin, reunirse con los suyos. El extraterrestre, pasa más de media película mirando al cielo con ojos melancólicos y señalando con su dedo esquelético, sin parar de decir "Mi casa... Teléfono".
Pues queridos amigos... Espero que estéis preparados para lo que debo deciros. ¡ET nunca volvió a su planeta!. Nos engañó a todos con la pose sentimental de que añoraba a los suyos. La instantánea que nos acompaña hoy, demuestra que ha sido visto a bordo de un barco pesquero, en aguas de la Costa Brava. Los investigadores más prestigiosos afirman, que lleva una vida tranquila. Pasa la temporada de invierno, discretamente amarrado en el atraque más alejado del puerto y aprovecha la época estival, para recorrer el Mediterráneo, fondeando en diversas calas del litoral.
Fuentes cercanas a este blog, han confirmado, que en las próximas semanas, concederá una entrevista en exclusiva, al televisivo Sálvame. Protagonizará alguna de las portadas más sonadas y mejor remuneradas, de la historia de la prensa rosa y será el encargado de anunciar la llegada del Año Nuevo, dando las campanadas en directo, desde la Plaza del Sol, de Madrid. Asimismo, parece confirmada la reserva para tres personas, en un prestigioso restaurante, para el día uno de Enero de 2012. Se especula, con que a la cena más esperada del siglo, asistirán, además del alienígena, Drew Barrymore y Henry Thomas. Existe en estos momentos, una auténtica batalla mediática, por ser el primer medio en publicar las fotografías de la cena y el detalle del menú. Hasta entonces, deberemos conformarnos con repetir con voz entrecortada, una de las frases más cinematográficas de la historia. Mi casa... Teléfono.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.

La Foto del día: 28-10-2011 "¿Borracho yo?

Edurne Iza, ¿Borracho yo?Después de tantos días en alta mar, los marineros se dejaban arrastrar por los deseos de tomar contacto con la civilización. Como atraídos por un  desconocido magnetismo, normalmente terminaban consolando sus corazones solitarios, en algún tugurio cercano al puerto, donde cantaban, jugaban a cartas y bebían, hasta que sus cuerpos desfallecían o el mesonero decidía cerrar el local. Aquel día, no podía ser la excepción. Habían pasado más de cuarenta jornadas a bordo de su viejo cascarón y sus gaznates necesitaban lubricarse, con una buena dosis de ron moreno. Nerviosos como colegiales en su primer día de clase, emplearon buena parte de la tarde, en planchar  ropas y abrillantar zapatos. Sabían que un uniforme bien lustroso, era un imán infalible, para llamar la atención de las jovenzuelas, dispuestas a pasar una noche de juerga con ellos. Sin embargo, lejos estaban de imaginar que aquella noche, regresarían al barco con una compañía bien distinta. La primera parte de la velada, transcurrió sin sorpresas. Un plato de estofado de ternera, pan casero, embutidos... Todo regado, con buen vino de la región.  Cuando todos hubieron saciado su apetito, comenzaron los corros, los chascarrillos, bravuconadas y apuestas. El afán desmesurado por demostrar su hombría, parecía llevarles, por un irremisible camino sin retorno. Las botellas de alcohol, comenzaron a circular y el regordete tabernero, se frotaba las manos calculando las ganancias de la noche. Bravatas aparte, todo transcurrió dentro de la más monótona rutina. Conatos de trifulca, por ser acusado de hacer trampas jugando al póker, pequeñas contusiones, al golpearse contra una mesa o un banco, por haber bebido demasiado, gargantas roncas de cantar, fumar y beber... Nada sorprendente.
Un par de jóvenes marineros, tuvieron varias manos afortunadas a las cartas y cuando vaciaron la tercera botella de aguardiente, decidieron abandonar el local y recolectar las ganancias de la fructífera noche. Apoyados el uno en el otro, tambaleantes y con la ropa destartalada, comenzaron a recorrer los callejones adoquinados, que serpenteantes conducían hasta los muelles. De pronto el brillo de una afilada navaja, deslumbró a uno de los marinos, que dijo arrastrando la lengua:

-¿Quién anda ahí?
- ¡Entregadme vuestra bolsa y no os sucederá nada!
- ¡Ni lo sueñes, estúpido ladronzuelo!

En ese momento, el asaltante, se abalanzó hacia los dos hombres, sabedor de que sus lentos reflejos, los convertían en una presa fácil. Derribó a uno de ellos y tenía casi inmovilizado al otro, cuando de entre las sombras, surgió una figura animal, que saltó sobre el ladrón propinándole un enorme mordisco en el cuello. Era un perro, de color canela, con los ojos pardos e inteligentes. El bandido, huyó maltrecho, taponando con fuerza la herida con su mano derecha y dejando una fina estela de sangre en su carrera. El can, lamió las mejillas de los dos marineros, que agradecidos, lo abrazaron y acariciaron con efusividad.

- ¡Nos has salvado la bolsa y la vida, pequeño!
- ¡Te llamaremos Rufo! ¿te vienes con nosotros?

Con gesto de comprender a la perfección lo que sus nuevos amigos le decían, los acompañó con paso lento hasta el barco. Cuando llegaron, estaba amaneciendo, subieron la escala y se toparon con el capitán.

-¡Vaya! ¿tenemos un nuevo tripulante?
- Se llama Rufo, capitán, y esta noche, hemos vuelto a nacer gracias a sus dientes afilados y su sentido de la protección. Creemos, que sería un buen guardián para el buque
- ¡Que así sea! ¡Bienvenido Rufo!

A la caída del sol, zarparon con nuevas órdenes y un "tripulante" más. Rufo.



 
Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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Reportaje publicitario - Vestidos de Novia

Edurne Iza, Vestidos de NoviaNo os perdáis nuestro reportaje publicitario y las fotografías de la sesión de novias, realizada  por Fotografía Edurne Iza, hace pocas semanas. Os invitamos a disfrutar de las fotos destacadas de la sesión y el artículo completo en http://www.edurneiza.com/novias.html

La Foto del día: 27-10-2011 "Yo os regalo la libertad de las aves"

Edurne Iza, Yo os regalo la libertad de las aves
La historia se repite cada cierto tiempo. No importa el país, ni la época. Siempre hay alguna pareja que sufre, por cometer el pecado de enamorarse perteneciendo a clases sociales diferentes, a mundos opuestos. Nuestros protagonistas de hoy, pagaron un precio muy elevado por su amor. Ella era una humilde campesina que pasaba las horas bordando vestidos para la señora de la casa donde servía. Él, el hijo de la dueña, un apuesto joven heredero de una fortuna incalculable, cuyo corazón, latía ajeno a los intereses económicos, a las exigencias de la alta sociedad.
Como siempre en estos casos, el amor surgió de forma casual, porque cuando dos almas están destinadas a encontrarse, siempre hay un motivo, una excusa para que prenda la mecha. Corría un lluvioso mes de Marzo, Aitana se afanaba en terminar el vestuario veraniego de la señora. Faltaban pocos días para el inicio oficial de la primavera y era la fecha límite que había recibido para entregar su labor. Trabajaba en una buhardilla de la casa, junto a una pequeña ventana que ofrecía un buen chorro de luz al delicado trabajo. La puerta de su taller se abrió y un joven apuesto y elegante hizo su aparición. Era Zacarías, el hijo de la señora. Aitana, sabía quién era porque, desde su encierro en la parte alta de la casa, le había visto en más de una ocasión, pasear por los jardines de la finca.
- Disculpe ¿ha visto a mi madre?
- Lo lamento, no he visto a la señora en toda la mañana
- Vaya, continuaré buscándole. Si apareciera por aquí, por favor, indíquele que le busco
- Si señor, así lo haré
-¡Caramba! qué labor más delicada está realizando, no me extraña que mi madre ponga en sus manos  las prendas más finas para bordar -dijo mientras se acercaba a la joven y extendía la mano para tomar el tejido-
- Es usted muy amable señor- dijo Aitana, cuando sin darse cuenta, una de las agujas se clavó en el dedo del hombre-
- ¡Uy!
- ¡Lo lamento señor, lo lamento mucho! ¡soy una torpe!
- De eso nada, he sido yo, apretando demasiado una labor inacabada -respondió con soltura mientras introducía su dedo en la boca para eliminar la gota de sangre que había brotado-
Aitana temblaba sólo pensando en las terribles consecuencias que el accidente podría tener para su empleo, si aquel joven lo comentaba con su madre, pero se tranquilizó cuando él se acercó, tomó sus manos y mirándole directamente a los ojos, le aseguró que no tenía nada por lo que preocuparse. Ese instante, ese encuentro de ojos, el suave contacto de la piel, sirvió para que un segundo perdurara en sus corazones para siempre. Ruborizada, Aitana bajo la vista y continuó trabajando. Él, que no atinaba aún a comprender qué le había sucedido para que su corazón bombeara a toda velocidad, abandonó la estancia con gran turbación y no pudo borrar a la joven de su mente durante el resto del día. En los sucesivos, Zacarías, se las apañó, para encontrar buenas excusas para subir a visitar a la joven. Pasadas unas semanas, charlaban con tanta familiaridad como si se conocieran desde siempre y pertenecieran al mismo mundo. Era viernes y Aitana se apresuraba por terminar el último de los vestidos, cuando la puerta se abrió y su rostro se iluminó por una amplia sonrisa. Zacarías, se aproximó tendiéndole una radiante rosa de color rojo vivo, ella la recogió con dulzura y entonces se fundieron en un beso dulce y largo que terminó con un grito espeluznante a sus espaldas.
- ¡Zacarías! ¡Qué estás haciendo! ¿No te das cuenta que es una simple doncella?
- Madre, yo la quiero y deseo casarme con ella
- ¡Fuera de aquí desvergonzada!
- ¡Madre! ¡ya basta!

Aitana huyó despavorida por las terribles consecuencias que todo aquello podría tener para ambos, pero siendo consciente de que la más perjudicada, sería sin duda, ella misma, la humilde bordadora, acusada de seducir al rico heredero. Poco después Zacarías apareció en casa de Aitana, donde esta era consolada por su hermano mayor y la reacción de la familia no fue más suave.
- ¡Largo de aquí señorito embaucador! ¡no se te ocurra volver a acercarte a mi hermana!
Desesperados, consiguieron quedar en un claro del bosque pasados unos días, con la firme intención de despedirse para siempre. Sin embargo, el fuego se había encendido y ardía con tanta fuerza que nada podía hacerse ya para apagarlo. Decidieron fugarse. En dos noches, se encontrarían en ese mismo lugar.
La madre de Zacarías, había decidido tomar todas las medidas necesarias para evitar cualquier "locura" de su hijo, así que no le fue difícil encargar a uno de los empleados que se convirtiera en la sombra del chico y enterarse de los planes de la pareja. Con frialdad y rapidez, contactó con una hechicera que vivía en los alrededores y le encargó un conjuro para desenamorar al chico y matar a la estúpida aldeana.
La bruja, era una mujer triste, de piel raída por los años y la soledad y asintió obediente ante la petición de tan elegante dama. Sin embargo, su alma había padecido el sufrimiento de un amor imposible y no estaba dispuesta a permitir que aquella mujer gélida se saliera con la suya. Preparó la pócima y se ocultó en el bosque a la hora convenida. La pareja hizo su aparición y tras ella, la madre y su fiel esbirro, dispuestos a confirmar que sus órdenes se ejecutaban con precisión. En lugar de eso, las mágicas manos de la anciana, vertieron el mejunje por encima de sus cabezas, ante los atónitos ojos de los enamorados, mientras pronunciaba con voz rotunda y solemne las palabras mágicas "yo os regalo la libertad de las aves ¡qué así sea!"
La transformación se produjo de forma vertiginosa. Los cuerpos de la señora y el criado se encogieron, se curvaron, se tornaron de un color gris plateado, se cubrieron de plumas y su boca se alargó, transformándose en un potente pico de color anaranjado.
-¡¿Gaviotas?!
- Sí muchachos, no estaba dispuesta a permitir que una vieja amargada arruinara un amor tan puro. Estos dos, ya no molestarán más. Nunca recordarán que algún día fueron humanos. Anidarán entre las rocas de los acantilados, vivirán felices mirando al mar. Tendrán como aves, la libertad que sus prejuicios les negaron. Así que vosotros, hacedme un favor y... ¡Disfrutad!


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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