Fotos de Edurne Iza repercutidas en el Sindicato de la Imagen

Hoy 26 de Mayo, hemos amanecido con esta agradable noticia. El Sindicato de la Imagen, en su especial mención al movimiento de los Indignados, ha solicitado el envío de fotografías alusivas, capaces de informar al expectador acerca de las movilizaciones, que desde el pasado 15 de Mayo, miles de ciudadanos están llevando a cabo en calles y plazas. De forma pacífica y organizada, están siendo todo un ejemplo de movilización popular, un revulsivo a la pasividad, con la que en los últimos tiempos aceptamos la barbarie de los contratos basura, las precarias condiciones económicas, la falta de empleo, de vivienda digna y un largo etcétera de penurias a las que la mayoría nos enfrentamos en mayor o menor medida.

Fotografía Edurne Iza, ya aportó su granito de arena mediante un post en este blog el día 21 de Mayo y un artículo, ese mismo día en nuestro sitio www.edurneiza.com/indignados.html. Ahora el Sindicato de la imagen, entre todas las fotografías recibidas, ha seleccionado dos tomas de Edurne Iza que ha resaltado en su portada, podéis verlo en http://www.upisindi.cat/.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.


La Foto del día: 25-04-2011 "El día que Homer Simpson se volvió verde"

Soy perezoso, egoísta, tengo un carácter explosivo. Mi inteligencia es cuestionable, soy de belleza distraída, tengo un evidente sobrepeso y rozo el alcoholismo. No obstante, gran parte de estos problemas, incluyendo mi coeficiente intelectual de 55 (por debajo de la media estipulada de 100), no son culpa mía, ya que tienen su origen en el gen Simpson. Si a eso le sumamos,  mi constante exposición a los residuos radiactivos y los repetidos traumatismos craneoencefálicos que he sufrido durante mi vida…  Lo que para otros podría resultar vergonzante, para mi es sencillamente un orgullo, ya que los científicos de la universidad de Emory, pusieron mi nombre al gen RGS14, que dificulta el desarrollo de la inteligencia. A ver quién de vosotros, que sois tan listos, tiene un gen llamado Homer Simpson y una de las series de más audiencia de la televisión en los últimos años. Fijaros si la fama me precede, que mi creador, decidió facilitar en el episodio 299, mi dirección personal de correo electrónico, amanterechoncho@aol.com. De hecho, fue tal la afluencia de e-mails, que cancelaron la cuenta, pasado el primer mes. 

Edurne Iza, El día que Homer Simpson se volvió verde

Pero en realidad yo no estaba aquí para hablaros de lo maravillosa que es mi vida, si no del día en que saboteé la central nuclear de Springfield. Cómo sabéis trabajaba como inspector de seguridad en el sector 7G de la planta, hasta que un día vi algo en las noticias, que me obligó a tomar una decisión. Un terremoto de gran magnitud había sacudido Japón. Después de que la tierra destruyera las vidas de miles de japoneses, el mar, con su fuerza imparable invadió muchos kilómetros de litoral. Los destrozos fueron incalculables, así como el dolor de tantas y tantas familias que vieron sus vidas truncadas por el fenómeno natural. Para acabar de completar el dantesco cuadro, la central nuclear de Fukushima, sufrió daños severos en uno de sus reactores, contaminando de forma irreversible a la inmensa mayoría de vida que rodeaba la central. De hecho, los expertos afirman, que las consecuencias, sólo podrán ser evaluadas  a veinte años vista. Ese día, decidí llevar a cabo mi protesta particular. Ese día decidí parar el reactor principal de la central de Springfield y concienciar a todos los ciudadanos para que aboguen por una energía verde. Me encantaba decir, que ese día me volví verde, je, je, je. ¡Lisa estaba tan orgullosa de mi! Así que bajé dispuesto a accionar la palanca del cuadro de control. De hecho accioné la palanca y conseguí mi objetivo. Aunque fuera tan sólo durante unos minutos, el mundo fue un poco más saludable, más limpio, tuvo futuro. Como podéis imaginaros, mi sueño terminó en el momento en que el Señor Burns entró en la sala y atizó mi trasero con un doloroso puntapié.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.


La Foto del día 24-05-2011 "Jubilación por oxidación"

Edurne Iza, Jubilación por oxidación



Hacía viento. Una brisilla de esas que al que atrape desprevenido, lo resfría seguro. De esas en las que el aire está tan impregnado de salitre, que escuecen la nariz y los ojos. Miró hacia los mandos, viejos oxidados y pensó, “cómo no vais a estar así con tanta sal y humedad”. Caminó hacia ellos, para realizar la misma operación de cada día, cuando uno de sus huesos crujió sospechosamente. Notó un latigazo en la rodilla, pero no hizo caso y siguió caminando por cubierta. Arrastraba marcadamente uno de sus pies. De uno de sus bolsillos, cayó un llavero hecho de cuerda, típico de marinos, ennegrecido de ser manipulado por sus manos robustas y llenas de grasa. Se agachó a recogerlo y el crujido fue mucho mayor, esta vez a la altura de las lumbares. No podía enderezar su columna. Se había quedado, como se dice coloquialmente, clavado. ¿Será posible?, porfió con indignación. Lanzó varios juramentos al aire, pero aparte de las escandalosas gaviotas que sobrevolaban la embarcación, nadie podía oírle. Estaba solo. Era día de parada. La gente de mar, había salido a compensar el mareo de tierra. En un barco pequeño como aquél, con que quedara uno a bordo, era suficiente para vigilarlo todo y él ya no se sentía cómodo en las tabernas del puerto. Su alma estaba corroída, por las oscuras noches de temporal. Se había acostumbrado a hablar a las estrellas y a la luna. A gritar a las aves y contemplar a los peces.  Había aprendido a sentirse acompañado por la soledad. Medio agachado, con la columna en forma de L y sin poder moverse, pasaron ante sus ojos tormentas, escoras y pantocazos, días de calma chicha, de mar de fondo, de Tramontana, de Siroco y de Levante, fiestas en la popa, risas en el alerón. Desfilaron fragmentos de una vida rica, intensa, dura. Desde su incómoda postura, divisó de nuevo el panel con las palancas oxidadas y hablándole como si esperara una respuesta afirmativa espetó “¡amigo, a ti y a mí nos toca jubilarnos!”.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 23-05-2011 "Paranoia en el Puente Colgante"


Edurne Iza, Paranoia en el Puente Colgante

Allí me encontraba yo, a punto de llegar a la otra orilla de la poderosa ría de Bilbao. Viajaba a bordo de la barcaza del famoso Puente Colgante. Como corean los lugareños "Eres el más elegante, el mejor puente colgante". No sé si el mejor, pero es patrimonio de la Unesco y el primer transbordador del mundo, construido sobre estructura metálica. Se inauguró el 28 de Julio de 1893, toda una revolución del siglo XIX. Sirvió para conectar a personas y vehículos, entre las localidades de Getxo y Portugalete, que a esa altura de la ría, tenían la peculiaridad de poseer una, la orilla baja y arenosa, y la otra, rocosa y escarpada. Estaba entusiasmada cruzando por primera vez en mi coche, sobre tan maravillosa obra. Acababa de publicar un libro con la cronología, los nombres propios y los detalles de la construcción. Gran innovación tecnológica para la época. Me sentía parte, de alguna manera, de la historia contemporánea de semejante ingeniería. De pronto, me fijé que una moto se había parado a mi lado y tanto el conductor, como el "paquete" me miraban fijamente. ¿Me habrán reconocido?, pensé. Seamos realistas, una no es detenida por los fans, por escribir un análisis técnico de un puente de hierro. Pero, no me quitan ojo... la barcaza se aproximaba a la otra orilla. Ya podía distinguir claramente la barrera roja sobre el muelle, cerrada para evitar que ningún coche bloqueara la salida de los vehículos a su llegada. Estaba empezando a ponerme nerviosa, seguían observándome. Decidí sacar una cámara fotográfica y deslumbrarles con el flash, a ver si así miraban hacia otro lado. Nada, sus ojos seguían fijos, hacia la misma dirección. Bajé la ventanilla y me decidí a preguntar.
- ¿Queríais algo? Su cara era un mar de dudas.
- ¿Cómo?, ¿qué?
- Como me mirabais tan fijamente, pensaba que me queríais preguntar algo...
Con gesto despreocupado, me señalaron hacia la parte interior de la barcaza, donde viajan los pasajeros sin coche. En la línea visual exacta, desde la moto hacia mí, pero siguiendo de largo, había algo que sí llamaba la atención. Unos recién casados. La novia con su voluminoso vestido blanco, los invitados lanzando arroz y pétalos de rosa y el fotógrafo haciendo fotos con absoluta devoción. Me invadió la vergüenza, en el preciso instante en que el puente llegaba a su destino y la barrera se levantaba. Chirrié ruedas y salí a toda velocidad, ante la mirada incrédula de los motoristas. En ese momento, agradecí que los escritores de manuales técnicos no seamos reconocidos por la calle. ¡Qué bochorno!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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