La vida es una carrera de fondo. No siempre el que más corre en los primeros kilómetros, es el primero en cruzar la línea de meta. La vida es paciencia, es sacrificio, es aprender a esperar. Cuándo se es joven e impetuoso, se tiende a desear resultados rápidos, pero lamentablemente, nada sucede el día antes. El trabajo bien hecho, el compañerismo y la dedicación, son claves para el éxito. Pero no son las únicas claves. La vida también son personas, y de nuestra inteligencia para escogerlas, dependen, en cierto modo, los frutos que obtengamos.
Todos necesitamos a la familia, pilar fundamental, a los amigos, que haríamos sin ellos y sus hombros donde apoyarnos. Pero no podemos olvidar, que también necesitamos un entrenador. Que confíe, cuándo nos falta la confianza; capaz de alentarnos cuando nos atormenta el desánimo; de alabar nuestros logros tras un duro trabajo; y de inyectarnos humildad cuando nos acecha la soberbia.
Vaya esta fotografía dedicada a todos los entrenadores, madres, padres, hermanos y amigos, que nos ayudan cada día, a cruzar las pequeñas metas que nos pone la vida. Por todos los que nos esperan en la línea de llegada, con una sonrisa cómplice, un abrazo reconfortante y por supuesto, con una cámara de fotos.
Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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