La Foto del día: 12-05-2011 "Padre volador"

Edurne Iza, Padre volador
Recuerdo que hace años, me encantaba leer Las Aventuras de Tintín. No recuerdo el título del libro, pero en uno de ellos, había un sacerdote que levitaba y le llamaban el padre volador... al ver esta imagen no he podido evitar recordarlo. Dejando a un lado la irreverencia, lo que es innegable es la atemporalidad de esta imagen. No consigo ver ni un solo detalle, que pudiera indicarme la época en que la fotografía fue tomada. Quizá la perfección del adoquinado, pudiera revelar una cierta modernidad en la toma, pero aún así, podría igualmente haber sido sacada en los años setenta o hace quince días. No obstante, y mucho más suculento que adivinar esa fecha, me resultaría descubrir qué pensamiento cruzaba el cerebro del hermano, en ese preciso instante. ¿Analizaría quizá la pérdida de la fe en nuestra civilización, o el hambre que asola a demasiados pueblos?. ¿Tal vez valorara un mejor reparto de las riquezas en esta sociedad, o por qué no, el imparable crecimiento del SIDA en África?. Siendo sincera, creo que estaba sencillamente observando el paisaje. PD: Para vuestra información, si escribís "padre volador" en la pestaña de imágenes de Google, no sale ni una sola foto de curas volando... ¿curioso no?.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 11-05-2011 "Elfos"



Edurne Iza, Elfos

Abrí los ojos con dificultad. Mi cuerpo estaba entumecido. No sabía dónde me encontraba, ni qué hora o día de la semana era. Sólo escuchaba el silbido de la brisa acariciando los árboles y el piar de las aves afanadas en sus quehaceres cotidianos. Durante varios minutos observé las hojas doradas por el otoño. Brillantes, en contraste con el cielo azul. Experimenté una indescriptible sensación de paz, hasta que mis sentidos estuvieron del todo despiertos, y me percaté de que me dolía mucho la espalda. Poco a poco comencé a recordar. Había salido esa mañana de sábado con mi bicicleta, dispuesta a hacer un poco de deporte. Miré a mi alrededor, y descubrí la causante de todos mis males. Una enorme piedra, medio escondida bajo la hojarasca. Emocionada pendiente abajo, solté las manos de los frenos, sin reparar en el pedrusco que acabó con el placentero paseo sobre ruedas. Poco a poco me incorporé y verifiqué con cuidado mis piernas, tobillos, manos, brazos… todo en orden, tan sólo un par de magulladuras. La inspección terminó cuando escuché algo desde la profundidad del bosque. Era como una risita, un cuchicheo. La curiosidad mitigó los dolores y comencé a caminar hacia el sonido. Bajé una pequeña ladera, giré a la derecha, luego a la izquierda, subí una loma… las voces cada vez se oían más cerca. El paisaje había cambiado un poco, ya no era tan idílico, ni me transmitía tranquilidad. Más bien todo lo contrario, había algo de inquietante en todo aquello. El bosque era cada vez más frondoso. Oscuro. Las  risas sonaban ya como si estuvieran a mi lado, pero no podía ver nada. Me detuve y asustada pensé que estaba perdida, en medio de aquella interminable arboleda. Tomé aire e intenté calmarme. Me senté sobre un tronco seco y entonces aparecieron. Diminutas personitas que saltaban, jugaban y reían entre la maleza. Eran monísimos, igualitos que los elfos de los cuentos. Uno de ellos descubrió que los observaba. Comenzó a correr gritando “¡peligro, peligro, nos han descubierto!”. Entonces vi como una pequeña masa de seres huía despavorida. Había muchos más de los que en un principio había detectado. “¡Pongamos en marcha el plan de olvido!, ¡Plan de olvido!, ¡Plan de olvido!”… Todo se volvió oscuro a mi alrededor. Cuando abrí los ojos, estaba en una cama de hospital.

-       Está usted viva de milagro, estas caídas en bicicleta son realmente peligrosas. Sólo tiene un par de arañazos, nada serio. A ver, ¿qué es lo último que recuerda?
-       Hombrecillos verdes corriendo por el bosque, respondí con una sonrisa sarcástica
-       Muy bueno, muy bueno. ¿Cuántos dedos hay aquí?
-       Tres
-       Perfecto, unas horas en observación y podrá irse a casa.
-       Pues ha funcionado el plan de olvido, ¿cómo explico yo esto ahora?
-       ¿Cómo dice?
-       Nada, nada… estoy contenta de no haberme roto ningún hueso.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 10-05-2011 "Marchando una ofrenda"

Edurne Iza, Marchando una ofrenda

Mi alma está y estará ligada siempre al mar. Como amarrada con cadenas a unas argollas de hierro. Así, absorta en mi melancolía no puedo por menos que recordar a Lope de Vega, que en uno de sus sonetos nos habla de Andrómeda, y de la envidia que despertaba en las Nereidas, hasta el punto, de desear éstas su muerte. Cuenta la mitología griega, que Nereo y Doris, tuvieron cincuenta hijas, las Nereidas. Que habitaban las profundidades marinas y salían a la superficie para socorrer a los hombres de mar. Eran hermosas y cantaban con voces melodiosas, casi angelicales. Aparecían ante los marineros en apuros a lomos de delfines y otras criaturas marinas y con sus largos cabellos adornados con diademas de coral. Yo lo que creo, es que los marinos necesitaban ahogar sus penas, nunca mejor dicho, pensando que en sus últimos momentos, en la peor de las tempestades, una femenina criatura podría liberarles de las garras del océano. Así que se dedicaban a hacerles ofrendas, de aceite, leche o miel que depositaban en las orillas de las playas. Pero en realidad, el mar no libera a sus presas, a no ser que hayan dado su vida, a cambio de regresar en forma de despojos a tierra firme. Por eso, débiles por naturaleza necesitamos refugiarnos en la creencia de lo sobrenatural. Pero… ¿y nosotras?, yo quiero creer. Y la mitología tan sólo me ofrece a Neptuno, que lejos de salvar a mi alma perdida en el mar, se dedica a agitar las aguas y a provocar gigantescas tormentas y maremotos. Vamos a ver, ¿por qué no podemos tener nosotras una legión de sirenos dulces y cariñosos que nos salven con poderosa delicadeza?. Os propongo que este verano, nos acerquemos a la playa, a medianoche, más que nada para no ser juzgadas demasiado duramente por los bañistas, y dejemos una ofrenda moderna. Digamos una ración de bravas y unos calamares a la romana, a ver si los sirenos se animan y vienen en nuestra ayuda… ¡Marchando una ofrenda!. No sé si nos deleitaran o no, con su presencia, pero seguro que a la mañana siguiente la ofrenda no está. ¿Mensaje celestial?.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 09-05-2011 "Amerigo Vespucci"

Su lema es “Non chi comincia ma quel che persevera”. O sea, “No el que empieza si no el que persevera”. Qué gran verdad, y que apropiado para este bello buque construido durante 1930. El Amerigo Vespucci, es el barco escuela de la armada Italiana. A su vez, es el navío en activo, más antiguo de la marina de ese país. Nacido del diseño del teniente coronel del Genio Naval, Francesco Rotundi, fue botado el 22 de Febrero de 1931. Tras muchas millas de mar azotando su casco, en 2007, este veterano del océano participó en la Tall Ship’s Race. La bella embarcación, debe su nombre al navegante florentino, considerado como el primero en determinar que las tierras descubiertas por Cristobal Colón, pertenecían a un nuevo continente. El Nuevo Mundo, que se llamó América en su honor. 

Edurne Iza, Amerigo Vespucci

Con 80 años sobre sus palos, aún podemos disfrutar de su presencia en numerosos puertos del Mediterráneo. Esta foto fue tomada en verano de 2010 en la Costa Brava catalana. Me encantaría llegar a ser octogenaria y mantenerme en tan buena forma como el Amerigo. Sería apasionante que sus velas, la madera lustrosa de sus cubierta y los mamparos de sus camarotes pudieran hablar, para contarnos alguna de las innumerables historias que se han vivido a bordo. Mirándolo, es fácil, evocar la saga de “Piratas del Caribe” e imaginarnos a Johnny Deep a la carrera, saltando del foque a la tapa regala. De proa a popa, escapando del Kraken o de cualquier otra criatura malévola de dos o más patas.
Sin dejar volar en exceso la imaginación, me daría por satisfecha con poder dar un paseo en tan maravilloso velero.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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