La Foto del día: 31-07-2011 "Vacaciones de verano"

Edurne Iza, Vacaciones de verano

Tras 125 jornadas de compartir con vosotros nuestras fotos y textos, La Foto del día se despide. Tránquilos, no os dejamos para siempre, es sólo una despedida de sol, descanso y recarga de baterías. Volveremos el 1 de Septiembre a llenar, cada día, unos minutos de vuestras vidas con nuestra creatividad e imaginación. Está siendo una maravillosa experiencia el compartir con todos vosotros esta iniciativa, que nos está enriqueciendo como profesionales y personas.
Nunca pensamos que la combinación de fotografía y literatura pudiera tener una aceptación tan grande y a generar esta expectación. 
Por todo ello, sólo podemos daros las gracias. Deciros que cuando el pasado 28 de Marzo, decidimos dar a luz a La Foto del día, no podíamos imaginar que 125 días después, tendríamos 6.000 visitas, una reseña en La Vanguardia, 39 seguidores públicos del blog, y todos los que anónimamente nos leeis y observáis a diario, a través de Facebook, Twitter y nuestro blog.
Así pues el mejor modo de desearos un feliz verano, es dejaros esta imagen, que invita al relax, a los saludables baños de mar y a disfrutar de la naturaleza durante las vacaciones.
Gracias por estar al otro lado de la pantalla, por aprenderos nuestra dirección http://fotoblogedurneiza.com, por dejarnos vuestros comentarios, por hacer click en "me gusta", por los "retweets" y "menciones". Gracias por compartir este sueño hecho realidad. Por hacer posible que Fotografía Edurne Iza, crezca cada día un poco más.

¡Os esperamos el 1 de Septiembre aquí, en La Foto del día!

La Foto del día: 30-07-2011 "Marino y pensador"

Edurne Iza, Marino y pensador
Gracias a ellos hoy conocemos en profundidad el Planeta Tierra. Desde la antigüedad, ha habido científicos, pensadores y viajeros, con ansias de comprender la verdadera forma y dimensiones de lo que ahora sabemos que es una esfera.
En un principio, la línea del horizonte, confundió a los filósofos griegos y les hizo concluir que habitaban en una especie de cilindro muy corto. Es decir, que la Tierra era plana. Que allá donde la vista se pierde y el cielo toca el mar, había una pared vertical que terminaba en la nada.  Fue Anaximandro de Mileto, discípulo de Tales y maestro de Anaxímenes, uno de los mayores defensores de esta teoría. Fruto de sus investigaciones, llegaron las primeras mediciones conocidas de los solsticios y equinoccios, así como trabajos destinados a determinar el tamaño y distancia de las estrellas. Concluyó además, que la Tierra era cilíndrica y ocupaba el centro del Universo.
No existe certeza de ello, pero parece que el primero en defender la esferidad de nuestro globo, fue Pitágoras allá por el siglo VI a.c. Más adelante, Aristóteles en el siglo IV a.c. se aventuró con análisis más detallados sobre el valor de su circunferencia.
Pese a la creencia popular de que en la Edad Media, se defendía la teoría de que la Tierra era plana, lo cierto es que en la mayoría de tratados de la época, se incluyen cartas que muestran Las Antípodas, mapas de zonas con los climas Ptolemaicos e incluso diagramas etiquetados como "globo terrestre", colocándolo como el centro de un conjunto de esferas posicionadas jerárquicamente.
Hoy en día, sabemos que habitamos en el tercer planeta desde el Sol. Que además es el quinto en tamaño dentro del sistema solar. Tenemos detalles precisos de las placas tectónicas que constituyen su superficie y que se deslizan sobre el magma en ciclos que duran millones de años. Qué más del 70% de dicha superficie son océanos de agua salada y el resto continentes e islas, poblados de ríos y lagos que constituyen la hidrosfera.
Tampoco dudamos que la Luna, es nuestro satélite natural, y que la atracción gravitatoria que ejerce con la Tierra, es la causante por ejemplo, de las mareas.
Como veis, en pleno siglo XXI, tenemos infinidad de datos técnicos, detalles, mediciones e imágenes. El ser humano, se empeña en encontrar otros mundos habitables para nuestra especie, con oxígeno, agua potable, luz, calor... Luchamos por la conquista de aquello que se escapa a nuestro control, de lo que creemos conocer.
A estas alturas, me encantaría poder trasladarme un par de miles de años hacia el futuro, y descubrir cual habrá sido la evolución de los descubrimientos. ¿Seremos capaces de conquistar otros planetas? ¿de adaptarnos a condiciones diferentes? ¿de descubrir nuevas formas de vida? De ser así, ¿seguiremos siendo entonces la especie dominante? ¿o encontraremos un depredador aún más agresivo y destructor que el propio ser humano?. Creo que me quedaré con la duda, porque pensándolo bien, tampoco me haría gracia asomar la cabeza en el siglo cincuenta y descubrir una civilización mutante o medio destruida por la sed de expansión.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 29-07-2011 "Cometa"

Edurne Iza, Cometa
No existe unanimidad a la hora de establecer el origen de las cometas, sin embargo, cobra bastante fuerza la idea de que proceden de la antigua China. Parece ser que la primera constancia de su existencia data de hace al menos 2.500 años. Tan curioso artilugio, ha suscitado la propagación de numerosas leyendas entorno al motivo de su aparición. Hay quien lo asocia a tradicionales métodos de pesca, consistentes en atar un anzuelo a un cabo terminado en una cometa, y a su vez sujetarlo a un bote, para pescar de manera relajada. Debían tener cuidado con la posición de la sombra sobre la superficie del agua, para no ahuyentar a los peces, pero al parecer era muy utilizado en la antigüedad por los pescadores de Polinesia. Algunos monjes chinos, la hacían volar durante horas, como ejercicio de meditación.
Con el paso de los años, el vuelo de la cometa se va extendiendo por diferentes países de la zona, Malasia, Indonesia, Birmania, Japón, India, para trasladarse algo más tarde hacia la Península Arábiga y el norte de África. Tardaría algo más en llegar a Europa, ya que tuvimos que esperar a las invasiones mongolas, los contactos con la cultura árabe y los intercambios comerciales procedentes del Cabo de Buena esperanza. Así que llegó a nuestro continente sobre el siglo XIV y alcanzó un elevado nivel de popularidad en el XVI.
No obstante, los usos más peculiares para este ingenio llegaron sobre el siglo XIX cuándo fue empleado para elevar hasta el cielo instrumentos de observación meteorológica. Las versiones que revolucionaron la investigación científica de la época, llegaron de manos de L. Hargrave (1894), que la modificó hasta convertirla en tridimensional y William A. Eddy (1891), que ideó una modalidad capaz de volar sin cola.
Ya en los albores del siglo XX, cuando la aviación irrumpió en nuestras vidas, se incorporó una aplicación militar a sus ya variadas aplicaciones. La intención era elevar observadores sobre el campo de batalla, para lo que se construía un complejo sistema de cometas entrelazadas, de las que colgaba una cestilla que contenía al observador. En pocos años, se decidió utilizar globos en su lugar.
Hoy en día, disponemos de versiones destinadas a la competición o el uso lúdico o opciones de tracción.
Si os parece interesante este mundillo, os recomiendo que visitéis el siguiente link http://usuarios.multimania.es/jmsuay/ aparecen fotografías con detalles de algunas de las cometas más destacadas de la historia. Podréis encontrar una evolución de las formas, usos y hasta nombres de los creadores de algunos de los más destacados ejemplares.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 28-07-2011 "Año de nieves, año de bienes"

Edurne Iza, Año de nieves, año de bienes
El rico refranero popular, cuenta con multitud de frases relacionadas con los fenómenos atmosféricos. Hoy hablaremos de la gélida "Año de nieves, año de bienes". Parece ser que tiene su origen en creencias populares de las zonas agrícolas que argumentaban que los inviernos nevados, dejaban abundantes deshielos primaverales, y esas aguas favorecían las cosechas.
Que la naturaleza tiene sus ciclos, que hay años de fuertes lluvias y otros de sequía, es sabido por todos. Si bien es cierto, que en las últimas décadas, el tan temido cambio climático y el calentamiento de nuestro planeta, están provocando serios desajustes y cambios que están comenzando a cambiar nuestro mundo, tal y como lo conocemos.
No hay más que analizar con detenimiento el caso de China. Uno de los países que ha vivido un proceso industrializador más rápido de la historia, descontroló por completo sus niveles de emisiones contaminantes. Tras largos procesos de negociación y mucha presión internacional, accedieron al compromiso de reducir desde 1990 hasta 2007, el volumen de CO2 lanzado a la atmósfera en más de un 49%, para seguir hasta 2020 estabilizándose entre un 40 y un 45%. Atrás quedan las reducciones de EEUU que no superan el 27%, a pesar de ser la potencia que más aprieta a la comunidad internacional para conseguir esta disminución.
Sin embargo, volviendo al país de La Gran Muralla, han decidido afrontar los problemas de sequías de los últimos años, aplicando otro famoso refrán, "A falta de pan, buenas son tortas". Es decir, si no tenemos nieve, que luego se descongele y se convierta en agua, la fabricamos. ¡Y dicho y hecho!. Aviones de la fuerza aérea china, liberaron más de 400 litros de nitrógeno líquido. Al mismo tiempo, efectivos del ejército de tierra, lanzaron cohetes de yoduro de plata, que al entrar en contacto con las nubes, provoca una reacción de catalización, que libera hidrógeno, que en combinación con el oxígeno de la atmósfera, genera lluvia o nieve, dependiendo de lo baja que sea la temperatura. Así que a partir de 2007, el gobierno se dedicó a repetir la operación en los días más fríos del invierno, e intentando hacerlo coincidir con el fin de semana, de modo que los ciudadanos pueden "disfrutar" de un auténtico día de nieve, sin sufrir los atascos e incómodos resbalones.
Probablemente, no será hasta de aquí a veinte o treinta años, cuándo las investigaciones concluyan que el nitrógeno y el yoduro de plata lanzados a los cielos, han provocado cualquier catástrofe inimaginable, que habrá que solucionar, enviando al espacio un cohete cargado de un nuevo compuesto de laboratorio, destinado a entrar en reacción con el exceso las sustancias anteriores y de ese modo liberar otro fluido que salvará el futuro de la humanidad. Hasta que un par de décadas más tarde alguien descubra, que aquel cohete salvador, en realidad provocó una serie de reacciones en cadena que... Bla, bla, bla. Y así seguiremos, hasta que este pobre globo en el que intentamos sobrevivir, deje de girar, explote, se hunda, o las tres cosas a la vez.
En resumen ¿no hubiera sido más fácil, controlar desde un principio las sustancias que emiten las fábricas, crear una sólida cultura del reciclaje y luchar por un futuro realmente sostenible?.
Más fácil, probablemente sí. Pero mucho menos lucrativo ¡lástima!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 27-07-2011 "Las cajas de la venganza"

Edurne Iza, Las cajas de la venganza

Aquel día la marea cambió mi vida. Paseaba despistada por la orilla, cuando tropecé con algo metálico. Me agaché a mirar. Era una caja negra, perfectamente cerrada. La curiosidad me corroía. La tomé entre mis manos e hice esfuerzos por abrirla, pero nada. Tras varios minutos de infructuosos intentos, me senté en la arena, la sujeté con mis pies y me quedé mirándola, pensando cómo diantres podría acceder a su interior. De pronto, uno de los laterales, saltó como si hubiera apretado algún resorte, dejando ver su interior. ¡Qué desilusión!, tan sólo había un papelito con algo escrito. “Busca una igual a mí, pero dorada”. Levanté la cabeza y vi a unos pocos metros otras dos cajas, una de color oro y la otra negra, como la primera. Corrí hacia ellas. Nuevamente el mismo proceso para conseguir abrirla. ¡Otro papelito! Era como participar en una gincana “¡Bien hecho!, has cambiado ébano por el metal dorado, ¿qué tal encontrar ahora, algo de oro negro?”. Rápidamente entendí que me enviaba a la tercera de las cajas, del mismo color que la primera. Esta vez, al abrirla sucedió algo maravilloso. En su interior había una figurita de papiroflexia, un pájaro de mil colores. Lo tomé en mi mano para observarlo bien y en ese momento, comenzó a aletear y a dibujar círculos ante mi atónita mirada. Aún no salía de mi asombro cuando estiró una de sus alas hacia mí, mientras decía “sígueme, te guiaré”.  No tuve tiempo para reaccionar, tan sólo estiré mi mano, tocando el trocito de papel que ejercía de voladora extremidad y pude notar su fuerza. Tiraba de mi, haciendo que cada uno de mis pasos se alargara haciéndome recorrer muchos metros. Al principio avanzábamos por la orilla, paralelos a la línea del horizonte, pero pronto comenzamos a adentrarnos en el agua. El nivel subió y me vi sumergida en las profundidades marinas. ¡Era sorprendente! Avanzábamos a toda velocidad, nadando con la agilidad de un delfín. El papel con que estaba fabricado el pajarillo, no se deshacía y yo podía respirar por debajo del agua. Nos deslizamos durante bastante tiempo, recorriendo varias millas mar adentro. No sabría decir a qué profundidad estábamos pero hacía ya un rato que no podía ver el reflejo de la superficie. Disminuimos la velocidad al llegar a una especie de cordillera rocosa. Al girar un recodo, descubrí una plataforma petrolífera hundida. Era impresionante, estaba llena de vida. De hombres y mujeres entregados a la extracción de crudo, de máquinas trabajando a pleno rendimiento. Un hombre se acercó a nosotros.
-       Gracias por venir. Soy el responsable de esta plataforma, dijo estirando la mano en gesto de saludo
-       Oh, encantado, yo… Estaba paseando por la playa cuando de pronto… Ha sido todo muy rápido
-       Lo sé, y te pido disculpas por ello, pero realmente te necesitamos. Pasa, tomaremos una taza de café mientras te explico el por qué de todo esto. Hace algunos años, esta era una productiva plataforma de extracción de petróleo. Tuvimos algunos problemas… algunas pérdidas de material, pequeñas explosiones, compañeros heridos, aguas manchadas de combustible. Las instalaciones estaban deterioradas por el tiempo y necesitaban una buena inversión para poder seguir trabajando con seguridad. Los empleados protestamos y nos negamos a continuar en esas condiciones, sin embargo la empresa propietaria nos amenazó con despidos sin indemnización. La ruina para muchas familias. Estábamos debatiendo cómo solucionarlo, no queríamos seguir trabajando de ese modo, pero necesitábamos apoyo del exterior. Pensamos en contactar con alguna organización ecologista, sindicatos, la prensa. Pero no nos dio tiempo. Una gran explosión hundió la plataforma con todos nosotros dentro. Tenemos pruebas para pensar que los dueños colocaron cargas en los pilares de la estructura y decidieron cobrar el seguro y ahorrarse las peleas con los empleados, antes que arreglar las instalaciones. Mintieron a nuestras familias, se habló de fatal accidente, tragedia mortal. Ni un solo superviviente. Es cierto, estamos todos muertos, pero no conseguimos desaparecer, ni descansar en paz, porque nuestras almas necesitan justicia. Todo esto que estás viendo hoy es una ilusión, un juego psicológico que hemos preparado para que seas nuestro representante en el exterior.
-       Pero… Nadie va a creerme cuando explique todo esto.
-       No lo explicarás. En unos minutos, estarás de regreso en la superficie, sano y salvo y a tus pies, encontrarás otra caja misteriosa. Esta vez, en su interior habrá una tarjeta de memoria que contiene documentos, fotografías y todo tipo de pruebas, que necesitamos que presentes ante un tribunal. Debes hacerlo público enseguida, o tu vida correrá peligro. Asegúrate que guardas copias de los documentos en varios lugares, que sólo tú debes conocer. ¡Por favor ayúdanos, ayúdanos a alcanzar el sueño eterno!
Antes de poder dar una respuesta, estaba nuevamente sentado sobre la arena, con la caja entre sus manos. De su interior asomaba el USB de color rojo. Lo tomó colocó con decisión en uno de sus bolsillos y se dirigió al paseo marítimo.
-       ¡Taxi!
-       ¿A dónde, señor?
-       Primero a la central de televisión, allí me esperará unos minutos, e iremos a la comisaría de policía. Pero antes, lléveme a una de esas tiendas donde duplican documentos digitales.
-       ¡Perfecto, allá vamos!


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 26-07-2011 "Los pájaros"

Edurne Iza, Los Pájaros

Han pasado casi 50 años del estreno de "Los pájaros" (1963), del gran Alfred Hitchcock  y aún se nos eriza el vello pensando en una manada de gaviotas o cuervos trastornados, que deciden atacarnos por sorpresa y sin piedad.
Es cierto, el cine de terror ha evolucionado de manera increíble en estas últimas décadas, y sin embargo, el miedo psicológico al caos y a todo aquello que escapa a nuestro control, sigue siendo una fuente inagotable de guiones cinematográficos. Hoy en día, podemos ver cintas con efectos casi imposibles, monstruos digitales que parece vayan a salir de la pantalla, sangre, del rojo y densidad para estremecer el corazón más resistente. Sin embargo, los espectadores seguimos siendo básicos y primitivos en cuanto a miedos se refiere. Movernos a ciegas por una habitación compartida con un psicópata asesino; entrar en casa, escuchar un ruido y preguntar ¿cariño?, sin obtener más repuesta que el crujir del parquet (menos mal, que luego siempre resulta ser el gato, el perro o la dilatación de la madera por el cambio de temperaturas); ver un armario entreabierto con una manga de camisa asomando; acostarse, taparse hasta las orejas y darse cuenta que no hemos revisado debajo de la cama; estar en la ducha y ver una sombra al otro lado de la cortina... Son tan sólo algunos de los muchos terrores que desarrollamos durante la niñez y nos acompañan en la edad adulta. ¡Por supuesto! títulos como "Los pájaros" o "Psicosis" que haciéndonos los valientes nos empeñamos en ver, no ayudan en absoluto.
No obstante, por encima de todos estos terrores, para mí, el más sobrecogedor, es el de los niños poseídos. Esos que te miran fijamente con cara de ángel y luego se les inyectan los ojos en sangre y gritan de forma estremecedora con voz de adulto maquiavélico. Por no hablar de los criminales con doble personalidad. Los que seducen a la chica con rosas y cava, para luego llamar a su "otro yo" y entrar en sangrienta acción. Eso sí, siempre se produce la metamorfosis, cuando están pasando un fin de semana romántico en una cabaña del bosque más recóndito de EEUU, dónde como es obvio, no han dicho a nadie que van. En tales circunstancias, no pueden faltar el canto nocturno de la lechuza, el lago de aguas oscuras y la caseta de herramientas, con hachas afiladas y demás aperos punzantes.
En fin, queridos seguidores de La Foto del día... Os dejo este regalito y espero que hoy, no durmáis solos en casa. http://www.youtube.com/watch?v=m8tv2-ODlyA  

Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 25-07-2011: "Dónde estás, Julieta"

Paseaba por aquellos patios rodeados de muros de piedra. El sol se colaba entre la estructura, otorgando a los muros un tono anaranjado que contrastaba con el verde intenso de los árboles y las plantas que lo decoraban. La tarde era cálida y el aire denso. Se respiraba historia, literatura y fantasía. No pude evitar imaginarme a una joven Julieta, correteando por los jardines a la espera de su amado Romeo. Historia dulce y trágica fruto de la privilegiada pluma de Shakespeare y llevada al teatro y al cine en infinidad de ocasiones. Nuestra Foto del día de hoy, pretende ser un homenaje a tan bella obra y por ello, os dejamos una lista de las versiones cinematográficas de la historia. Para los despistados, os recordamos que la trama se desarrolla en Verona, Italia, donde viven dos familias rivales, los Capuleto y los Montesco. Sus hijos respectivos, Julieta y Romeo, se enamoran a primera vista y deciden hacer prevalecer su pasión por encima de las estúpidas disputas de sus linajes. Como argucia para escapar a la persecución a que son sometidos, deciden con ayuda de Fray Lorenzo, hacer pasar a la joven por muerta y avisar a su amado para que la recoja y puedan huir lejos de las luchas de las que se sienten ajenos. Sin embargo, el mensaje nunca llega a manos de Romeo, que convencido de haber perdido al amor de su vida, decide arrebatarse la suya propia. Julieta al descubrir la tragedia, se clava un puñal para descansar eternamente junto a su adorado.

Edurne Iza, Dónde estás Julieta


Foto: Edurne Iza
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La Foto del día: 24-07-2011 "El secreto del fin del mundo"

Edurne Iza, El secreto del fin del mundo

Las mareas son vivas, y pasan, de cubrir la playa casi en su totalidad a dejar al desnudo el fondo rocoso, de arena y lodo, que rodea la pared de piedra, construida por el ser humano, en su constante lucha de poder contra los elementos. Ese muro sólido, bordea el cementerio del pueblo y durante la pleamar, las olas golpean a escasos metros del camposanto.
Cuenta la leyenda, que a treinta pies bajo las lápidas, se encuentra el más magnífico tesoro que jamás se haya descubierto. Protegido entre almas que duermen el sueño eterno y golpes de mar, reposan doblones de oro, procedentes de un galeón español y joyas que con su brillo deslumbrarían al mismísimo sol. Dicen que también hay documentos. Papeles antiguos, que guardan entre sus fibras amarilleadas por el tiempo, el secreto por el que muchas personas venderían su alma al diablo. Las palabras en ellos escritas, narran cómo y cuándo desaparecerá el planeta Tierra.
Hace pocas semanas, un diario local, tuvo la desastrosa idea, de publicar una entrevista a un anciano de la zona, en la que se relataba la historia, que hasta ahora había pasado de padres a hijos sin mayor trascendencia. Desde entonces el pueblo se ha llenado de oportunistas, curiosos y buscavidas, que intentan acceder al camposanto a cualquier precio. Las autoridades, han tenido que organizar turnos de  vigilancia, para proteger el lugar. Los desconocidos, llegados de todas partes, intentan sobornar a los agentes. La desconfianza y la ambición se respiran en el ambiente. La aldea pacífica y tranquila en la que crecí, se ha convertido en un hervidero de intereses y codicia.
Esta mañana, ha amanecido lloviendo. El cielo estaba de color gris plomizo y los rayos y truenos se sucedían, amenazando con partir el cielo. Al principio, la mar estaba tranquila, pero poco a poco se ha ido agitando, enfadando, al tiempo que la marea subía. La flota pesquera ha tenido que ser amarrada en puerto. El viento era cada vez más fuerte, las olas más altas. El mar barría las cruces, como limpiándolas del oportunismo de los recién llegados, que a pesar de todo, se aferraban a las rejas del recinto, no queriendo alejarse demasiado de su botín. De pronto una gigantesca masa de agua se ha elevado desde la orilla, cubriendo la colina durante varios minutos. La violencia del golpe ha sido brutal y cuando por fin el océano se ha retirado, el paisaje del litoral había cambiado por completo. El cementerio y toda la loma en la que se encontraba, habían desaparecido. En su lugar había quedado un profundo socavón, que sin duda había servido de lecho a las riquezas y secretos que allí habían permanecido ocultos. Me acerqué a curiosear, encontré una perla enorme, del tamaño de una nuez. Pequeño resto de las maravillas desaparecidas. Me acerqué a la orilla y encontré sobre la arena, arrastrados por la resaca, los cuerpos de varios de los ambiciosos visitantes. Uno tenía entre los dedos un collar de esmeraldas, otro un sólido lingote de oro macizo. Más allá un tercero, agarraba con sus manos ya rígidas de muerte, unos papeles. Corrí hacia él. Tomé los documentos y me paré a pensar unos segundos antes de leerlos. Tenía en mis manos los detalles del ocaso de nuestra civilización. Las habladurías de los ancianos del lugar eran ciertas ¡los papeles existían!. Finalmente, los deposité sobre las olas, y desaparecieron mar adentro, mientras la tinta se emborronaba y el papel se iba deshaciendo. El pensar que nuestra existencia tiene fecha de caducidad, casi nos destruye. Así que decidí seguir viviendo en la ignorancia, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 23-07-2011 "Un amanecer de verano"

Edurne Iza, Un amanecer de verano

Han pasado los años. Mi piel se ha cuarteado por efecto del sol y la brisa marina. Bueno, y por la edad, no nos engañemos. Mis huesos están cansados y mi alma golpeada por los avatares de la vida, pero en mi recuerdo, permanece intacta aquella escena. El amanecer más bello de mi vida. La aventura que cualquiera desearía vivir. Nunca se lo he contado a nadie, ni siquiera a mi hijo, para protegerle de su propió instinto de venganza, que podría llevarle a luchar contra un enemigo demasiado poderoso. En el ocaso de mi recorrido vital, quiero compartir este hermoso recuerdo. Será la manera de que mi historia, no muera el día que mi corazón decida dejar de bombear. 
Corría el mes de Julio. Inusualmente fresco, comparado con los bochornosos años anteriores. Había terminado mi segundo curso en la universidad. Como cualquier jovencita, me encantaba ir al cine con mis amigas. Me quedaba embelesada con las historias de amor, de aventuras y de héroes imposibles. Esas dos horas con gesto ojiplático, palomitas y Coca-Cola, me recargaban las pilas para el resto de la semana. Vimos una película, en la que el protagonista, mi actor favorito, el ídolo de mis sueños de juventud, defendía una causa justa y daba la vida por ello y por defender el amor. Con el corazón aún compungido por la pérdida en pantalla de mi héroe, me despedí de las chicas y emprendí el camino de regreso. Vivíamos en una casita de piedra, mirando al mar, en un saliente de roca y bosque, que invadía un pedazo de océano. Distraída, aún pensando en la escena final, escuché un ruido procedente de unos matorrales cercanos. Parecía una voz masculina. Mi primer impulso fue echar a correr, pero la curiosidad pudo más y me aproximé al origen del sonido. Entonces distinguí lo que decía, "help". Separé los arbustos y encontré un hombre tumbado en el suelo, levantaba una mano pidiendo auxilio. Volvió a pronunciar la misma palabra y entonces se desmayó. Su rostro quedó tendido hacia arriba y el reflejo de la luna me permitió distinguir sus facciones. No podía dar crédito a lo que estaba viendo. Me froté los ojos con incredulidad. Era él. No cabía la menor duda. Mi actor adorado. El que acababa de morir en el celuloide, defendiendo la honradez, la justicia y el amor. El temor desapareció, me acerqué e intenté reanimarle. Aún me quedaba un poco de refresco, así que le mojé los labios con él. Se despertó un poco. Me miró con languidez y soltó una retahíla que apenas pude comprender. Con mi mal inglés le dije "slowly please". Él me miró fijamente. ¡Dios, qué guapo era!. El intenso azul de sus ojos, se clavó en la miel de los míos. Era apenas un par de años mayor que yo, pero lo envolvía sin duda, el glamour de la gran pantalla. Me cogió la mano con fuerza. Esta vez, habló más despacio y a pesar de que había muchas palabras desconocidas para mí, pude comprender la esencia de su mensaje. Las misivas de sus películas, no eran del todo ficticias. En la vida real, luchaba contra la especulación inmobiliaria y sobre todo, contra aquellos que querían destruir paradisíacos entornos naturales para construir gigantescos hoteles resort. En aquella zona, estaba planificada la apertura de un espacio de ocio de muchas hectáreas en unos pocos años y él estaba a la cabeza de la lucha, para defender ese enclave a orillas del Mediterráneo.
Su enemigo era muy poderoso, había demasiados millones en juego y no estaban dispuestos a permitir que aquel niñato guaperas e idealista, venido del nuevo continente, les fastidiara el negocio. Así que haciendo uso de la fama de los artistas de llevar una mala vida, le inyectaron una potente droga, que acabaría con él en unas pocas horas y lo abandonaron en medio de la nada. Nunca pudieron imaginar, que yo pasaría por allí esa noche.
Le obligué a recostarse y le tapé con unas plantas. Como pude, le dije que me esperara, que iba a buscar ayuda y volvería a rescatarle. Corrí como nunca antes lo había hecho. Llegué a casa. Mi padre, se había quedado dormido en el sofá, con las gafas puestas y un libro apoyado en sus rodillas. Le gustaba esperarme despierto cuando salía de noche.
- ¡Padre, por favor necesito tu ayuda! ¡ven rápido!
Sobresaltado por mis gritos, tardó unos segundos en reaccionar y comprender lo que entre nervios y desesperación intentaba explicarle. Finalmente tomó su maletín y una camilla portátil y me siguió lo más velozmente que pudo. Mi padre era médico investigador. Trabajaba en un prestigioso hospital de la ciudad, y tenía un futuro prometedor, hasta que mi madre falleció víctima de una misteriosa enfermedad. Se sintió culpable por no encontrar la curación al maldito virus y se refugió en sus libros e investigaciones.
- ¡Hija mía, no sé si podré hacer algo por ese muchacho!
- ¡Podrás papá, sé que podrás! ¡tienes que hacerlo!
Encontramos al joven tal y como lo había dejado minutos atrás. Mi padre, realizó unas cuantas inspecciones. Con gesto de preocupación, observó su boca, pupilas, pulso. Tocó sus manos y brazos. Finalmente levantó la manga de su camisa e inyectó un líquido directo a sus venas.
- Ayúdame, hay que colocarlo en la camilla y llevarlo a un lugar seguro. Los que hicieron esto, pueden querer comprobar el resultado de su trabajo.
- Claro, además la noche será fría y no podemos dejarlo a la intemperie.
Con esfuerzo, lo transportamos hasta casa, lo acostamos en la habitación de invitados y velamos junto a su cama. Pasé toda la noche con su mano en la mía. A ratos mirándole y a ratos observando el reflejo de la luna sobre el mar. Cuando las primeras luces del alba hicieron su aparición, tiñendo el cielo de un intenso azul, sus ojos se abrieron con debilidad y de sus labios aún amoratados, pude escuchar "thank you".
Los días pasaron, y los sueros y conocimientos de mi padre ayudaron a su recuperación. Nos contó con detalle, todos los entresijos de la red mafiosa contra la que estaba luchando. Estábamos indignados. Queríamos ayudar y él insistía en que era peligroso y ya habíamos hecho bastante. Contactó con sus abogados y hombres de confianza al otro aldo del charco. Y desde la protección y anonimato de nuestra modesta casita de piedra, consiguió deshacer la trama de estafas y abusos contra el medio ambiente.
Para entonces estaba perdidamente enamorada de él. Y él de mí. Decidimos que se trasladaría a vivir con nosotros una temporada. Hasta que yo terminara mis estudios. Nuestro hogar se llenó de alegría, de vida y felicidad. Él viajaba a filmar sus películas, en ocasiones le acompañaba y eran viajes de ensueño. Habían pasado dos años y tras terminar la carrera, decidimos pasar el verano juntos, con mi padre, en nuestro refugio frente al mar. Además, tenía que darle una gran noticia. ¡Estaba embarazada!. Su avioneta aterrizaba por la mañana, no pude conciliar el sueño por la emoción y las ganas de contarle la buena nueva. Sin embargo, el aparato explotó en el aire en extrañas circunstancias. No pudo comprobarse, pero yo siempre he sabido que su muerte no fue un accidente. Le arrebataron su bien más preciado, por luchar contra la mafia de la construcción indiscriminada. Cómo en sus cintas, la honestidad le costó la vida. Y con él se fue un pedazo de mí.
En una alborada de un añil intenso, como los ojos de mi amado, llegó al mundo mi pequeño ángel. Y el resto de mi historia, son sólo retales de una vida discreta y sencilla. De una existencia honesta y solitaria, refugiada en los bellos recuerdos de un amanecer de verano.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 22-07-2011 "Manual del buen atleta"

Edurne Iza, Manual del buen atletaDesde niño me había gustado practicar pruebas de atletismo. Solía correr los ciento diez metros vallas. Era bastante bueno. Con catorce o quince años, incluso llegué a ganar un par de medallas en competiciones europeas juveniles. Luego la universidad, el trabajo y las responsabilidades profesionales, hicieron que fuera dejando los entrenamientos. Han pasado más de veinte años de mi última participación en un campeonato, y por esas casualidades que tiene la vida, cayó en mis manos hace unos días, un libro cuyo título me resultó curioso, "Manual del buen atleta". Llamó poderosamente mi atención y decidí leerlo. Revivir aunque fuera en la piel de sus personajes, mis años de gloria en las pistas.
Nunca imaginé que aquella fantástica historia pudiera cambiar mi vida. Devoré con avidez las primeras páginas. Me enganchó el modo en que a través de las experiencias deportivas de aquellos corredores, el autor, no hacía sino describir la propia vida, con sus retos, éxitos, fracasos, alegrías y frustraciones. Tras unos cuántos capítulos de abrumadora descripción de la realidad, el tono fue cambiando hacia un enfoque algo más fantástico. Cuando quise darme cuenta, había dejado de verme reflejado en el joven deportista, para desear llegar a la madurez del mismo modo que él. Rozando los límites entre ficción y realidad. Explicaba que el buen atleta, debe saber cuándo retirarse y pasar a lo que el autor describía como la "reserva". Descubrir el momento justo para ingresar en la "élite".  Esos momentos de transición de la gloria al olvido, o del anonimato al éxito, eran cuándo a su juicio, debía recurrirse al manual del buen atleta. Las instrucciones estaban tan claras que decidí probar. "Vístase con el atuendo propio de su disciplina deportiva. Prepare, en caso necesario, los accesorios correspondientes (pértiga, martillo, testigo, vallas, jabalina...). Colóquese delante de una pared, a ser posible de mortero u hormigón. Realice los estiramientos adecuados (ver anexo I). Dedique unos minutos a concentrarse, respirar y sobretodo, creer. Expulse el miedo de su cuerpo. Comience su actividad, alcanzando la máxima, velocidad, impulso, fuerza, salto, distancia o altura justo en el instante, en que debería impactar contra el muro de cemento. Abra los ojos y observe. Ya será usted un buen atleta".
Me parecía surrealista, y al mismo tiempo tenía la sensación de tener una vida vacía y llena de rutinas desmotivadoras, así que decidí probar. "Es ridículo, una estupidez. Me empotraré contra el tabique". Decía para mis adentros, pero aún así, me moría de ganas de experimentar. Seguí las indicaciones al pie de la letra. Coloqué la valla a la distancia justa de la pared para que al saltarla pudiera darme de bruces contra ella. ¡Aaaale hop!. Mi nariz quedó casi rozando el muro. Fue maravilloso. Durante el breve espacio de tiempo hasta que mis dos pies volvieron a  estar sobre el suelo, pude ver, a pesar de tener los ojos cerrados, cientos de deportistas de todas las edades y razas. Hombres, mujeres, gordos, flacos... Todos participando en una olimpiada libre. Sin premios, clasificaciones, jueces, ni público. Los oponentes eran los kilos de más, la artritis, los años que no perdonan, las muletas y las sillas de ruedas. Eran los complejos, la falta de confianza, la timidez y el miedo. Eran el trabajo, las cargas familiares y la escasez de tiempo. En ese instante comprendí, que aquel libro un tanto mágico, no era sino un compendio de la propia vida. Una ventana a través de la que visualizar nuestra existencia, como una consecución de batallas, que libramos contra nosotros mismos y nuestras limitaciones. Un canto a la vida. Un grito desesperado de ¡Sí PUEDO!. Cada vez que mi rutina me abruma, tomo el libro de la estantería y ... Ya sabéis, busco la pared más cercana.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 21-07-2011 "Deporte y concentración"

Ya sabía que el deporte es beneficioso para la salud. Pero hoy he descubierto, que hacer ejercicio, estimula además, la producción en el cerebro de ondas alfa, theta y delta, lo cual favorece la relajación, la concentración y la capacidad para resolver problemas.
El factor más importante de la concentración, consiste en ser capaces de focalizar la atención sobre la tarea que se está desarrollando, sin distraerse por estímulos internos o externos irrelevantes. Se trata pues, de una habilidad que podemos practicar y mejorar con los ejercicios adecuados.
Edurne Iza, Deporte y concentración

Los entrenadores deportivos, se esfuerzan a diario en ayudar a sus jugadores a desarrollar esta destreza, ya que de ello depende en gran medida el éxito en el campo. A menudo escuchamos en las ruedas de prensa deportivas, comentarios como "al equipo le faltó concentración", "la presión de un estadio lleno de seguidores del equipo contrario pudo con ellos", "parecía que estaba en otro lugar"... Y es que, mediante la concentración, conseguimos precisamente estar en el momento y lugar adecuados a cada situación. Aquí y ahora.
En los deportes de equipo, tenemos además, el componente añadido de las relaciones personales entre los jugadores. La falta de afinidad o confianza puede desestabilizar el rendimiento del conjunto. De ahí que se valoren los caracteres dóciles, estables y dialogantes y se consideren conflictivas las luchas de egos, las personalidades autoritarias, poco disciplinadas o con problemas para comprender y asumir la jerarquía y la autoridad.
Todo esto nos lleva a concluir, que el éxito en el terreno de juego no se basa únicamente en un comportamiento físico y técnico excepcional. Es indudable que el conocimiento de la estrategia, las jugadas ensayadas y el rendimiento muscular, son pilares fundamentales para la obtención de un resultado óptimo. Pero no olvidemos que para que el edificio no sólo se sostenga, si no que pueda soportar el peso de la notoriedad pública, la fuerza de los aficionados, el estrés de la competición, la presión mediática y tantos otros factores externos debe construirse sobre cimientos de espíritu de equipo, compañerismo y humildad. El grupo y no el individuo deberá ser capaz de hacer frente a cada adversidad, de disfrutar y hacer suyo el triunfo del grupo y de no personalizar el fracaso, si no de digerirlo, analizar los fallos e intentar establecer la estrategia adecuada para corregirlos en el futuro.
Por eso hay equipos que saltan al terreno de juego protegidos por la impermeabilidad de la concentración y otros que se calan hasta los huesos por los agujeros de la distracción y la falta de equilibrio.
La Foto del día de hoy, la dedicamos a todos los defensores del espíritu mosquetero del "Todos para uno y uno para todos".


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 20-07-2011 "La estatua y el genio"

Edurne Iza, La estatua y el genioEl día amaneció nublado. Su estado de ánimo seguía como el día anterior. Por los suelos. Era consciente que debía seguir adelante, que un desengaño amoroso no podía hundirla hasta el punto de no poder continuar. Ya había recurrido a las terapias de amigas, a las películas melodramáticas para llorar con excusa, a las fiestas de pijama hasta bien entrada la madrugada, a un atracón de helado de chocolate… Nada conseguía devolverle la sonrisa. El golpe había sido demasiado fuerte. Después de tantos juramentos mutuos de amor eterno, no estaba preparada para llegar un día a casa y encontrar a su “media naranja” en la cama con otra.
Pasó días enteros yendo de casa al trabajo y del trabajo a casa. Siendo tan sólo una sombra de sí misma. Aquel sábado decidió que ya había perdido suficientes días, noches, horas y minutos de su vida. Se propuso cambiar el curso de los acontecimientos, salir de compras, darse algún capricho y regresar a su hogar siendo de nuevo una mujer feliz. Caminando por la ciudad se detuvo a contemplar una plaza, rodeada de edificios de piedra. Elegantes, sólidos, reflejo de una gloriosa época pasada. Cerró los ojos y deseó por un momento poder introducirse en otra vida, la de una dama helena o romana. Experimentar los orígenes de otra civilización. Como aparecido de la nada, se alzó ante ella un ser vestido de un modo que le resultaba familiar. Lo había visto en los cuentos de Las mil y una Noches. Parecía el genio salido de una lámpara.
-       ¡Buenos días bella señora!, dijo el genio con voz estereofónica.
-       Esto… Buenos días.
-      Soy el genio de los deseos y he sido llamado.¿Dice que le gustaría a usted trasladarse a la antigua Roma?
-       Bueno, quizá, yo..., si, supongo que si. Titubeó.
-       Puedo hacer que su deseo se convierta en realidad.
-       ¡Llevarme a la antigua Roma! 
-       ¡Exacto!, pero para ello usted deberá ofrecerme algo a cambio
-       ¿Y de qué se trata?
-       De su cuerpo.
-       ¿Cómo? ¡Sátiro, sinvergüenza! ¡Fuera de mi vista!
-       No, no me malinterprete por favor, soy un caballero. Me refiero a que para que mi magia surta efecto, usted no puede continuar existiendo en ambas épocas al unísono, pero tampoco puede desaparecer por completo de la era actual. Debemos mantener un modo de poder hacerle regresar, si pasado un tiempo usted se arrepiente de la decisión. Como un puente entre el pasado y el presente ¿lo entiende?
-       Eso ya está mejor. Por un momento pensaba que era usted uno de esos obsesos que andan sueltos. Y ¿de qué modo podríamos establecer esa pasarela de la que me habla?
-       Muy sencillo, yo le convierto en estatua de piedra en este mundo. Aquí mismo, decorando esta plaza. Nadie notará su presencia, ni su falta si un día decide volver. Su cuerpo tal y como lo conoce usted será íntegra y molecularmente trasladado a la época y lugar escogidos. ¿Qué me dice?
-       Pero… Y usted ¿qué gana con esto?
-       Vivo para cumplir los sueños de la gente. Usted ha soñado y aquí estoy.
-       ¿Así de fácil?
-       Así de fácil.
-       De acuerdo, correré el riesgo. Estoy preparada ¿Qué tengo que hacer?
-      Cierre los ojos, relájese y cuando cuente tres, ábralos muy despacio. Entonces, estará en su nueva vida. Uno, dos, tres.
Una preciosa estatua se alzaba en un discreto lateral de la plaza. Quedó colgando de su brazo la bolsa con las compras que había realizado hacía unos minutos. No hubiera sido apropiado aparecer en la Roma antigua cargada con un envoltorio rotulado en una imprenta moderna.
Apenas sintió nada. Abrió los ojos muy despacio y vio a su alrededor termas, acueductos, columnas, circos… Una nueva vida se abría ante sí. ¿Querría regresar algún día?


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 19-07-2011 "Hélice"

Edurne Iza, Hélice

Josef Ludwig Franz Ressel ha pasado a los anales de la historia como el creador del primer prototipo funcional de hélice para propulsar barcos. Nació en 1793 en Bohemia. Su madre era de origen checo y su padre germano. Tuvo que detener prematuramente sus estudios, puesto que tras el fallecimiento de su padre, se responsabilizó del sustento de la familia. Así que consiguió un empleo como guarda forestal en Istria. En esta zona se gestionaba una importante producción maderera que servía para surtir a los por entonces importantes astilleros del puerto de Trieste. Más adelante trabajó en el curso del río Krka, donde su inquietud investigadora, le llevó a construir su primer prototipo de hélice para embarcaciones fluviales. En 1827 consiguió obtener una patente y reunir los apoyos necesarios para probar su invento en el buque a vapor Civetta. A pesar de conseguir que el navío alcanzara una velocidad de seis nudos, el experimento terminó en fracaso, puesto que el barco terminó explotando. Tras la explosión, la continuidad de sus investigaciones se vio truncada, ya que las autoridades prohibieron cualquier prototipo posterior. Desesperado por la falta de apoyos, Ressel decidió apoyar la continuidad de sus exploraciones tecnológicas en un empresario francés que le prometió el soporte necesario para seguir adelante y del que por desgracia, sólo recibió un plagio y el verse envuelto en años de litigios y reclamaciones judiciales.
Hubo a lo largo de ese mismo siglo, diversos intentos de poner en funcionamiento artilugios similares, pero todos ellos terminaron decepcionando a sus creadores. No fue hasta 1839, cuando el sueco John Ericsson, perfeccionando la hélice de Ressel, consiguiera finalizar con éxito, la primera travesía trasatlántica.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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La Foto del día: 18-07-2011 "El valor de las raíces"

Después de la guerra, sus abuelos tuvieron que escapar. Son esas crueldades que comete el ser humano, cuando hace luchar hermanos contra hermanos, se ensaña con los perdedores o pretende borrar la memoria de las generaciones futuras. Precisamente para evitar que sus hijos, sus nietos y los hijos de éstos más tarde, olvidaran sus orígenes, desde muy pequeña escuchó en casa hablar de raíces.

Edurne Iza, El valor de las raíces


Los años habían curtido su piel, la guerra, los campos de trabajo y los "sutiles" métodos para obtener información que tenía el enemigo, arrancaron sus uñas, apagaron su vista y deterioraron sus pulmones. Pero el brillo de sus ojos y el orgullo de la mirada, permanecían intactos. Ella no tendría más de siete u ocho años cuando le sentaba en sus rodillas, en el sofá que había junto a la chimenea y le contaba que la familia siempre había destacado por su cultura. Personas sencillas, decía. Pero muy interesadas en el arte, la literatura, la música. "Yo era pintor, tenía unas manos prodigiosas, cómo mezclaba los colores y manejaba los pinceles. Era mi vida, y por eso me destrozaron los dedos y me arrancaron los ojos", decía mientras mostraba a su nieta las arqueadas y descuajeringadas extremidades, que señalaban unas cuencas vacías como el alma de sus torturadores.
- Pero nunca dije nada, ni una palabra, jamás delaté a los míos. Y eso querida mía, eso está en tus raíces. La vida te llevará por senderos difíciles de transitar. Tendrás que tomar decisiones complicadas, que ahora ni tan siquiera puedes imaginar. Deberás escoger entre tus principios y tus intereses. El camino fácil o el difícil. Pero no te preocupes, tus raíces te dirán lo que debes hacer y estoy seguro que llegado el momento, tomarás la decisión correcta.
- Pero abuelito, eso suena terrible ¡yo no quiero ser mayor!.
- Tranquila, no sucederá de un día para el otro, será un cambio gradual, progresivo. Cuando no sepas qué dirección tomar, en esos momentos en que la vida parece que te está dedicando una mueca sarcástica, sólo deberás mirar dentro de ti y buscar tus raíces. Ellas te dirán qué debes hacer. Y ahora, ¡a la cama! a dormir y a soñar con cosas bonitas.
- Buenas noches abuelito, te quiero mucho. Dijo la pequeña, besando sus malogradas manos.
El abuelo suspiró profundamente y decidió quedarse un rato más escuchando el crujir de la madera quemándose en el hogar.
Aquella noche el abuelo falleció, sentado plácidamente en su sillón, con la satisfacción de haber vivido de forma plena, de haber sido fiel a sus ideales, a la gente que amaba. De haber plantado en los suyos, la semilla de la honradez. De haber sido capaz de morir con la misma dignidad con la que había vivido.
Aquella noche la niña, durmió arropada en su cama y soñó con unas sólidas y profundas raíces que le marcaban un camino. A veces soleado, a veces amenazado por nubes de tormenta. Pero un claro sendero por donde transitar.
Pasaron los años y la pequeña convertida en fotógrafa, presentó a un prestigioso concurso una imagen que reflejaba aquel sueño de niñez. La dedicó al hombre más valiente que había conocido. Al hombre que le enseñó el valor de las raíces. Al recoger el premio, no ofreció vacías palabras de agradecimiento, sólo dijo:
- Abuelito, miré en mi interior, las vi y escogí mi camino. Hoy, estarías orgulloso de mí.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza

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