La Foto del día: 22-10-2011 "Kayak"

Edurne Iza, Kayak
El kayak es un tipo de embarcación, que se calcula tiene más de 3.000 años de antigüedad. Los estudiosos afirman, que fueron los habitantes de los pueblos mayas del norte de Yucatán, tabasqueños del norte de México y tribus de Siberia, los primeros en utilizarlas. Existe una controversia con el significado de la palabra kayak, ya que hay quien asegura que quiere decir hombre barca, mientras otros insisten en traducirla como, pedazo de madera flotante. Las civilizaciones que durante siglos han utilizado esta embarcación como medio de transporte, han construido toda una serie de leyendas entorno a ella.
Los esquimales, no permitían a sus hijos su utilización, hasta no haber alcanzado las medidas corporales adultas. Entonces, durante una ceremonia ritual, fabricaban el kayak especialmente y se lo entregaban, con el convencimiento de que lo protegería. Tenían el convencimiento, de que cuando un esquimal no regresaba de cazar o de algún viaje, era por haber utilizado un kayak que no era de su propiedad. Elaboraron también una completa indumentaria, apropiada para soportar las bajas temperaturas, durante su deslizar por las aguas y que conseguía una relativa estanqueidad, para evitar la hipotermia. La mayoría de las prendas estaban confeccionadas con tripas y plumas de pájaro y cubrían buena parte del cuerpo del palista, dejando, de hecho, al descubierto, únicamente su cara. Desarrollaron una completa serie de movimientos de pala, en función de las corrientes y el tipo de aguas que se navegaran, así como una técnica, denominada roll, para adrizarse de forma casi instantánea, en caso de vuelco.
En la actualidad, las embarcaciones se construyen a base de resinas y fibras sintéticas, de vidrio, kevlar o kevlar-carbono, que las hacen más ligeras y seguras. Existe una gran variedad de competiciones deportivas que utilizan el kayak, tanto en río como en mar. Algunas de las más conocidas son: el kayak de río, kayak de mar, kayak de aguas tranquilas, kayak polo, kayak canadiense, kayak de aguas bravas, kayak de slalom... Para desplazarse, utilizan una pala de doble cuchara, que en la mayoría de disciplinas se gira en el aire, de modo que la hoja entre perpendicular al agua y una vez dentro rote para desplazar una mayor cantidad de agua y colaborar al más rápido desplazamiento de la canoa. Apoyando la pala plana sobre la superficie, se consigue mantener el equilibrio de la embarcación y poder de ese modo hacer frente a olas, ráfagas de viento u ondulaciones inesperadas.
En numerosas competiciones acuáticas deportivas, los kayakistas colaboran con los equipos de rescate y salvamento, ya que pueden alcanzar a los nadadores en apuros de forma rápida y desplazarlos hasta la orilla, para su posterior atención por los equipos médicos.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 21-10-2011 "Wild Parachute"

Edurne Iza, Wild Parachute
Siempre me había gustado el riesgo, pero la verdad es que no me había encontrado en la necesidad de llegar al límite para salvar mi vida. La situación más peligrosa en la que había llegado a encontrarme, había sido una bajada sin palos por una montaña nevada y llena de obstáculos, piedras y  árboles. El resultado de tan accidentado descenso, un par de costillas y un tobillo rotos. Sin embargo, todas las habilidades adquiridas durante los años en los que practiqué snowboard, kitesurf, escalada y paracaidismo estaban a punto de convertirse en mi único modo de sobrevivir.
Trabajaba en el aeropuerto, en los mostradores de embarque de una compañía de bajo coste. Mi vida laboral transcurría sin emociones y el contrapunto a tanta monotonía lo ponía lanzándome colina abajo, cabalgando sobre las olas o desafiando a la fuerza de la gravedad. Aquel día comencé temprano, preparando el vuelo de las seis de la mañana. Todo iba perfecto cuando de pronto un hombre joven, que llevaba una pistola, me apuntó con mano temblorosa  y me dijo con voz pausada:
- Haz exactamente lo que te diga y todo irá bien
Tardé unos segundos en comprender lo que estaba sucediendo. Lo observé con los ojos muy abiertos. Vi, que llevaba un bebé en brazos y por extraño que parezca, nadie de entre los cientos de personas que había en el aeropuerto, pareció percatarse de que el hombre, me obligaba a acompañarlo mientras me encañonaba por la espalda. Realicé movimientos lentos, intentando demostrar tranquilidad. Mi captor, pronto detectó que no pasaba por mi mente intentar escapar y esto pareció relajarle un poco. El bebé emitiendo sonidos guturales y regalando sonrisas a su paso, era la tapadera perfecta, nadie se fijaba en otra cosa que no fuera el risueño pequeñuelo. Atravesamos varias salas, pasamos junto a cintas de equipaje, bloques de asientos... y finalmente nos adentramos en la zona de empleados, cruzamos varios pasillos solitarios y salimos a una pequeña pista, destinada a aviones privados y pequeñas avionetas. Subimos a uno de los aparatos, el hombre me obligó entonces a coger a la criatura y se puso al mando de la nave. Contactó con la torre de control, despegamos y comenzamos a elevarnos con rapidez. Pasados unos minutos, me atreví a preguntarle tímidamente qué era lo que pretendía con toda aquella locura.
En un momento de debilidad, me explicó que era profesor de vuelo. La que pilotaba era una avioneta, con la que solía realizar prácticas con sus alumnos La alquilaba a un viejo maestro jubilado, que no llegaba a fin de mes y las ganancias de las clases daban para mantener a ambos,. Hacía seis meses había nacido el bebé, Patrick. Lamentablemente su llegada a este mundo, arrancó la vida de su madre, que falleció durante el parto. Él se hizo cargo de su hijo y continúo trabajando sumido en la tristeza y la añoranza de su amada. Hacía dos semanas, le habían diagnosticado una enfermedad terminal. Le quedaban apenas unos meses de vida. Su máxima angustia consistía en pensar que su pequeño Patrick, crecería huérfano en alguna institución. Que nunca tendría un padre ni una madre que le hablaran de sus raíces, ni de lo mucho que habían deseado su nacimiento, ni le contaran un cuento antes de dormir. No pudo soportarlo, así que decidió emprender un último vuelo, en el que pasaría por encima de las montañas más altas de la zona y saltaría al vació con su hijo en brazos. Evitaría su propia agonía y la infancia incierta del pequeño. Su desquiciado plan, pasaba por secuestrar a alguien a quien pudiera proporcionar los conocimientos básicos y pudiera devolver la avioneta sana y salva a su anciano dueño. Así podría buscar otro profesor a quien alquilar el aparato, ya que de otro modo, se vería obligado a vivir en la indigencia. Intenté persuadirle. Le aseguré que si hacía descender el aparato y desistía de su locura, no le denunciaría y así pensaba hacerlo, pero entonces el hombre, se volvió violento. Me apuntó nuevamente con la pistola y al no mostrarle ningún miedo, se enfureció y se abalanzó sobre mí. Forcejeamos y de algún modo, la puerta lateral del aeroplano se abrió. Ambos quedamos con medio cuerpo colgando hacia el vacío. El avión volaba sin control. Hice esfuerzos por volver a introducirme en la cabina y de pronto vi como aquel infeliz me miraba y caía a toda velocidad. Nunca supe, si resbaló o simplemente abandonó su cuerpo a su suerte. Lo cierto, es que el avión perdía altura y daba tumbos en el aire. Eché un vistazo rápido y encontré el paracaídas, dentro de una gran bolsa de tela, que llevaba en letras rojas, la inscripción,  "Wild Parachute". Muy apropiado, pensé. Encontré también un traje térmico, me lo coloqué con rapidez, cargué al bebé en una pequeña mochila de color naranja y lo colgué de mis hombros asegurándome que todo su cuerpecito quedaba protegido. Lo pensé tan sólo un par de segundos, escogí una zona menos montañosa en la que se divisaba un espeso manto de nieve blanca y salté. El enorme paracaídas blanco se abrió y descendimos con suavidad cayendo sobre la blandura de la nieve. Patrick lloraba angustiado. Lo tomé entre mis brazos e hice cuanto pude por consolarlo. Caminamos durante varias horas hasta llegar a un pueblecito donde nos acogieron con gran amabilidad. Ése día cambió mi vida. Dejé de arriesgar la piel por simple placer y me convertí en padre soltero. De algún modo, me sentía responsable de Patrick. La mirada de su padre cayendo al vacío me atormentaba. Traduje aquellos ojos sin esperanza en un grito de socorro. En una súplica para  que me hiciera cargo del pequeño. Y lo hice y lo crié con amor y ternura y aunque maquillé un poco la realidad, siempre le hablé de sus raíces y cada noche me tuvo en la cabecera de su cama para contarle un cuento.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 20-10-2011 "Pienso... Luego estorbo"

Edurne Iza, Pienso... Luego estorboAsí es señoras y señores. Nos encontramos en una época en la que pensar, parece ser un derecho exclusivo del gran capital. De esos mismos empresarios y políticos, que han hecho recorrer al mundo la senda de la globalización. Los que han conseguido, que determinadas empresas, se conviertan en gigantescos monstruos, capaces de acaparar los mercados internacionales. Quienes han hecho posible, que nuestras ciudades estén salpicadas de centros comerciales, clones unos de otros. En los que entras y resulta muy complicado  distinguir, si se está en Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia, Liverpool, Manchester o Dublin porque se mire hacia donde se mire, se  encuentran las mismas marcas, la misma estética comercial y de producto. Durante algún tiempo, la globalización nos ha cortejado. Muchos han coqueteado con ella, se han dejado engatusar por sus indiscutibles atractivos. Sin embargo, tras la explosión de la burbuja inmobiliaria, la crítica situación de la economía internacional y el empobrecimiento masivo y vertiginoso de gran parte de la población mundial, el virus de la indignación, se propaga de un modo imparable. Resulta, cuando menos curioso, que aquellos que han favorecido la globalización como única forma de entender los negocios, se lleven ahora las manos a la cabeza, al comprobar, que también la indignación puede ser globalizada. La otra cara de la moneda, está representada por aquellos que bebieron los vientos de la bonanza y ahora sufren sus nefastas consecuencias.
En el fondo, la época que nos está tocando vivir, no se diferencia tanto de la feudal. Entonces, los nobles, podían ejercer el derecho de pernada,  ahora hemos evolucionado y se nos permite disfrutar de una relativa comodidad, el tan manido estado del bienestar, pero a cambio, no se nos exige sacrificar el honor y la noche de bodas, si no buena parte de nuestra actividad cerebral. No debemos sacar nuestras propias conclusiones, ni detectar los fallos del sistema. Tan "sólo" comportarnos con obediencia y diligencia. La reivindicación, la protesta o la simple sospecha de que algo no va bien, cuando los bancos obtienen más y más ayudas económicas tras haber cerrado sus ejercicios, con beneficios de cifras indecentes, mientras el ciudadano de a pie pierde sus viviendas, sus puestos de trabajo y no llega a fin de mes, es más que suficiente, para ser considerado individuo molesto.
La foto que os mostramos hoy, fue tomada durante la manifestación celebrada en Barcelona, el pasado domingo día 16 de Octubre y que se repitió, durante ese mismo día, en cientos de ciudades de todo el mundo.
"Pienso... Luego estorbo", es la trágica versión, de la famosa frase de Descartes, que podría resumir la época en que vivimos. Entonces... ¡Estorbemos!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 19-10-2011 "La soledad, la escoba y el superhéroe"

Edurne Iza, La soledad, la escoba y el superhéroeRecorro las calles de la ciudad en soledad. De hecho, mi fiel compañía es una escoba de alambres, retorcidos de tanto barrer. En ocasiones, nos sigue un vehículo de limpieza que rueda a pocos metros de distancia resoplando, lanzando chorrillos de agua y aspirando en círculos para mantener limpia la urbe. En nuestro peregrinar diario, pasamos junto a cientos, a miles de personas que caminan con paso firme y decidido, hacia sus lugares de trabajo, a reunirse con la familia o amigos, paseando... Todos esquivan a mi amiga la escoba. La miran como a un objeto algo sospechoso del que hay que permanecer alejado, para no tropezar, para que no rompa las medias panty, porque se cruza obstaculizando el avance... Lo cierto es que ninguno repara en mí. Sus brazos casi rozan los míos al adelantarme, porque ellos siempre van más rápido, pero rara vez dirigen su mirada a mi persona. Soy como un fantasma en la gran ciudad. Cuando me siento solo entre la multitud, dejo volar la imaginación y me traslado a un lugar fantástico, en el que mi escoba tiene poderes y me sirve de transporte. Me lleva aquí y allá y me permite mirar al mundo desde otra perspectiva, no siempre con la cabeza hacia el suelo, sino con una visión panorámica de lo que me rodea. Sueño que descubro durante mi vuelo a damiselas en apuros, a ancianitas que van a ser atracadas, a niños que perdieron su pelota y mi amiga la escoba, me da la oportunidad de ayudarlos a todos. Me convierto en un súper héroe volador, salvador de los desvalidos. He llegado a pensar, que quizá, JK Rowling, fuera barrendera en otra vida, antes que escritora y en sus horas de lento deambular por la metrópoli, ideara las fantásticas aventuras de Harry Potter. Bueno, quizá algún día si sigo imaginando... podría convertirme en "super sweeper", suena bien ¿no?. A ver... otra vuelta de tuerca... "super sweeper, el barrendero salvador". Esta noche cuando llegue a casa, se lo contaré a mi hija Lidia para que se duerma, le encantan los cuentos. En realidad... Quizá así empezó JK Rowling... contando cuentos a sus hijos David Gordon y Mackenzie Jean.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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