La Foto del día: 21-07-2011 "Deporte y concentración"

Ya sabía que el deporte es beneficioso para la salud. Pero hoy he descubierto, que hacer ejercicio, estimula además, la producción en el cerebro de ondas alfa, theta y delta, lo cual favorece la relajación, la concentración y la capacidad para resolver problemas.
El factor más importante de la concentración, consiste en ser capaces de focalizar la atención sobre la tarea que se está desarrollando, sin distraerse por estímulos internos o externos irrelevantes. Se trata pues, de una habilidad que podemos practicar y mejorar con los ejercicios adecuados.
Edurne Iza, Deporte y concentración

Los entrenadores deportivos, se esfuerzan a diario en ayudar a sus jugadores a desarrollar esta destreza, ya que de ello depende en gran medida el éxito en el campo. A menudo escuchamos en las ruedas de prensa deportivas, comentarios como "al equipo le faltó concentración", "la presión de un estadio lleno de seguidores del equipo contrario pudo con ellos", "parecía que estaba en otro lugar"... Y es que, mediante la concentración, conseguimos precisamente estar en el momento y lugar adecuados a cada situación. Aquí y ahora.
En los deportes de equipo, tenemos además, el componente añadido de las relaciones personales entre los jugadores. La falta de afinidad o confianza puede desestabilizar el rendimiento del conjunto. De ahí que se valoren los caracteres dóciles, estables y dialogantes y se consideren conflictivas las luchas de egos, las personalidades autoritarias, poco disciplinadas o con problemas para comprender y asumir la jerarquía y la autoridad.
Todo esto nos lleva a concluir, que el éxito en el terreno de juego no se basa únicamente en un comportamiento físico y técnico excepcional. Es indudable que el conocimiento de la estrategia, las jugadas ensayadas y el rendimiento muscular, son pilares fundamentales para la obtención de un resultado óptimo. Pero no olvidemos que para que el edificio no sólo se sostenga, si no que pueda soportar el peso de la notoriedad pública, la fuerza de los aficionados, el estrés de la competición, la presión mediática y tantos otros factores externos debe construirse sobre cimientos de espíritu de equipo, compañerismo y humildad. El grupo y no el individuo deberá ser capaz de hacer frente a cada adversidad, de disfrutar y hacer suyo el triunfo del grupo y de no personalizar el fracaso, si no de digerirlo, analizar los fallos e intentar establecer la estrategia adecuada para corregirlos en el futuro.
Por eso hay equipos que saltan al terreno de juego protegidos por la impermeabilidad de la concentración y otros que se calan hasta los huesos por los agujeros de la distracción y la falta de equilibrio.
La Foto del día de hoy, la dedicamos a todos los defensores del espíritu mosquetero del "Todos para uno y uno para todos".


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 20-07-2011 "La estatua y el genio"

Edurne Iza, La estatua y el genioEl día amaneció nublado. Su estado de ánimo seguía como el día anterior. Por los suelos. Era consciente que debía seguir adelante, que un desengaño amoroso no podía hundirla hasta el punto de no poder continuar. Ya había recurrido a las terapias de amigas, a las películas melodramáticas para llorar con excusa, a las fiestas de pijama hasta bien entrada la madrugada, a un atracón de helado de chocolate… Nada conseguía devolverle la sonrisa. El golpe había sido demasiado fuerte. Después de tantos juramentos mutuos de amor eterno, no estaba preparada para llegar un día a casa y encontrar a su “media naranja” en la cama con otra.
Pasó días enteros yendo de casa al trabajo y del trabajo a casa. Siendo tan sólo una sombra de sí misma. Aquel sábado decidió que ya había perdido suficientes días, noches, horas y minutos de su vida. Se propuso cambiar el curso de los acontecimientos, salir de compras, darse algún capricho y regresar a su hogar siendo de nuevo una mujer feliz. Caminando por la ciudad se detuvo a contemplar una plaza, rodeada de edificios de piedra. Elegantes, sólidos, reflejo de una gloriosa época pasada. Cerró los ojos y deseó por un momento poder introducirse en otra vida, la de una dama helena o romana. Experimentar los orígenes de otra civilización. Como aparecido de la nada, se alzó ante ella un ser vestido de un modo que le resultaba familiar. Lo había visto en los cuentos de Las mil y una Noches. Parecía el genio salido de una lámpara.
-       ¡Buenos días bella señora!, dijo el genio con voz estereofónica.
-       Esto… Buenos días.
-      Soy el genio de los deseos y he sido llamado.¿Dice que le gustaría a usted trasladarse a la antigua Roma?
-       Bueno, quizá, yo..., si, supongo que si. Titubeó.
-       Puedo hacer que su deseo se convierta en realidad.
-       ¡Llevarme a la antigua Roma! 
-       ¡Exacto!, pero para ello usted deberá ofrecerme algo a cambio
-       ¿Y de qué se trata?
-       De su cuerpo.
-       ¿Cómo? ¡Sátiro, sinvergüenza! ¡Fuera de mi vista!
-       No, no me malinterprete por favor, soy un caballero. Me refiero a que para que mi magia surta efecto, usted no puede continuar existiendo en ambas épocas al unísono, pero tampoco puede desaparecer por completo de la era actual. Debemos mantener un modo de poder hacerle regresar, si pasado un tiempo usted se arrepiente de la decisión. Como un puente entre el pasado y el presente ¿lo entiende?
-       Eso ya está mejor. Por un momento pensaba que era usted uno de esos obsesos que andan sueltos. Y ¿de qué modo podríamos establecer esa pasarela de la que me habla?
-       Muy sencillo, yo le convierto en estatua de piedra en este mundo. Aquí mismo, decorando esta plaza. Nadie notará su presencia, ni su falta si un día decide volver. Su cuerpo tal y como lo conoce usted será íntegra y molecularmente trasladado a la época y lugar escogidos. ¿Qué me dice?
-       Pero… Y usted ¿qué gana con esto?
-       Vivo para cumplir los sueños de la gente. Usted ha soñado y aquí estoy.
-       ¿Así de fácil?
-       Así de fácil.
-       De acuerdo, correré el riesgo. Estoy preparada ¿Qué tengo que hacer?
-      Cierre los ojos, relájese y cuando cuente tres, ábralos muy despacio. Entonces, estará en su nueva vida. Uno, dos, tres.
Una preciosa estatua se alzaba en un discreto lateral de la plaza. Quedó colgando de su brazo la bolsa con las compras que había realizado hacía unos minutos. No hubiera sido apropiado aparecer en la Roma antigua cargada con un envoltorio rotulado en una imprenta moderna.
Apenas sintió nada. Abrió los ojos muy despacio y vio a su alrededor termas, acueductos, columnas, circos… Una nueva vida se abría ante sí. ¿Querría regresar algún día?


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 19-07-2011 "Hélice"

Edurne Iza, Hélice

Josef Ludwig Franz Ressel ha pasado a los anales de la historia como el creador del primer prototipo funcional de hélice para propulsar barcos. Nació en 1793 en Bohemia. Su madre era de origen checo y su padre germano. Tuvo que detener prematuramente sus estudios, puesto que tras el fallecimiento de su padre, se responsabilizó del sustento de la familia. Así que consiguió un empleo como guarda forestal en Istria. En esta zona se gestionaba una importante producción maderera que servía para surtir a los por entonces importantes astilleros del puerto de Trieste. Más adelante trabajó en el curso del río Krka, donde su inquietud investigadora, le llevó a construir su primer prototipo de hélice para embarcaciones fluviales. En 1827 consiguió obtener una patente y reunir los apoyos necesarios para probar su invento en el buque a vapor Civetta. A pesar de conseguir que el navío alcanzara una velocidad de seis nudos, el experimento terminó en fracaso, puesto que el barco terminó explotando. Tras la explosión, la continuidad de sus investigaciones se vio truncada, ya que las autoridades prohibieron cualquier prototipo posterior. Desesperado por la falta de apoyos, Ressel decidió apoyar la continuidad de sus exploraciones tecnológicas en un empresario francés que le prometió el soporte necesario para seguir adelante y del que por desgracia, sólo recibió un plagio y el verse envuelto en años de litigios y reclamaciones judiciales.
Hubo a lo largo de ese mismo siglo, diversos intentos de poner en funcionamiento artilugios similares, pero todos ellos terminaron decepcionando a sus creadores. No fue hasta 1839, cuando el sueco John Ericsson, perfeccionando la hélice de Ressel, consiguiera finalizar con éxito, la primera travesía trasatlántica.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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La Foto del día: 18-07-2011 "El valor de las raíces"

Después de la guerra, sus abuelos tuvieron que escapar. Son esas crueldades que comete el ser humano, cuando hace luchar hermanos contra hermanos, se ensaña con los perdedores o pretende borrar la memoria de las generaciones futuras. Precisamente para evitar que sus hijos, sus nietos y los hijos de éstos más tarde, olvidaran sus orígenes, desde muy pequeña escuchó en casa hablar de raíces.

Edurne Iza, El valor de las raíces


Los años habían curtido su piel, la guerra, los campos de trabajo y los "sutiles" métodos para obtener información que tenía el enemigo, arrancaron sus uñas, apagaron su vista y deterioraron sus pulmones. Pero el brillo de sus ojos y el orgullo de la mirada, permanecían intactos. Ella no tendría más de siete u ocho años cuando le sentaba en sus rodillas, en el sofá que había junto a la chimenea y le contaba que la familia siempre había destacado por su cultura. Personas sencillas, decía. Pero muy interesadas en el arte, la literatura, la música. "Yo era pintor, tenía unas manos prodigiosas, cómo mezclaba los colores y manejaba los pinceles. Era mi vida, y por eso me destrozaron los dedos y me arrancaron los ojos", decía mientras mostraba a su nieta las arqueadas y descuajeringadas extremidades, que señalaban unas cuencas vacías como el alma de sus torturadores.
- Pero nunca dije nada, ni una palabra, jamás delaté a los míos. Y eso querida mía, eso está en tus raíces. La vida te llevará por senderos difíciles de transitar. Tendrás que tomar decisiones complicadas, que ahora ni tan siquiera puedes imaginar. Deberás escoger entre tus principios y tus intereses. El camino fácil o el difícil. Pero no te preocupes, tus raíces te dirán lo que debes hacer y estoy seguro que llegado el momento, tomarás la decisión correcta.
- Pero abuelito, eso suena terrible ¡yo no quiero ser mayor!.
- Tranquila, no sucederá de un día para el otro, será un cambio gradual, progresivo. Cuando no sepas qué dirección tomar, en esos momentos en que la vida parece que te está dedicando una mueca sarcástica, sólo deberás mirar dentro de ti y buscar tus raíces. Ellas te dirán qué debes hacer. Y ahora, ¡a la cama! a dormir y a soñar con cosas bonitas.
- Buenas noches abuelito, te quiero mucho. Dijo la pequeña, besando sus malogradas manos.
El abuelo suspiró profundamente y decidió quedarse un rato más escuchando el crujir de la madera quemándose en el hogar.
Aquella noche el abuelo falleció, sentado plácidamente en su sillón, con la satisfacción de haber vivido de forma plena, de haber sido fiel a sus ideales, a la gente que amaba. De haber plantado en los suyos, la semilla de la honradez. De haber sido capaz de morir con la misma dignidad con la que había vivido.
Aquella noche la niña, durmió arropada en su cama y soñó con unas sólidas y profundas raíces que le marcaban un camino. A veces soleado, a veces amenazado por nubes de tormenta. Pero un claro sendero por donde transitar.
Pasaron los años y la pequeña convertida en fotógrafa, presentó a un prestigioso concurso una imagen que reflejaba aquel sueño de niñez. La dedicó al hombre más valiente que había conocido. Al hombre que le enseñó el valor de las raíces. Al recoger el premio, no ofreció vacías palabras de agradecimiento, sólo dijo:
- Abuelito, miré en mi interior, las vi y escogí mi camino. Hoy, estarías orgulloso de mí.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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