La Foto del día: 30-05-2011 "Amnesia"

Edurne Iza, Amnesia

Lo último que recordaba, era estar comprando una camiseta de la marca El Niño, en una tienda surfer de mi ciudad. Lo siguiente, "despertar" en un kayak, en medio del mar, paleando rítmicamente. Hacía un día precioso. Lucía un sol espléndido y el cielo se divisaba raso. Continué avanzando, hacia unas rocas cercanas. No sabía qué hacía allí, ni cómo había llegado hasta tan lejos con mi canoa. Por delante el firmamento infinito y un yate navegando al fondo. Alcancé las piedras. A duras penas desembarqué, oteé el horizonte y detecté una remota sombra. Parecía una playa. No entendía nada. Me senté en una de las escarpadas rocas, me refresqué la cara, intentando aclarar mis ideas. Todo estaba confuso, pequeños flashes irrumpían de modo repentino en mi cerebro. Veía a la dependienta, una guapa joven que me devolvía la tarjeta de crédito, con una amable sonrisa. Yo la introducía en el bolsillo de mi pantalón, junto con la documentación. De forma instintiva, palpé mis bolsillos en busca de algo que pudiera ayudarme a seguir recordando. Estaban vacios. Ni rastro de la tarjeta, ni de papeles de ningún tipo. Ni siquiera el recibo de la Visa. De nuevo un fogonazo en forma de imagen. Ahora agua, por todas partes, como si hubiera caído de una gran altura. Tragaba  mucha, la sensación era de ahogo. Sin embargo, ahora, estaba completamente seco. Mis ropas no parecían estar impregnadas de salitre. Decidí registrar el interior de mi canoa. Quizá allí hubiera algo... encontré un arpón. ¿Sería pescador? También encontré las llaves de un coche. La tarde avanzaba y llegué a la conclusión de que permaneciendo en aquella piedra no iba a resolver mis problemas. Decidí volver a subir al kayak y remar hasta la playa. Al menos, en tierra firme, podría intentar investigar. Comencé pues a palear en dirección a tierra firme, de pronto me pareció ver pasar una sombra por mi lado derecho. Me asusté y con el movimiento de mis piernas desequilibré por un momento la embarcación. Tranquilidad, en el mar hay peces, pensé. Seguí avanzando y tan sólo unos minutos después, escuché un chapoteo por la popa y nuevamente la sombra. Esta vez, no me dio tiempo, ni siquiera de asustarme. Cuando quise reaccionar, algo había volteado la canoa y estaba ya medio hundida y sumergida en el océano... Continuará...


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 29-05-2011 "La Cosa"

Edurne Iza, La CosaLa naturaleza, a menudo, nos ofrece contrastes extremos. Delicadeza, frescura y belleza, junto a rudeza, resistencia y fortaleza. Se trata, no obstante, de un mensaje, en ocasiones directo y en otras, subliminal, que es reiterativo en nuestra vida diaria. Personajes reales y de ficción, han irrumpido en nuestro día a día mostrándonos un claro ejemplo de ello. Quién no recuerda a Margaret Thatcher, apodada la Dama de Hierro. Implacable en sus decisiones como líder de la oposición, como primera ministra o durante la guerra de Las Malvinas, derramar desconsolada, miles de lágrimas por su hijo secuestrado. Quien no ha temblado de niño con la fábula del astuto lobo, disfrazado con piel de cordero. Pero sobre todas las imágenes representativas de este fenómeno, me quedo sin duda, con La Cosa.  Sí aquel curioso personaje creado por el guionista Stan Lee y el dibujante Jack Kirby, que junto a sus tres compañeros, Reed Richards, Susan Storm y Johnny Storm, se colaron en nuestros hogares, como Los Cuatro Fantásticos. Todos ellos, tripulaban un cohete experimental, cuando al atravesar una tormenta cósmica adquirieron sorprendentes habilidades. Ben Grimm, alias, La Cosa, fue el único cuyo aspecto exterior se vio transformado, convirtiéndose en una mole de aspecto pétreo y fuerza sobrehumana. Ben sufre mucho, puesto que su aspecto monstruoso, no deja ver la bondad y ternura de su corazón. A él, va dedicada nuestra Foto del día de hoy.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 28-05-2011 "Canción del pirata"

Edurne Iza, Canción del pirata
"Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín. Bajel pirata que llaman, por su bravura, El Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín" Así comienza la mítica obra de Espronceda, "Canción del pirata". Y con cañones como este, convertidos en monumentos callejeros, se recuerda hoy, en muchos de nuestros pueblos de costa, a los temidos corsarios. Hombres crueles, sin escrúpulos. Capaces de cometer las mayores atrocidades, sin siquiera pestañear. Dejaban a su paso un rastro de terror, sangre y muerte. El cine y la televisión, se empeñan en ofrecernos su inexistente cara amable. Crean pintorescos personajes como Jack Sparrow, que son la viva imagen, de lo que coloquialmente conocemos como malos buenos. O sea, seres crueles y despreciables, que tras una vida llena de maldad, dejan un reguero de puntuales actos de generosidad, destinados a salvar su alma. Sin embargo, ¿qué hay del turco Barbarroja, de Salah Rais, Bartolomeo el Portugués, John el Largo, Abraham Samuel y tantos otros que invadieron de terror las costas de medio mundo?. Todos ellos vivían en, por y para el mar. Desarrollaban una extraña relación con su barco, con la brisa, las olas y el salitre. Así que no encuentro mejor modo de terminar la historia de hoy, que diciendo... Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 27-05-2011 "Pensamientos a tres bandas"


Edurne Iza, Pensamientos a tres bandas

- Perro doméstico => Míralo, que flaco, sucio y desgarbado. Debo sentirme un perro afortunado por tener un hogar y una familia que me quiere. Tengo siempre mi plato lleno de suculenta comida, juguetes por doquier, mimos siempre que hago una carantoña. Tengo una mullida colchoneta donde descansar a pata suelta y un champú especial que me mantiene libre de parásitos y mi pelo blanco y resplandeciente. Sin embargo... daría muchas de esas cosas por no tener que obedecer a una correa de cuero. Por no tener que dar la patita cada vez que les apetece demostrar, lo bien educado que me tienen. Por dar un paseo a mis anchas sin que nadie decida por mí, ni hacia dónde ir, ni cuándo es suficiente y toca volver a casa.

- Hombre => Qué calor hace ya. Estoy sudando a chorros. Tengo que llevar esta estúpida chaqueta,  la corbata y la camisa de manga larga, porque a alguien se le ocurrió que eso es ser elegante. Bien a gusto le diría yo a mi jefe, que se la ponga él. Que yo renuncio. Pero claro, a ver quién paga las facturas este fin de mes, y el colegio de los niños y las vacaciones de verano. Mira estos dos perros, no tienen preocupaciones. El uno en casa como un rey, no tiene más que dar la patita y ya recibe todo lo que pida. El otro, libre como un pajarillo. Luchando por su comida, pero sin ataduras de ningún tipo. ¡Suerte de hombre la mía!

- Perro callejero => Tengo hambre. Ayer no hubo suerte en los cubos de basura. A ver si espabilo un poco y encuentro algo de pollo. ¡Genial!, allí hay un contenedor, y aquella mujer que sale del restaurante con un cubo enorme. ¡Sí!, hoy va a ser mi día de suerte. Seguro que encuentro algo de pollo, tengo un antojo. Mira, ese de ahí todo repeinado con su correa de cuero, con su pelo tan blanco. Un perro pijo, ¡puaj!. Aunque en el fondo, debo reconocer, que me encantaría tener una familia que me mimara y me diera cobijo. Que me hicieran el estúpido juego de dar la pata, a cambio de una golosina. Me encantaba.

La vida en este perro mundo, está repartida a cuenta gotas. O comida o libertad. O trabajo duro o miserias y penuria (y a veces ni con esas). Lamentablemente, nadie pudo capturar los pensamientos de los tres protagonistas de esta escena, pero apuesto algo, a que nos hemos aproximado bastante.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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