La Foto del día: 13-10-2011 "Vudú"

Edurne Iza, Vudú

Cuando éramos niñas, mi tía no quería que nos acercáramos a los acantilados. Temía que pudiéramos resbalar en el terreno poco firme y caer, golpeándonos contra las rocas medio sumergidas. A esa edad, las instrucciones tipo, no te acerques a este o aquel sitio porque es peligroso, no funcionan. Cuánto más prohibido está un lugar más atractivo se torna. Así que nuestra tía, intentó utilizar la imaginación e ideó una táctica un tanto más espeluznante. En lugar de apelar al sentido común, que sabía que no tendríamos, decidió inventar una  curiosa historia acerca de la propiedad construida, al filo de la pared rocosa.
Nos explicó, como aquel que comparte un secreto muy valioso, que en aquella vieja casa, solían desaparecer los niños porque un malévolo brujo que habitaba en ella, utilizaba los cuerpos de los pequeños para hacer figuras que sirvieran como instrumento a la magia negra. De hecho, su inverosímil historia, cobraba realismo en nuestras mentes infantiles, puesto que aprovechaba la curiosa forma de las torretas que engalanaban el lateral de la construcción, para asegurar, que si  nos fijábamos con atención, descubriríamos claramente las siluetas de dos muñecos de vudú.
Mi hermana Clarisa y yo solíamos pasear por el camino que bordeaba la costa desde más arriba, de modo que teníamos una perfecta perspectiva de la finca y nos permitía observar con terror, las siluetas cochambrosas de lo que estábamos seguras, era indicativo de las atrocidades que sucedían a los niños que se acercaban por aquellos lugares. Pensábamos que se quedaban así, con los ojillos diminutos, la boca encogida y los cabellos de punta.
No obstante, pasaron los años y la fuerza de la costumbre, nos volvió confiadas. Éramos casi adolescentes y nos sentíamos poderosas ante cualquier posible peligro. Así que comenzamos a mirar la casa, con más curiosidad que miedo, con más atracción que repulsión. Hasta que un día, sucedió lo inevitable, nos aventuramos a entrar. Nos asomamos por las ventanas y no vimos señal alguna de movimiento. Por uno de los cristales de la parte inferior, que estaba roto, vimos que el interior estaba abandonado, había restos de muebles rotos y escombros por todas partes. La idea de que no hubiera nadie en  la vivienda nos llenó de valor y pensamos que si algún día había vivido allí el brujo, desde luego, había sido hacía mucho tiempo. No fue difícil, encontrar una puerta desvencijada por la que colarnos al interior. Husmeamos por las habitaciones inferiores y nada nos hizo pensar en algo más allá de una vieja casona deshabitada. Pasado un buen rato, subimos a la planta superior. Quedaban restos de lo que habían sido habitaciones. Aún quedaba algún somier oxidado, una vieja cajonera convertida ahora en nido de palomas, restos de hojarascas y desperdicios animales... Estábamos ensimismadas en la inspección cuando escuchamos un ruido procedente de algún lugar más abajo. Sonaba como el chirriar de una puerta de goznes oxidados. Nos miramos petrificadas. Bajamos con mucha cautela los peldaños de piedra hasta llegar a la estancia principal por la que habíamos accedido al interior del edificio. Entonces sonó nuevamente. Esta vez mucho más claro. Nos giramos muy despacio y detectamos una diminuta escalinata, que descendía hacia un sótano, realizando una curva de media luna.Nos asomamos con desconfianza y vimos un destartalado portón de madera que se balanceaba, como si alguien acabara de pasar y lo hubiera dejado basculando. Nos cogimos de la mano y me di cuenta que Clarisa temblaba tanto como yo. Nos miramos armándonos de valor y emprendimos la bajada hacia la estancia inferior. Cuando hubimos cruzado el umbral, la puerta se cerró de un golpe y oímos claramente cómo corría un grueso cerrojo desde el otro lado. Había empezado a oscurecer y la luz tenebrosa que entraba por los diminutos ventanucos, proyectaba sombras espantosas sobre las paredes. Clarisa apretó con fuerza mi mano, mientras señalaba unos objetos en el suelo. Me agaché a comprobarlo... Efectivamente eran muñecos de tela con alfileres clavados. No pude contener el horror y emití un agudo chillido de pánico. Nos abrazamos y comenzamos a gritar pidiendo auxilio. Confiando en que algún caminante escuchara nuestras súplicas y viniera a rescatarnos. Por la rendija inferior vimos una sombra que se acercaba por el exterior, la madera se movía y alguien estaba desplazando el pasador. Contuvimos la respiración, en el preciso instante en que sabíamos que el metal había realizado todo su recorrido y el extraño podría acceder al interior de la sala. La puerta se abrió de un fuerte empujón y al otro lado vimos una figura que nos resultó muy familiar.
- ¡Tía! - gritamos al unísono, con una mezcla de alivio, vergüenza e indignación-
- Espero que aprendáis la lección y no volváis a desobedecerme
Las tres nos apretujamos en un salvador abrazo y juramos no volver a pisar las inmediaciones de la que quedó, definitivamente bautizada, como casa vudú.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 12-10-2011 "Witch & Warlock"

Edurne Iza, Witch & Warlock
Witch y Warlock, eran dos seres muy especiales. Desde niños sufrieron por ser diferentes al resto de los pequeños de su entorno. Mientras la mayoría jugaban con una pelota o al escondite o disfrutaban con juegos de mesa, ellos aprendían a hacer volar una escoba, tomaban destreza con su barita mágica y descifraban conjuros ancestrales. La vida mejoró el día que se conocieron. Witch era una aprendiz de bruja, que recorría el bosque en busca de semillas de almendro, pétalos de azucena, pistilos de amapola... Algunos de los ingredientes necesarios para preparar su primer filtro de amor. Ese mismo día, Warlock, el joven brujo, que acababa de obtener su barita de maestro, paseaba por la zona, intentando hallar raíces de rododendro y pelos de ardilla, que eran los dos últimos ingredientes que faltaban para completar una receta revolucionaria.  Se trataba de un brebaje, capaz de hacer que los humanos sin poderes, no se percataran de las especiales cualidades de los seres que sí los poseían.
Witch se sentó sobre una enorme piedra para mezclar todos los elementos integrantes de su receta de amor. Sólo le faltaba añadir las dos gotas de su propia sangre, que aseguraban que el individuo sobre el que se derramara el mágico líquido, se enamoraría de ella y no de otra persona. Tomó un pequeño tallo de rosal, salpicado de espinas, tan tiernas como afiladas y se infligió un pequeño corte en la yema de su dedo corazón. Presionó la diminuta herida sobre el cuenco de madera, donde reposaba su poción y cuando las dos gotas hubieron caído, revolvió la mezcla y suspiró, pensando, que sólo necesitaba descubrir al candidato perfecto sobre quien probar la destreza de su preparado. En ese instante, apareció Warlock, distraído buscando las raíces de rododendro. No reparó en la piedra, sobre la que descansaba Witch y tropezó sonoramente, haciendo tambalearse a la joven. Durante unos segundos, hicieron malabares con el recipiente que contenía el filtro de amor, intentando evitar que cayera al suelo y finalmente, todo su contenido se vertió por encima del atónito Warlock.
Por un momento, ambos se quedaron inmóviles. Sin saber bien qué hacer o decir. Entonces, Warlock se giró hacia Witch y sus miradas se cruzaron, intercambiando un intenso flujo de dulzura que les ha acompañado desde entonces. La joven confesó a su amado el contenido del líquido, pero Warlock estaba seguro de que su amor, no era fruto de un encantamiento y que estando como estaban, predestinados a encontrarse, su llama se habría encendido de un modo u otro.
El aún inexperto brujo, continuó perfeccionando su hechizo para los humanos, hasta que consiguió, al menos parcialmente, su objetivo. Probó la fórmula sobre varios vecinos sin poderes y pudo comprobar que funcionaba. Dejaban de forma inmediata de percibirlos como a seres diferentes y amenazadores, para tratarlos con absoluta normalidad. El único inconveniente, consistía en que el efecto del encantamiento duraba apenas un par de horas, pasadas las cuales, todo volvía a ser como antes.
La joven pareja, dialogó mucho acerca del beneficio de ser como los demás y llegaron a la conclusión de que debían sentirse orgullosos de sus poderes. Que lejos de ser motivo de vergüenza debía llenarles de satisfacción. A escondidas y desde lugares remotos, llegaban hombres y mujeres, en busca de remedios contra enfermedades pulmonares, de la piel, del cabello, del riñón... Pero la mayoría solicitaban ayuda para sanar sus almas. Witch y Warlock, podían ayudarles y eran felices haciéndolo, incluso cuando la estupidez humana, les obligaba a mantenerse en un discreto segundo plano.
Así pues, de común acuerdo, decidieron utilizar la fórmula de Warlock sólo una vez al año, coincidiendo con las fiestas del pueblo. Les encantaba disfrutar de las atracciones de feria que colocaban junto a la playa. Su favorito, era un barco pirata de madera, que se movía frenéticamente, como si surcara el más enojado de los océanos. Witch ocupaba la proa, sentada a horcajadas sobre el bauprés, con su escoba en ristre. Warlock, escogía la cofa, donde interpretaba a un vigía descubriendo, en el horizonte, la silueta de un nuevo mundo.
Acabada la diversión, el efecto del hechizo finalizaba y nuestros protagonistas regresaban a las profundidades del bosque que les servía de hogar, refugio y enorme despensa para preparar sus recetas milagrosas. Y colorín, colorado...



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 11-10-2011 "Como champiñones"

Edurne Iza, Como champiñones
Durante los años de bonanza inmobiliaria, las tierras del país se vieron inundadas de grúas, hormigoneras y cuadrillas de albañiles, que trabajaban sin descanso para levantar uno tras otro, edificios de diversos estilos y tamaños. Entre 2006 y 2007 se construyeron más de 800.000 viviendas, cifra significativamente superior a las nuevas edificaciones de Alemania o Reino Unido. En ocasiones la construcción de un centro comercial o la mejora de las infraestructuras y comunicaciones, son un reclamo indiscutible para incrementar el número de viviendas.  Un ejemplo, de gran actualidad, lo encontramos con la llegada del tren de alta velocidad a numerosas poblaciones, que han visto aparecer, en medio de la nada, urbanizaciones completas, que posteriormente, con la situación económica internacional, la crisis inmobiliaria y el fracaso de determinadas líneas de AVE, se han convertido en pueblos semi desiertos y abandonados.
Esta mañana mientras me tomaba un café antes de ir al trabajo, he puesto las noticias. He lamentado las imágenes de tantas y tantas familias desahuciadas, arrojadas a la calle sin piedad, mientras miles de viviendas aún por estrenar, esperan en las listas de los especuladores para ser vendidas, muy por encima de lo que costaron y también del precio de mercado.
Entiendo perfectamente que no se actúe como ONGs proporcionando vivienda gratuita sin ton ni son, pero pienso que han sido los bancos, los gobiernos de medio mundo y los analistas económicos, los que han errado en sus previsiones y estrategias financieras. Que los ciudadanos de a pie no podemos castigar ni juzgar a todos aquellos que se han equivocado o que han aprovechado las circunstancias para enriquecerse y sin embargo, somos los que sufrimos las consecuencias de sus errores, y no existe ningún tipo de consideración, hacia aquellos que no pueden pagar su hipoteca, porque perdieron su empleo, porque hubo quien erró en la dirección económica que debía tomar el mundo. No contentos con ello, estas familias deben seguir pagando su hipoteca, desde la casa de sus padres, un piso de alquiler o en el peor de los casos... La calle.
No es nuevo, que la vida del proletariado es dura, pero a mí esto, cada vez me recuerda más a la Edad Media, donde unos pocos señores feudales cobran por todo y aprietan el yugo de sus vasallos, sin importarles si comen o mueren de hambre y frío.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 09-10-2011 "Achille Lauro"

Edurne Iza, Achille Lauro
Fueron unas vacaciones diferentes. Por primera vez, disfrutaba de un verano en alta mar. Un crucero, que mis padres habían pagado con los ahorros de toda una vida. Mi hermano y yo nos hacíamos mayores. Estábamos en esa época de transición, en que los chicos y chicas comienzan a sentirse demasiado mayores,  para acompañar siempre a la familia, pero no lo suficientemente adultos como para volar solos y por tanto, la compañía de amigos de la misma edad, es la combinación perfecta para sentirse arropados y protegidos. Por eso, nuestros progenitores intuían, que quizá sería el último mes de Agosto, que pasáramos todos juntos. Comenzaba una nueva etapa, en la que Tomás y yo, comenzaríamos a tomar decisiones propias, no siempre del agrado de los demás. Nuestros padres sabían que el cariño que nos teníamos los cuatro, era inquebrantable y que siempre estaríamos cerca los unos de los otros, pero eran conscientes, de que la organización familiar tal y como había sido concebida en los últimos veinte años, llegaba a su fin. Por eso deseaban pasar este verano con nosotros. Por eso, para ellos, el crucero era mucho más que unas vacaciones en el mar.
Al principio, Tomás y yo, nos lo tomamos con cierta resignación, pero pronto disfrutamos de los atardeceres del color del fuego, de las paradas en distintos puertos del Mediterráneo, de las excursiones para visitar monumentos y joyas arquitectónicas, de las suculentas comidas de a bordo, de las noches de espectáculos en alta mar... Mi madre estaba exultante, vestía trajes preciosos por las noches y se acicalaba frente al espejo durante horas. Nosotros fuimos poco a poco contagiándonos del glamour que ambos transmitían y un par de días después de abandonar el puerto de Barcelona, ya nos sentíamos perfectamente integrados en la vida del barco.
Tomás, gran aficionado a la fotografía, me llamó sobresaltado una soleada mañana que nos encontrábamos atracados en el puerto de Tenerife. En un espigón, en el otro extremo del puerto se encontraba, el tristemente famoso buque Achille Lauro, que fue secuestrado en el puerto de Alejandría en Octubre de 1985. Viajaban en su interior un total de 480 pasajeros y 344 tripulantes. A su arribada a Alejandría la mayoría de los viajeros había descendido, para visitar la ciudad, excepto 97 pasajeros que decidieron permanecer a bordo. Los secuestradores, cuatro hombres que aseguraban actuar en nombre del Frente para la Liberación de Palestina (FLP),  fueron descubiertos y obligaron al capitán a poner rumbo al puerto sirio de Tartus. Exigían la liberación de 50 palestinos detenidos en Israel. El capitán, pudo enviar un mensaje de auxilio y el barco, nunca pudo entrar en el puerto de Tartus. Ante el abordaje inminente que el ejército estaba preparando, los secuestradores colocaron en cubierta a todos los rehenes y a modo de amenaza dispararon mortalmente a Leon Klinghoffer, uno de los pasajeros. Intervinieron gobiernos de varios países, se hizo navegar al Achille Lauro hasta Port Said, donde se consiguió trasladar a los secuestradores a un avión, en el interior del cual, tuvieron lugar las tensas negociaciones durante varios días, en los que políticos y fuerzas armadas de numerosas naciones, involucradas en el conflicto, mediadoras y observadoras de medio mundo, tomaron parte en el acuerdo que terminó con el traslado a prisión de los secuestradores. Los siguientes días estuvieron llenos de confusión, noticias controvertidas e intervenciones militares y políticas al más alto nivel. El caso fue finalmente llevado por el tribunal de Génova.
Habían transcurrido más de cinco años desde la tragedia y sin embargo, aún resultaba escalofriante observar a unos pocos metros, al flamante Achille Lauro.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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