La Foto del día: 23-10-2011 "Stand up Paddle, SUP"

Edurne Iza, Stand up Paddle, SUP
Cuando aquel verano decidí pasar mis vacaciones en Fuerteventura, jamás hubiera imaginado, lo mucho que mi vida estaba a punto de cambiar. Siempre había sido delgado, pero debo reconocer que más bien sedentario. De hecho, a pesar de que muchos amantes de los deportes náuticos escogen la isla, como un paraíso para disfrutar de sus hobbies, en mi caso buscaba tan sólo relax, sol y naturaleza en estado puro. En resumen, desconectar del estrés que invadía mi vida de ejecutivo urbanita. Llegué al hotel y quedé maravillado por la amabilidad del personal, la luminosidad y espacio de las habitaciones. La primera tarde la dediqué a inspeccionar los servicios y las instalaciones. Tenía casi tres semanas por delante y decidí aprovecharlas al máximo. Esa noche decidí cenar en el hotel y degustar la deliciosa cocina guanche que ofrecía uno de los restaurantes. Al retirarme a descansar, pensando en continuar devorando páginas del libro que me acompañaba en el viaje, me detuve en recepción para recoger la llave de la habitación. Entonces, la empleada, con gran diligencia me ofreció el catálogo de actividades y excursiones que el propio hotel ofrecía a sus huéspedes. Tomé el folleto y decidí hojearlo antes de dormir. Me sorprendió una actividad, para mi desconocida, "stand up paddle", estaba ilustrado por una imagen que mostraba a una especie de surfista, que de pie sobre su tabla, avanzaba con la ayuda de un remo. Despertó mi curiosidad así que a la mañana siguiente, tras un abundante y variado desayuno, me encaminé al centro deportivo y decidí informarme. Me atendió un joven con el pelo algo largo, rubio y digno de aparecer en un vídeo clip  de los Beach Boys, su aspecto fornido y típico de quien ha nacido con la tabla bajo el brazo, estaba a punto de disuadirme en el intento, cuando apareció ella. Me pareció muy hermosa, pero llamó mi atención, que vestida con traje y zapatos de tacón, podía perfectamente haber pasado por cualquiera de mis compañeras de trabajo. Quiero decir, que no parecía una deportista si no una persona normal. Eso, junto al magnetismo de su belleza me hicieron escuchar un poco más. Ella, me dedicó una amplia sonrisa y preguntó si podía ayudarme. A partir de ese momento, comencé a ignorar al guaperas y dirigí toda mi atención a la joven, que resultó ser Gabriela, la monitora de stand up paddle, o sea de SUP. Le expliqué que no era un gran deportista, en realidad, no ejercitaba mis músculos con asiduidad pero que me había resultado curioso este deporte y me apetecía aprender algo nuevo. Ella se entusiasmó, me indicó que esa misma tarde comenzaba a dar clases a otros tres principiantes y me invitó a unirme al grupo con tanta naturalidad, que no pude decir que no. Así que allí estaba yo, con mi bañador de marca azul marino y sin saber por dónde comenzar. Pasados unos minutos, me animé al ver que gracias a las técnicas que nos mostraba Gabriela, conseguía mantener el equilibrio sobre la tabla. Al final de la primera clase, había aprendido ya algunos movimientos y trucos básicos y me sentí realmente feliz. Varios días después, cuando el curso básico finalizó, Gabriela me anunció que no podría seguir impartiéndome clases, puesto que no se había conseguido grupo para el siguiente nivel. No quería dejar de practicar aquella maravilla que transportaba mi mente lejos de los despachos llenos de guerras económicas en los que viviría sumergido el resto del año. Tampoco deseaba perder a Gabriela, había notado alguna mirada intensa de la joven y estaba convencido de que podía tener la oportunidad de invitarla a cenar alguna noche, así que le propuse contratarla como profesora particular, durante el resto de mis vacaciones. Ella accedió y desde aquel momento pasábamos juntos la mayor parte del día. Pronto mis sospechas se confirmaron y salimos a cenar, luego a comer, de paseo, a bailar... Y antes de darnos cuenta, yo había dormido más noches en su casa que en la preciosa habitación del resort. Quedaban pocos días para mi regreso a la realidad de la gran ciudad y sin poder evitarlo, entré en un proceso de análisis de mi propia existencia. Comencé a realizarme preguntas que nunca antes se me habían pasado por la mente, como ¿eres feliz? ¿en realidad, te gusta tu trabajo? ¿es tu objetivo en la vida continuar haciendo cada día lo mismo? ¿manteniendo las mismas estúpidas discusiones con tus jefes? ¿defendiendo los mismos intereses ante los clientes? ¿librando batallas sin sentido con compañeros y subordinados? Cuando resultó que todas las respuestas con las que yo mismo me contestaba fueron un rotundo NO, pensé que me estaba equivocando. Que ese no era en realidad, el camino que yo había deseado recorrer en mi vida. Entonces pensé en las últimas semanas, en la sensación de libertad, de placer en contacto con la naturaleza. Pensé en Gabriela y tomé una decisión.
Han pasado tres años desde aquel verano, Gabriela y yo, regentamos un pequeño negocio de deportes marinos. No nos da para vivir rodeados de lujo, pero sí lo necesario para disfrutar de la comodidad de una bonita casa y del tiempo libre que nos queda para leer, respirar, cocinar, o sencillamente mirar al horizonte.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.

La Foto del día: 22-10-2011 "Kayak"

Edurne Iza, Kayak
El kayak es un tipo de embarcación, que se calcula tiene más de 3.000 años de antigüedad. Los estudiosos afirman, que fueron los habitantes de los pueblos mayas del norte de Yucatán, tabasqueños del norte de México y tribus de Siberia, los primeros en utilizarlas. Existe una controversia con el significado de la palabra kayak, ya que hay quien asegura que quiere decir hombre barca, mientras otros insisten en traducirla como, pedazo de madera flotante. Las civilizaciones que durante siglos han utilizado esta embarcación como medio de transporte, han construido toda una serie de leyendas entorno a ella.
Los esquimales, no permitían a sus hijos su utilización, hasta no haber alcanzado las medidas corporales adultas. Entonces, durante una ceremonia ritual, fabricaban el kayak especialmente y se lo entregaban, con el convencimiento de que lo protegería. Tenían el convencimiento, de que cuando un esquimal no regresaba de cazar o de algún viaje, era por haber utilizado un kayak que no era de su propiedad. Elaboraron también una completa indumentaria, apropiada para soportar las bajas temperaturas, durante su deslizar por las aguas y que conseguía una relativa estanqueidad, para evitar la hipotermia. La mayoría de las prendas estaban confeccionadas con tripas y plumas de pájaro y cubrían buena parte del cuerpo del palista, dejando, de hecho, al descubierto, únicamente su cara. Desarrollaron una completa serie de movimientos de pala, en función de las corrientes y el tipo de aguas que se navegaran, así como una técnica, denominada roll, para adrizarse de forma casi instantánea, en caso de vuelco.
En la actualidad, las embarcaciones se construyen a base de resinas y fibras sintéticas, de vidrio, kevlar o kevlar-carbono, que las hacen más ligeras y seguras. Existe una gran variedad de competiciones deportivas que utilizan el kayak, tanto en río como en mar. Algunas de las más conocidas son: el kayak de río, kayak de mar, kayak de aguas tranquilas, kayak polo, kayak canadiense, kayak de aguas bravas, kayak de slalom... Para desplazarse, utilizan una pala de doble cuchara, que en la mayoría de disciplinas se gira en el aire, de modo que la hoja entre perpendicular al agua y una vez dentro rote para desplazar una mayor cantidad de agua y colaborar al más rápido desplazamiento de la canoa. Apoyando la pala plana sobre la superficie, se consigue mantener el equilibrio de la embarcación y poder de ese modo hacer frente a olas, ráfagas de viento u ondulaciones inesperadas.
En numerosas competiciones acuáticas deportivas, los kayakistas colaboran con los equipos de rescate y salvamento, ya que pueden alcanzar a los nadadores en apuros de forma rápida y desplazarlos hasta la orilla, para su posterior atención por los equipos médicos.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.

La Foto del día: 21-10-2011 "Wild Parachute"

Edurne Iza, Wild Parachute
Siempre me había gustado el riesgo, pero la verdad es que no me había encontrado en la necesidad de llegar al límite para salvar mi vida. La situación más peligrosa en la que había llegado a encontrarme, había sido una bajada sin palos por una montaña nevada y llena de obstáculos, piedras y  árboles. El resultado de tan accidentado descenso, un par de costillas y un tobillo rotos. Sin embargo, todas las habilidades adquiridas durante los años en los que practiqué snowboard, kitesurf, escalada y paracaidismo estaban a punto de convertirse en mi único modo de sobrevivir.
Trabajaba en el aeropuerto, en los mostradores de embarque de una compañía de bajo coste. Mi vida laboral transcurría sin emociones y el contrapunto a tanta monotonía lo ponía lanzándome colina abajo, cabalgando sobre las olas o desafiando a la fuerza de la gravedad. Aquel día comencé temprano, preparando el vuelo de las seis de la mañana. Todo iba perfecto cuando de pronto un hombre joven, que llevaba una pistola, me apuntó con mano temblorosa  y me dijo con voz pausada:
- Haz exactamente lo que te diga y todo irá bien
Tardé unos segundos en comprender lo que estaba sucediendo. Lo observé con los ojos muy abiertos. Vi, que llevaba un bebé en brazos y por extraño que parezca, nadie de entre los cientos de personas que había en el aeropuerto, pareció percatarse de que el hombre, me obligaba a acompañarlo mientras me encañonaba por la espalda. Realicé movimientos lentos, intentando demostrar tranquilidad. Mi captor, pronto detectó que no pasaba por mi mente intentar escapar y esto pareció relajarle un poco. El bebé emitiendo sonidos guturales y regalando sonrisas a su paso, era la tapadera perfecta, nadie se fijaba en otra cosa que no fuera el risueño pequeñuelo. Atravesamos varias salas, pasamos junto a cintas de equipaje, bloques de asientos... y finalmente nos adentramos en la zona de empleados, cruzamos varios pasillos solitarios y salimos a una pequeña pista, destinada a aviones privados y pequeñas avionetas. Subimos a uno de los aparatos, el hombre me obligó entonces a coger a la criatura y se puso al mando de la nave. Contactó con la torre de control, despegamos y comenzamos a elevarnos con rapidez. Pasados unos minutos, me atreví a preguntarle tímidamente qué era lo que pretendía con toda aquella locura.
En un momento de debilidad, me explicó que era profesor de vuelo. La que pilotaba era una avioneta, con la que solía realizar prácticas con sus alumnos La alquilaba a un viejo maestro jubilado, que no llegaba a fin de mes y las ganancias de las clases daban para mantener a ambos,. Hacía seis meses había nacido el bebé, Patrick. Lamentablemente su llegada a este mundo, arrancó la vida de su madre, que falleció durante el parto. Él se hizo cargo de su hijo y continúo trabajando sumido en la tristeza y la añoranza de su amada. Hacía dos semanas, le habían diagnosticado una enfermedad terminal. Le quedaban apenas unos meses de vida. Su máxima angustia consistía en pensar que su pequeño Patrick, crecería huérfano en alguna institución. Que nunca tendría un padre ni una madre que le hablaran de sus raíces, ni de lo mucho que habían deseado su nacimiento, ni le contaran un cuento antes de dormir. No pudo soportarlo, así que decidió emprender un último vuelo, en el que pasaría por encima de las montañas más altas de la zona y saltaría al vació con su hijo en brazos. Evitaría su propia agonía y la infancia incierta del pequeño. Su desquiciado plan, pasaba por secuestrar a alguien a quien pudiera proporcionar los conocimientos básicos y pudiera devolver la avioneta sana y salva a su anciano dueño. Así podría buscar otro profesor a quien alquilar el aparato, ya que de otro modo, se vería obligado a vivir en la indigencia. Intenté persuadirle. Le aseguré que si hacía descender el aparato y desistía de su locura, no le denunciaría y así pensaba hacerlo, pero entonces el hombre, se volvió violento. Me apuntó nuevamente con la pistola y al no mostrarle ningún miedo, se enfureció y se abalanzó sobre mí. Forcejeamos y de algún modo, la puerta lateral del aeroplano se abrió. Ambos quedamos con medio cuerpo colgando hacia el vacío. El avión volaba sin control. Hice esfuerzos por volver a introducirme en la cabina y de pronto vi como aquel infeliz me miraba y caía a toda velocidad. Nunca supe, si resbaló o simplemente abandonó su cuerpo a su suerte. Lo cierto, es que el avión perdía altura y daba tumbos en el aire. Eché un vistazo rápido y encontré el paracaídas, dentro de una gran bolsa de tela, que llevaba en letras rojas, la inscripción,  "Wild Parachute". Muy apropiado, pensé. Encontré también un traje térmico, me lo coloqué con rapidez, cargué al bebé en una pequeña mochila de color naranja y lo colgué de mis hombros asegurándome que todo su cuerpecito quedaba protegido. Lo pensé tan sólo un par de segundos, escogí una zona menos montañosa en la que se divisaba un espeso manto de nieve blanca y salté. El enorme paracaídas blanco se abrió y descendimos con suavidad cayendo sobre la blandura de la nieve. Patrick lloraba angustiado. Lo tomé entre mis brazos e hice cuanto pude por consolarlo. Caminamos durante varias horas hasta llegar a un pueblecito donde nos acogieron con gran amabilidad. Ése día cambió mi vida. Dejé de arriesgar la piel por simple placer y me convertí en padre soltero. De algún modo, me sentía responsable de Patrick. La mirada de su padre cayendo al vacío me atormentaba. Traduje aquellos ojos sin esperanza en un grito de socorro. En una súplica para  que me hiciera cargo del pequeño. Y lo hice y lo crié con amor y ternura y aunque maquillé un poco la realidad, siempre le hablé de sus raíces y cada noche me tuvo en la cabecera de su cama para contarle un cuento.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.


La Foto del día: 20-10-2011 "Pienso... Luego estorbo"

Edurne Iza, Pienso... Luego estorboAsí es señoras y señores. Nos encontramos en una época en la que pensar, parece ser un derecho exclusivo del gran capital. De esos mismos empresarios y políticos, que han hecho recorrer al mundo la senda de la globalización. Los que han conseguido, que determinadas empresas, se conviertan en gigantescos monstruos, capaces de acaparar los mercados internacionales. Quienes han hecho posible, que nuestras ciudades estén salpicadas de centros comerciales, clones unos de otros. En los que entras y resulta muy complicado  distinguir, si se está en Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia, Liverpool, Manchester o Dublin porque se mire hacia donde se mire, se  encuentran las mismas marcas, la misma estética comercial y de producto. Durante algún tiempo, la globalización nos ha cortejado. Muchos han coqueteado con ella, se han dejado engatusar por sus indiscutibles atractivos. Sin embargo, tras la explosión de la burbuja inmobiliaria, la crítica situación de la economía internacional y el empobrecimiento masivo y vertiginoso de gran parte de la población mundial, el virus de la indignación, se propaga de un modo imparable. Resulta, cuando menos curioso, que aquellos que han favorecido la globalización como única forma de entender los negocios, se lleven ahora las manos a la cabeza, al comprobar, que también la indignación puede ser globalizada. La otra cara de la moneda, está representada por aquellos que bebieron los vientos de la bonanza y ahora sufren sus nefastas consecuencias.
En el fondo, la época que nos está tocando vivir, no se diferencia tanto de la feudal. Entonces, los nobles, podían ejercer el derecho de pernada,  ahora hemos evolucionado y se nos permite disfrutar de una relativa comodidad, el tan manido estado del bienestar, pero a cambio, no se nos exige sacrificar el honor y la noche de bodas, si no buena parte de nuestra actividad cerebral. No debemos sacar nuestras propias conclusiones, ni detectar los fallos del sistema. Tan "sólo" comportarnos con obediencia y diligencia. La reivindicación, la protesta o la simple sospecha de que algo no va bien, cuando los bancos obtienen más y más ayudas económicas tras haber cerrado sus ejercicios, con beneficios de cifras indecentes, mientras el ciudadano de a pie pierde sus viviendas, sus puestos de trabajo y no llega a fin de mes, es más que suficiente, para ser considerado individuo molesto.
La foto que os mostramos hoy, fue tomada durante la manifestación celebrada en Barcelona, el pasado domingo día 16 de Octubre y que se repitió, durante ese mismo día, en cientos de ciudades de todo el mundo.
"Pienso... Luego estorbo", es la trágica versión, de la famosa frase de Descartes, que podría resumir la época en que vivimos. Entonces... ¡Estorbemos!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.