La Foto del día: 19-05-2011 "Potros"


Edurne Iza, Potros

Las yeguas tienen un periodo de gestación de unos once meses. Suelen dar a luz a un solo potro y en rarísimas excepciones pueden alumbrar gemelos. El parto suele ser rápido, media hora a lo sumo. El potro saca primero las patas delanteras, luego la cabeza y le sigue el resto del cuerpo. El cordón umbilical se corta solo durante el proceso y la madre expulsa la placenta, como máximo, en los dos días consecutivos al nacimiento. Es muy importante que el recién nacido pueda respirar rápido una vez comenzado el nacimiento, ya que si hubiera cualquier problema, podría resistir a lo sumo dos horas. Las primeras veinticuatro horas de vida son vitales para el pequeño. Durante la gestación, la madre no traspasa a través de la placenta ningún tipo de anticuerpos, por lo que el potro nace sin protecciones contra la enfermedad. Durante los dos primeros días después de nacido, la yegua segrega una leche rica en inmunoglobinas, denominada “Colostrum” y que será lo que ingerido en cantidad suficiente, unos 250 ml cada hora durante las primeras seis horas, le fortalezca y dote de anticuerpos que le aíslen de enfermedades. Si por algún motivo la madre no pudiera proporcionar esta sustancia a su cría, podrían inyectársele entre dos y cuatro litro de plasma caballar por vía intravenosa. Una vez superada la crítica llegada al mundo, durante la primera semana, la cría mamará unas diecisiete veces por hora, para disminuir a tres veces pasadas las primeras semanas. Como veis en nuestra Foto del día de hoy, así de atenta a su retoño está la madre y así de hermoso y bien nutrido está el “niño”.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 18-05-2011 "De NiNi a SiNo"

Edurne Iza, De NiNi a SiNo

Ni estudian, ni trabajan, ni se esfuerzan, ni comparten, ni tienen espíritu de equipo. Bajo la rítmica denominación de NiNi, se esconde parte de una generación de menores de treinta y cuatro años, que vociferan orgullosos, que vivirán de sus padres mientras no puedan vivir de sus hijos. Esto que a primera vista podría parecer anecdótico, resulta que incluye, según la EPA (Encuesta de Población Activa) a más de setecientos mil jóvenes de nuestro país. Sin embargo, yo tengo un plan para acabar con la generación NiNi. No me malinterpretéis, no quiero acabar físicamente con ellos, si no que pasen de NiNi a SiNo. Es decir, que evolucionen de definirse a sí mismos como Ni estudio, Ni trabajo, a estar convencidos de que Si No me muevo no como. En el fondo, lo voy a plantear como un proceso muy natural. Del huevo a la gallina, del renacuajo a la rana, del bebé al hombre... del NiNi al SiNo. Mi plan, puede parecer algo traumático al principio, pero estoy segura de que los resultados están garantizados en un 95%. Siempre hay que dejar un margen para casos perdidos. Reuniría a un grupo considerable de los mencionados. Los pondría en un avión. Los llevaría a África y los abandonaría literalmente en un poblado perdido. Ellos no lo sabrían, pero estarían controlados en todo momento, para garantizar su seguridad, por cámaras ocultas entre las paredes de piedras mal alineadas, e incluso por alguno de los indígenas, que serían infiltrados de nuestro programa de rehabilitación. El objetivo es que regresen de su estancia, convertidos en SiNos pero sanos y salvos. Sería como un Gran Hermano, pero sin estar retransmitido por televisión y sin Mercedes Milá. El reto sería enfrentarles a la vida. Aceptar su postura de que ni estudian ni trabajan, pero dejarles sin el soporte de papá y mamá. Sin la casa pagada, las comodidades, los caprichos, la ropa de marca, la comida en la mesa... Podrían gritar y protestar cuánto quisieran. Incluso podrían discutir y culparse entre ellos. Dormir hasta la hora que deseen, no recoger su choza, no colaborar en nada. Pero pasadas veinticuatro horas, se percatarían de que tienen hambre y frío. Que no disponen de agua, si no se acercan al río que está a cuatro kilómetros y la traen en las marmitas de barro, que los indígenas amablemente les han prestado. Los nativos, tanto los reales, como los infiltrados, tendrían instrucciones precisas de no facilitar ni comida, ni bebida a ninguno de ellos, de manera que Si No se mueven no comen. De esta guisa los tendría unos seis meses, un año en los casos rebeldes. No les quedaría más remedio que aprender a cazar, a pescar, a compartir, a protegerse unos a otros. También les ofrecería un servicio gratuito de piercing y tatuajes. Realizado por los indígenas... a palo seco. Ya de vuelta a la civilización, quedaría terminantemente prohibido volver al hogar de sus progenitores. Estarían en el punto justo de maduración, para echar a volar. ¿Qué, os gusta el cambio de NiNi a SiNo?.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 17-05-2011 "Más sabe el diablo por viejo..."


Edurne Iza, Más sabe el diablo por viejo...

Más sabe el diablo por viejo, que por diablo. Al ver la foto del día de hoy, no puedo por menos que recordar esta sabia frase, que trata precisamente de eso, de sabiduría. Traduzcamos pues este refrán. Se supone que el diablo por el mero hecho de serlo, lleva consigo una serie de maldades y artimañas que le otorgan la propia condición de demonio. Sin embargo, representan también a este malévolo personaje como un ser de avanzada edad. La reflexión toma pues esta dirección. ¿Somos más sabios por el cúmulo de vivencias y en definitiva las experiencias que nos da la vida, o por el mero hecho de ser ángeles o demonios?. Hoy en día estamos experimentando esta misma circunstancia con las nuevas generaciones. La bonanza de las últimas décadas, la tendencia de los padres y madres a proteger en exceso a sus polluelos y ya en nuestros días, la cada vez más precaria situación laboral en nuestro país, han creado una generación enferma de titulitis. Son jóvenes con menos de treinta años y con un currículum estudiantil absolutamente sorprendente. Licenciaturas, diplomaturas, másters, idiomas, Erasmus... y un sin fin de apellidos más que siguen a un nombre poco sólido. Tarde, pero con muchas ínfulas y pretensiones, se incorporan al mundo laboral. Sus expectativas salariales son realmente elevadas, pero el mundo real, ya sabemos que no es exactamente, el cuento de hadas de la vida de muchos estudiantes. Los más flexibles, pronto se dan cuenta de su error, al menospreciar a los que llevan años trabajando y se conforman con un título adornando su pared. En pocos meses, descubren que empiezan de cero. Que la teoría dista mucho de la puesta en práctica y que ésta, sólo se consigue a base de paciencia y tenacidad. Los más obcecados, son los que no aguantan la presión, no soportan la disciplina, tienen problemas con la jerarquía, con los horarios, con los compañeros... en manos de los que tenemos que dejar el país en unos años. Los que deben garantizar nuestras pensiones, los que cuando estemos a punto de jubilarnos, pueden ser nuestros jefes. En el otro extremo, tenemos a la generación NiNi, pero de ellos hablaremos otro día, que no quiero que digáis que soy pesimista. Después de esta disertación, y no sin antes recordaros el fabuloso sistema educativo de nuestro país, sin prácticas ni programas de integración en el mundo laboral, os reto a que descubráis quien ganará la partida de ajedrez. Pero no la del bello tablero que nos acompaña hoy, la de la vida.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 16-05-2011 "Llévame lejos"

Edurne Iza, Llévame contigo

Hay quien cree que la esclavitud es cosa de antaño. Quien está convencido, que hoy en día somos libres como gorriones en el campo... Sin embargo, creo que nos encontramos bajo el yugo de las tecnologías. Yo la primera. Me encanta cualquier novedad tecnológica, que me permita enviar y recibir correos, jugar online, tener cientos de vistosas aplicaciones, conectarme a mi banco, a las redes sociales, chatear, trabajar, todo desde una mini pantalla y desde un equipo que no alcanza ni los doscientos gramos de peso. Salgo de viaje y la vibración que avisa de un nuevo mensaje, me mantiene alerta todo el tiempo. Me siento a comer y mientras me traen el primer plato, aprovecho para echar un vistazo a los correos urgentes. Me digo, que de ese modo, cuando llegue al hotel después de haber conducido más de quinientos kilómetros, estaré más tranquila y tendré tiempo para descansar. Pero no es cierto. Esperando al segundo plato decido abrir un juego de matar marcianitos y voy disparando con una mano, al tiempo que mastico o que acerco el vaso de agua a mis labios, con la otra. Cuando por fin abro la puerta de la habitación, lo primero que hago es enchufar el ordenador, conectarme a Internet y seguir gestionando correos. Ya de paso, miro el tiempo que hará mañana, la cotización de la bolsa, como estudio online echo un vistazo para comprobar si las calificaciones del último trabajo han salido, repaso la información de un par de blogs de los que soy fan... miro el reloj y son casi las once de la noche. Extenuada me doy una relajante ducha y me acuesto. Al día siguiente toca madrugar. Pondré el despertador un rato antes, porque los compañeros de Asia, que trabajan durante nuestra noche, habrán enviado varios mensajes que deberé contestar antes de comenzar la jornada. Si habéis aguantado el ritmo hasta aquí... ¿seguís pensando que la esclavitud no existe en nuestros días?. La peor conclusión a la que llego, es que, en la mayoría de los casos, se trata de un sometimiento voluntario, autoimpuesto. Esta noche, duermo en un hotel. He abierto la ventana, y he visto al fondo un hermoso velero atracado. Majestuoso con sus palos acariciando las estrellas. He asomado medio cuerpo y poniendo los brazos en cruz, mirando hacia el navío, al más puro estilo Titanic de Dicaprio, he gritado, ¡Llévame lejos!. He mirado hacia abajo y mis ojos se han cruzado con los de un señor, que ha mirado horrorizado hacia arriba. Avergonzada, me he refugiado dentro de la habitación.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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