La Foto del día: 16-05-2011 "Llévame lejos"

Edurne Iza, Llévame contigo

Hay quien cree que la esclavitud es cosa de antaño. Quien está convencido, que hoy en día somos libres como gorriones en el campo... Sin embargo, creo que nos encontramos bajo el yugo de las tecnologías. Yo la primera. Me encanta cualquier novedad tecnológica, que me permita enviar y recibir correos, jugar online, tener cientos de vistosas aplicaciones, conectarme a mi banco, a las redes sociales, chatear, trabajar, todo desde una mini pantalla y desde un equipo que no alcanza ni los doscientos gramos de peso. Salgo de viaje y la vibración que avisa de un nuevo mensaje, me mantiene alerta todo el tiempo. Me siento a comer y mientras me traen el primer plato, aprovecho para echar un vistazo a los correos urgentes. Me digo, que de ese modo, cuando llegue al hotel después de haber conducido más de quinientos kilómetros, estaré más tranquila y tendré tiempo para descansar. Pero no es cierto. Esperando al segundo plato decido abrir un juego de matar marcianitos y voy disparando con una mano, al tiempo que mastico o que acerco el vaso de agua a mis labios, con la otra. Cuando por fin abro la puerta de la habitación, lo primero que hago es enchufar el ordenador, conectarme a Internet y seguir gestionando correos. Ya de paso, miro el tiempo que hará mañana, la cotización de la bolsa, como estudio online echo un vistazo para comprobar si las calificaciones del último trabajo han salido, repaso la información de un par de blogs de los que soy fan... miro el reloj y son casi las once de la noche. Extenuada me doy una relajante ducha y me acuesto. Al día siguiente toca madrugar. Pondré el despertador un rato antes, porque los compañeros de Asia, que trabajan durante nuestra noche, habrán enviado varios mensajes que deberé contestar antes de comenzar la jornada. Si habéis aguantado el ritmo hasta aquí... ¿seguís pensando que la esclavitud no existe en nuestros días?. La peor conclusión a la que llego, es que, en la mayoría de los casos, se trata de un sometimiento voluntario, autoimpuesto. Esta noche, duermo en un hotel. He abierto la ventana, y he visto al fondo un hermoso velero atracado. Majestuoso con sus palos acariciando las estrellas. He asomado medio cuerpo y poniendo los brazos en cruz, mirando hacia el navío, al más puro estilo Titanic de Dicaprio, he gritado, ¡Llévame lejos!. He mirado hacia abajo y mis ojos se han cruzado con los de un señor, que ha mirado horrorizado hacia arriba. Avergonzada, me he refugiado dentro de la habitación.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 15-05-2011 "Abuelo"




Aquel verano el abuelo estuvo especialmente preocupado por nosotros. Sois mis nietos decía, y tengo que aprovechar ahora que puedo cuidaros. Algún día seréis fuertes y grandes como vuestros padres y ya no me necesitaréis. "Noooo, eso nunca va a suceder" jaleábamos nosotros. Consiguiendo que esbozara una pícara sonrisa de satisfacción, en su cara cuarteada por la vida. Recuerdo esas vacaciones con un cariño indescriptible. Los paseos en barca, los cuentos antes de dormir, los helados del domingo en el kiosko del pueblo. Han pasado muchos años, tantos, que mi rostro está más ajado de lo que recuerdo el suyo. Como él sabiamente vaticinó, crecí, estudié, trabajé, formé mi propia familia y ahora en la vejez, me gustaría poder ofrecer el mismo amor que recibí durante mi infancia. Sin embargo, mis hijos viven en la ciudad, demasiado ocupados para hacer una visita al carca de su padre. Los niños acuden a tal cantidad de actividades extraescolares, que no les queda tiempo ni para jugar con sus amigos. Así que mi hermano y yo matamos las horas, dando paseos en barca por la costa cercana al pueblo. A veces pescamos algún pez, pero luego lo soltamos... siempre decimos en broma, que quizá sus pez-nietos le estén esperando en las profundidades marinas, y no quisiéramos privarles de su enriquecedora compañía. La Foto del día de hoy va dedicada a todos aquellos padres, hijos, nietos y abuelos que disfrutan de su sabiduría mutua y de su compañía.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 14-05-2011 "El mejor amigo del hombre"

Edurne Iza, El mejor amigo del hombre
Suelo pararme a observar a la gente que camina. A veces recibo una caricia perdida. A veces una patada al grito de "fuera chucho". Recuerdo cuando yo paseaba junto a ellos, siguiendo sus pies. Cuando llegaba a casa y tenía una mullida colchoneta donde dormir y un plato de suculenta comida, al que dirigirme para saciar mi apetito. Las cosas no eran perfectas, sobretodo desde que llegó el nuevo miembro de la familia. Ellos le llamaban el bebé. A partir de ese momento, el cariño que yo recibía, fue evolucionando de forma inversamente proporcional al crecimiento del pequeño. Una mañana, llegó el fin de mi cómoda vida. Subimos al coche, yo estaba contento, porque eso siempre significaba un largo paseo para disfrutar del campo o la playa. Ese día, el trayecto duró más de lo normal. De pronto la puerta se abrió y yo salté emocionado, para descubrir el lugar. Apenas habían mis patas tocado el asfalto, escuché como las puertas se cerraban y el vehículo se alejaba chirriando a toda velocidad. Corrí con todas mis fuerzas. No podía ser que me olvidaran allí. Puse toda mi energía en aguantar el máximo tiempo posible, para no perderles de vista. Se darán cuenta, pararán el vehículo y podré reunirme con ellos, pensaba. Pero al cabo de un par de minutos, apenas podía distinguirles en el horizonte. Caminé sin descanso hasta que oscureció. Tenía miedo, estaba desorientado. Aquella noche hizo mucho frío. Nunca había dormido a la intemperie, desde que me arrancaran del lado de mi madre con apenas unos días de vida. Me acurruqué junto a unos matorrales, sin aún dar crédito a lo sucedido. Entonces, exhausto y hambriento, recordé las últimas palabras que escuché al saltar del automóvil. "Hacemos bien, cariño, no podemos cuidar del niño y de él. Es un perro, seguro que sabe buscarse la vida". Mi instinto y mi olfato, me ayudaron a llegar a una ciudad algunos días después. Al principio caminaba sin descanso, mirando a las caras de la gente. Buscando aquellos rostros que me criaron y mimaron siendo apenas un cachorrito. Nunca entendí qué sucedió. Porqué pasé de ser el juguete de la casa, a un molesto estorbo. La vida en la calle es dura. El otro día encontré a un Yorkshire que me dijo que si te atrapan los de la perrera, te llevan a un lugar lleno de jaulas con muchos perros y que si al cabo de un tiempo ningún humano te ha querido, te ponen una inyección para que desaparezcas y no ocupes espacio. Desde ese día, me alejo cuando les veo con objetos sospechosos en las manos. Ellos nos llaman "el mejor amigo del hombre". Me invade la tristeza al pensar, cuan distinto al suyo, es nuestro concepto de lealtad.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 13-05-2011 "Latxa y Dolly"

La creación en un laboratorio de la oveja de la raza Finn Dorset, a la que pusieron por nombre Dolly, fue todo un acontecimiento en el mundo ovejuno. Yo soy una oveja Latxa de cara negra. Soy originaria del País Vasco. Vivo en los ricos pastos y montes de la zona y mi leche es muy apreciada para elaborar, entre otros, el suculento queso de Idiazabal. Produzco aproximadamente un litro de leche al día, durante ciento cuarenta días. Mis períodos de gestación son de ciento cincuenta y cuatro días, así que mis crías nacen fuertes y grandes. Dolly necesitó para venir al mundo, cinco meses en un laboratorio y doscientas setenta y siete fusiones de óvulos anucleados, con núcleos de células mamarias. No me hubiera gustado ser Dolly... vivió siempre en el Roslin Institute. Tuvo seis corderitos, fruto de su relación con un macho Welsh Mountain. A los cinco años, comenzó a sufrir una dolorosa artritis y a los ocho, tuvo que ser sacrificada por contraer un cáncer de pulmón. Nunca correteó por los prados verdes, no pudo sentir la lluvia mojando sus lanas. Se convirtió, y nunca mejor dicho, en un roto juguete de la ciencia. Me hubiera gustado conocerla y ver su hocico agitarse con el intenso olor a tierra mojada. Refugiarse bajo la sombra de un árbol en las sofocantes tardes de agosto.


Querida Dolly, la comunidad de ovejas Latxas de cara negra, queremos desde aquí rendirte nuestro particular homenaje. Tu sacrificio habrá servido, o no, para la evolución de la ciencia de los humanos. Ahora tus restos disecados, se exhiben en el Museo Real de Escocia. Ni siquiera después de muerta, has podido descansar en un prado. Dolly, un beso y un clavel rojo de las Latxas de cara negra. Descansa en paz... cuando las luces del museo se apaguen.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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