No os perdáis nuestro reportaje publicitario y las fotografías de la sesión de novias, realizada por Fotografía Edurne Iza, hace pocas semanas. Os invitamos a disfrutar de las fotos destacadas de la sesión y el artículo completo en http://www.edurneiza.com/novias.htmlReportaje publicitario - Vestidos de Novia
No os perdáis nuestro reportaje publicitario y las fotografías de la sesión de novias, realizada por Fotografía Edurne Iza, hace pocas semanas. Os invitamos a disfrutar de las fotos destacadas de la sesión y el artículo completo en http://www.edurneiza.com/novias.htmlLa Foto del día: 27-10-2011 "Yo os regalo la libertad de las aves"
La historia se repite cada cierto tiempo. No importa el país, ni la época. Siempre hay alguna pareja que sufre, por cometer el pecado de enamorarse perteneciendo a clases sociales diferentes, a mundos opuestos. Nuestros protagonistas de hoy, pagaron un precio muy elevado por su amor. Ella era una humilde campesina que pasaba las horas bordando vestidos para la señora de la casa donde servía. Él, el hijo de la dueña, un apuesto joven heredero de una fortuna incalculable, cuyo corazón, latía ajeno a los intereses económicos, a las exigencias de la alta sociedad.
Como siempre en estos casos, el amor surgió de forma casual, porque cuando dos almas están destinadas a encontrarse, siempre hay un motivo, una excusa para que prenda la mecha. Corría un lluvioso mes de Marzo, Aitana se afanaba en terminar el vestuario veraniego de la señora. Faltaban pocos días para el inicio oficial de la primavera y era la fecha límite que había recibido para entregar su labor. Trabajaba en una buhardilla de la casa, junto a una pequeña ventana que ofrecía un buen chorro de luz al delicado trabajo. La puerta de su taller se abrió y un joven apuesto y elegante hizo su aparición. Era Zacarías, el hijo de la señora. Aitana, sabía quién era porque, desde su encierro en la parte alta de la casa, le había visto en más de una ocasión, pasear por los jardines de la finca.
- Disculpe ¿ha visto a mi madre?
- Lo lamento, no he visto a la señora en toda la mañana
- Vaya, continuaré buscándole. Si apareciera por aquí, por favor, indíquele que le busco
- Si señor, así lo haré
-¡Caramba! qué labor más delicada está realizando, no me extraña que mi madre ponga en sus manos las prendas más finas para bordar -dijo mientras se acercaba a la joven y extendía la mano para tomar el tejido-
- Es usted muy amable señor- dijo Aitana, cuando sin darse cuenta, una de las agujas se clavó en el dedo del hombre-
- ¡Uy!
- ¡Lo lamento señor, lo lamento mucho! ¡soy una torpe!
- De eso nada, he sido yo, apretando demasiado una labor inacabada -respondió con soltura mientras introducía su dedo en la boca para eliminar la gota de sangre que había brotado-
Aitana temblaba sólo pensando en las terribles consecuencias que el accidente podría tener para su empleo, si aquel joven lo comentaba con su madre, pero se tranquilizó cuando él se acercó, tomó sus manos y mirándole directamente a los ojos, le aseguró que no tenía nada por lo que preocuparse. Ese instante, ese encuentro de ojos, el suave contacto de la piel, sirvió para que un segundo perdurara en sus corazones para siempre. Ruborizada, Aitana bajo la vista y continuó trabajando. Él, que no atinaba aún a comprender qué le había sucedido para que su corazón bombeara a toda velocidad, abandonó la estancia con gran turbación y no pudo borrar a la joven de su mente durante el resto del día. En los sucesivos, Zacarías, se las apañó, para encontrar buenas excusas para subir a visitar a la joven. Pasadas unas semanas, charlaban con tanta familiaridad como si se conocieran desde siempre y pertenecieran al mismo mundo. Era viernes y Aitana se apresuraba por terminar el último de los vestidos, cuando la puerta se abrió y su rostro se iluminó por una amplia sonrisa. Zacarías, se aproximó tendiéndole una radiante rosa de color rojo vivo, ella la recogió con dulzura y entonces se fundieron en un beso dulce y largo que terminó con un grito espeluznante a sus espaldas.
- ¡Zacarías! ¡Qué estás haciendo! ¿No te das cuenta que es una simple doncella?
- Madre, yo la quiero y deseo casarme con ella
- ¡Fuera de aquí desvergonzada!
- ¡Madre! ¡ya basta!
Aitana huyó despavorida por las terribles consecuencias que todo aquello podría tener para ambos, pero siendo consciente de que la más perjudicada, sería sin duda, ella misma, la humilde bordadora, acusada de seducir al rico heredero. Poco después Zacarías apareció en casa de Aitana, donde esta era consolada por su hermano mayor y la reacción de la familia no fue más suave.
- ¡Largo de aquí señorito embaucador! ¡no se te ocurra volver a acercarte a mi hermana!
Desesperados, consiguieron quedar en un claro del bosque pasados unos días, con la firme intención de despedirse para siempre. Sin embargo, el fuego se había encendido y ardía con tanta fuerza que nada podía hacerse ya para apagarlo. Decidieron fugarse. En dos noches, se encontrarían en ese mismo lugar.
La madre de Zacarías, había decidido tomar todas las medidas necesarias para evitar cualquier "locura" de su hijo, así que no le fue difícil encargar a uno de los empleados que se convirtiera en la sombra del chico y enterarse de los planes de la pareja. Con frialdad y rapidez, contactó con una hechicera que vivía en los alrededores y le encargó un conjuro para desenamorar al chico y matar a la estúpida aldeana.
La bruja, era una mujer triste, de piel raída por los años y la soledad y asintió obediente ante la petición de tan elegante dama. Sin embargo, su alma había padecido el sufrimiento de un amor imposible y no estaba dispuesta a permitir que aquella mujer gélida se saliera con la suya. Preparó la pócima y se ocultó en el bosque a la hora convenida. La pareja hizo su aparición y tras ella, la madre y su fiel esbirro, dispuestos a confirmar que sus órdenes se ejecutaban con precisión. En lugar de eso, las mágicas manos de la anciana, vertieron el mejunje por encima de sus cabezas, ante los atónitos ojos de los enamorados, mientras pronunciaba con voz rotunda y solemne las palabras mágicas "yo os regalo la libertad de las aves ¡qué así sea!"
La transformación se produjo de forma vertiginosa. Los cuerpos de la señora y el criado se encogieron, se curvaron, se tornaron de un color gris plateado, se cubrieron de plumas y su boca se alargó, transformándose en un potente pico de color anaranjado.
-¡¿Gaviotas?!
- Sí muchachos, no estaba dispuesta a permitir que una vieja amargada arruinara un amor tan puro. Estos dos, ya no molestarán más. Nunca recordarán que algún día fueron humanos. Anidarán entre las rocas de los acantilados, vivirán felices mirando al mar. Tendrán como aves, la libertad que sus prejuicios les negaron. Así que vosotros, hacedme un favor y... ¡Disfrutad!
Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 26-10-2011 "El pensador flotante"
Cuando era pequeño, mi madre siempre me decía que "andaba en las nubes", que no se podía estar siempre abstraído "pensando en las musarañas". Y es que ya desde niño, me fascinaba la observación, el análisis de mi entorno y de la realidad que mis ojos percibían.
Nunca me atrevería a discutir sobre términos como realidad o verdad, de otro modo que no fuera con cierta relatividad. Al fin y al cabo, quién soy yo, quiénes somos cualquiera de nosotros, para decidir que una idea o pensamiento, sean ciertas para otra persona, con diferente cultura, ideología o escala de valores. Este tipo de razonamientos, eran los que me atribuían la etiqueta de soñador. Para la inmensa mayoría yo era un ser lejano, con ideas extravagantes y sobretodo... Muy aburrido. Cierto día, decidí pasear por el puerto, era primavera y la temperatura era muy agradable. El sol flotaba en el horizonte, otorgando al cielo bellos matices anaranjados y rosados. Caminaba con la cabeza elevada, disfrutando del bello panorama y las manos entrelazadas a la espalda, cuando si darme cuenta, choqué con una mujer:
- ¡Disculpe, qué torpeza la mía! ¿se encuentra bien? -dije mientras reparaba en la belleza de sus ojos-
- No se preocupe, estoy bien, no ha sido nada.
- Déjeme al menos invitarla a un café
- Bueno, la verdad es que no se...
- Mire, ahí mismo hay una cafetería
- De acuerdo ¿por qué no?
Nos sentamos en una mesita en la terraza y comenzamos de forma inesperada una larga charla. La mujer, Griselda, parecía disfrutar de la conversación y sin darnos a penas cuenta, pasaron las horas y las palabras. La sintonía era tal, que ninguno de los dos teníamos la fuerza necesaria para dar por finalizada la conversación. Finalmente y con sutileza, lancé un "¡Caramba qué tarde es!" y nos despedimos, asegurando que volveríamos a vernos por la zona y a disfrutar, por qué no, de una conversación tan animada como la de aquella tarde.
Pocos días después, regresé a la zona y allí estaba ella, de nuevo dispuesta a intercambiar comentarios, anécdotas, vivencias, reflexiones... Repetimos nuestros encuentros, que cada vez eran más frecuentes, hasta que un día quise dar un paso adelante en nuestra relación. Le planteé ir a cenar y quizá después, tomar una copa en mi casa. Era evidente que la atracción física era mutua, que disfrutábamos pasando tiempo juntos. En nuestras conversaciones, ella nunca mencionó esposo ni hijos y yo, hacía varios meses que no tenía pareja... ¿Por qué no intentarlo?. Ante mi propuesta, Griselda se mostró nerviosa, respondió con evasivas. "Es difícil" "no sé si será posible" "quizá otro día". Nos despedimos y me dirigí a casa con un regusto amargo. Con la extraña sensación de que me estaba perdiendo algo. Regresé al día siguiente y al otro. Volví a nuestro punto de encuentro cada tarde durante semanas y Griselda nunca apareció. Justo un año después de nuestro primer encuentro, la tristeza de no comprender qué había sucedido, inundaba mi corazón. Había repasado mentalmente, cientos de veces nuestras conversaciones, intentando detectar qué fue lo que le hizo desaparecer. Me senté en un banco, observando la caída del sol. De pronto, me fijé en una figura que flotaba sobre las tranquilas aguas del puerto. Era la figura de un hombre, de color blanco. con la cabeza hacia arriba y las manos cruzadas en la espalda. ¡Era una representación de mi mismo, el día en que nos conocimos!. No pude evitar el impulso y me lancé al agua, intentando acercarme a la escultura. Con la esperanza de descubrir algo que me acercara a Griselda. Cuando estuve junto al hombre, en la zona que servía de base a la estructura, pude ver la firma de la autora. Griselda, claro está. La obra se llamaba "El pensador flotante". Algo más arriba había un sobre con un rótulo negro que indicaba "Ábrelo". Tomé el sobre entre los dientes y nadé hasta el muelle. ante los atónitos ojos de los caminantes, me senté empapado en un banco y con evidente nerviosismo, abrí el sobre, extraje la larga carta contenida en él y comencé a leer con avidez. Descubrí que Griselda, había sido una afamada escultora venida a menos. Sus obras, aclamadas en otro tiempo, habían sido consideradas subversivas por hacer una mordaz crítica a determinados políticos y personajes influyentes. Pronto se encargaron de eliminar del panorama público a la escultora, que fue perdiendo todos sus clientes, no recibía encargos, su obra era despreciada y fue consumiendo con impotencia sus ahorros hasta verse condenada a vivir en la indigencia. Dormía aquí y allá, comía en comedores sociales y lo poco que ganaba, procedía de unas cuantas clases de escultura que impartía en una organización benéfica dos días por semana, pero era del todo insuficiente para alquilar una vivienda y vivir dignamente. En esas circunstancias y aunque reconocía que yo era el hombre con el que le hubiera gustado compartir el resto de su vida... no tuvo el valor de confesar su situación y le resultó más sencillo desaparecer. "Ha pasado un año desde el día en que nos conocimos y necesito que sepas la verdad. He pensado mucho en ello y creo que no es justo permitir que la incertidumbre te corroa. Por eso hoy, he decidido escribirte. Si nuestros paseos me sirvieron para conocerte, y estoy convencida de que así fue, hoy recorrerás melancólico, el muelle en el que nos vimos por primera vez y ésta figura es mi regalo y mi modo de pedirte perdón..."
No pude contener el llanto y me prometí que la encontraría. Tenía varias pistas y decidí comenzar por los comedores de beneficencia. Tardé tres días y cuando casi comenzaba a perder la esperanza... La encontré. Cabizbaja frente a un plato de sopa, pensativa, triste y sola.
- Griselda... -musité-
Ella alzó la mirada y pude detectar una mezcla de vergüenza y alegría en sus ojos. La tomé entre mis brazos y la besé con pasión infinita. Salimos del local y caminamos sin rumbo durante horas. Los pies nos llevaron a nuestro muelle donde contemplamos la bella escultura, mientras alternábamos besos y palabras con la misma intensidad.
- Buscaremos la solución, Griselda.
- No hay solución, nadie se atreverá a contradecir a las altas esferas...
- Si la hay -dije con determinación y saqué del bolsillo unos billetes de avión, que puse en sus manos-
- ¡Nueva Zelanda!
- Si, el país de la nube blanca
- Romper con todo, una nueva vida
- Juntos, para siempre. Te amo, mi escultora de realidades
- Te amo, mi pensador flotante
Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 25-10-2011 "Informadores deportivos"
Ser informador deportivo, conlleva una serie de peculiaridades, que no siempre son fáciles de traducir en un trabajo profesional y de alta calidad. El público desea, y más hoy en día, recibir la información en directo, con los comentarios técnicamente adecuados y capaces de transmitir la emoción propia de la competición.
Las primeras agencias dedicadas con exclusividad a cubrir acontecimientos deportivos, surgieron en las décadas de los 50 y 60 del pasado siglo XX. Nació entonces toda una gama de profesionales dedicados a esta vertiente del periodismo y comenzaron a hacerse populares fotorreporteros como Tony Duffy, que fue el fundador de la agencia londinense AllSport. Duffy, será recordado además, por las increíbles instantáneas tomadas durante los juegos Olímpicos de México en 1968, cuando captó el vuelo de Bob Beamon hacia su récord mundial de salto de longitud, que quedó imbatible durante casi 23 años en 8.90 metros. Esta toma, le procuró a Duffy una inmensa fortuna y le atribuyó el mérito de ser el creador de las llamadas "imágenes gancho".
Sin embargo, las primeras incursiones aún sin la especialización del AllSport, de la prensa en asuntos deportivos, se remontan ya al 1908, cuando un flamante Arthur ConanDoyle, en misión especial para el Daily Mail, tuvo el honor de desplazarse al White City Stadium, para cubrir las finales de la prueba de maratón en los primeros juegos olímpicos de la edad moderna. El italiano Dorando Pietri, sufrió un colapso ante la línea de meta, lo que le impidió ganar la medalla. Sin embargo, tal fue la campaña pública, liderada por Doyle, que consiguió que la reina Alejandra, entregara una copa especial de plata al desconsolado Pietri. Esta fue tan sólo una pequeña muestra, de la influencia que los expertos en espectáculos deportivos estaban por adquirir.
Ya en nuestros días, sabemos que hay programas radiofónicos, diarios deportivos e incluso semanarios televisivos, con audiencias masivas. Millones de personas, adictas a los comentarios y crónicas de unos profesionales que baten récords.
Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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