La Foto del día: 21-09-2011 "Buf, buf"

Edurne Iza, Buf, buf
¡No me lo puedo creer!, ahí abajo hay algo que se mueve muy rápido. No veo bien desde aquí... Voy a estirar un poco más el cuello. ¡Vaya! ha desaparecido. Creo que ahora lo veo de nuevo. No estoy seguro si es una pelota o una botella de plástico, pero sea lo que sea, parece divertido.
¡Genial! ¡es una pelota y detrás viene corriendo un niño!. Es el mejor regalo que podía recibir hoy. Me acercaré rápido para ver si quiere jugar conmigo. Quizá me lance la pelota muy lejos y me deje que se la traiga. ¡Me encanta pasar el rato con ellos!.
- Hola perrito ¿cómo te llamas?
- Buf, buf
- Hola Buf, buf ¿Jugamos a la pelota?
¡Bien! ¡A correr!. Qué divertido. Me gusta que me llame Buf buf, porque así suena cuando intento comunicarme con él, pero estoy seguro que me entiende. Toma, aquí te dejo el balón. ¡Otra vez! ¡otra vez!.
-¡Muy bien Buf buf! ¡vamos corre! ¡yupi!
- Buf, buf
¡Ya la he recuperado!. ¡Es el mejor entretenimiento del mundo!. ¡Oh Caramba!. El niño se ha caído y está llorando. Voy raudo a su encuentro. Así, no pasa nada, tranquilo, te lameré las mejillas.
- Buf, buf
- Gracias Buf, buf, ya estoy mejor. Ahora tengo que marcharme, porque en casa me esperan para cenar, pero otro día si estás por aquí jugaremos de nuevo ¿de acuerdo?.
Vaya, ha sido estupendo. Intentaré convencerles en casa, para que me traigan más a menudo a este parque. Tengo un nuevo amigo.
La Foto del día de hoy, va dedicada a todos los pequeños y grandes peludos, que con su curiosidad, energía y vitalidad, nos llenan de cariño y compañía. A ellos, que no nos guardan rencor, por dejarlos solos, por reñirles o por ignorarles mientras pasamos horas frente a la caja tonta. Que nos respetan igual si vestimos pijama, traje de noche o pantalones vaqueros. Que nos regalan ternura, sin importarles el estado de nuestra cuenta corriente. Porque son la esencia del amor desinteresado.

Si un animal comparte casa con nosotros, debemos ser responsables. No es un juguete, ni un pasatiempo, ni un artículo que pasa de moda. Si no estás dispuesto a darle al menos la mitad del amor y respeto que recibirás de él, entonces... ¡cómprate un Furby!. http://es.wikipedia.org/wiki/Furby



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 20-09-2011 "El gato común europeo"

Edurne Iza, El gato común europeo
También llamado gato común europeo, pasea por las calles de nuestros pueblos y ciudades a sus anchas. Convertido en animal doméstico, es uno de los grandes reyes de muchos hogares. Tienen el pelo corto, que puede ser de colores diversos y a menudo combinados en rayas o manchas de distinta forma. Las tonalidades predominantes son negro, blanco, amarillo y naranja. Como curiosidad, podemos comentar que los ejemplares tricolores y cuatricolores son siempre hembras, y que en caso de que nazca un macho con estas características, suele ser estéril. Por lo general, los especímenes con pelo largo, son el resultado de cruces con otras razas. Son animales astutos, observadores y magníficos cazadores, por lo que son muy apreciados en las zonas rurales, ya que libran las casas de incómodos roedores.
Los gatos tienen diversos modos de comunicarse. Uno de los más conocidos es el maullido. Existen más de cien tipos diferentes de vocalización, en función de su condición masculina o femenina, de la edad e incluso del estado de ánimo. Pueden maullar para llamar la atención de un humano, pidiendo comida o quejándose por algún dolor o molestia. A pesar de que asociamos el ronroneo a un estado de felicidad, relax o placidez del felino, también puede significar nerviosismo, aflicción o dolor. Normalmente el ronroneo por tranquilidad, lleva consigo un lento parpadeo, elevación de cabeza y estado de somnolencia.
Los gatos además, gruñen, bufan o silban cuando están en peligro, se sienten bajo amenaza o están enfadados.
Desde la antigüedad, el hombre ha creado diversas leyendas entorno a la figura de estos animales. Su sigilo, inteligencia y elegancia, han llevado la imaginación humana hasta límites insospechados.
La leyenda del gato negro, procede de la cultura celta. Decían que los gatos eran los mejores aliados de las brujas y que éstas podían transformar a las personas en uno de ellos doblegando su voluntad o transformándose ellas mismas en gato, por esta razón en la edad media se quemaron muchos gatitos en las hogueras, seguros de que éstos representaban al diablo.
En África los brujos de las tribus zulúes, también gustan de ser acompañados de gatos como símbolo de magia y poder, pero éstos prefieren a los que son de color cobrizo. Según cuenta la leyenda, en el Arca de Noé, los ratones se reproducían de una manera alarmante, haciendo peligrar las provisiones, por lo que Noé, preocupado, solicitó ayuda divina, y recibió instrucciones, para acariciar tres veces la cabeza del león. Noé hizo lo indicado y el león estornudó, surgiendo de sus fosas nasales una pareja de gatos que restablecieron de inmediato el equilibrio en la embarcación.
Os recomiendo echar un vistazo a esta página http://paginasarabes.wordpress.com/2011/07/06/el-gato-negro-la-leyenda/ donde podéis encontrar otras muchas creencias y tradiciones interesantes.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 19-09-2011 "El resplandor II"

Edurne Iza, El resplandor II
Otro estrepitoso trueno justo sobre mi cabeza, seguido de una enorme cantidad de agua, fueron los acicates para zambullirme hacia el interior de la fortaleza. Al menos, estaría a salvo de la tormenta y evitaría coger una pulmonía. Rebusqué en los bolsillos y encontré una cajita de cerillas. Prendí con ellas unos papeles de períodico arrugados y pronto alumbró la estancia una llama generosa, que además, me reconfortaba con su calor. Miré a mi alrededor un tanto preocupada, pero tan sólo descubrí un par de murciélagos colgando de una viga curvada, que al ver el fuego, salieron volando bastante más atemorizados de mí, que yo de ellos. El resto estaba tranquilo. Sólo el ruido de la tormenta, resultaba inquietante. Respiré hondo, extendí el mapa sobre el suelo y seguí las indicaciones. Debía buscar una raíz de árbol, con una forma arqueada, que sobresalía entre el suelo de piedra destrozado por los años de abandono. Lo reconocería porque sobre él, habían fosilizado líquenes de color blanco verdoso, como si de plantas de las profundidades marinas se tratara. Por fin, en un rincón, encontré el tronco, exactamente como el tío Winslok lo había descrito. Mi corazón, latía cada vez con más fuerza. Estaba muy cerca. Ahora debía levantar las baldosas que se encontraban delante de la raíz y tendría en mis manos, el mayor tesoro que nadie hubiera descubierto jamás. Palanqueé con nerviosismo la loseta de piedra y encontré una pequeña caja de madera. Tenía tallada, una figura en bajo relieve. Yo conocía aquel símbolo. ¡Era el escudo de familia de mi abuela!. Levanté la tapa y encontré un libro con tapas de cuero repujado y de nuevo la misma figura. Sobre él, descansaba una carta, con el papel amarilleado por el paso del tiempo. Era la letra de tío Winslok. Abrí la carta e iba dirigida a mí:

"Querida sobrina,
Si estás leyendo hoy esta nota, es porque mi vida llega a su fin y el orgullo mal entendido, ha evitado que tu padre y yo hagamos las paces. Necesito que halle la paz que le falta. Ha vivido atormentado por una idea equivocada. Pensando que tu abuela me quería más a mí, a pesar de haber estado ausente tantos años y de haber sido él, quien velara su lecho de muerte. Me hubiera gustado explicarle la verdad y sentir el abrazo reconfortante de mi hermano, mi querido hermano, pero nuestra terquedad no lo ha permitido y ahora posiblemente, es demasiado tarde. El libro al que acompaña esta carta, es el diario de nuestra  madre. El correspondiente a sus años de juventud y de mi nacimiento. Cuenta una parte importante de la historia de la familia. La que permitirá a tu padre comprender y perdonarnos a mamá y a mí, por haber mantenido este secreto durante tantos años. En realidad, yo recibí el libro tras su fallecimiento. Fue la herencia que ella me dejó, junto con las escrituras de este caserón abandonado, que ahora lego a tu padre y algún día, espero que muy lejano, pasará a tus manos. Os quiero y os he llevado siempre en mi corazón. Os ruego que me recordéis por lo bueno y tratéis de pasar por alto lo malo.
Con amor,
Winslok"

Al terminar la carta, estaba casi más confundida que antes. La tormenta seguía arreciando en el exterior. Recogí varios troncos y ramas secas y preparé un pequeño fuego. Me senté junto a él y abrí sobrecogida el diario de la abuela. En él descubrí, un relato tierno, sincero. Escrito por una pluma joven, valiente y llena de vida que abrió su corazón, para dejarnos un hermoso legado. Describía su casamiento, con apenas 17 años, con el abuelo, del que no estaba enamorada, pero por el que sentía un profundo respeto y del que muy pronto quedó embarazada de mi padre. Me pareció espeluznante la resignación con la que describía una boda pactada por ambas familias. Y escalofriante el pensar en tu esposo con "respeto" en lugar de con amor o ternura, que indiscutiblemente llevan a otro tipo muy diferente de respeto. Narraba cómo a los meses de contraer matrimonio, se trasladaron a África, donde él ejercía labores diplomáticas y cómo a los dos años de casarse, cuando mi padre tenía apenas catorce meses, el abuelo murió aplastado por un carro de caballos. Verbalizaba su soledad. Viuda a los 19 años, sola en un continente hostil. Aislada y aterrorizada, hasta que se cruzó en su camino un tal Winslok. Un arqueólogo europeo, del que quedó perdidamente enamorada. Detallaba cada beso, cada minuto de pasión, con un realismo que me hacía vibrar palabra a palabra. Y así, en el medio de la nada africana, entre promesas imposibles, concibió al pequeño Winslok ¡A mi tío Winslok!. Cuando comunicó la noticia a su amado, este sencillamente desapareció, en una de sus muchas misiones en busca de la historia de nuestros antepasados. El dolor era tan profundo, que mi abuela prefirió inventar para sí una explicación razonable que consolara su alma. Decidió que algún hipopótamo lo había aplastado, que alguna roca había taponado la gruta donde excavaba, que algo totalmente superior a sus fuerzas, había impedido su regreso. Así que alejada de la familia y los condicionamientos sociales, y dado su corto estado de gestación, no le fue difícil convencer a la familia de que había enviudado ya embarazada del pequeño Winslok. Regresó a Europa y sacó a sus hijos adelante. Admirando la seriedad del mayor y viendo reflejado el amor de su vida en los ojos del pequeño. Al final del diario, una nota me hizo romper en un llanto desconsolado. "Hijos míos. Os amo a cada uno por lo bueno que hay en vuestros corazones. Winslok, eres igual de magnético que tu padre y por eso te quiero y te malcrío. Pero eres egoísta, como él y aunque tienes buen corazón, me abandonas constantemente buscando aventuras. Tu hermano, sin embargo, es la sensatez, mi compañía, mi consuelo y el verdadero apoyo de mi vida. Igual que vuestros padres. La razón frente a la pasión". Allí la letra se emborronaba y desaparecía en un garabato. Dormí un rato abrazada al diario. Me desperté con los primeros rayos del sol. La tormenta había pasado. Contacté de inmediato con mi padre y conseguí que los dos nos reuniéramos en África con el tío Winslok. En su lecho de muerte, les leí el diario. Revelador para mi padre y reconfortante para mi tío. Cuando entorné la última página, se fundieron en un tierno abrazo, en el justo instante en que mi tío expiraba.
- Adiós tío Winslok, gracias por dejarme el tesoro más grande, que nadie haya descubierto jamás.
- Adiós hermano... te echaré de menos.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 18-09-2011 "El resplandor"

Edurne Iza, El resplandor
El mapa indicaba el lugar claramente, con una enorme X de color rojo. Hacía ya un rato que había oscurecido, pero estaba muy cerca. Según las indicaciones, una veintena de pasos al oeste y unos doscientos al norte. De hecho, por las dimensiones que me habían descrito, era extraño que no lo viera ya. Aunque, debo decir, que la noche cerrada y sin luna, no ayudaba demasiado. Uno, dos, tres, cuatro... iba contando en voz alta, cuando un enorme relámpago iluminó el cielo por unos segundos, permitiéndome descubrir, justo delante de mí, la enorme estructura de piedra, cuyo perfil dejaba intuir, la majestuosidad que albergó hace muchos años. Ahora, medio derruido e invadido por la vegetación, parecía tan solo un fantasmagórico castillo abandonado.
Hubiera preferido poder inspeccionar el lugar a plena luz del día, pero había realizado un largo viaje hasta allí, había invertido todos mis ahorros en cruzar el mundo, siguiendo el mapa que heredé de mi tío Winslok, como para esperar ahora, porque era de noche. En el fondo de mi ser, sabía que no era una buena idea, que en este tipo de edificios abandonados, pueden esconderse alimañas para protegerse del frío, puede haber piedras sueltas que hagan un camino inestable y se conviertan en una trampa para quien intenta cruzarlo, pero la pasión superó a la razón y decidí seguir adelante.
El tío Winslok fue un aventurero toda su vida. Considerado un viejo loco incluso por sus propios hermanos, que no daban crédito a ninguna de sus historias de fantasmas, tesoros escondidos, reliquias arqueológicas y mundos maravillosos. Desde pequeña, fui su sobrina favorita y las pocas veces que pasaba por casa, me deleitaba con sus fantásticas aventuras que yo soñaba con repetir algún día. A mi padre no le hacía ninguna gracia.
- ¡Winslok, deja tranquila a la niña!. Bastante imaginación tiene ya, como para que invadas su cabecita con tus estúpidas mentiras. ¡Mataste a nuestra madre a disgustos!
- ¡No voy a consentir semejante falacia!. Sabes perfectamente que mamá llevaba muchos años enferma. No es justo que intentes cargar sobre mi espalda esa responsabilidad.
La discusión continuó durante largo rato. Se recriminaban mutuamente quién había querido más a mi abuela o quién la había cuidado hasta sus últimos momentos. En el fondo, mi padre estaba resentido porque mi abuela adoraba a Winslok. Su espíritu aventurero, su imaginación y fantasía eran clara herencia genética suya. Ella, era una tradicional ama de casa y madre de familia, que mantenía los usos y costumbres de la época, salvaguardando el buen nombre de su esposo y sus hijos, pero escondía un corazón libre, que viajaba alrededor del mundo a través de las palabras de Winslok. Por eso era su preferido, porque poseía su energía vital y su condición de hombre, le permitía, dada la época, descubrir mundo. A cada regreso de un viaje, madre e hijo pasaban horas hablando. Winslok realizaba dibujos de los lugares que había visitado y regalaba los oídos de su ya enferma progenitora, con todo lujo de detalles, que le permitieran cerrar los ojos y transportarse mucho más allá de las paredes de su casa.
- ¡Yo estuve con ella hasta el final! ¡mientras tú estabas en uno de tus estúpidos viajes!
- ¡Tú eras una continuación de su aburrida existencia! ¡yo le traía energía, vida y alegría! yo entendía sus frustraciones, y le quería con todo mi corazón... y ella a mí y eso no puedes soportarlo.
- ¡Vete y no vuelvas!
Yo tenía trece años y fue la última vez que vi al tío Winslok. Pero no la última noticia que tuve de él. Nos las ingeniamos para recibir correspondencia en casa de mi amiga Elaine y continuó narrándome sus aventuras durante años. Su última carta fue desgarradora. Había contraído unas extrañas fiebres en un país africano y le quedaba muy poco tiempo de vida. Me encargaba una misión. Encontrar un tesoro, según él, mucho más valioso que todo el oro del mundo. Adjuntaba un mapa, que yo había seguido escrupulosamente. Así que allí estaba, delante del destartalado castillo, dudando entre entrar o no y con el cielo amenazando con partirse en dos... Continuará.

Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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