La Foto del día: 22-09-2011 "¿Quiénes fueron los Indigetes?"

Edurne Iza, ¿Quiénes fueron los indigetes?
No, no me he equivocado. Realmente existieron y se llamaban Indigetes. Fueron un asentamiento íbero establecido en la provincia de Geirona, varios siglos antes de Cristo. Ocupaban las comarcas catalanas del Ampurdán, La Selva y el Gironés y se extendían hasta los Pirineos.
Los estudios demuestran, que una de sus ciudades principales fue, Indika, que podría ser la actual Ullastret, aunque no se han encontrado restos que nos puedan llevar a una conclusión precisa. Otros núcleos urbanos importantes de esta civilización, fueron Emporidae, Rhoda, Juncaria, Cinniana y Deciana. Que podríamos asociar a las actuales Ampurias, Rosas, La Junquera y Cerviá.
Su moneda era el Undikesken, que en lengua ibérica nororiental quería decir "los de Undika". Los principales yacimientos arqueológicos que nos muestran la vida de estos hombres y mujeres, los podemos visitar en Ullastret, Castell Fosca y Puig Castellet. Situados respectivamente en el Bajo Ampurdán, Palamós y La Selva.
Los indigetes lucharon para evitar ser conquistados por el Imperio de Roma, pero fracasaron en el 195 a.c. frente a las tropas de Marco Porcio Catón.
Los poblados indigetes, solían estar situados, por norma general, en zonas de terreno elevado. Lugares con visión privilegiada, como cerros o colinas, que les permitían controlar el acceso, las tierras y las vías de comunicación y facilitar la protección de los habitantes en caso de ataque.
Las edificaciones no poseían cimientos, como puede observarse en la imagen de hoy, comenzaban por una primera línea, que aún se conserva, sobre la que se levantaban las paredes de barro, totalmente desaparecidas, al igual que las techumbres, construidas mediante una cubierta vegetal entrelazada y fijada con arcilla.
Disponían de áreas comunes. Silos, cisternas, plazas, templos o los dedicados a las labores artesanas como hornos de pan, de cerámica etc.
Vestían con diferentes tipos de tejidos, en función de su poder económico y social. Así los guerreros, utilizaban un vestido con un ribete rojo similar al de los romanos o las sacerdotisas, que cubrían su cabello y parte del cuerpo con una peineta y mantilla. En invierno, la mayoría de habitantes, se protegían del frío con el sagum, una gruesa capa de lana, y con botas confeccionadas con piel y pelo de animal.
Cultivaban fundamentalmente cereales, olivas y uvas. Los frutales más habituales eran manzanos, higueras y granados. No eran grandes ganaderos y sólo practicaban esta actividad como complemento a la agricultura.
Completaban su alimentación con la caza de jabalíes y ciervos, que les proporcionaban además pieles para mantas y vestidos.
Los vestigios artísticos más destacados los encontramos en escultura y cerámica. Asombrando por su perfección, los restos encontrados de vasijas, cuencos, kalathos y grandes recipientes.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 21-09-2011 "Buf, buf"

Edurne Iza, Buf, buf
¡No me lo puedo creer!, ahí abajo hay algo que se mueve muy rápido. No veo bien desde aquí... Voy a estirar un poco más el cuello. ¡Vaya! ha desaparecido. Creo que ahora lo veo de nuevo. No estoy seguro si es una pelota o una botella de plástico, pero sea lo que sea, parece divertido.
¡Genial! ¡es una pelota y detrás viene corriendo un niño!. Es el mejor regalo que podía recibir hoy. Me acercaré rápido para ver si quiere jugar conmigo. Quizá me lance la pelota muy lejos y me deje que se la traiga. ¡Me encanta pasar el rato con ellos!.
- Hola perrito ¿cómo te llamas?
- Buf, buf
- Hola Buf, buf ¿Jugamos a la pelota?
¡Bien! ¡A correr!. Qué divertido. Me gusta que me llame Buf buf, porque así suena cuando intento comunicarme con él, pero estoy seguro que me entiende. Toma, aquí te dejo el balón. ¡Otra vez! ¡otra vez!.
-¡Muy bien Buf buf! ¡vamos corre! ¡yupi!
- Buf, buf
¡Ya la he recuperado!. ¡Es el mejor entretenimiento del mundo!. ¡Oh Caramba!. El niño se ha caído y está llorando. Voy raudo a su encuentro. Así, no pasa nada, tranquilo, te lameré las mejillas.
- Buf, buf
- Gracias Buf, buf, ya estoy mejor. Ahora tengo que marcharme, porque en casa me esperan para cenar, pero otro día si estás por aquí jugaremos de nuevo ¿de acuerdo?.
Vaya, ha sido estupendo. Intentaré convencerles en casa, para que me traigan más a menudo a este parque. Tengo un nuevo amigo.
La Foto del día de hoy, va dedicada a todos los pequeños y grandes peludos, que con su curiosidad, energía y vitalidad, nos llenan de cariño y compañía. A ellos, que no nos guardan rencor, por dejarlos solos, por reñirles o por ignorarles mientras pasamos horas frente a la caja tonta. Que nos respetan igual si vestimos pijama, traje de noche o pantalones vaqueros. Que nos regalan ternura, sin importarles el estado de nuestra cuenta corriente. Porque son la esencia del amor desinteresado.

Si un animal comparte casa con nosotros, debemos ser responsables. No es un juguete, ni un pasatiempo, ni un artículo que pasa de moda. Si no estás dispuesto a darle al menos la mitad del amor y respeto que recibirás de él, entonces... ¡cómprate un Furby!. http://es.wikipedia.org/wiki/Furby



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 20-09-2011 "El gato común europeo"

Edurne Iza, El gato común europeo
También llamado gato común europeo, pasea por las calles de nuestros pueblos y ciudades a sus anchas. Convertido en animal doméstico, es uno de los grandes reyes de muchos hogares. Tienen el pelo corto, que puede ser de colores diversos y a menudo combinados en rayas o manchas de distinta forma. Las tonalidades predominantes son negro, blanco, amarillo y naranja. Como curiosidad, podemos comentar que los ejemplares tricolores y cuatricolores son siempre hembras, y que en caso de que nazca un macho con estas características, suele ser estéril. Por lo general, los especímenes con pelo largo, son el resultado de cruces con otras razas. Son animales astutos, observadores y magníficos cazadores, por lo que son muy apreciados en las zonas rurales, ya que libran las casas de incómodos roedores.
Los gatos tienen diversos modos de comunicarse. Uno de los más conocidos es el maullido. Existen más de cien tipos diferentes de vocalización, en función de su condición masculina o femenina, de la edad e incluso del estado de ánimo. Pueden maullar para llamar la atención de un humano, pidiendo comida o quejándose por algún dolor o molestia. A pesar de que asociamos el ronroneo a un estado de felicidad, relax o placidez del felino, también puede significar nerviosismo, aflicción o dolor. Normalmente el ronroneo por tranquilidad, lleva consigo un lento parpadeo, elevación de cabeza y estado de somnolencia.
Los gatos además, gruñen, bufan o silban cuando están en peligro, se sienten bajo amenaza o están enfadados.
Desde la antigüedad, el hombre ha creado diversas leyendas entorno a la figura de estos animales. Su sigilo, inteligencia y elegancia, han llevado la imaginación humana hasta límites insospechados.
La leyenda del gato negro, procede de la cultura celta. Decían que los gatos eran los mejores aliados de las brujas y que éstas podían transformar a las personas en uno de ellos doblegando su voluntad o transformándose ellas mismas en gato, por esta razón en la edad media se quemaron muchos gatitos en las hogueras, seguros de que éstos representaban al diablo.
En África los brujos de las tribus zulúes, también gustan de ser acompañados de gatos como símbolo de magia y poder, pero éstos prefieren a los que son de color cobrizo. Según cuenta la leyenda, en el Arca de Noé, los ratones se reproducían de una manera alarmante, haciendo peligrar las provisiones, por lo que Noé, preocupado, solicitó ayuda divina, y recibió instrucciones, para acariciar tres veces la cabeza del león. Noé hizo lo indicado y el león estornudó, surgiendo de sus fosas nasales una pareja de gatos que restablecieron de inmediato el equilibrio en la embarcación.
Os recomiendo echar un vistazo a esta página http://paginasarabes.wordpress.com/2011/07/06/el-gato-negro-la-leyenda/ donde podéis encontrar otras muchas creencias y tradiciones interesantes.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 19-09-2011 "El resplandor II"

Edurne Iza, El resplandor II
Otro estrepitoso trueno justo sobre mi cabeza, seguido de una enorme cantidad de agua, fueron los acicates para zambullirme hacia el interior de la fortaleza. Al menos, estaría a salvo de la tormenta y evitaría coger una pulmonía. Rebusqué en los bolsillos y encontré una cajita de cerillas. Prendí con ellas unos papeles de períodico arrugados y pronto alumbró la estancia una llama generosa, que además, me reconfortaba con su calor. Miré a mi alrededor un tanto preocupada, pero tan sólo descubrí un par de murciélagos colgando de una viga curvada, que al ver el fuego, salieron volando bastante más atemorizados de mí, que yo de ellos. El resto estaba tranquilo. Sólo el ruido de la tormenta, resultaba inquietante. Respiré hondo, extendí el mapa sobre el suelo y seguí las indicaciones. Debía buscar una raíz de árbol, con una forma arqueada, que sobresalía entre el suelo de piedra destrozado por los años de abandono. Lo reconocería porque sobre él, habían fosilizado líquenes de color blanco verdoso, como si de plantas de las profundidades marinas se tratara. Por fin, en un rincón, encontré el tronco, exactamente como el tío Winslok lo había descrito. Mi corazón, latía cada vez con más fuerza. Estaba muy cerca. Ahora debía levantar las baldosas que se encontraban delante de la raíz y tendría en mis manos, el mayor tesoro que nadie hubiera descubierto jamás. Palanqueé con nerviosismo la loseta de piedra y encontré una pequeña caja de madera. Tenía tallada, una figura en bajo relieve. Yo conocía aquel símbolo. ¡Era el escudo de familia de mi abuela!. Levanté la tapa y encontré un libro con tapas de cuero repujado y de nuevo la misma figura. Sobre él, descansaba una carta, con el papel amarilleado por el paso del tiempo. Era la letra de tío Winslok. Abrí la carta e iba dirigida a mí:

"Querida sobrina,
Si estás leyendo hoy esta nota, es porque mi vida llega a su fin y el orgullo mal entendido, ha evitado que tu padre y yo hagamos las paces. Necesito que halle la paz que le falta. Ha vivido atormentado por una idea equivocada. Pensando que tu abuela me quería más a mí, a pesar de haber estado ausente tantos años y de haber sido él, quien velara su lecho de muerte. Me hubiera gustado explicarle la verdad y sentir el abrazo reconfortante de mi hermano, mi querido hermano, pero nuestra terquedad no lo ha permitido y ahora posiblemente, es demasiado tarde. El libro al que acompaña esta carta, es el diario de nuestra  madre. El correspondiente a sus años de juventud y de mi nacimiento. Cuenta una parte importante de la historia de la familia. La que permitirá a tu padre comprender y perdonarnos a mamá y a mí, por haber mantenido este secreto durante tantos años. En realidad, yo recibí el libro tras su fallecimiento. Fue la herencia que ella me dejó, junto con las escrituras de este caserón abandonado, que ahora lego a tu padre y algún día, espero que muy lejano, pasará a tus manos. Os quiero y os he llevado siempre en mi corazón. Os ruego que me recordéis por lo bueno y tratéis de pasar por alto lo malo.
Con amor,
Winslok"

Al terminar la carta, estaba casi más confundida que antes. La tormenta seguía arreciando en el exterior. Recogí varios troncos y ramas secas y preparé un pequeño fuego. Me senté junto a él y abrí sobrecogida el diario de la abuela. En él descubrí, un relato tierno, sincero. Escrito por una pluma joven, valiente y llena de vida que abrió su corazón, para dejarnos un hermoso legado. Describía su casamiento, con apenas 17 años, con el abuelo, del que no estaba enamorada, pero por el que sentía un profundo respeto y del que muy pronto quedó embarazada de mi padre. Me pareció espeluznante la resignación con la que describía una boda pactada por ambas familias. Y escalofriante el pensar en tu esposo con "respeto" en lugar de con amor o ternura, que indiscutiblemente llevan a otro tipo muy diferente de respeto. Narraba cómo a los meses de contraer matrimonio, se trasladaron a África, donde él ejercía labores diplomáticas y cómo a los dos años de casarse, cuando mi padre tenía apenas catorce meses, el abuelo murió aplastado por un carro de caballos. Verbalizaba su soledad. Viuda a los 19 años, sola en un continente hostil. Aislada y aterrorizada, hasta que se cruzó en su camino un tal Winslok. Un arqueólogo europeo, del que quedó perdidamente enamorada. Detallaba cada beso, cada minuto de pasión, con un realismo que me hacía vibrar palabra a palabra. Y así, en el medio de la nada africana, entre promesas imposibles, concibió al pequeño Winslok ¡A mi tío Winslok!. Cuando comunicó la noticia a su amado, este sencillamente desapareció, en una de sus muchas misiones en busca de la historia de nuestros antepasados. El dolor era tan profundo, que mi abuela prefirió inventar para sí una explicación razonable que consolara su alma. Decidió que algún hipopótamo lo había aplastado, que alguna roca había taponado la gruta donde excavaba, que algo totalmente superior a sus fuerzas, había impedido su regreso. Así que alejada de la familia y los condicionamientos sociales, y dado su corto estado de gestación, no le fue difícil convencer a la familia de que había enviudado ya embarazada del pequeño Winslok. Regresó a Europa y sacó a sus hijos adelante. Admirando la seriedad del mayor y viendo reflejado el amor de su vida en los ojos del pequeño. Al final del diario, una nota me hizo romper en un llanto desconsolado. "Hijos míos. Os amo a cada uno por lo bueno que hay en vuestros corazones. Winslok, eres igual de magnético que tu padre y por eso te quiero y te malcrío. Pero eres egoísta, como él y aunque tienes buen corazón, me abandonas constantemente buscando aventuras. Tu hermano, sin embargo, es la sensatez, mi compañía, mi consuelo y el verdadero apoyo de mi vida. Igual que vuestros padres. La razón frente a la pasión". Allí la letra se emborronaba y desaparecía en un garabato. Dormí un rato abrazada al diario. Me desperté con los primeros rayos del sol. La tormenta había pasado. Contacté de inmediato con mi padre y conseguí que los dos nos reuniéramos en África con el tío Winslok. En su lecho de muerte, les leí el diario. Revelador para mi padre y reconfortante para mi tío. Cuando entorné la última página, se fundieron en un tierno abrazo, en el justo instante en que mi tío expiraba.
- Adiós tío Winslok, gracias por dejarme el tesoro más grande, que nadie haya descubierto jamás.
- Adiós hermano... te echaré de menos.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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