La Foto del día: 01-09-2011 "El craken, el perro y el pescador"

Edurne Iza, El craken, el perro y el pescador
Allí estaba yo, un elegante Fox Terrier tricolor, sentado al borde del malecón, contemplando el mar y los veleros navegando en el horizonte. Me asomé para observar a los pescadores que más abajo, en el muelle, se afanaban por lanzar cebos una y otra vez, intentando que algún despistado picara. Yo sentía una enorme curiosidad por el tipo de peces que podrían capturar tan cerca de la ciudad. No me parecía posible, que hubiera suculentas piezas entre los residuos y las manchas de aceite procedentes del puerto. Tanto incliné mi cuerpo, que  desde mi perspectiva, parecía que  mar y cielo podían vaciarse de un retrato colgado en la pared, como si de un vaso se tratara. Entonces, me fijé en un curioso hombrecillo, colocado justo en mi línea de visión. Estaba agachado, manipulando sus instrumentos de pesca, con su regordete trasero en perfecta posición para ser empujado al agua, víctima de una broma cruel. Estaba debatiéndome entre la tentación de darle un buen susto y el correcto comportamiento de un can educado de mi clase, cuando súbitamente, salió de las aguas un gigantesco ser. Me recordaba al craken de una película fantástica. Mezcla de pulpo y ostra gigante. Aquella criatura descomunal, elevó su cuerpo varios metros por encima de la superficie, emitió un espantoso rugido y engulló al pescador, atrapándolo por la cabeza. Sin apenas tiempo de reacción, el monstruo desapareció, arrastrando al hombre hacia las profundidades marinas. En el extremo izquierdo del muelle, había dos jóvenes, también pescando, que se quedaron paralizados observando la espantosa e increíble escena. Al cabo de unos segundos, uno de ellos, cayó desmayado al suelo y el otro salió gritando despavorido, pidiendo auxilio y dejando abandonada la caña de pescar. Los libros me definen como "perro de agua". Por tanto decidí, que era momento de actuar. Salté desde el malecón hasta el muelle inferior. Recorrí varios metros arriba y abajo, intentando olisquear y detectar por dónde, el diabólico engendro se había sumergido. Finalmente, el hedor a pescado podrido, me hizo adivinar su trayectoria. Sin pensarlo dos veces, salté en la dirección que mi olfato me indicaba. Introduje la cabeza bajo el agua y vi a lo lejos su sombra deslizándose hacia el fondo y la mano extendida del hombre pidiendo ayuda. Tomé aire y buceé con todas mis fuerzas hacia ellos. Me planté frente a él y sin titubeos me lancé a uno de sus ojos. Lo mordí con tanta fuerza, que se desprendió de su cuenca como si de una canica se tratara. Desconcertado y dolorido, soltó a su presa. Con la última reserva de aire de mis pulmones, agarré la manga del desdichado pescador entre mis dientes y nadé con toda la intensidad que pude hacia la superficie. Cuando por fin conseguí tomar algo de aire, vi que en el espigón, se habían arremolinado los curiosos. Ladré desesperado, indicando, que el desvalido que flotaba junto a mi, necesitaba con urgencia primeros auxilios. Lo sacaron del agua y tras varios minutos de masajes y respiración boca a boca, consiguieron que escupiera el líquido que había entrado en su cuerpo y poco a poco, sus grises mejillas recuperaron un color sonrosado mucho más saludable. Agotado por el esfuerzo, yo me había tumbado empapado en un rincón, a observar el desenlace de la historia. Entonces, uno de los que rodeaba al fatigado pescador me señaló y dijo con solemnidad:

- ¡Él te ha salvado!

Me hizo un gesto para que me acercara. Me senté junto a él y al comprobar que se encontraba mucho mejor, le di un lengüetazo que recorrió toda su barbilla. Me estrechó con fuerza, acariciando y besando una y otra vez mi cabeza. Aún no habíamos terminado de disfrutar del entrañable momento, cuando apareció de nuevo de entre las aguas el gigantesco monstruo. La gente a nuestro alrededor, desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Estábamos demasiado débiles para echar a correr, así que nos quedamos inmóviles, observando al ahora tuerto especímen, resignados a nuestra suerte. Apoyó dos de sus tentáculos sobre el muelle, fijó la mirada del ojo que le quedaba en nosotros y emitiendo un extraño rugido de enfado y dolor se sumergió para siempre. Cualquiera hubiera dicho, que la estampa le había enternecido y había decidido perdonarnos la vida. Quizá comprendió, al vernos, que con un poco de cariño, la vida se ve con otra perspectiva.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 31-07-2011 "Vacaciones de verano"

Edurne Iza, Vacaciones de verano

Tras 125 jornadas de compartir con vosotros nuestras fotos y textos, La Foto del día se despide. Tránquilos, no os dejamos para siempre, es sólo una despedida de sol, descanso y recarga de baterías. Volveremos el 1 de Septiembre a llenar, cada día, unos minutos de vuestras vidas con nuestra creatividad e imaginación. Está siendo una maravillosa experiencia el compartir con todos vosotros esta iniciativa, que nos está enriqueciendo como profesionales y personas.
Nunca pensamos que la combinación de fotografía y literatura pudiera tener una aceptación tan grande y a generar esta expectación. 
Por todo ello, sólo podemos daros las gracias. Deciros que cuando el pasado 28 de Marzo, decidimos dar a luz a La Foto del día, no podíamos imaginar que 125 días después, tendríamos 6.000 visitas, una reseña en La Vanguardia, 39 seguidores públicos del blog, y todos los que anónimamente nos leeis y observáis a diario, a través de Facebook, Twitter y nuestro blog.
Así pues el mejor modo de desearos un feliz verano, es dejaros esta imagen, que invita al relax, a los saludables baños de mar y a disfrutar de la naturaleza durante las vacaciones.
Gracias por estar al otro lado de la pantalla, por aprenderos nuestra dirección http://fotoblogedurneiza.com, por dejarnos vuestros comentarios, por hacer click en "me gusta", por los "retweets" y "menciones". Gracias por compartir este sueño hecho realidad. Por hacer posible que Fotografía Edurne Iza, crezca cada día un poco más.

¡Os esperamos el 1 de Septiembre aquí, en La Foto del día!

La Foto del día: 30-07-2011 "Marino y pensador"

Edurne Iza, Marino y pensador
Gracias a ellos hoy conocemos en profundidad el Planeta Tierra. Desde la antigüedad, ha habido científicos, pensadores y viajeros, con ansias de comprender la verdadera forma y dimensiones de lo que ahora sabemos que es una esfera.
En un principio, la línea del horizonte, confundió a los filósofos griegos y les hizo concluir que habitaban en una especie de cilindro muy corto. Es decir, que la Tierra era plana. Que allá donde la vista se pierde y el cielo toca el mar, había una pared vertical que terminaba en la nada.  Fue Anaximandro de Mileto, discípulo de Tales y maestro de Anaxímenes, uno de los mayores defensores de esta teoría. Fruto de sus investigaciones, llegaron las primeras mediciones conocidas de los solsticios y equinoccios, así como trabajos destinados a determinar el tamaño y distancia de las estrellas. Concluyó además, que la Tierra era cilíndrica y ocupaba el centro del Universo.
No existe certeza de ello, pero parece que el primero en defender la esferidad de nuestro globo, fue Pitágoras allá por el siglo VI a.c. Más adelante, Aristóteles en el siglo IV a.c. se aventuró con análisis más detallados sobre el valor de su circunferencia.
Pese a la creencia popular de que en la Edad Media, se defendía la teoría de que la Tierra era plana, lo cierto es que en la mayoría de tratados de la época, se incluyen cartas que muestran Las Antípodas, mapas de zonas con los climas Ptolemaicos e incluso diagramas etiquetados como "globo terrestre", colocándolo como el centro de un conjunto de esferas posicionadas jerárquicamente.
Hoy en día, sabemos que habitamos en el tercer planeta desde el Sol. Que además es el quinto en tamaño dentro del sistema solar. Tenemos detalles precisos de las placas tectónicas que constituyen su superficie y que se deslizan sobre el magma en ciclos que duran millones de años. Qué más del 70% de dicha superficie son océanos de agua salada y el resto continentes e islas, poblados de ríos y lagos que constituyen la hidrosfera.
Tampoco dudamos que la Luna, es nuestro satélite natural, y que la atracción gravitatoria que ejerce con la Tierra, es la causante por ejemplo, de las mareas.
Como veis, en pleno siglo XXI, tenemos infinidad de datos técnicos, detalles, mediciones e imágenes. El ser humano, se empeña en encontrar otros mundos habitables para nuestra especie, con oxígeno, agua potable, luz, calor... Luchamos por la conquista de aquello que se escapa a nuestro control, de lo que creemos conocer.
A estas alturas, me encantaría poder trasladarme un par de miles de años hacia el futuro, y descubrir cual habrá sido la evolución de los descubrimientos. ¿Seremos capaces de conquistar otros planetas? ¿de adaptarnos a condiciones diferentes? ¿de descubrir nuevas formas de vida? De ser así, ¿seguiremos siendo entonces la especie dominante? ¿o encontraremos un depredador aún más agresivo y destructor que el propio ser humano?. Creo que me quedaré con la duda, porque pensándolo bien, tampoco me haría gracia asomar la cabeza en el siglo cincuenta y descubrir una civilización mutante o medio destruida por la sed de expansión.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 29-07-2011 "Cometa"

Edurne Iza, Cometa
No existe unanimidad a la hora de establecer el origen de las cometas, sin embargo, cobra bastante fuerza la idea de que proceden de la antigua China. Parece ser que la primera constancia de su existencia data de hace al menos 2.500 años. Tan curioso artilugio, ha suscitado la propagación de numerosas leyendas entorno al motivo de su aparición. Hay quien lo asocia a tradicionales métodos de pesca, consistentes en atar un anzuelo a un cabo terminado en una cometa, y a su vez sujetarlo a un bote, para pescar de manera relajada. Debían tener cuidado con la posición de la sombra sobre la superficie del agua, para no ahuyentar a los peces, pero al parecer era muy utilizado en la antigüedad por los pescadores de Polinesia. Algunos monjes chinos, la hacían volar durante horas, como ejercicio de meditación.
Con el paso de los años, el vuelo de la cometa se va extendiendo por diferentes países de la zona, Malasia, Indonesia, Birmania, Japón, India, para trasladarse algo más tarde hacia la Península Arábiga y el norte de África. Tardaría algo más en llegar a Europa, ya que tuvimos que esperar a las invasiones mongolas, los contactos con la cultura árabe y los intercambios comerciales procedentes del Cabo de Buena esperanza. Así que llegó a nuestro continente sobre el siglo XIV y alcanzó un elevado nivel de popularidad en el XVI.
No obstante, los usos más peculiares para este ingenio llegaron sobre el siglo XIX cuándo fue empleado para elevar hasta el cielo instrumentos de observación meteorológica. Las versiones que revolucionaron la investigación científica de la época, llegaron de manos de L. Hargrave (1894), que la modificó hasta convertirla en tridimensional y William A. Eddy (1891), que ideó una modalidad capaz de volar sin cola.
Ya en los albores del siglo XX, cuando la aviación irrumpió en nuestras vidas, se incorporó una aplicación militar a sus ya variadas aplicaciones. La intención era elevar observadores sobre el campo de batalla, para lo que se construía un complejo sistema de cometas entrelazadas, de las que colgaba una cestilla que contenía al observador. En pocos años, se decidió utilizar globos en su lugar.
Hoy en día, disponemos de versiones destinadas a la competición o el uso lúdico o opciones de tracción.
Si os parece interesante este mundillo, os recomiendo que visitéis el siguiente link http://usuarios.multimania.es/jmsuay/ aparecen fotografías con detalles de algunas de las cometas más destacadas de la historia. Podréis encontrar una evolución de las formas, usos y hasta nombres de los creadores de algunos de los más destacados ejemplares.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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