La Foto del día: 15-06-2011 "Sí quiero"

Edurne Iza, Sí quiero
El día más importante de sus vidas acababa de amanecer. Sí, hoy era el día de su boda. Esa que habían estado preparando, durante casi dos años. Para la que habían ahorrado cada céntimo que había caído en sus manos. La misma en la que habían volcado sus ilusiones, imaginación, creatividad. Querían que fuera un día perfecto. Que nada fallara. Habían preparado regalos personalizados, para cada invitado. Habían sellado a mano cada una de las invitaciones con lacre rojo. Pero cometieron un fallo. En realidad, el novio fue quien lo cometió... Decidió salir a cenar con sus amigos, en su última noche de soltero. El caso es que la cena se alargó. Luego vinieron unas inocentes copichuelas. Más tarde un paseo a la luz de la luna para despejar la mente. Y ese fue el preciso instante, en que debería haber decidido volver a casa. Estaban cerca de la playa, decidieron tumbarse un rato sobre la arena. Allí les sorprendieron, los primeros rayos del amanecer. Vieron acercarse a un Kitesurfista. Encontraron un nuevo modo de divertirse. Uno de los amigos, ofreció al joven una suculenta suma de dinero, por el neopreno y la tabla. El novio, en un momento de lucidez, comenzó a protestar y exigir volver a casa. "Necesito dormir aunque sea unas horas" balbuceaba aún bastante ebrio. Los demás, no estaban dispuestos a que la fiesta se acabara y decidieron vestir por la fuerza a su amigo, con el traje impermeable. De pronto uno de ellos se percató, de que su reloj llevaba mucho rato marcando la misma hora. Discretamente se acercó tambaleante, hacia un señor que paseaba su perro y le preguntó la hora. "Las 16:52" contestó indiferente. Su corazón comenzó a bombear sangre de un modo tan acelerado, que tuvo la sensación de que la borrachera había desaparecido. Con la voz muy pausada y hablando bajito, se acercó al grupo que aún peleaba por vestir al novio y dijo "No os vais a creer la hora que es". Entre risotadas y empujones ninguno de sus amigos, parecía haber siquiera advertido su presencia. Se aclaró la garganta, tomó fuerzas y gritó "¡Son las 16:52!". Se giraron incrédulos. El novio corrió nuevamente a preguntar la hora. Efectivamente, quedaban menos de diez minutos, para dar el "sí quiero". Terminó de enfundarse el traje, agarró la vela y lanzándose al agua gritó. "¡Espérame cariño, que no pienso faltar a nuestra cita!, no puede ser tan complicado, estoy justo enfrente". La brisa era suave y con gran destreza, manejó la tabla en dirección al hotel, donde estaba todo preparado para la ceremonia. Cruzó hasta el espigón. Ya podía casi tocar la enorme W que coronaba el edificio. Saltó al muelle, corrió desesperado. Entró resbalando en el hall principal, recorrió pasillos y escaleras, hasta llegar a la espectacular terraza, donde estaba previsto que se celebrara la ceremonia. Se creó un murmullo de fondo, mientras todas las cabezas se giraban hacia él. Miradas críticas. Caras de incógnita. ¿Y la novia?. No estaba. Preguntó la hora, las 17:07. Seguro que aún no había llegado, las novias deben llegar tarde, es la tradición. De pronto, un ruido sordo de motor rompió la tensión. Todos miraron hacia el cielo, un helicóptero los sobrevolaba, bastante más arriba. Se abrió la puerta y un bulto blanco cayó al vacío. Un grito ahogado convulsionó a los asistentes. ¡Era ella, la novia!. Efectivamente, segundos después, se desplegó un espectacular paracaídas con forma de corazón y suavemente se posó sobre el suelo de la terraza. Corrió hacia su amado, aún ataviado con el traje de neopreno y fundiéndose en un apasionado beso musitó "Quería que este día fuera inolvidable, y veo que tu también habías pensado en hacer algo diferente". La gente se levantó y comenzó a aplaudir entusiasmada al grito de ¡Vivan los novios!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 14-06-2011 "Impacto ambiental"

Edurne Iza, Impacto ambiental

Nos encontramos ante una rara especie de orquídea. Se trata sin duda, de una mutación genética, entre una bella orquídea de fondo blanco, papel, cables y demás desperdicios electrónicos. Ha sido vista por primera vez en rincones de nuestro plantea, donde las necesidades y el hambre de sus humanos habitantes, ocupan prioridades más elevadas que el reciclaje y el cuidado por la naturaleza. Es una especie peligrosa. Se reproduce a gran velocidad y engulle a las plantas autóctonas. De hecho se han encontrado ya casos de este tipo de mutaciones que han atacado al ser humano. Hace pocas semanas en una selva de Sudamérica, se dio un caso de una de estas plantas que arrancó de cuajo los dedos a un pequeño de seis años.
Como habréis adivinado a estas alturas, la mutación y la agresión al niño son fruto de mi imaginación, pero no me extrañaría, que si seguimos maltratando nuestra naturaleza del modo que lo hacemos, pronto se convirtiera en una triste y dolorosa noticia en las pantallas de nuestros televisores. Lo cierto es que estamos aniquilando el hábitat de miles de especies de flora y fauna. No queremos darnos cuenta, que este maravilloso planeta en el que vivimos está en perfecto equilibrio, porque existen una serie de cadenas vitales, que nosotros estamos destruyendo sin ningún escrúpulo. Aniquilamos al enemigo natural de una especie, con lo cual, ésta, invade una determinada zona, que luego fumigamos con sustancias tóxicas o llenamos de trampas, para eliminar la plaga, que a su vez elimina al depredador de otra especie, con lo que el proceso vuelve a comenzar, entrando en una espiral de destrucción y degradación del medio ambiente. La Foto del día de hoy, no deja de ser una llamada a la concienciación y a la colaboración individual, para intentar evitar que en pocos años, historias inverosímiles como la del principio de este artículo, sean posibles.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día 13-06-2011 "La vida pasa, por ser una pasa"

Edurne Iza, La vida pasa, por ser una pasa
Efectivamente, la vida pasa por convertirse en una pasa. Hoy en día, hay quien vive profundamente obsesionado por la imagen. Lo cual, está muy bien, siempre que no se traspasen ciertas barreras. La verdad, resulta un tanto patético, pasear por ciertos locales frecuentados por gente de clase media alta y ver las verdaderas atrocidades, a las que someten sus cuerpos por parecer unos años más jóvenes. Rostros estirados, labios, pechos y nalgas de silicona. Con lo bonito que es envejecer con dignidad, se convierten en lamentables caricaturas de sí mismos. El estiramiento de la piel, para camuflar las arrugas, se denomina ritidectomía. He investigado un poco sobre este proceso y se me han puesto los pelos de punta ,al ver la imagen con la que Wikipedia explica el proceso, podéis echar un vistazo aquí http://es.wikipedia.org/wiki/Ritidectom%C3%ADa. Luego viene la recuperación. Los hematomas, molestias y malestares se prolongan durante tres a cuatro semanas. Lo más triste de todo, es que al final la naturaleza hace prevalecer su poder y quienes se han sometido a este tipo de cirugía, deben operarse, una y otra y otra vez más para mantener ese aspecto de jovenzuelos con movilidad limitada. Porque por mucho que alisen su piel, sus huesos y músculos envejecen, se entumecen y pierden flexibilidad. Pasados unos años, ya no queda más piel para estirar y los rostros comienzan a deformarse, a perder sus facciones originales y asimilar una imagen artificial y estereotipada. Por eso yo me quedo con aquella mítica frase de "La arruga es bella". Apoyo a los que reivindican su edad, por lo mucho que les ha costado llegar a ella, y defiendo que la vida pasa, por ser una pasa.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 12-06-2011 "Misterio a bordo"

Edurne Iza, Misterio a bordo

Caía la noche. El sol, en su despedida de este día teñía el cielo de un tono entre naranja, rosa y morado. La temperatura era ideal para salir a cubierta, disfrutar de un cóctel y mirar como el horizonte se iba apagando poco a poco. Los últimos bañistas, hacía ya un rato que habían abandonado, las ahora tranquilas aguas de la piscina de a bordo. En la discoteca, a popa, ya se escuchaban las primeras notas de lo que auguraba ser una noche llena de diversión, música y fiesta. Charlaban animados, acompañados por el suave murmullo de las aguas chocando contra el casco, cuando de pronto, un espeluznante grito, cortó el momento. ¡Hombre al agua!. El desconcierto era general. Los pasajeros se abalanzaron sobre la regala, intentando vislumbrar en la oscuridad de las aguas la silueta de alguna persona flotando o quizá luchando por mantenerse a flote. El barco redujo la marcha, comenzó a dibujar círculos sobre sí mismo, intentando encontrar el cuerpo perdido. Al cabo de unos interminables minutos, se escuchó un gran revuelo a proa. Los marineros estaban descendiendo por la amura de babor. Efectivamente, poco después izaban sobre cubierta el cuerpo inerte de un hombre. De unos cincuenta años, con atuendo informal. Bermudas, chancletas y una camisa de flores un tanto chillonas. Los que estaban más cerca en ese momento pudieron  distinguir perfectamente un cuchillo clavado en su pecho que sujetaba un papel ensangrentado y medio deshecho por el agua. Entre la sangre y la tinta medio borrada, podía aún leerse "Asesino". El capitán tomó medidas de inmediato. Registraron el cuerpo, por la documentación, sin duda era uno de los pasajeros. Estaban a varias horas de tierra y el cuerpo aún estaba templado. Sin duda el asesino estaba a bordo. Debían interrogar a cada pasajero. Descubrir al culpable e intentar evitar que cundiera el pánico. Por megafonía, convocaron a todos en el salón principal. Preparado para grandes fiestas, era el único lugar del navío donde podrían congregarse, con un mínimo de comodidad los 1.200 pasajeros y la tripulación. Todos estaban bajo sospecha. No permitieron a nadie pasar por sus camarotes. De ese modo, el capitán pudo nombrar un grupo de hombres de su entera confianza y registrar todas las cabinas en busca de una pista razonable. Nada. Todo era normal. Vestidos de fiesta, souvenirs, cremas solares, bañadores... nada que apuntara hacia un asesino. Mientras tanto el cuerpo fue trasladado a la enfermería y el médico de a bordo le realizó una primera inspección. No había huellas, pero pudo determinar que el cuchillo no provocó su muerte. Ya estaba muerto cuando se lo clavaron. Por tanto, el asesino levantó el cuerpo para poder lanzarlo por la borda. Un peculiar tono liliáceo en la cuenca de sus ojos, delataba la utilización de algún tipo de veneno. Los venenos son armas femeninas, pero eso con concordaba con la fuerza necesaria para izar al hombre, bastante corpulento, por encima de la barandilla. El capitán investigó si el hombre viajaba solo. Habían embarcado en la última escala, él y sus tres hijas. El capitán decidió interrogarlas de un modo discreto. Desconsoladas, la viuda y las huérfanas, no paraban de sollozar. ¿Por qué?, ¿Por qué?, repetían sin cesar. Al capitán le pareció poco probable, que aquellas dulces féminas hubieran podido cometer el sórdido crimen. Cuando estaba a punto de dejarlas marchar, reparó en una pequeña mancha roja, en el vestido de la hija menor.
- Un segundo, ¿qué es esa mancha?
- ¡Oh!, una gota de sangre, me he caído en cubierta esta tarde.
- Ya veo, y ¿dónde te has herido? no puedo ver ningún rasguño sobre tu piel.
- Yo... esto...
- ¡Déjela!, ¿no ve que ya ha sufrido bastante por hoy?, espetó una de sus hermanas.
- Te dije que esto no saldría bien, ¡Te lo dije!, perdió los nervios la más joven.
- ¡Silencio!, bramó el capitán. Creo que nos espera una larga noche.
Tras un largo y penoso interrogatorio, el capitán logró una confesión en toda regla. La madre se había casado por cuarta vez, después de enviudar en tres ocasiones, con el magnate del petróleo que yacía ahora inerte en la enfermería de a bordo. Esta vez, había envenenado al pobre desdichado. Luego había clavado el puñal con la nota, como mero elemento de despiste, y entre las cuatro, habían lanzado el cuerpo por la borda. No esperaban que uno de los marineros de guardia, viese caer el cuerpo y diera tan pronto la voz de alarma. No pudieron asearse, ni asegurarse de que ninguna huella del crimen, quedaba visible. Su plan hubiera sido esperar hasta la madrugada, e ir personalmente en busca del capitán, para denunciar, conpungidas, la desaparición. Esta vez, el malévolo plan falló.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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