La Foto del día: 30-06-2011 "Paseo arquitectónico"

Edurne Iza, Paseo arquitectónico


Sólo tenemos que darnos un paseo por nuestra ciudad, para descubrir cómo las tendencias arquitectónicas han ido evolucionando con el paso del tiempo. Recorriendo calles y avenidas, sin las prisas del día a día. Sin mirar el reloj a cada minuto. Olvidando la preocupación de encontrar aparcamiento, de no perder al autobús o de llegar al otro lado del paso de peatones antes que cambie el semáforo, seríamos capaces de leer la historia de nuestra ciudad, observando sus edificios.
Por marcar un inicio en el tiempo, comenzaremos por la “Belle époque”, el “Fin de siècle”, intentando escoger un punto de arranque en este recorrido, vayámonos a las coordenadas 41°23′30.2″N 2°09′53.8″E, efectivamente, La Casa Batlló, en el número 43 del barcelonés Paseo de Gracia. El genial Antonio Gaudí, remodeló un edificio ya existente en el solar. Azulejos, claraboyas, formas onduladas y hierro forjado, le dieron el toque de casa encantada que deleita a locales y visitantes. Siguió el expresionismo de Secundino Zuazo, que salpicó el madrileño barrio de Argüelles con construcciones como la que podemos encontrar en la calle Donoso Cortés 26. A simple vista un edificio de apartamentos, pero joya representativa del legado arquitectónico de Zuazo. Desplazándonos ahora hasta Bilbao, ciudad natal de Secundino, encontramos un hermoso legado del Art Decó. El Café Boulevard, ubicado en pleno centro de la ciudad, junto al emblemático Teatro Arriaga, y que conserva la solera y estilo de las tertulias de algunas de las plumas más excelsas de la literatura, Ortega y Gasset, Ramiro de Maeztu o Miguel de Unamuno, cuyos textos decoran aún hoy las paredes del local. El siglo avanzaba y el hormigón armado hace su aparición. Se adopta el principio de que los materiales y requerimientos funcionales determinan el resultado, es decir que la forma sigue a la función. Se rechaza el ornamento y se eliminan los detalles innecesarios, cabalgamos por la senda del minimalismo, formas geométricas, limpias, austeras, contrastan con las curvas imposibles, impuestas por Santiago Calatrava o Frank Gehry, que nos deleitaron con obras como el Auditorio de Tenerife o el Museo Guggenheim de Bilbao. Arte que contiene arte. Mimetismo convertido en construcción.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.

La Foto del día: 29-06-2011 "La carta"

Edurne Iza, La CartaCon pulso tembloroso asió la pluma, con la intención de comenzar a escribir. Qué grande parecía aquella hoja de papel en blanco. Habían pasado muchos años. Demasiados para resumirlos en unas cuantas líneas. Muy largos, para justificar su silencio. No los suficientes para paliar el daño cometido. Aquella mañana, había recibido una carta del hospital. Ya tenían los resultados de las pruebas que le habían realizado hacía un par de semanas. En una revisión rutinaria, habían detectado algunos valores alterados en su analítica sanguínea. Su doctor quería realizar más pruebas. Tras casi dos meses y varias ecografías, fue la tomografía, la que concluyó el fatídico diagnóstico. Cáncer de próstata, demasiado avanzado e invasivo para operar. Sólo podía aplicarse un tratamiento paliativo. ¿Paliativo de qué?, pensaba rabioso. Como si el dolor de dejar este mundo antes de tiempo, pudiera calmarse con morfina. Es en estos momentos de la vida, en los que el ser humano es consciente de que la cuenta atrás llega a su fin, cuando suele hacerse balance de la trayectoria individual. Lo conseguido, lo fallado, lo que quedó olvidado en el cajón de los sueños.  Entonces decidió escribir aquel mensaje. No sabía por dónde empezar y decidió hacerlo por el principio de la historia.
"Querida hija, han pasado muchos años y supongo que debes odiarme. Pero el tiempo se acaba y necesito que me perdones. Que sepas que existo... y que lo siento."
Hacía más de treinta años, siendo ella una recién nacida, él simplemente desapareció. Su madre falleció durante el parto, no le quedaba nadie más en el mundo. Sólo él, y huyó. La pequeña se crió en un orfanato. Pasó por varias casas de acogida, hasta que finalmente fue dada en adopción a una maravillosa familia. Siempre le cuidaron, le mimaron y le dieron cuanto estuvo a su alcance, para que creciera fuerte y feliz. Estudió, maduró, tenía un trabajo con el que se sentía realizada, encontró un buen hombre que la quería tal y como era y tuvieron un precioso bebé. Nunca sintió falta de cariño, sería injusto describirlo así. Más bien, una enorme incógnita, un agujero negro en su corazón. ¿Qué pasó? ¿por qué se marchó su padre y nunca dio señales de vida? ¿no le importaba acaso si estaba viva o muerta? ¿si sacaba buenas o malas notas? ¿si era una profesional de éxito o una yonki tirada en una esquina? ¿no se habría preguntado jamás qué cara tenía? ¿si se parecía a él? ¿o si era el vivo retrato de su amada madre muerta?.
Era sábado por la mañana. Abrió la puerta de casa para salir a dar un paseo con su pequeño. Estaba nublado, pero no hacía frío. Al salir, vio un sobre bastante grande introducido en el buzón. Uno de esos de metal, con su escudo grabado en relieve. Introdujo la llave y tomó la carta con ambas manos. Atónita leyó el nombre del remitente. Con grandes letras mayúsculas estaba escrito "ÁBRELA, SOY TU PADRE". El corazón le dio un vuelco. Con parsimonia, tomó el sobre, lo introdujo en su bolso y empujando el cochecito del niño, caminó despacio hasta un parque cercano, donde había quedado en encontrarse con su marido. Se sentó en un banco de madera, mirando al estanque de los patos. Sacó la carta y la depositó sobre sus piernas. Se quedó así mucho rato. La mirada fija en las grandes letras, pero la mente ausente. En pocos minutos pasaron por su recuerdo los mejores y peores momentos de su existencia. Los primeros pedaleos en bicicleta, los nervios de los exámenes, los complejos de adolescente, la universidad, la dureza del primer empleo, su embarazo, el parto, y tantos y tantos otros instantes que marcaron su devenir. Analizó sus dudas, las preguntas sin respuesta durante tantos años. "Rasgaré el sobre y encontraré lo que he deseado saber todo este tiempo". Sujetó la carta con ambas manos dispuesta a vaciar su contenido y descubrir la verdad. "La verdad", repitió en voz alta. En el último instante, se levantó, dio unos pasos hasta la papelera más cercana y tiró el sobre sin abrir. "La verdad es que he llegado hasta aquí sin ti y no formas parte de mi vida. La verdad es que moriste en el mismo instante en que me abandonaste. La verdad es que no me quisiste lo suficiente entonces, ni los treinta siguientes años. La verdad es que no necesito respuestas". Cogió en brazos al bebé y se acercó al otro extremo de la laguna para dar pan a los patos. Atrás quedó la papelera y un hombre gris y cabizbajo que salió de detrás de un árbol. Su padre la había seguido con la esperanza de ver la emoción en sus ojos, al leer la confesión de su cobardía y despreocupación. Había soñado con una hollywoodiense escena de reencuentro familiar. Con besos, abrazos y perdón. Apesadumbrado, recogió la carta, asumiendo el castigo a su egoísmo.  No pudo evitar, por primera vez en su vida, pensar ¿Qué pasó? ¿por qué se marchó sin leer el escrito? ¿no se habría preguntado jamás qué cara tenía? ¿si se parecía a él? ¿o si era el vivo retrato de su amada madre muerta?. Miró dentro de su corazón, intentando hallar la solución. No pudo ver nada. Siempre había estado vacío. 
Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 28-06-2011 "No se ría, no se ría..."

http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=FG1LNJMC5-w "Oiga usted, no se ría, de la Bruja Avería. Oiga usted, no se ría, de la Bruja Avería". Quién me iba a decir a mí, que cuando a mis tiernos diez añitos coreaba enloquecida esta canción de Olvido Gara, más conocida como Alaska, no estaba haciendo otra cosa que predecir el futuro. El Hada Vídeo, Maese Sonoro, la Bruja Truca, Maese Cámara... los electroduendes. Eran los duendes de la electrónica. Simpáticos personajillos con poderes, que se zafaban a duras penas de una malvada Bruja Avería, dedicada a hacer explotar todo cuanto se ponía a su paso. "Si se ríe usted señora romperá la lavadora, si se ríe usted señor, romperá el televisor". Han pasado los años, y ahora que llevo una vida de persona seria, quedaría mal canturrear esta canción por los pasillos de la empresa, mientras avanzo con las rodillas flexionadas y haciendo el egipcio con los brazos. Sin embargo, no puedo negaros, que se me van los pies nada más escucharla. 
Poniéndome seria, lo que no dejaba de ser un programa infantil inofensivo, se está convirtiendo en un tenebroso futuro. La villana de la serie, era una espantosa mujercilla. Una especie de mutante entre ser humano y aparato electrónico, de cuya cabeza salían cientos de cables de colores en lugar de cabellos. Ahora en pleno siglo XXI, cuándo no podemos vivir sin móvil y el tablet nos parece imprescindible, sólo nos falta decorar nuestros hogares con maceteros como el que os adjuntamos hoy. Tierra, de la que ya no brotarán plantas verdes ansiosas de fotosíntesis, si no hilos de cobre plastificados. Conectores USB, sustituirán a las flores comunes y los HDMI serán como las delicadas orquídeas de antaño. En lugar de liberar nuestros tiestos de pulgones, nos fijaremos en que cumplan la normativa ROHS. No necesitaremos que los árboles nos cobijen con su refrescante sombra, porque tendremos aire acondicionado por doquier. No hará falta recolectar las cosechas de frutas y hortalizas frescas, porque habremos sustituido nuestra rica dieta Mediterránea, por pastillas de colores servidas en asépticos frasquitos de cristal.

Edurne Iza, No se ría, no se ría...

Sinceramente amigos, desde mi humilde posición, pienso seguir abogando por un futuro basado en la economía sostenible. Porque con pequeños e individuales gestos anónimos, podemos conseguir que la Bruja Avería se quede exactamente donde le corresponde. En un dulce recuerdo infantil, de un personaje imposible a caballo entre maldad y comedia. Desde La Foto del día de hoy, os animamos a reciclar, a despreciar los alimentos transgénicos, a no encender el aire acondicionado más de lo necesario, a cerrar los grifos cuando no se están utilizando, a no verter el aceite refrito por el fregadero, a viajar en transporte público siempre que podamos y a practicar el saludable deporte de caminar. Así entre todos podemos augurar un futuro mejor. Ya sabéis... ¡es La Bola de Cristal!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 27-06-2011 "Pérfidus, Bóndidus, y el contraconjuro"

El cielo amenazaba tormenta. Ya lo anunciaba la profecía. Sucedería, la cuarta noche después de la segunda luna nueva, tras el nacimiento del elegido. Hacía poco más de nueve meses, el príncipe de aquellos parajes, Bóndidus, había caído en un profundo sueño, presa de la maldición de su primo Pérfidus. Se habían criado juntos, ya que los reyes, los padres de Bóndidus, habían fallecido durante una epidemia de peste, que diezmó la población, hacía ahora veinticinco años. Popea, la bondadosa hermana de su madre, adoptó al pequeño y lo crió con el mismo amor que a su propio hijo. Su esposo, un duque venido a menos, que conservaba más nombre que fortuna, nunca tuvo simpatía por el pequeño, pero aceptó, guiado por la ambición de pensar, que aquel huérfano algún día se convertiría en rey. La codicia del padre, hizo mella en Pérfidus, que creció envidiando y odiando todo cuánto su primo conseguía. Cuando eran ya jóvenes casaderos, Bóndidus, se enamoró de Flavia, una hermosa muchacha. Pronto contrajeron matrimonio y según la tradición, al nacer su primer vástago, la joven pareja ocuparía el trono.
Amante de las brujerías y presa de la avaricia, Pérfidus, ayudado por su padre, urdió un malvado plan, para arrebatar a los recién casados su legítimo derecho. Las leyes contemplaban, que si por cualquier motivo, el heredero del trono, no lo ocupaba, pasadas cuatro noches de la segunda luna nueva, tras haber nacido su primer descendiente, la corona sería cedida al familiar consanguíneo más cercano de la misma generación. Dispuesto a lo que fuese, con tal de conseguir la real tiara, ideó un embrujo por el cual, de forma misteriosa, Bóndidus cayera en un profundo letargo, del que sólo despertara, pasada la fecha de coronación. Justo a tiempo para sufrir, viendo como por segunda vez, la fatalidad truncaba su destino. Sin embargo, nutridos de soberbia, menospreciaron la inteligencia de las dos mujeres. Popea descubrió los pérfidos planes de su marido y su hijo. No los reconocía, no podía entender, que hubiera compartido lecho con tan despreciable ser. Le dolían las entrañas, al pensar que el precioso bebé que había crecido en su vientre, se hubiera convertido en aquel joven miserable y sin escrúpulos. Superando el profundo pesar de su corazón, habló con Flavia, para detener semejante vileza. 


Protegidas por la oscuridad de la noche, trasladaron al embrujado Bóndidus, a una torre de vigilancia en el límite del reino, cerca de los acantilados. Lo mantuvieron oculto y lejos de las garras de sus malefactores.
Del país vecino, mandaron llamar a Kaeso, anciano hechicero y gran amigo de la familia. Con su ayuda, aplicaron un  conjuro sobre padre e hijo, para que al mirar la cama de Bóndidus creyeran verlo descansando sobre ella y no notaran su falta. De ese modo, pudieron  sacar al joven de su morada, sin levantar sospechas. Una vez a salvo, pidieron a  Kaeso un contraconjuro, para que en el preciso instante, en el que Pérfidus hiciera despertar a su primo, se desatara una terrible tormenta que se arremolinara en forma de tornado alrededor del palacio. Haciéndolo elevarse por los aires tan alto, que la vista dejara de apreciarlo, para luego caer en picado y destrozarlo contra el suelo, convirtiéndose en microscópicas partículas de polvo. Llegada la hora, discretamente congregaron a todos sus súbditos en la torre de vigilancia. En silencio, abrazados y con los ojos cerrados, soportaron los coletazos de la violenta ventisca.
Cuando la calma regresó y las nubes se disiparon, pudieron ver a Bóndidus, que ya despierto y libre de maleficios, besaba a su retoño y tomaba con ternura las manos de Popea y Flavia. Por encima de coronas y tronos, en aquel lejano país, reinaron para siempre el amor y la felicidad.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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