La Foto del día: 12-10-2011 "Witch & Warlock"

Edurne Iza, Witch & Warlock
Witch y Warlock, eran dos seres muy especiales. Desde niños sufrieron por ser diferentes al resto de los pequeños de su entorno. Mientras la mayoría jugaban con una pelota o al escondite o disfrutaban con juegos de mesa, ellos aprendían a hacer volar una escoba, tomaban destreza con su barita mágica y descifraban conjuros ancestrales. La vida mejoró el día que se conocieron. Witch era una aprendiz de bruja, que recorría el bosque en busca de semillas de almendro, pétalos de azucena, pistilos de amapola... Algunos de los ingredientes necesarios para preparar su primer filtro de amor. Ese mismo día, Warlock, el joven brujo, que acababa de obtener su barita de maestro, paseaba por la zona, intentando hallar raíces de rododendro y pelos de ardilla, que eran los dos últimos ingredientes que faltaban para completar una receta revolucionaria.  Se trataba de un brebaje, capaz de hacer que los humanos sin poderes, no se percataran de las especiales cualidades de los seres que sí los poseían.
Witch se sentó sobre una enorme piedra para mezclar todos los elementos integrantes de su receta de amor. Sólo le faltaba añadir las dos gotas de su propia sangre, que aseguraban que el individuo sobre el que se derramara el mágico líquido, se enamoraría de ella y no de otra persona. Tomó un pequeño tallo de rosal, salpicado de espinas, tan tiernas como afiladas y se infligió un pequeño corte en la yema de su dedo corazón. Presionó la diminuta herida sobre el cuenco de madera, donde reposaba su poción y cuando las dos gotas hubieron caído, revolvió la mezcla y suspiró, pensando, que sólo necesitaba descubrir al candidato perfecto sobre quien probar la destreza de su preparado. En ese instante, apareció Warlock, distraído buscando las raíces de rododendro. No reparó en la piedra, sobre la que descansaba Witch y tropezó sonoramente, haciendo tambalearse a la joven. Durante unos segundos, hicieron malabares con el recipiente que contenía el filtro de amor, intentando evitar que cayera al suelo y finalmente, todo su contenido se vertió por encima del atónito Warlock.
Por un momento, ambos se quedaron inmóviles. Sin saber bien qué hacer o decir. Entonces, Warlock se giró hacia Witch y sus miradas se cruzaron, intercambiando un intenso flujo de dulzura que les ha acompañado desde entonces. La joven confesó a su amado el contenido del líquido, pero Warlock estaba seguro de que su amor, no era fruto de un encantamiento y que estando como estaban, predestinados a encontrarse, su llama se habría encendido de un modo u otro.
El aún inexperto brujo, continuó perfeccionando su hechizo para los humanos, hasta que consiguió, al menos parcialmente, su objetivo. Probó la fórmula sobre varios vecinos sin poderes y pudo comprobar que funcionaba. Dejaban de forma inmediata de percibirlos como a seres diferentes y amenazadores, para tratarlos con absoluta normalidad. El único inconveniente, consistía en que el efecto del encantamiento duraba apenas un par de horas, pasadas las cuales, todo volvía a ser como antes.
La joven pareja, dialogó mucho acerca del beneficio de ser como los demás y llegaron a la conclusión de que debían sentirse orgullosos de sus poderes. Que lejos de ser motivo de vergüenza debía llenarles de satisfacción. A escondidas y desde lugares remotos, llegaban hombres y mujeres, en busca de remedios contra enfermedades pulmonares, de la piel, del cabello, del riñón... Pero la mayoría solicitaban ayuda para sanar sus almas. Witch y Warlock, podían ayudarles y eran felices haciéndolo, incluso cuando la estupidez humana, les obligaba a mantenerse en un discreto segundo plano.
Así pues, de común acuerdo, decidieron utilizar la fórmula de Warlock sólo una vez al año, coincidiendo con las fiestas del pueblo. Les encantaba disfrutar de las atracciones de feria que colocaban junto a la playa. Su favorito, era un barco pirata de madera, que se movía frenéticamente, como si surcara el más enojado de los océanos. Witch ocupaba la proa, sentada a horcajadas sobre el bauprés, con su escoba en ristre. Warlock, escogía la cofa, donde interpretaba a un vigía descubriendo, en el horizonte, la silueta de un nuevo mundo.
Acabada la diversión, el efecto del hechizo finalizaba y nuestros protagonistas regresaban a las profundidades del bosque que les servía de hogar, refugio y enorme despensa para preparar sus recetas milagrosas. Y colorín, colorado...



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 11-10-2011 "Como champiñones"

Edurne Iza, Como champiñones
Durante los años de bonanza inmobiliaria, las tierras del país se vieron inundadas de grúas, hormigoneras y cuadrillas de albañiles, que trabajaban sin descanso para levantar uno tras otro, edificios de diversos estilos y tamaños. Entre 2006 y 2007 se construyeron más de 800.000 viviendas, cifra significativamente superior a las nuevas edificaciones de Alemania o Reino Unido. En ocasiones la construcción de un centro comercial o la mejora de las infraestructuras y comunicaciones, son un reclamo indiscutible para incrementar el número de viviendas.  Un ejemplo, de gran actualidad, lo encontramos con la llegada del tren de alta velocidad a numerosas poblaciones, que han visto aparecer, en medio de la nada, urbanizaciones completas, que posteriormente, con la situación económica internacional, la crisis inmobiliaria y el fracaso de determinadas líneas de AVE, se han convertido en pueblos semi desiertos y abandonados.
Esta mañana mientras me tomaba un café antes de ir al trabajo, he puesto las noticias. He lamentado las imágenes de tantas y tantas familias desahuciadas, arrojadas a la calle sin piedad, mientras miles de viviendas aún por estrenar, esperan en las listas de los especuladores para ser vendidas, muy por encima de lo que costaron y también del precio de mercado.
Entiendo perfectamente que no se actúe como ONGs proporcionando vivienda gratuita sin ton ni son, pero pienso que han sido los bancos, los gobiernos de medio mundo y los analistas económicos, los que han errado en sus previsiones y estrategias financieras. Que los ciudadanos de a pie no podemos castigar ni juzgar a todos aquellos que se han equivocado o que han aprovechado las circunstancias para enriquecerse y sin embargo, somos los que sufrimos las consecuencias de sus errores, y no existe ningún tipo de consideración, hacia aquellos que no pueden pagar su hipoteca, porque perdieron su empleo, porque hubo quien erró en la dirección económica que debía tomar el mundo. No contentos con ello, estas familias deben seguir pagando su hipoteca, desde la casa de sus padres, un piso de alquiler o en el peor de los casos... La calle.
No es nuevo, que la vida del proletariado es dura, pero a mí esto, cada vez me recuerda más a la Edad Media, donde unos pocos señores feudales cobran por todo y aprietan el yugo de sus vasallos, sin importarles si comen o mueren de hambre y frío.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 09-10-2011 "Achille Lauro"

Edurne Iza, Achille Lauro
Fueron unas vacaciones diferentes. Por primera vez, disfrutaba de un verano en alta mar. Un crucero, que mis padres habían pagado con los ahorros de toda una vida. Mi hermano y yo nos hacíamos mayores. Estábamos en esa época de transición, en que los chicos y chicas comienzan a sentirse demasiado mayores,  para acompañar siempre a la familia, pero no lo suficientemente adultos como para volar solos y por tanto, la compañía de amigos de la misma edad, es la combinación perfecta para sentirse arropados y protegidos. Por eso, nuestros progenitores intuían, que quizá sería el último mes de Agosto, que pasáramos todos juntos. Comenzaba una nueva etapa, en la que Tomás y yo, comenzaríamos a tomar decisiones propias, no siempre del agrado de los demás. Nuestros padres sabían que el cariño que nos teníamos los cuatro, era inquebrantable y que siempre estaríamos cerca los unos de los otros, pero eran conscientes, de que la organización familiar tal y como había sido concebida en los últimos veinte años, llegaba a su fin. Por eso deseaban pasar este verano con nosotros. Por eso, para ellos, el crucero era mucho más que unas vacaciones en el mar.
Al principio, Tomás y yo, nos lo tomamos con cierta resignación, pero pronto disfrutamos de los atardeceres del color del fuego, de las paradas en distintos puertos del Mediterráneo, de las excursiones para visitar monumentos y joyas arquitectónicas, de las suculentas comidas de a bordo, de las noches de espectáculos en alta mar... Mi madre estaba exultante, vestía trajes preciosos por las noches y se acicalaba frente al espejo durante horas. Nosotros fuimos poco a poco contagiándonos del glamour que ambos transmitían y un par de días después de abandonar el puerto de Barcelona, ya nos sentíamos perfectamente integrados en la vida del barco.
Tomás, gran aficionado a la fotografía, me llamó sobresaltado una soleada mañana que nos encontrábamos atracados en el puerto de Tenerife. En un espigón, en el otro extremo del puerto se encontraba, el tristemente famoso buque Achille Lauro, que fue secuestrado en el puerto de Alejandría en Octubre de 1985. Viajaban en su interior un total de 480 pasajeros y 344 tripulantes. A su arribada a Alejandría la mayoría de los viajeros había descendido, para visitar la ciudad, excepto 97 pasajeros que decidieron permanecer a bordo. Los secuestradores, cuatro hombres que aseguraban actuar en nombre del Frente para la Liberación de Palestina (FLP),  fueron descubiertos y obligaron al capitán a poner rumbo al puerto sirio de Tartus. Exigían la liberación de 50 palestinos detenidos en Israel. El capitán, pudo enviar un mensaje de auxilio y el barco, nunca pudo entrar en el puerto de Tartus. Ante el abordaje inminente que el ejército estaba preparando, los secuestradores colocaron en cubierta a todos los rehenes y a modo de amenaza dispararon mortalmente a Leon Klinghoffer, uno de los pasajeros. Intervinieron gobiernos de varios países, se hizo navegar al Achille Lauro hasta Port Said, donde se consiguió trasladar a los secuestradores a un avión, en el interior del cual, tuvieron lugar las tensas negociaciones durante varios días, en los que políticos y fuerzas armadas de numerosas naciones, involucradas en el conflicto, mediadoras y observadoras de medio mundo, tomaron parte en el acuerdo que terminó con el traslado a prisión de los secuestradores. Los siguientes días estuvieron llenos de confusión, noticias controvertidas e intervenciones militares y políticas al más alto nivel. El caso fue finalmente llevado por el tribunal de Génova.
Habían transcurrido más de cinco años desde la tragedia y sin embargo, aún resultaba escalofriante observar a unos pocos metros, al flamante Achille Lauro.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 08-10-2011 "Quien juega con fuego... Se quema II"

Edurne Iza, Quien juega con fuego... Se quema II
Pasados unos minutos, el crepitar de las llamas, dejó colarse un sonido diferente, que cada vez se escuchaba con mayor nitidez. Aquel ratear de motores, se convirtió en un sonido de esperanza, un alarido de vida que hizo a nuestros corazones bombear con más fuerza. "¡Aquí, ayuda, aquí!" gritábamos con desesperación, cuando vislumbramos un colorido Canadair CL-215, surcando el firmamento. El amarillo con que estaba pintado su fuselaje, contrastaba con el azul intenso del cielo. Mariana, seguía conectada por radio con los yates cercanos, que asistían impotentes a nuestra tragedia. Volvió a contactar con el joven, que había avisado a su amigo de los servicios contraincendios y le agradeció su rápida reacción.
- ¡Gracias, nos estáis salvando la vida!
- Agradécenoslo cuando estéis en tierra firme. Os esperamos esta noche, para una barbacoa de celebración.
- ¡Trato hecho! nos vemos esta noche en la playa
- ¡Allí estaremos!
Mariana regresó junto a las demás. Abrazadas y atenazadas por el calor creciente de las llamas, que cada vez estaban más cerca, observamos cómo el hidroavión se acercaba a la superficie marina y recorría bastantes metros llenando sus depósitos con agua. Luego se elevaba de nuevo, viraba y se acercaba hacia nosotras. Escuchamos una voz que a través de un megáfono y desde el interior del anfibio, nos daba instrucciones para colocarnos a cubierto. Justo cuando terminábamos de protegernos, cayó sobre el buque una enorme bolsa de agua, que hizo tambalearse el cascarón de madera ya debilitado por las llamas pero que consiguió su objetivo primero. Extinguir el incendio. Empapadas y aturdidas por el impacto, por fortuna indirecto, del agua, nos disponíamos a celebrar nuestra salvación, cuando fuimos conscientes, de que el peligro, no había terminado en absoluto. La estructura del barco, había quedado demasiado dañada por efecto de las llamas. La gran cantidad de agua, que se introdujo en su interior, no hizo sino desestabilizar aún más la vieja nave. Comenzó a inclinarse hacia proa. El castillo frontal se encontraba ya a pocos centímetros de la superficie. En ese instante, comprendimos, que sólo permanecería a flote unos minutos. Nuevamente recibimos instrucciones desde el hidroavión.
- ¡Muévanse con rapidez hacia popa! ¡Mantengan la calma. Descenderemos para rescatarlas!
Y así fue, pronto vimos como por una cuerda que descolgaron desde una puerta próxima a la cabina del piloto, se deslizaba un hombre con gran destreza y rapidez. Se colocó sobre cubierta y recogió a una de las chicas. Para nuestro asombro, no la izó al avión, si no que volaron colgando de aquella soga, durante unos cientos de metros y descargó a la primera superviviente, sobre la cubierta de uno de los veleros más próximos. Repitió la operación tantas veces como hizo falta, hasta que sólo quedaba yo sobre la cada vez más diminuta cubierta. Me había arrinconado contra la barandilla de popa a la que me asía con fuerza, para evitar resbalar y sumergirme en el océano. Más de la mitad del barco, se encontraba ya bajo las aguas y la parte que quedaba a flote, había adoptado una posición casi vertical que anunciaba una inmersión inminente. Con angustia creciente, vi como la última de mis amigas era depositada a salvo y el aeroplano viraba nuevamente, para regresar en mi busca. Mis pies se encontraban a escasa distancia del agua que ya chapoteaba engullendo la carbonizada madera, cuando observé como los depredadores no se hacían esperar, cortaban las mansas aguas, las aletas de algunos escualos, alertados por el sonido submarino del naufragio. Sabía que si mi salvador, no llegaba hasta mí en unos segundos, estaría perdida. En el tiempo que tardara en salir a la superficie, tras luchar contra la fuerza del agua que tiraría de mí hacia el fondo, los tiburones me habrían alcanzado. Mi nerviosismo era tal, que cerré los ojos, escuchaba los motores cada vez más cerca, el crujido de las tablas retorciéndose y el intenso olor a salitre invadiendo mis fosas nasales. Noté cómo las puntas de mis zapatillas se mojaban y abandoné la mente a mi fatal destino. Entonces, unos brazos poderosos me asieron por la cintura y noté que nos elevábamos, al tiempo que una voz contundente pero calmada, me susurraba al oído. "Tranquila, estás a salvo". Abrí los ojos, justo a tiempo de ver cómo la baranda de popa se sumergía para siempre en la profundidad del pacífico. Giré la cabeza hacia mi salvador y me encontré con una amplia sonrisa de alineados y blancos dientes y unos almendrados ojos de color miel. Observé sus brazos, definidos y robustos, enfundados en el traje de neopreno y escuché aquella maravillosa voz, diciendo
- Un placer, mi nombre es Hugo
- Yo... Esto... Encantada, yo soy Clara. Muchas gracias, por un momento pensé...
Entonces posó su dedo índice sobre mi boca en señal de silencio y acto seguido me besó con una pasión que tenía casi olvidada. Y así, de esa guisa, nos depositaron sobre las finas arenas de la playa. Cuando mis cuatro amigas se reunieron conmigo, nos encontraron charlando animosamente. Hugo, se había liberado del traje de inmersión hasta la cintura y su torso, moldeado por los ejercicios de pesas, brillaba bajo los rayos del sol.  Corrí a abrazarme con mis compañeras de aventuras y tras las primeras preguntas para comprobar que todas nos encontrábamos en perfecto estado, levanté mi copa de piña colada hacia mi rescatador y pronuncié con cierto tono triunfal
- Chicas... Os presento a Hugo.
PD: Para los que os guste atar todos los cabos, os contaré, que el fuego lo ocasionó Gabriela, quedándose dormida mientras fumaba un apestoso cigarrillo mentolado. El seguro que habíamos contratado para el viaje, cubrió con los gastos del siniestro y el desplazamiento del equipo contraincendios. Que nos desplazaron hasta un yate cercano, en lugar de izarnos al interior de la cabina del hidroavión, para realizar una maniobra más rápida y porque dentro, no hubiera habido espacio para las cinco y la tripulación, ya que sólo caben seis personas. Aquella noche, cenamos en la playa, disfrutando de una enorme barbacoa, junto con el grupo de rescate y los ocupantes del yate que dio la alarma. Fueron unas vacaciones inolvidables para mis cuatro amigas, pero para mí... Fue el principio de una nueva vida. En la actualidad, soy monitora de buceo, sigo disfrutando de la playa, el sol y la piña colada junto a Hugo, con el que tengo dos hijos maravillosos y formamos una familia unida y feliz. Hugo me confesó, días después, que jamás había sentido algo así y mucho menos en mitad de un rescate, era un profesional. Pero estábamos hechos el uno para el otro y la locura nos invadió, en aquel momento de emoción. Una vez al año, Gabriela, Carlota, Mariana y Blanca, nos visitan y rememoramos con nostalgia nuestra aventura.
Cuando la vida os cierre las puertas, girad talones y buscad un nuevo camino.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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