La Foto del día: 24-06-2011 "Invasión alienígena"

Edurne Iza, Invasión alienígena¡Buenos días, queridos radio oyentes!. Hoy es 24 de Junio y lamentamos abrir este espacio informativo, con la misma noticia que lleva irrumpiendo en nuestros hogares en los últimos días. Las principales ciudades del país, están siendo sobrevoladas por cientos de naves alienígenas. El ejército y las fuerzas de seguridad, se encuentran en situación de máxima alerta, desde que se avistó la primera, la semana pasada. A pesar de los repetidos intentos de contacto con los extraterrestres, no se ha obtenido ninguna respuesta  a día de hoy. Las autoridades aún no tienen claro, cuáles son las intenciones, de los, por ahora, pacíficos visitantes. Sin embargo, su estratégico posicionamiento alrededor de las urbes, hace temer lo peor. En previsión de un ataque inminente, se ha comenzado a evacuar a la población civil, del modo más ordenado posible por tierra, mar y aire.
- Está bien, apaga ya la maldita radio, masculló el capitán. Tenemos que sacar a toda esta gente de aquí cuanto antes. No me gusta pensar que sobre nuestras cabezas, tenemos cientos de marcianos dispuestos a liquidarnos.
- ¿Realmente cree que tienen malas intenciones?
- Vamos a ver, ¿desde cuándo sobrevuelas las ciudades de todo un país con naves extraplanetarias., no respondes a las llamadas de contacto en decenas de idiomas, en Morse y hasta en lenguaje encriptado, sólo para venir a decir "Hola qué tal"?
- Bueno, visto así, no tiene muy buena pinta.
- Lo dicho, basta de cháchara y levemos anclas. Quiero poner millas de por medio y sentir que la tripulación y las dos mil almas que tenemos a bordo, se quedan lejos de las garras de los alienígenas.
Comenzaron la maniobra de desatraque. En el alerón el capitán daba las instrucciones al primer oficial, y éste al timonel. En el muelle, el estibador dispuesto a desenganchar la estacha del noray. El barco comenzó a desplazarse, y pocos minutos después ya había unos cuantos metros de separación hasta el muelle. Todo transcurría según lo habitual, eran marinos experimentados. Habían realizado este mismo ejercicio día tras día desde que se subieran a un barco por primera vez. La ciudad se veía ahora como una línea en el horizonte. Sin embargo las naves sobre ella, podían distinguirse con perfecta claridad. Eran muy grandes, como un amasijo de hierros, de entre los cuáles centelleaban pequeñas luces de color rojo. Daban la impresión de tener equipos electrónicos avanzados. Bueno, lo que nosotros denominamos electrónica claro... a saber lo que es para ellos. De pronto un ruido ensordecedor hizo vibrar todo el barco. Se agolparon en ventanales y portillos y pudieron contemplar la desoladora imagen. Aquellos gigantescos objetos del espacio habían comenzado a disparar. Lanzaban enormes proyectiles que explotaban contra edificios, calles y plazas. El pánico se apoderó de todos a bordo. El desconcierto era general. ¡A toda máquina! bramó el capitán. ¡Salgamos de aquí!. Hasta bien entrada la noche divisaron el rojizo resplandor de las bombas destrozando lo que hasta hacía tan solo unas horas eran sus hogares. A bordo había familias enteras, que se abrazaban en silencio. Pero también los que se habían separado con la intención de reunirse pasados unos días. Los que lloraban con desconsuelo por la certeza de haber perdido, a todos a los que amaban en este mundo.
- Enciende la radio, solicitó el capitán con desolación.
- Ahora mismo.
El aparato de radio, sólo devolvía un carraspeante rugido. el oficial movía el dial con desesperación.
- ¡No consigo sintonizar nada!
- ¡Sigue intentándolo!, no es posible...
Tras más de una hora de insisitencia, de haber probado con los equipos de a bordo, con las radios portátiles de varios tripulantes e incluso de varios pasajeros, el capitán verbalizó, lo que todos estaban pensando.
- Estamos solos.
Aún terminaba de pronunciar la frase, cuando uno de los proyectiles alcanzó el buque. El único vestigio de esperanza de vida humana, acababa de ser convertido en una nube de humo y cenizas. De las naves comenzaron a descender miles de seres del espacio. Estaban invadiendo el planeta Tierra.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 23-06-2011 "Daños colaterales"

Edurne Iza, Daños colaterales
Desperté mientras caía vertiginosamente por una especie de gigantesco tobogán amarillo. La textura era suave y aterciopelada. Bajaba a gran velocidad, hacia un centro del que brotaban enormes árboles, cuya copa se asemejaba a un grano de café, tamaño XXL. No sabía exactamente dónde me encontraba, pero todo aquello me resultaba familar. Como si ya lo hubiera visto antes. Un dulce y empalagoso perfume invadía el ambiente. Mi bajada parecía no terminar nunca. Miré mis brazos y piernas y me di cuenta que llevaba puesta una bata blanca. Entonces comencé a recordar. Trabajo en un laboratorio. Soy ayudante de un científico investigador del ADN humano. Pasamos horas realizando experimentos. Probetas, microscopios, luego plantas y la prueba final en animales. montones de ratoncillos, conejitos.. Daños colaterales, solemos llamarlos. Mi jefe, está convencido que mediante la manipulación del ADN humano y la reducción del tamaño de las personas, podría acabar con el hambre en el mundo. Yo replico, que la finalidad de sus estudios, le honra, por supuesto, pero que quizá sería más interesante, presionar a los gobiernos para que realicen una mejor gestión de los recursos y las riquezas de nuestro planeta. Luchar por un desarrollo sostenible. Él me mira mientras hablo, pero estoy convencido que no me escucha. Mientras sigo en mi imparable bajada hacia el conjunto de árboles, continúo haciendo memoria. Esta mañana, cuando he llegado al laboratorio, el profesor estaba muy alterado. "¡Lo he conseguido!, ¡Lo he conseguido!", repetía mientras caminaba de arriba abajo de la sala. "Pero me falta la prueba definitiva. No queda más remedio. ¡Chaval acércate!", me ha dicho nada más entrar por la puerta. "Siéntate aquí". En realidad, me ha tomado por el brazo, me ha empujado sobre la silla y remangándome con destreza, me ha inyectado un líquido de color azul, antes de que pudiera terminar de decir "buenos días". Entonces ha sucedido. He comenzado a menguar rápidamente. He sentido un hormigueo muy intenso en la nuca y he perdido el conocimiento. Al despertar, ya me encontraba en caída libre. ¡El lirio amarillo!, he exclamado para mis adentros. Efectivamente, sobre mi mesa tengo una jarrón con un precioso lirio amarillo. Lo que había creído un tobogán y un conjunto de árboles con granos de café en sus copas, no era más que la preciosa flor que decoraba mi escritorio. Pero, un momento. Si yo estoy resbalando hacia el centro de la flor... Ese loco me ha inyectado el suero reductor. Me ha convertido en un hombre diminuto, ¡al más puro estilo de los cuentos de Gulliver!. Justo cuando estaba a punto de empotrarme contra los pistilos, dos gigantescos dedos me han cogido con suavidad y suspendido en el aire. Con el pulgar y el índice, formando una delicada pinza que estiraba mis ropas y me sujetaba, dejándome en una rídicula postura con los pìes colgando.
- ¡Está loco!. ¡Dígame que tiene el antídoto!. ¡Le exijo que me devuelva a mi tamaño natural! ¡Le denunciaré!
- ¡Funciona! ¡el suero funciona!, gritaba fuera de sí
- ¡Me parece fantástico, pero haga el favor de dejarme como estaba!
Me ha acercado mucho a sus ojos, balanceándome de lado a lado. Con malévola sonrisa y mientras vaciaba un spray de insecticida sobre mí, ha espetado ¡Daños colaterales, ja ja ja ja!
No puedo respirar. La angustia es espantosa y mientras mi cuerpo se agita por los estertores de la muerte, sólo pienso en los ratones de laboratorio, que tantas veces hemos sacrificado en favor de la ciencia. Ahora yo formo parte de los daños colaterales.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 22-06-2011 "Cuerpo 10"

 Edurne Iza, Cuerpo 10

Está de moda cuidarse. Moldear el cuerpo, jogging, spinning, footing, streching... Me canso sólo de pensarlo. En cualquier paseo de nuestro barrio, podemos encontrar a forofos del deporte y del estilo healthy and cool, sudando la gota gorda con el objetivo de estar sanos y tener un cuerpo perfecto. Realmente, me parece muy bien, sin llevarlo a extremos, pero comparto esta filosofía. Hace algún tiempo descubrí la dieta Dukan. Seguro que habéis oído hablar de ella. Está basada en la ingesta de proteínas, primero solas, luego combinadas con verduras y por último, añadiendo frutas. En realidad no tiene mucha ciencia. Al eliminar grasas, hidratos y azúcares, no es tan difícil adelgazar ¿verdad?. Sin embargo, lo que más me fascina, son las diversas modalidades de gimnasia combinada con baile. Aerobic, batuka y un sin fin de divertidas alternativas, para los que necesitan un aliciente extra para mover el esqueleto. Ahora que se aproxima el verano, os animo, más que nunca a conseguir vuestro cuerpo 10. El que os haga sentir bien, sin sufrimiento, sin traspasar las barreras de la lógica. Al aire libre o en el gimnasio, a solas con vuestros pensamientos o con la música a todo volumen. Disfrutad de un ejercicio moderado y saludable. Comed sano y sed felices. ¡Hasta mañana!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 21-06-2011 "Un naufragio salvó su vida"

Edurne Iza, Un naufragio salvó su vida

Eran un grupo de sin techo. Cuando llegaron al pueblo, la gente les miraba con recelo. Desarrapados, pensaban algunos. Vagos, remataban otros. Sin embargo, poco a poco comenzaron a formar parte de la comunidad. La diferencia la marcó una gran tormenta. De esas que agitan las olas del Cantábrico, con furia infinita. Uno de los pesqueros, arribaba a puerto medio escorado, destrozado por las embestidas de las olas. Sólo regresaban tres tripulantes. El resto... se los tragó la mar. El espectáculo era sobrecogedor. Dos marineros llegaban tumbados sobre cubierta. Agotados de luchar contra los elementos, de intentar salvar a sus perdidos compañeros. El patrón, atado al timón con la cabeza caída hacia adelante. Había perdido el sentido, en cuanto el buque había dado la vuelta al espigón y había entrado en las tranquilas aguas del puerto. Un enorme revuelo agitó el muelle. Amigos, conocidos y familiares corrieron en su auxilio. Primero acercaron cuanto pudieron el barco al muelle. Llegaba escorado, y un poco sumergido, parecía tener una vía de agua. Después recuperaron a los dos pescadores. Se disponían a practicarles los primeros auxilios cuando el barco, herido de muerte, comenzó a inclinarse más y más con una constante y vertiginosa velocidad. El capitán estaba aún dentro. Inconsciente y amarrado aún a la madera del timón. Sin pensarlo dos veces, uno de los nuevos vecinos, se lanzó al mar, se sumergió con rapidez y no sin dificultad, consiguió liberar al hombre y sacarlo a la superficie, desde donde lo izaron al atracadero. Pasaron varias semanas, hasta que los hombres se recuperaron de sus heridas, aunque les quedó el alma rota para siempre. El patrón quiso conocer a su salvador, sin el que de forma increíble y tras haber sobrevivido a la gigantesca tormenta, hubiera perecido. Era un chico joven, de aspecto agradable, aunque muy delgado y mal vestido. Hablaron durante horas. Del mar, de política, de economía. Hablaron de la indignación de no tener una vivienda digna, un trabajo. De la desolación de visualizar un futuro sin esperanzas. Se acercaron hasta el puerto. El viejo cascarón seguía en el mismo lugar donde lo habían dejado tiempo atrás. Estaba realmente destrozado, la pintura había saltado de los golpes de mar y el salitre, y dejaba al descubierto sus distintas etapas, vidas, patrones y colores. Era un barco multicolor.
- He hablado con el astillero y mañana lo reflotarán.
- Pero ¿tiene arreglo?.
- Bueno, con paciencia y unos cuantos euros...
- Ya, claro.
- Estoy pensando algo... ¿Tú me ayudarías a arreglarlo?. Te pagaré bien
- ¡Por supuesto!. No sé mucho de carpintería, pero aprendo rápido. Incluso mis amigos, estarían dispuestos a echar una mano.
- No se hable más. Comenzaremos mañana  mismo.
Pasaron dos meses de sierra, martillo y lija. Pintura, tablones y estachas. Había quedado como nuevo.
- Bien chaval, habéis cumplido vuestra parte del trato. Ahora me toca a mí. Dijo el hombre entregando un sobre con un buen puñado de dinero
- Gracias, muchas gracias
- No me las des. Es barato el precio por salvarme la vida. He pensado más... dijiste que no teníais casa ¿no?
- No dormimos hoy aquí mañana allá
- Y qué os parecería ¿una vivienda flotante?
- ¿Cómo? no entiendo
- Que el barco es vuestro chicos
Y así es como el viejo barco comenzó una nueva vida, con un color distinto y unos insospechados habitantes. Así es como aquellos jóvenes recibieron por fin la oportunidad que tanto habían anhelado. Casa y trabajo de un soplo. Y así es como el viejo patrón se reunió de nuevo con su familia, cuando a punto estuvo de perderlo todo.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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