La Foto del día: 24-10-2011 "Ni un pelo de tonto"

Edurne Iza, Ni un pelo de tonto

Estaba disfrutando de un espectáculo de acrobacias aéreas. El día era perfecto. Soleado, cálido y sin una sola nube molestando en el cielo. Dos avionetas de color anaranjado, se cruzaban en el aire, dejando tras de sí, estelas de humo que dibujaban su recorrido, subían y bajaban en picado, simulaban un choque en pleno vuelo y realizaban piruetas imposibles. El público estaba relajado, observando la magnífica exhibición. Su posición era perfecta, no sólo para no perderse el más mínimo detalle, si no para poder desempeñar su misión sin ser descubierto. Hacía un par de años que trabajaba para el servicio de espionaje químico-biológico. No es extraño que no hayáis oído hablar de él, puesto que su existencia forma parte de uno de los secretos mejor guardados de la mayoría de las naciones. Su labor, consistía en pasar desapercibido para poder obtener una determinada información, entregar un mensaje o incluso, en ocasiones, "persuadir" a alguien para ocultar un descubrimiento, que sus superiores consideraban perjudicial para el equilibrio de la humanidad. Para que me entendáis, estos descubrimientos, a menudo, estaban relacionados con fórmulas químicas, vacunas milagrosas o cualquier avance científico, que pudiera arruinar el negocio de más de un avaricioso empresario.
Hacía tiempo que quería dejarlo. No intentaré haceros creer que le remordía la conciencia. La verdad es que llevaba los suficientes años en el "negocio", como para saber cuándo algo no iba bien. Tenía indicios suficientes para saber, que la seguridad de la organización estaba comprometida y muy pronto dejaría de existir, tal y como él la conocía. Eso podía implicar una decisión drástica de sus superiores, que no estaba dispuesto a esperar obedientemente. Era el momento de desaparecer. De aprovechar los jugosos beneficios que había obtenido, durante sus más de veinte años de servicio y retirarse a disfrutar, en algún paraíso estratégicamente olvidado. En esta ocasión, se le había encargado localizar entre los asistentes al espectáculo, a un alto mandatario de una nación de las denominadas emergentes. Se encontraba de visita en Europa, ya que estaba punto de dar a conocer al mundo, el increíble descubrimiento de un equipo de investigadores de su país. Se trataba de una fórmula química capaz de elaborar de modo artificial diamantes más perfectos, cristalinos y robustos, que los que otorga la propia naturaleza. Era evidente, que había muchas personas, de impecable reputación, a las que no les interesaba que sus tan bien guardados y tan mal conseguidos stocks de brillantes, pasaran de valer millones, a ser considerados como simples baratijas. Habían sido capaces de manchar sus manos, con la sangre de muchos inocentes, para conseguir mantener en los mercados de valores el elevado coste de las piedras y ahora no estaban dispuestos a que un grupo de mentecatos idealistas, arruinara su negocio. Como parte de la agenda de actividades durante su visita, se encontraba la asistencia a la exhibición aérea, así que debía identificarlo entre la muchedumbre, conseguir que le acompañara y convencerlo de que no hiciera pública la fórmula. Sus instrucciones eran claras: "no importa los métodos que deba utilizar". Se acercó al objetivo, y comenzó a hablar con él. No parecía que acabaran de conocerse

- Ha tardado usted mucho, llegué a pensar que no aparecería
- Sólo esperaba el momento adecuado, no deje de sonreír por favor. Señale los aviones, finja que comentamos algo del vuelo. Luego cambie su gesto, fingiré que le encañono con una pistola por debajo de la gabardina. Piense que estoy apuntando a sus costillas,
- Claro...
- Ahora avance en la dirección que le marco con mi paso y recuerde, rostro de angustia

Avanzaron entre los despistados asistentes al acto y pronto se hubieron alejado lo suficiente. Se aproximaron a los muelles donde hidroaviones y helicópteros de salvamento, esperaban su turno para participar. Se instalaron en la cabina de uno de los aviones contraincendios. Verificaron la sujeción de sus arneses y acto seguido, el piloto tomó vuelo. Realizaron diferentes ejercicios ante los ojos fascinados del público que no cesó de aplaudir ni un momento. Una vez hubieron acabado, la aeronave giró y desapareció en el horizonte. No se reunió con el resto de aparatos, y aprovechó los primeros minutos de desconcierto para alejarse hasta cruzar la frontera norte. Allí, el político fue abandonado, fingiendo haber sido agredido, nuestro protagonista recibió la última y sustanciosa recompensa y subió a un avión hospital, donde un reconocido cirujano plástico le esperaba para cambiar su rostro y sus huellas dactilares. En pocas horas, comenzaría su nueva vida. Al despedirse cruzaron unas breves palabras:

- Permítame que le pregunte ¿por qué ahora? ¿qué le ha llevado a retirarse?
- Señor mío, no es que me haya vuelto honrado de pronto -afirmó con una sonrisa cínica- es que un jugador inteligente, debe saber cuándo retirarse y yo, como mi brillante calva anuncia, no tengo un pelo de tonto.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.

La Foto del día: 23-10-2011 "Stand up Paddle, SUP"

Edurne Iza, Stand up Paddle, SUP
Cuando aquel verano decidí pasar mis vacaciones en Fuerteventura, jamás hubiera imaginado, lo mucho que mi vida estaba a punto de cambiar. Siempre había sido delgado, pero debo reconocer que más bien sedentario. De hecho, a pesar de que muchos amantes de los deportes náuticos escogen la isla, como un paraíso para disfrutar de sus hobbies, en mi caso buscaba tan sólo relax, sol y naturaleza en estado puro. En resumen, desconectar del estrés que invadía mi vida de ejecutivo urbanita. Llegué al hotel y quedé maravillado por la amabilidad del personal, la luminosidad y espacio de las habitaciones. La primera tarde la dediqué a inspeccionar los servicios y las instalaciones. Tenía casi tres semanas por delante y decidí aprovecharlas al máximo. Esa noche decidí cenar en el hotel y degustar la deliciosa cocina guanche que ofrecía uno de los restaurantes. Al retirarme a descansar, pensando en continuar devorando páginas del libro que me acompañaba en el viaje, me detuve en recepción para recoger la llave de la habitación. Entonces, la empleada, con gran diligencia me ofreció el catálogo de actividades y excursiones que el propio hotel ofrecía a sus huéspedes. Tomé el folleto y decidí hojearlo antes de dormir. Me sorprendió una actividad, para mi desconocida, "stand up paddle", estaba ilustrado por una imagen que mostraba a una especie de surfista, que de pie sobre su tabla, avanzaba con la ayuda de un remo. Despertó mi curiosidad así que a la mañana siguiente, tras un abundante y variado desayuno, me encaminé al centro deportivo y decidí informarme. Me atendió un joven con el pelo algo largo, rubio y digno de aparecer en un vídeo clip  de los Beach Boys, su aspecto fornido y típico de quien ha nacido con la tabla bajo el brazo, estaba a punto de disuadirme en el intento, cuando apareció ella. Me pareció muy hermosa, pero llamó mi atención, que vestida con traje y zapatos de tacón, podía perfectamente haber pasado por cualquiera de mis compañeras de trabajo. Quiero decir, que no parecía una deportista si no una persona normal. Eso, junto al magnetismo de su belleza me hicieron escuchar un poco más. Ella, me dedicó una amplia sonrisa y preguntó si podía ayudarme. A partir de ese momento, comencé a ignorar al guaperas y dirigí toda mi atención a la joven, que resultó ser Gabriela, la monitora de stand up paddle, o sea de SUP. Le expliqué que no era un gran deportista, en realidad, no ejercitaba mis músculos con asiduidad pero que me había resultado curioso este deporte y me apetecía aprender algo nuevo. Ella se entusiasmó, me indicó que esa misma tarde comenzaba a dar clases a otros tres principiantes y me invitó a unirme al grupo con tanta naturalidad, que no pude decir que no. Así que allí estaba yo, con mi bañador de marca azul marino y sin saber por dónde comenzar. Pasados unos minutos, me animé al ver que gracias a las técnicas que nos mostraba Gabriela, conseguía mantener el equilibrio sobre la tabla. Al final de la primera clase, había aprendido ya algunos movimientos y trucos básicos y me sentí realmente feliz. Varios días después, cuando el curso básico finalizó, Gabriela me anunció que no podría seguir impartiéndome clases, puesto que no se había conseguido grupo para el siguiente nivel. No quería dejar de practicar aquella maravilla que transportaba mi mente lejos de los despachos llenos de guerras económicas en los que viviría sumergido el resto del año. Tampoco deseaba perder a Gabriela, había notado alguna mirada intensa de la joven y estaba convencido de que podía tener la oportunidad de invitarla a cenar alguna noche, así que le propuse contratarla como profesora particular, durante el resto de mis vacaciones. Ella accedió y desde aquel momento pasábamos juntos la mayor parte del día. Pronto mis sospechas se confirmaron y salimos a cenar, luego a comer, de paseo, a bailar... Y antes de darnos cuenta, yo había dormido más noches en su casa que en la preciosa habitación del resort. Quedaban pocos días para mi regreso a la realidad de la gran ciudad y sin poder evitarlo, entré en un proceso de análisis de mi propia existencia. Comencé a realizarme preguntas que nunca antes se me habían pasado por la mente, como ¿eres feliz? ¿en realidad, te gusta tu trabajo? ¿es tu objetivo en la vida continuar haciendo cada día lo mismo? ¿manteniendo las mismas estúpidas discusiones con tus jefes? ¿defendiendo los mismos intereses ante los clientes? ¿librando batallas sin sentido con compañeros y subordinados? Cuando resultó que todas las respuestas con las que yo mismo me contestaba fueron un rotundo NO, pensé que me estaba equivocando. Que ese no era en realidad, el camino que yo había deseado recorrer en mi vida. Entonces pensé en las últimas semanas, en la sensación de libertad, de placer en contacto con la naturaleza. Pensé en Gabriela y tomé una decisión.
Han pasado tres años desde aquel verano, Gabriela y yo, regentamos un pequeño negocio de deportes marinos. No nos da para vivir rodeados de lujo, pero sí lo necesario para disfrutar de la comodidad de una bonita casa y del tiempo libre que nos queda para leer, respirar, cocinar, o sencillamente mirar al horizonte.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.

La Foto del día: 22-10-2011 "Kayak"

Edurne Iza, Kayak
El kayak es un tipo de embarcación, que se calcula tiene más de 3.000 años de antigüedad. Los estudiosos afirman, que fueron los habitantes de los pueblos mayas del norte de Yucatán, tabasqueños del norte de México y tribus de Siberia, los primeros en utilizarlas. Existe una controversia con el significado de la palabra kayak, ya que hay quien asegura que quiere decir hombre barca, mientras otros insisten en traducirla como, pedazo de madera flotante. Las civilizaciones que durante siglos han utilizado esta embarcación como medio de transporte, han construido toda una serie de leyendas entorno a ella.
Los esquimales, no permitían a sus hijos su utilización, hasta no haber alcanzado las medidas corporales adultas. Entonces, durante una ceremonia ritual, fabricaban el kayak especialmente y se lo entregaban, con el convencimiento de que lo protegería. Tenían el convencimiento, de que cuando un esquimal no regresaba de cazar o de algún viaje, era por haber utilizado un kayak que no era de su propiedad. Elaboraron también una completa indumentaria, apropiada para soportar las bajas temperaturas, durante su deslizar por las aguas y que conseguía una relativa estanqueidad, para evitar la hipotermia. La mayoría de las prendas estaban confeccionadas con tripas y plumas de pájaro y cubrían buena parte del cuerpo del palista, dejando, de hecho, al descubierto, únicamente su cara. Desarrollaron una completa serie de movimientos de pala, en función de las corrientes y el tipo de aguas que se navegaran, así como una técnica, denominada roll, para adrizarse de forma casi instantánea, en caso de vuelco.
En la actualidad, las embarcaciones se construyen a base de resinas y fibras sintéticas, de vidrio, kevlar o kevlar-carbono, que las hacen más ligeras y seguras. Existe una gran variedad de competiciones deportivas que utilizan el kayak, tanto en río como en mar. Algunas de las más conocidas son: el kayak de río, kayak de mar, kayak de aguas tranquilas, kayak polo, kayak canadiense, kayak de aguas bravas, kayak de slalom... Para desplazarse, utilizan una pala de doble cuchara, que en la mayoría de disciplinas se gira en el aire, de modo que la hoja entre perpendicular al agua y una vez dentro rote para desplazar una mayor cantidad de agua y colaborar al más rápido desplazamiento de la canoa. Apoyando la pala plana sobre la superficie, se consigue mantener el equilibrio de la embarcación y poder de ese modo hacer frente a olas, ráfagas de viento u ondulaciones inesperadas.
En numerosas competiciones acuáticas deportivas, los kayakistas colaboran con los equipos de rescate y salvamento, ya que pueden alcanzar a los nadadores en apuros de forma rápida y desplazarlos hasta la orilla, para su posterior atención por los equipos médicos.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.

La Foto del día: 21-10-2011 "Wild Parachute"

Edurne Iza, Wild Parachute
Siempre me había gustado el riesgo, pero la verdad es que no me había encontrado en la necesidad de llegar al límite para salvar mi vida. La situación más peligrosa en la que había llegado a encontrarme, había sido una bajada sin palos por una montaña nevada y llena de obstáculos, piedras y  árboles. El resultado de tan accidentado descenso, un par de costillas y un tobillo rotos. Sin embargo, todas las habilidades adquiridas durante los años en los que practiqué snowboard, kitesurf, escalada y paracaidismo estaban a punto de convertirse en mi único modo de sobrevivir.
Trabajaba en el aeropuerto, en los mostradores de embarque de una compañía de bajo coste. Mi vida laboral transcurría sin emociones y el contrapunto a tanta monotonía lo ponía lanzándome colina abajo, cabalgando sobre las olas o desafiando a la fuerza de la gravedad. Aquel día comencé temprano, preparando el vuelo de las seis de la mañana. Todo iba perfecto cuando de pronto un hombre joven, que llevaba una pistola, me apuntó con mano temblorosa  y me dijo con voz pausada:
- Haz exactamente lo que te diga y todo irá bien
Tardé unos segundos en comprender lo que estaba sucediendo. Lo observé con los ojos muy abiertos. Vi, que llevaba un bebé en brazos y por extraño que parezca, nadie de entre los cientos de personas que había en el aeropuerto, pareció percatarse de que el hombre, me obligaba a acompañarlo mientras me encañonaba por la espalda. Realicé movimientos lentos, intentando demostrar tranquilidad. Mi captor, pronto detectó que no pasaba por mi mente intentar escapar y esto pareció relajarle un poco. El bebé emitiendo sonidos guturales y regalando sonrisas a su paso, era la tapadera perfecta, nadie se fijaba en otra cosa que no fuera el risueño pequeñuelo. Atravesamos varias salas, pasamos junto a cintas de equipaje, bloques de asientos... y finalmente nos adentramos en la zona de empleados, cruzamos varios pasillos solitarios y salimos a una pequeña pista, destinada a aviones privados y pequeñas avionetas. Subimos a uno de los aparatos, el hombre me obligó entonces a coger a la criatura y se puso al mando de la nave. Contactó con la torre de control, despegamos y comenzamos a elevarnos con rapidez. Pasados unos minutos, me atreví a preguntarle tímidamente qué era lo que pretendía con toda aquella locura.
En un momento de debilidad, me explicó que era profesor de vuelo. La que pilotaba era una avioneta, con la que solía realizar prácticas con sus alumnos La alquilaba a un viejo maestro jubilado, que no llegaba a fin de mes y las ganancias de las clases daban para mantener a ambos,. Hacía seis meses había nacido el bebé, Patrick. Lamentablemente su llegada a este mundo, arrancó la vida de su madre, que falleció durante el parto. Él se hizo cargo de su hijo y continúo trabajando sumido en la tristeza y la añoranza de su amada. Hacía dos semanas, le habían diagnosticado una enfermedad terminal. Le quedaban apenas unos meses de vida. Su máxima angustia consistía en pensar que su pequeño Patrick, crecería huérfano en alguna institución. Que nunca tendría un padre ni una madre que le hablaran de sus raíces, ni de lo mucho que habían deseado su nacimiento, ni le contaran un cuento antes de dormir. No pudo soportarlo, así que decidió emprender un último vuelo, en el que pasaría por encima de las montañas más altas de la zona y saltaría al vació con su hijo en brazos. Evitaría su propia agonía y la infancia incierta del pequeño. Su desquiciado plan, pasaba por secuestrar a alguien a quien pudiera proporcionar los conocimientos básicos y pudiera devolver la avioneta sana y salva a su anciano dueño. Así podría buscar otro profesor a quien alquilar el aparato, ya que de otro modo, se vería obligado a vivir en la indigencia. Intenté persuadirle. Le aseguré que si hacía descender el aparato y desistía de su locura, no le denunciaría y así pensaba hacerlo, pero entonces el hombre, se volvió violento. Me apuntó nuevamente con la pistola y al no mostrarle ningún miedo, se enfureció y se abalanzó sobre mí. Forcejeamos y de algún modo, la puerta lateral del aeroplano se abrió. Ambos quedamos con medio cuerpo colgando hacia el vacío. El avión volaba sin control. Hice esfuerzos por volver a introducirme en la cabina y de pronto vi como aquel infeliz me miraba y caía a toda velocidad. Nunca supe, si resbaló o simplemente abandonó su cuerpo a su suerte. Lo cierto, es que el avión perdía altura y daba tumbos en el aire. Eché un vistazo rápido y encontré el paracaídas, dentro de una gran bolsa de tela, que llevaba en letras rojas, la inscripción,  "Wild Parachute". Muy apropiado, pensé. Encontré también un traje térmico, me lo coloqué con rapidez, cargué al bebé en una pequeña mochila de color naranja y lo colgué de mis hombros asegurándome que todo su cuerpecito quedaba protegido. Lo pensé tan sólo un par de segundos, escogí una zona menos montañosa en la que se divisaba un espeso manto de nieve blanca y salté. El enorme paracaídas blanco se abrió y descendimos con suavidad cayendo sobre la blandura de la nieve. Patrick lloraba angustiado. Lo tomé entre mis brazos e hice cuanto pude por consolarlo. Caminamos durante varias horas hasta llegar a un pueblecito donde nos acogieron con gran amabilidad. Ése día cambió mi vida. Dejé de arriesgar la piel por simple placer y me convertí en padre soltero. De algún modo, me sentía responsable de Patrick. La mirada de su padre cayendo al vacío me atormentaba. Traduje aquellos ojos sin esperanza en un grito de socorro. En una súplica para  que me hiciera cargo del pequeño. Y lo hice y lo crié con amor y ternura y aunque maquillé un poco la realidad, siempre le hablé de sus raíces y cada noche me tuvo en la cabecera de su cama para contarle un cuento.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.