La Foto del día: 30-06-2011 "Paseo arquitectónico"

Edurne Iza, Paseo arquitectónico


Sólo tenemos que darnos un paseo por nuestra ciudad, para descubrir cómo las tendencias arquitectónicas han ido evolucionando con el paso del tiempo. Recorriendo calles y avenidas, sin las prisas del día a día. Sin mirar el reloj a cada minuto. Olvidando la preocupación de encontrar aparcamiento, de no perder al autobús o de llegar al otro lado del paso de peatones antes que cambie el semáforo, seríamos capaces de leer la historia de nuestra ciudad, observando sus edificios.
Por marcar un inicio en el tiempo, comenzaremos por la “Belle époque”, el “Fin de siècle”, intentando escoger un punto de arranque en este recorrido, vayámonos a las coordenadas 41°23′30.2″N 2°09′53.8″E, efectivamente, La Casa Batlló, en el número 43 del barcelonés Paseo de Gracia. El genial Antonio Gaudí, remodeló un edificio ya existente en el solar. Azulejos, claraboyas, formas onduladas y hierro forjado, le dieron el toque de casa encantada que deleita a locales y visitantes. Siguió el expresionismo de Secundino Zuazo, que salpicó el madrileño barrio de Argüelles con construcciones como la que podemos encontrar en la calle Donoso Cortés 26. A simple vista un edificio de apartamentos, pero joya representativa del legado arquitectónico de Zuazo. Desplazándonos ahora hasta Bilbao, ciudad natal de Secundino, encontramos un hermoso legado del Art Decó. El Café Boulevard, ubicado en pleno centro de la ciudad, junto al emblemático Teatro Arriaga, y que conserva la solera y estilo de las tertulias de algunas de las plumas más excelsas de la literatura, Ortega y Gasset, Ramiro de Maeztu o Miguel de Unamuno, cuyos textos decoran aún hoy las paredes del local. El siglo avanzaba y el hormigón armado hace su aparición. Se adopta el principio de que los materiales y requerimientos funcionales determinan el resultado, es decir que la forma sigue a la función. Se rechaza el ornamento y se eliminan los detalles innecesarios, cabalgamos por la senda del minimalismo, formas geométricas, limpias, austeras, contrastan con las curvas imposibles, impuestas por Santiago Calatrava o Frank Gehry, que nos deleitaron con obras como el Auditorio de Tenerife o el Museo Guggenheim de Bilbao. Arte que contiene arte. Mimetismo convertido en construcción.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 29-06-2011 "La carta"

Edurne Iza, La CartaCon pulso tembloroso asió la pluma, con la intención de comenzar a escribir. Qué grande parecía aquella hoja de papel en blanco. Habían pasado muchos años. Demasiados para resumirlos en unas cuantas líneas. Muy largos, para justificar su silencio. No los suficientes para paliar el daño cometido. Aquella mañana, había recibido una carta del hospital. Ya tenían los resultados de las pruebas que le habían realizado hacía un par de semanas. En una revisión rutinaria, habían detectado algunos valores alterados en su analítica sanguínea. Su doctor quería realizar más pruebas. Tras casi dos meses y varias ecografías, fue la tomografía, la que concluyó el fatídico diagnóstico. Cáncer de próstata, demasiado avanzado e invasivo para operar. Sólo podía aplicarse un tratamiento paliativo. ¿Paliativo de qué?, pensaba rabioso. Como si el dolor de dejar este mundo antes de tiempo, pudiera calmarse con morfina. Es en estos momentos de la vida, en los que el ser humano es consciente de que la cuenta atrás llega a su fin, cuando suele hacerse balance de la trayectoria individual. Lo conseguido, lo fallado, lo que quedó olvidado en el cajón de los sueños.  Entonces decidió escribir aquel mensaje. No sabía por dónde empezar y decidió hacerlo por el principio de la historia.
"Querida hija, han pasado muchos años y supongo que debes odiarme. Pero el tiempo se acaba y necesito que me perdones. Que sepas que existo... y que lo siento."
Hacía más de treinta años, siendo ella una recién nacida, él simplemente desapareció. Su madre falleció durante el parto, no le quedaba nadie más en el mundo. Sólo él, y huyó. La pequeña se crió en un orfanato. Pasó por varias casas de acogida, hasta que finalmente fue dada en adopción a una maravillosa familia. Siempre le cuidaron, le mimaron y le dieron cuanto estuvo a su alcance, para que creciera fuerte y feliz. Estudió, maduró, tenía un trabajo con el que se sentía realizada, encontró un buen hombre que la quería tal y como era y tuvieron un precioso bebé. Nunca sintió falta de cariño, sería injusto describirlo así. Más bien, una enorme incógnita, un agujero negro en su corazón. ¿Qué pasó? ¿por qué se marchó su padre y nunca dio señales de vida? ¿no le importaba acaso si estaba viva o muerta? ¿si sacaba buenas o malas notas? ¿si era una profesional de éxito o una yonki tirada en una esquina? ¿no se habría preguntado jamás qué cara tenía? ¿si se parecía a él? ¿o si era el vivo retrato de su amada madre muerta?.
Era sábado por la mañana. Abrió la puerta de casa para salir a dar un paseo con su pequeño. Estaba nublado, pero no hacía frío. Al salir, vio un sobre bastante grande introducido en el buzón. Uno de esos de metal, con su escudo grabado en relieve. Introdujo la llave y tomó la carta con ambas manos. Atónita leyó el nombre del remitente. Con grandes letras mayúsculas estaba escrito "ÁBRELA, SOY TU PADRE". El corazón le dio un vuelco. Con parsimonia, tomó el sobre, lo introdujo en su bolso y empujando el cochecito del niño, caminó despacio hasta un parque cercano, donde había quedado en encontrarse con su marido. Se sentó en un banco de madera, mirando al estanque de los patos. Sacó la carta y la depositó sobre sus piernas. Se quedó así mucho rato. La mirada fija en las grandes letras, pero la mente ausente. En pocos minutos pasaron por su recuerdo los mejores y peores momentos de su existencia. Los primeros pedaleos en bicicleta, los nervios de los exámenes, los complejos de adolescente, la universidad, la dureza del primer empleo, su embarazo, el parto, y tantos y tantos otros instantes que marcaron su devenir. Analizó sus dudas, las preguntas sin respuesta durante tantos años. "Rasgaré el sobre y encontraré lo que he deseado saber todo este tiempo". Sujetó la carta con ambas manos dispuesta a vaciar su contenido y descubrir la verdad. "La verdad", repitió en voz alta. En el último instante, se levantó, dio unos pasos hasta la papelera más cercana y tiró el sobre sin abrir. "La verdad es que he llegado hasta aquí sin ti y no formas parte de mi vida. La verdad es que moriste en el mismo instante en que me abandonaste. La verdad es que no me quisiste lo suficiente entonces, ni los treinta siguientes años. La verdad es que no necesito respuestas". Cogió en brazos al bebé y se acercó al otro extremo de la laguna para dar pan a los patos. Atrás quedó la papelera y un hombre gris y cabizbajo que salió de detrás de un árbol. Su padre la había seguido con la esperanza de ver la emoción en sus ojos, al leer la confesión de su cobardía y despreocupación. Había soñado con una hollywoodiense escena de reencuentro familiar. Con besos, abrazos y perdón. Apesadumbrado, recogió la carta, asumiendo el castigo a su egoísmo.  No pudo evitar, por primera vez en su vida, pensar ¿Qué pasó? ¿por qué se marchó sin leer el escrito? ¿no se habría preguntado jamás qué cara tenía? ¿si se parecía a él? ¿o si era el vivo retrato de su amada madre muerta?. Miró dentro de su corazón, intentando hallar la solución. No pudo ver nada. Siempre había estado vacío. 
Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 28-06-2011 "No se ría, no se ría..."

http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=FG1LNJMC5-w "Oiga usted, no se ría, de la Bruja Avería. Oiga usted, no se ría, de la Bruja Avería". Quién me iba a decir a mí, que cuando a mis tiernos diez añitos coreaba enloquecida esta canción de Olvido Gara, más conocida como Alaska, no estaba haciendo otra cosa que predecir el futuro. El Hada Vídeo, Maese Sonoro, la Bruja Truca, Maese Cámara... los electroduendes. Eran los duendes de la electrónica. Simpáticos personajillos con poderes, que se zafaban a duras penas de una malvada Bruja Avería, dedicada a hacer explotar todo cuanto se ponía a su paso. "Si se ríe usted señora romperá la lavadora, si se ríe usted señor, romperá el televisor". Han pasado los años, y ahora que llevo una vida de persona seria, quedaría mal canturrear esta canción por los pasillos de la empresa, mientras avanzo con las rodillas flexionadas y haciendo el egipcio con los brazos. Sin embargo, no puedo negaros, que se me van los pies nada más escucharla. 
Poniéndome seria, lo que no dejaba de ser un programa infantil inofensivo, se está convirtiendo en un tenebroso futuro. La villana de la serie, era una espantosa mujercilla. Una especie de mutante entre ser humano y aparato electrónico, de cuya cabeza salían cientos de cables de colores en lugar de cabellos. Ahora en pleno siglo XXI, cuándo no podemos vivir sin móvil y el tablet nos parece imprescindible, sólo nos falta decorar nuestros hogares con maceteros como el que os adjuntamos hoy. Tierra, de la que ya no brotarán plantas verdes ansiosas de fotosíntesis, si no hilos de cobre plastificados. Conectores USB, sustituirán a las flores comunes y los HDMI serán como las delicadas orquídeas de antaño. En lugar de liberar nuestros tiestos de pulgones, nos fijaremos en que cumplan la normativa ROHS. No necesitaremos que los árboles nos cobijen con su refrescante sombra, porque tendremos aire acondicionado por doquier. No hará falta recolectar las cosechas de frutas y hortalizas frescas, porque habremos sustituido nuestra rica dieta Mediterránea, por pastillas de colores servidas en asépticos frasquitos de cristal.

Edurne Iza, No se ría, no se ría...

Sinceramente amigos, desde mi humilde posición, pienso seguir abogando por un futuro basado en la economía sostenible. Porque con pequeños e individuales gestos anónimos, podemos conseguir que la Bruja Avería se quede exactamente donde le corresponde. En un dulce recuerdo infantil, de un personaje imposible a caballo entre maldad y comedia. Desde La Foto del día de hoy, os animamos a reciclar, a despreciar los alimentos transgénicos, a no encender el aire acondicionado más de lo necesario, a cerrar los grifos cuando no se están utilizando, a no verter el aceite refrito por el fregadero, a viajar en transporte público siempre que podamos y a practicar el saludable deporte de caminar. Así entre todos podemos augurar un futuro mejor. Ya sabéis... ¡es La Bola de Cristal!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 27-06-2011 "Pérfidus, Bóndidus, y el contraconjuro"

El cielo amenazaba tormenta. Ya lo anunciaba la profecía. Sucedería, la cuarta noche después de la segunda luna nueva, tras el nacimiento del elegido. Hacía poco más de nueve meses, el príncipe de aquellos parajes, Bóndidus, había caído en un profundo sueño, presa de la maldición de su primo Pérfidus. Se habían criado juntos, ya que los reyes, los padres de Bóndidus, habían fallecido durante una epidemia de peste, que diezmó la población, hacía ahora veinticinco años. Popea, la bondadosa hermana de su madre, adoptó al pequeño y lo crió con el mismo amor que a su propio hijo. Su esposo, un duque venido a menos, que conservaba más nombre que fortuna, nunca tuvo simpatía por el pequeño, pero aceptó, guiado por la ambición de pensar, que aquel huérfano algún día se convertiría en rey. La codicia del padre, hizo mella en Pérfidus, que creció envidiando y odiando todo cuánto su primo conseguía. Cuando eran ya jóvenes casaderos, Bóndidus, se enamoró de Flavia, una hermosa muchacha. Pronto contrajeron matrimonio y según la tradición, al nacer su primer vástago, la joven pareja ocuparía el trono.
Amante de las brujerías y presa de la avaricia, Pérfidus, ayudado por su padre, urdió un malvado plan, para arrebatar a los recién casados su legítimo derecho. Las leyes contemplaban, que si por cualquier motivo, el heredero del trono, no lo ocupaba, pasadas cuatro noches de la segunda luna nueva, tras haber nacido su primer descendiente, la corona sería cedida al familiar consanguíneo más cercano de la misma generación. Dispuesto a lo que fuese, con tal de conseguir la real tiara, ideó un embrujo por el cual, de forma misteriosa, Bóndidus cayera en un profundo letargo, del que sólo despertara, pasada la fecha de coronación. Justo a tiempo para sufrir, viendo como por segunda vez, la fatalidad truncaba su destino. Sin embargo, nutridos de soberbia, menospreciaron la inteligencia de las dos mujeres. Popea descubrió los pérfidos planes de su marido y su hijo. No los reconocía, no podía entender, que hubiera compartido lecho con tan despreciable ser. Le dolían las entrañas, al pensar que el precioso bebé que había crecido en su vientre, se hubiera convertido en aquel joven miserable y sin escrúpulos. Superando el profundo pesar de su corazón, habló con Flavia, para detener semejante vileza. 


Protegidas por la oscuridad de la noche, trasladaron al embrujado Bóndidus, a una torre de vigilancia en el límite del reino, cerca de los acantilados. Lo mantuvieron oculto y lejos de las garras de sus malefactores.
Del país vecino, mandaron llamar a Kaeso, anciano hechicero y gran amigo de la familia. Con su ayuda, aplicaron un  conjuro sobre padre e hijo, para que al mirar la cama de Bóndidus creyeran verlo descansando sobre ella y no notaran su falta. De ese modo, pudieron  sacar al joven de su morada, sin levantar sospechas. Una vez a salvo, pidieron a  Kaeso un contraconjuro, para que en el preciso instante, en el que Pérfidus hiciera despertar a su primo, se desatara una terrible tormenta que se arremolinara en forma de tornado alrededor del palacio. Haciéndolo elevarse por los aires tan alto, que la vista dejara de apreciarlo, para luego caer en picado y destrozarlo contra el suelo, convirtiéndose en microscópicas partículas de polvo. Llegada la hora, discretamente congregaron a todos sus súbditos en la torre de vigilancia. En silencio, abrazados y con los ojos cerrados, soportaron los coletazos de la violenta ventisca.
Cuando la calma regresó y las nubes se disiparon, pudieron ver a Bóndidus, que ya despierto y libre de maleficios, besaba a su retoño y tomaba con ternura las manos de Popea y Flavia. Por encima de coronas y tronos, en aquel lejano país, reinaron para siempre el amor y la felicidad.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 26-06-2011 "El chico invisible"

Edurne Iza, El chico invisible

Era muy duro ser invisible. Pasar desapercibido a todo el mundo. No podía evitarlo, pero le hacía sentirse extraordinariamente triste. Vestía con colores neutros que no llamaban la atención. En las fotos siempre salía medio tapado por algún otro compañero. Sus notas no eran ni lo suficientemente buenas, ni tan desastrosamente malas, como para que los profesores le prestaran atención. Caminaba a paso medio, ni rápido ni despacio, con la cabeza un poco inclinada hacia abajo. Su mirada no se cruzaba con la de nadie. No utilizaba colonia que pudiera delatar que había pasado por allí. Llevaba pantalones vaqueros, como la mayoría y calzado deportivo. Cuando acababan las clases, se marchaba sigiloso y no lo echaban en falta. Formaba parte del grupo, hasta el punto de no llamar la atención, pero no lo bastante, como para que los demás se percataran de si aún estaba con ellos. La frustración crecía en su interior. Luego pasó a ser rabia. Contra todo, contra todos. Les odiaba por no darse cuenta de que estaba ahí. Pero no era capaz de poner de su parte para evitarlo. Podía haber intentado relacionarse, hacer amigos, practicar algún deporte, apuntarse al grupo de teatro... Sin embargo, se refugió en su invisibilidad, culpando a su entorno, infringiendo las normas. Al principio, probó con pequeños hurtos. El día que robó el equipo de música portátil, de la sala de profesores, lo sacó en una bolsa de plástico. Al salir de la habitación, se cruzó con la jefa de estudios y ni siquiera le vio. Observó el revuelo desde el recodo de un pasillo. Nunca descubrieron al culpable. Desde entonces, colocaron una cerradura de seguridad con clave, en la entrada de las salas principales del colegio. Aquellas en las que se guardaba determinado material de valor. Las medidas anti robo no hacían más que motivarle. Un día, se agachó a atarse los cordones de las zapatillas, mientras uno de los profesores introducía la clave. 12342011, estúpidos. Ya tenía su maldita contraseña. Nuevos robos siguieron al primero. Sólo pretendía llamar la atención. En el otro grupo de su mismo curso, había una chica que le gustaba mucho. Era simpática, muy guapa y siempre iba rodeada de amigas. Los chicos la miraban y ella sonreía segura de sus encantos. A veces se cruzaban por los pasillos, pero ella nunca le veía, por supuesto. Aquella mañana, él decidió romper su norma, a la salida de clase se encontró de cara con la muchacha, le miró de soslayo y dijo, "Hola, soy de la clase en enfrente". Ella le miró con curiosidad, de arriba a abajo y respondió un escueto "mmm". Una amiga le cogió del brazo y se la llevó mientras le preguntaba "¿quién es ese?", "será nuevo, no le había visto en mi vida", respondió despreocupada. Era lo más humillante que le había ocurrido desde hacía tiempo. Había ido al mismo colegio desde parvulitos, igual que ella. Habían comido en la misma sala, salido de excursión en el mismo autocar. Celebrado la fiesta de fin de curso, de carnaval, la función de Navidad, y ni siquiera le recordaba. "Será nuevo, será nuevo" martilleaba en su cabeza una y otra vez. Estúpida pensó. 
Esa tarde al salir de clase, se cruzó con un perro abandonado. Se le acercó, le olisqueó los pantalones y comenzó a lamerle las manos. La sensación fue muy extraña. Un ser vivo se fijaba en él, le prestaba atención, le daba cariño. Se sentó en la acera y estuvieron jugando un buen rato. Le tiraba un palo y el animal corría en su busca y lo dejaba a sus pies para que el juego comenzara otra vez. Le regaló su merienda, a la que el can no hizo asco alguno, y se fue a casa. A la mañana siguiente, al salir del portal, lo primero que hizo fue buscar con la mirada a su nuevo amigo, mejor dicho, a su único amigo. Allí estaba, esperando fiel a que el chico le regalara una caricia, otra tanda de juegos y tal vez, un trozo de bocadillo. Los días pasaban y la relación se consolidaba. Finalmente, adoptó y bautizó a "Sombra", apropiado nombre para el perro del chico invisible. Eran inseparables. Al llegar a las inmediaciones de la escuela, volvió a encontrarse con ella. Esta vez no la miró, no le dijo nada y sin embargo, ocurrió algo extraordinario.
- ¡Hola guapo!, dijo la chica con dulzura acercando su mano al hocico de Sombra.
- Se llama Sombra
- Sombra, qué nombre tan bonito. Espera, ¿tu eres el chico nuevo verdad? el de la clase de enfrente. Mi nombre es Luna.
- Luna... suena bien, yo soy Tomás, dijo disimulando, ¡por supuesto que sabía que se llamaba Luna!.
- ¿Vives por aquí?
- Sí, dos calles más abajo en esa dirección, contestó señalando con la mano.
- ¡Vaya! yo vivo un poco más allá, podemos quedar a la salida y hacemos el trayecto juntos, si quieres.
- Claro, te esperaré por aquí sobre las cinco. Un ladrido le hizo rectificar, bueno, te esperaremos, ja ja ja.
- ¡Genial!, nos vemos luego.
La muchacha entró en el recinto escolar, mientras él se agachaba a acariciar al perrito. Caray, Sombra, ¿ha sido así de sencillo todo el tiempo?, ¿tan sólo se trataba de intentarlo?. ¡Buf, buf!, respondió Sombra, regalándole un  lametón que le recorrió toda la mejilla.
A veces, necesitamos que suceda algo que nos ayude a sacar el ser humano que llevamos dentro. En ocasiones, deseamos sentirnos útiles, cuidar de alguien. Percibir que ocupamos un pedacito de algún corazón.  Los animales conservan instintos, que los humanos hace tiempo perdimos. A Sombra no le hicieron falta palabras, para comprender que con un pequeño empujón, Tomás se abriría al mundo. Luna sólo necesitó un saludo y un ladrido, para descubrir a Tomás. Ese día, gracias a Sombra y a Luna, desapareció para siempre, el chico invisible.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 25-06-2011 "La longitud y no el salto"

Edurne Iza, La longitud y no el salto

El salto de longitud es una disciplina del atletismo, que consiste en realizar una carrera dentro de un  área delimitada para ello y al llegar al filo de una marca, denominada tabla de batida, saltar a la mayor distancia posible. El saltador cae dentro de un foso de arena, que amortigua el golpe y el salto, se mide hasta la primera marca que cualquier parte de su cuerpo haya realizado en la arena. Muchas veces he pensado, que hay momentos de nuestras vidas que son como un salto de longitud. Te preparas durante un largo período de tiempo. Realizas una corta carrera previa, en la que comienza a forjarse el resultado del momento clave, y por último el impulso, el vuelo y la caída. Unos pocos segundos en los que se decide la suerte y el resultado de tanto trabajo. Es evidente que una buena preparación física, una correcta alimentación, dormir las horas necesarias, es indispensable para obtener un buen resultado durante las pruebas. Aunque también es cierto, que si el día en cuestión se amanece con dolor de cabeza, resfriado, sopla más viento del habitual o los nervios nos juegan una mala pasada, puede influir en que el minuto "m" y el segundo "s", se conviertan en los más terribles de nuestras vidas. Todo el esfuerzo a la basura, en tan sólo un momento. En la época de estudiante, sucede lo mismo. todo el curso estudiando, esforzándose para aprobar y al final al profesor se le ocurre la brillante idea de calificar mediante una prueba oral. Ya está, la mandíbula temblando, la lengua derrapando entre letra y letra y el examen suspendido. Por eso pienso que los logros importantes de la vida, deberían valorarse, mediante evaluaciones continuadas. Se acabó el jugárselo todo a una carta. Crearíamos profesionales más cualificados y seguros de sí mismos, si fuéramos capaces de crear un sistema educativo que aprecie la trayectoria, el recorrido y el esfuerzo continuado, en lugar de puntuar un momento preciso. Por eso me encantaría poder hablar de la longitud de un salto y no de un salto de longitud. Que lo importante fuera, la distancia recorrida desde el inicio de un proyecto. Pudiendo considerar, hasta dónde nos ha trasladado el conjunto de todos los saltos y no uno solo de ellos. Como digo, que lo que contara, fuera la longitud y no el salto.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 24-06-2011 "Invasión alienígena"

Edurne Iza, Invasión alienígena¡Buenos días, queridos radio oyentes!. Hoy es 24 de Junio y lamentamos abrir este espacio informativo, con la misma noticia que lleva irrumpiendo en nuestros hogares en los últimos días. Las principales ciudades del país, están siendo sobrevoladas por cientos de naves alienígenas. El ejército y las fuerzas de seguridad, se encuentran en situación de máxima alerta, desde que se avistó la primera, la semana pasada. A pesar de los repetidos intentos de contacto con los extraterrestres, no se ha obtenido ninguna respuesta  a día de hoy. Las autoridades aún no tienen claro, cuáles son las intenciones, de los, por ahora, pacíficos visitantes. Sin embargo, su estratégico posicionamiento alrededor de las urbes, hace temer lo peor. En previsión de un ataque inminente, se ha comenzado a evacuar a la población civil, del modo más ordenado posible por tierra, mar y aire.
- Está bien, apaga ya la maldita radio, masculló el capitán. Tenemos que sacar a toda esta gente de aquí cuanto antes. No me gusta pensar que sobre nuestras cabezas, tenemos cientos de marcianos dispuestos a liquidarnos.
- ¿Realmente cree que tienen malas intenciones?
- Vamos a ver, ¿desde cuándo sobrevuelas las ciudades de todo un país con naves extraplanetarias., no respondes a las llamadas de contacto en decenas de idiomas, en Morse y hasta en lenguaje encriptado, sólo para venir a decir "Hola qué tal"?
- Bueno, visto así, no tiene muy buena pinta.
- Lo dicho, basta de cháchara y levemos anclas. Quiero poner millas de por medio y sentir que la tripulación y las dos mil almas que tenemos a bordo, se quedan lejos de las garras de los alienígenas.
Comenzaron la maniobra de desatraque. En el alerón el capitán daba las instrucciones al primer oficial, y éste al timonel. En el muelle, el estibador dispuesto a desenganchar la estacha del noray. El barco comenzó a desplazarse, y pocos minutos después ya había unos cuantos metros de separación hasta el muelle. Todo transcurría según lo habitual, eran marinos experimentados. Habían realizado este mismo ejercicio día tras día desde que se subieran a un barco por primera vez. La ciudad se veía ahora como una línea en el horizonte. Sin embargo las naves sobre ella, podían distinguirse con perfecta claridad. Eran muy grandes, como un amasijo de hierros, de entre los cuáles centelleaban pequeñas luces de color rojo. Daban la impresión de tener equipos electrónicos avanzados. Bueno, lo que nosotros denominamos electrónica claro... a saber lo que es para ellos. De pronto un ruido ensordecedor hizo vibrar todo el barco. Se agolparon en ventanales y portillos y pudieron contemplar la desoladora imagen. Aquellos gigantescos objetos del espacio habían comenzado a disparar. Lanzaban enormes proyectiles que explotaban contra edificios, calles y plazas. El pánico se apoderó de todos a bordo. El desconcierto era general. ¡A toda máquina! bramó el capitán. ¡Salgamos de aquí!. Hasta bien entrada la noche divisaron el rojizo resplandor de las bombas destrozando lo que hasta hacía tan solo unas horas eran sus hogares. A bordo había familias enteras, que se abrazaban en silencio. Pero también los que se habían separado con la intención de reunirse pasados unos días. Los que lloraban con desconsuelo por la certeza de haber perdido, a todos a los que amaban en este mundo.
- Enciende la radio, solicitó el capitán con desolación.
- Ahora mismo.
El aparato de radio, sólo devolvía un carraspeante rugido. el oficial movía el dial con desesperación.
- ¡No consigo sintonizar nada!
- ¡Sigue intentándolo!, no es posible...
Tras más de una hora de insisitencia, de haber probado con los equipos de a bordo, con las radios portátiles de varios tripulantes e incluso de varios pasajeros, el capitán verbalizó, lo que todos estaban pensando.
- Estamos solos.
Aún terminaba de pronunciar la frase, cuando uno de los proyectiles alcanzó el buque. El único vestigio de esperanza de vida humana, acababa de ser convertido en una nube de humo y cenizas. De las naves comenzaron a descender miles de seres del espacio. Estaban invadiendo el planeta Tierra.


Foto: Edurne Iza
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La Foto del día: 23-06-2011 "Daños colaterales"

Edurne Iza, Daños colaterales
Desperté mientras caía vertiginosamente por una especie de gigantesco tobogán amarillo. La textura era suave y aterciopelada. Bajaba a gran velocidad, hacia un centro del que brotaban enormes árboles, cuya copa se asemejaba a un grano de café, tamaño XXL. No sabía exactamente dónde me encontraba, pero todo aquello me resultaba familar. Como si ya lo hubiera visto antes. Un dulce y empalagoso perfume invadía el ambiente. Mi bajada parecía no terminar nunca. Miré mis brazos y piernas y me di cuenta que llevaba puesta una bata blanca. Entonces comencé a recordar. Trabajo en un laboratorio. Soy ayudante de un científico investigador del ADN humano. Pasamos horas realizando experimentos. Probetas, microscopios, luego plantas y la prueba final en animales. montones de ratoncillos, conejitos.. Daños colaterales, solemos llamarlos. Mi jefe, está convencido que mediante la manipulación del ADN humano y la reducción del tamaño de las personas, podría acabar con el hambre en el mundo. Yo replico, que la finalidad de sus estudios, le honra, por supuesto, pero que quizá sería más interesante, presionar a los gobiernos para que realicen una mejor gestión de los recursos y las riquezas de nuestro planeta. Luchar por un desarrollo sostenible. Él me mira mientras hablo, pero estoy convencido que no me escucha. Mientras sigo en mi imparable bajada hacia el conjunto de árboles, continúo haciendo memoria. Esta mañana, cuando he llegado al laboratorio, el profesor estaba muy alterado. "¡Lo he conseguido!, ¡Lo he conseguido!", repetía mientras caminaba de arriba abajo de la sala. "Pero me falta la prueba definitiva. No queda más remedio. ¡Chaval acércate!", me ha dicho nada más entrar por la puerta. "Siéntate aquí". En realidad, me ha tomado por el brazo, me ha empujado sobre la silla y remangándome con destreza, me ha inyectado un líquido de color azul, antes de que pudiera terminar de decir "buenos días". Entonces ha sucedido. He comenzado a menguar rápidamente. He sentido un hormigueo muy intenso en la nuca y he perdido el conocimiento. Al despertar, ya me encontraba en caída libre. ¡El lirio amarillo!, he exclamado para mis adentros. Efectivamente, sobre mi mesa tengo una jarrón con un precioso lirio amarillo. Lo que había creído un tobogán y un conjunto de árboles con granos de café en sus copas, no era más que la preciosa flor que decoraba mi escritorio. Pero, un momento. Si yo estoy resbalando hacia el centro de la flor... Ese loco me ha inyectado el suero reductor. Me ha convertido en un hombre diminuto, ¡al más puro estilo de los cuentos de Gulliver!. Justo cuando estaba a punto de empotrarme contra los pistilos, dos gigantescos dedos me han cogido con suavidad y suspendido en el aire. Con el pulgar y el índice, formando una delicada pinza que estiraba mis ropas y me sujetaba, dejándome en una rídicula postura con los pìes colgando.
- ¡Está loco!. ¡Dígame que tiene el antídoto!. ¡Le exijo que me devuelva a mi tamaño natural! ¡Le denunciaré!
- ¡Funciona! ¡el suero funciona!, gritaba fuera de sí
- ¡Me parece fantástico, pero haga el favor de dejarme como estaba!
Me ha acercado mucho a sus ojos, balanceándome de lado a lado. Con malévola sonrisa y mientras vaciaba un spray de insecticida sobre mí, ha espetado ¡Daños colaterales, ja ja ja ja!
No puedo respirar. La angustia es espantosa y mientras mi cuerpo se agita por los estertores de la muerte, sólo pienso en los ratones de laboratorio, que tantas veces hemos sacrificado en favor de la ciencia. Ahora yo formo parte de los daños colaterales.



Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 22-06-2011 "Cuerpo 10"

 Edurne Iza, Cuerpo 10

Está de moda cuidarse. Moldear el cuerpo, jogging, spinning, footing, streching... Me canso sólo de pensarlo. En cualquier paseo de nuestro barrio, podemos encontrar a forofos del deporte y del estilo healthy and cool, sudando la gota gorda con el objetivo de estar sanos y tener un cuerpo perfecto. Realmente, me parece muy bien, sin llevarlo a extremos, pero comparto esta filosofía. Hace algún tiempo descubrí la dieta Dukan. Seguro que habéis oído hablar de ella. Está basada en la ingesta de proteínas, primero solas, luego combinadas con verduras y por último, añadiendo frutas. En realidad no tiene mucha ciencia. Al eliminar grasas, hidratos y azúcares, no es tan difícil adelgazar ¿verdad?. Sin embargo, lo que más me fascina, son las diversas modalidades de gimnasia combinada con baile. Aerobic, batuka y un sin fin de divertidas alternativas, para los que necesitan un aliciente extra para mover el esqueleto. Ahora que se aproxima el verano, os animo, más que nunca a conseguir vuestro cuerpo 10. El que os haga sentir bien, sin sufrimiento, sin traspasar las barreras de la lógica. Al aire libre o en el gimnasio, a solas con vuestros pensamientos o con la música a todo volumen. Disfrutad de un ejercicio moderado y saludable. Comed sano y sed felices. ¡Hasta mañana!.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 21-06-2011 "Un naufragio salvó su vida"

Edurne Iza, Un naufragio salvó su vida

Eran un grupo de sin techo. Cuando llegaron al pueblo, la gente les miraba con recelo. Desarrapados, pensaban algunos. Vagos, remataban otros. Sin embargo, poco a poco comenzaron a formar parte de la comunidad. La diferencia la marcó una gran tormenta. De esas que agitan las olas del Cantábrico, con furia infinita. Uno de los pesqueros, arribaba a puerto medio escorado, destrozado por las embestidas de las olas. Sólo regresaban tres tripulantes. El resto... se los tragó la mar. El espectáculo era sobrecogedor. Dos marineros llegaban tumbados sobre cubierta. Agotados de luchar contra los elementos, de intentar salvar a sus perdidos compañeros. El patrón, atado al timón con la cabeza caída hacia adelante. Había perdido el sentido, en cuanto el buque había dado la vuelta al espigón y había entrado en las tranquilas aguas del puerto. Un enorme revuelo agitó el muelle. Amigos, conocidos y familiares corrieron en su auxilio. Primero acercaron cuanto pudieron el barco al muelle. Llegaba escorado, y un poco sumergido, parecía tener una vía de agua. Después recuperaron a los dos pescadores. Se disponían a practicarles los primeros auxilios cuando el barco, herido de muerte, comenzó a inclinarse más y más con una constante y vertiginosa velocidad. El capitán estaba aún dentro. Inconsciente y amarrado aún a la madera del timón. Sin pensarlo dos veces, uno de los nuevos vecinos, se lanzó al mar, se sumergió con rapidez y no sin dificultad, consiguió liberar al hombre y sacarlo a la superficie, desde donde lo izaron al atracadero. Pasaron varias semanas, hasta que los hombres se recuperaron de sus heridas, aunque les quedó el alma rota para siempre. El patrón quiso conocer a su salvador, sin el que de forma increíble y tras haber sobrevivido a la gigantesca tormenta, hubiera perecido. Era un chico joven, de aspecto agradable, aunque muy delgado y mal vestido. Hablaron durante horas. Del mar, de política, de economía. Hablaron de la indignación de no tener una vivienda digna, un trabajo. De la desolación de visualizar un futuro sin esperanzas. Se acercaron hasta el puerto. El viejo cascarón seguía en el mismo lugar donde lo habían dejado tiempo atrás. Estaba realmente destrozado, la pintura había saltado de los golpes de mar y el salitre, y dejaba al descubierto sus distintas etapas, vidas, patrones y colores. Era un barco multicolor.
- He hablado con el astillero y mañana lo reflotarán.
- Pero ¿tiene arreglo?.
- Bueno, con paciencia y unos cuantos euros...
- Ya, claro.
- Estoy pensando algo... ¿Tú me ayudarías a arreglarlo?. Te pagaré bien
- ¡Por supuesto!. No sé mucho de carpintería, pero aprendo rápido. Incluso mis amigos, estarían dispuestos a echar una mano.
- No se hable más. Comenzaremos mañana  mismo.
Pasaron dos meses de sierra, martillo y lija. Pintura, tablones y estachas. Había quedado como nuevo.
- Bien chaval, habéis cumplido vuestra parte del trato. Ahora me toca a mí. Dijo el hombre entregando un sobre con un buen puñado de dinero
- Gracias, muchas gracias
- No me las des. Es barato el precio por salvarme la vida. He pensado más... dijiste que no teníais casa ¿no?
- No dormimos hoy aquí mañana allá
- Y qué os parecería ¿una vivienda flotante?
- ¿Cómo? no entiendo
- Que el barco es vuestro chicos
Y así es como el viejo barco comenzó una nueva vida, con un color distinto y unos insospechados habitantes. Así es como aquellos jóvenes recibieron por fin la oportunidad que tanto habían anhelado. Casa y trabajo de un soplo. Y así es como el viejo patrón se reunió de nuevo con su familia, cuando a punto estuvo de perderlo todo.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 20-06-2011 "Glamour a cambio de sueños"

Edurne Iza, Glamour a cambio de sueñosLlenó de sueños la cabeza de miles de niñas en los años posteriores a la Guerra Civil. Proporcionalmente, sólo unas pocas afortunadas tuvieron la dicha de poder jugar con ella, ya que la mayoría, no recibían mucho más que muñecas de cartón. Durante sus largos paseos por la playa de La Concha en Donosti, Leonor Coello, una de tantas damas, que veraneaban por tierras vascas, gustaba de llamar la atención de los paseantes, por llevar a su hija Leonor de Góngora de dos añitos, vestida a imagen y semejanza, de su preciosa muñeca de porcelana alemana. Tanta expectación, generaban los vestidos, que Leonor, se entretenía dibujando, cortando y cosiendo los trajes, tanto para la niña, como para su juguete favorito. Pronto comenzó a tomar forma, la idea de ir más allá y diseñar también la muñeca en sí. Debía ser idéntica a la pequeña Leonor, debía tener nombre y apellido, árbol genealógico, una biografía incluso. Ayudada por su esposo, Manuel de Góngora y por otros pensadores de la época como Luis Escobar, Jacinto Guerrero o Felipe Sassone, llegaron a denominarla, Mariquita Pérez. El nombre como diminutivo del popular “María” y Pérez, por tratarse de uno de los apellidos más extendidos del país. Así, el 11 de Noviembre de 1940, nacía Mariquita Pérez, de manos del artesano juguetero alicantino, Santiago Molina. Se fabricaron 1000 unidades que se vendieron en poco más de un mes, a un precio de 85 pesetas, cuando el salario medio de la época, no superaba las 150 pesetas. Durante su trayectoria hasta 1976, en que se detiene la fabricación de la muñeca, tuvo colecciones de ropa cada año, hermanitos, muebles, maletas, baúles… un completo ajuar, infinitamente más rico que la mayoría de las pertenencias de la población. Se abrieron más de cuarenta tiendas en toda la península y algunas incluso en Estados Unidos. Convertida en artículo de coleccionismo, fue durante décadas, el juguete preferido o el sueño imposible de alcanzar de muchos niños y niñas. Leonor Coello, ganó muchísimo renombre y dinero gracias a la creación de Mariquita. Hizo infelices a muchos más niños, que nunca pudieron recibir la muñeca, de los que fueron felices por tenerla. Hoy, esta dama de nobles apellidos, es recordada por su genial extravagancia convertida en gran negocio, ya que no olvidemos, que todo comenzó, por vestir a su hija igual que al juguete… Quizá Doña Leonor, podía haber pasado a la historia, por comercializar un entretenimiento barato y asequible, incluso para los bolsillos de la posguerra. Probablemente, hubiera ganado el mismo, o incluso más dinero, vendiendo cientos de miles de unidades a menor precio. Sólo por su importancia histórica, serían igualmente, piezas de coleccionismo. Pero claro, olvidamos que una gran dama de la nobleza, debía ante todo mantener su glamour...


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 19-06-2011 "Salvado por una foca"

Edurne Iza, Salvado por una foca

Aquel año, las vacaciones de invierno prometían ser inolvidables. Una semana con los compañeros de colegio en Groenlandia. Estaríamos en una cabaña y conoceríamos de cerca, las especies animales más fascinantes de la zona. Incluso, con un poco de suerte, ¡veríamos osos polares!. El avión sobrevolaba una extensa llanura blanca. Un precioso manto de nieve y hielo, cuando de pronto, el motor comenzó a sonar de modo extraño. El monótono ronroneo, se convirtió en un intermitente estertor. Luego el silencio y un extraño traqueteo, que movía el aparato de lado a lado. El capitán habló por megafonía, dijo que mantuviéramos la calma, que nos abrocháramos bien los cinturones de seguridad y que apoyáramos la cabeza entre los brazos. Teníamos que realizar un aterrizaje de emergencia. Probablemente no pasaron más de dos o tres minutos, pero se hicieron interminables. A mi alrededor, oía gritos de pánico y llantos. Tenía tanto miedo, que no era capaz, ni siquiera de chillar. Me temblaban las rodillas y la mandíbula. Mi corazón latía muy deprisa. Entonces un tremendo impacto, sacudió todo el aparato. Intenté sujetar mi cabeza, tal y como había indicado el piloto, pero lo último que recuerdo, es una brutal sacudida, que hizo que todo mi cuerpo rebotara contra el asiento. Ese fugaz momento, vuelve a mi mente una y otra vez, como en cámara lenta. Es difícil calcular cuánto tiempo pasó hasta que volví en mí. Abrí los ojos, muy aturdido. Recuerdo que lo primero que noté, fue un intenso frío en las piernas. Seguía sentado en mi butaca, con el cinturón puesto. Lo extraordinario fue encontrarme solo, en mitad de la nieve. El asiento se había arrancado de cuajo, unido a un trozo de fuselaje y la ventana que tenía en mi lado izquierdo. Miré a mi alrededor, buscando a mis compañeros, al resto del avión, la tripulación... Nada. Sólo un intenso y cegador manto blanco. Entumecido, me levanté y comprobé que aparte de algunas magulladuras, estaba sano y salvo. Comencé a caminar desorientado. Tenía miedo de alejarme del trozo de metal del avión. Aunque por otro lado, quizá el resto se encontraba tan solo a unos cientos de metros. Decidí continuar. Pasado un buen rato, me senté en la nieve y no pude evitar romper a llorar. Dónde estaban los demás, qué les habría pasado, tenía miedo. Tapé mis ojos con las manos, y sollocé sin consuelo. Entonces, percibí un intenso olor a pescado y un cosquilleo en mis mejillas. Levanté las manos y allí estaba ella. Una enorme foca, que me olisqueaba con curiosidad. La miré con recelo, porque no estaba seguro de sus intenciones, pero pronto comprendí que no corría ningún peligro. Era preciosa y me hizo sentir bien, acompañado y protegido. Un gélido viento comenzó a soplar, tan fuerte que la nieve se levantaba en violentas oleadas. Haciendo gala de un increíble instinto protector, el animal me rodeó entre sus aletas, protegiendo mi cabeza bajo su cuello y utilizando su gigantesco cuerpo, como parapeto contra la ventisca. Permaneció en la misma postura, hasta que la tormenta amainó. Olía realmente mal, pero estaba tan calentito allí dentro, que hubiera deseado que el temporal durara unas horas más. Con gigantesca torpeza, se alejó de mí, desapareció tras un pequeño montículo y volvió pasados unos minutos, con un enorme pescado en su boca. Mordió un trozo y dejó el resto a mis pies, invitándome a que hiciera lo propio. Odiaba el pescado crudo. Lo abrí entre náuseas con mis manos, le saqué las tripas e intenté comer algunos trozos. Sabía que mi cuerpo necesitaba alimento. Mezclaba los pedazos con puñados de nieve, para suavizar el sabor. La foca me observaba con gesto de extrañeza. Pasó el tiempo. Quién sabe cuánto, en medio de aquella eterna blancura. Un ruido de motor se escuchó a lo lejos. Era un helicóptero de rescate. Supongo que los pilotos, debieron comunicar nuestra posición antes de la caída. Cuando bajaron los de salvamento, me preguntaron si estaba bien. Señalándola dije
- Gracias a ella estoy vivo. Me ha dado calor, alimentos y me ha protegido hasta que habéis llegado.
- ¡vaya!, pues has tenido suerte de encontrarla, entonces.
Antes de subir al aparato, abracé a mi salvadora, besé su pestilente hocico y me despedí. Mientras nos elevábamos, no podía dejar de mirarla, como una pequeña mancha en medio de la inmensidad. Ella levantó la cabecita, siguiéndonos con sus ojos hasta el infinito.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 18-06-02011 "El Brujo de la Cruz"

Edurne Iza, El Brujo de la Cruz

Erase una vez, una abuelita muy sacrificada, que vivía en un pueblo lejano. Caminaba durante horas cada día, debía buscar alimentos para sus nietos. Se adentraba en el bosque, recolectaba setas, bayas y otros frutos silvestres y luego regresaba a casa. Su vida era muy dura, pero mientras estuvieran bajo el hechizo del malvado Brujo de la Cruz, era lo único que podía hacer, para proteger a sus adorados niños. Tiempo atrás, cuando los hermanitos, que eran gemelos, acababan de nacer, todo era felicidad. Su hija, su yerno, los bebés y ella, formaban una adorable familia. Un día, llegó al pueblo el Brujo, un viejo amargado y malévolo, que hechizó a casi todos los vecinos. Los que le plantaron cara, murieron con terribles dolores. Los únicos que consiguieron escapar a su doloroso influjo, fueron los padres de los pequeños. Como castigo, fueron desterrados para siempre del lugar, y para asegurarse de que no intentaran nada en su contra, hechizó a sus hijos. El único modo de mantenerlos con vida, sería recolectar frutas del bosque y preparar un antídoto, cuyo efecto duraría  escasamente veinticuatro horas. Así que decidió no hechizar a la abuelita, pero cargarla con la enorme responsabilidad, de conseguir todos los días, los ingredientes para la pócima. Cuando le faltaban sólo unos metros para llegar a su morada, tenía que subir las escaleras que pasaban junto a la iglesia. Al final de todos los peldaños, girando a la derecha, estaba su puerta. Cada vez, se encontraba más cansada. Tardaba más en realizar el tortuoso recorrido, y aquellos escalones, con el peso de la bolsa, le estaban destrozando la espalda. El Brujo, se divertía estirando la bolsa desde una esquina, de modo que la subida fuera aún más empinada. "Debo pensar algo", no aguantaré mucho más, pero sin el antídoto, mis adorados nietos están perdidos. Al día siguiente, al adentrarse en el bosque, decidió canturrear una antigua melodía que su madre le enseñó siendo muy joven. "Es mágica, le decía, y te ayudará a comunicarte con los animales, si un día necesitas su ayuda". Tal era su desesperación, que aquel 18 de Junio, decidió intentarlo. Habían pasado apenas unos minutos, cuando ardillas, conejitos, gorriones, búhos, zorros, jabalíes y hasta un oso, se acercaron a ella. Llorando de emoción, cayó de rodillas al suelo. "Gracias, gracias". Una juguetona ardillita trepó hasta su hombro y con increíble delicadeza, enjugó sus lágrimas.
- ¿Necesitas nuestra ayuda?
- Cada día estoy más débil. Mis nietos me necesitan, pero yo casi no tengo fuerzas. ¿Qué puedo hacer?
- Debiste haber recurrido a nosotros hace mucho tiempo. Pero no sufras, acabaremos con el malvado Brujo de la Cruz. Sólo necesitamos que nos guíes hasta su refugio y cuando estemos ante su puerta, pronuncies tres veces estas palabras "Conjurum evadum est. Brujum evanescentium". El resto corre de nuestra cuenta.
- ¡Vayamos cuanto antes!
La fantástica comitiva emprendió camino. Para ir más rápido, sentaron a la abuelita a lomos del jabalí y entre varios gorriones y dos búhos, transportaron la pesada bolsa, agarrándola con sus picos.  
- Aquí es, balbuceó la anciana, señalando hacia la morada del villano.
- ¡Chicos, preparados!.
- Conjurum evadum est. Brujum evanescentium. Conjurum evadum est. Brujum evanescentium. Conjurum evadum est. Brujum evanescentium. Repitió con determinación.
Entonces, una especie de torbellino rodeó a los animales, envolviéndolos como en el centro de un tornado. Los elevó muy alto, por encima del pueblo, cada vez a más velocidad. De pronto, se detuvo, adquirió forma de flecha y descendió meteórico, introduciéndose por la chimenea. Protegida tras una pared de piedra, observó asombrada, cómo la casa retumbaba y tras una sonora explosión, la robusta puerta de madera, caía desplomada al suelo, levantando una gran polvareda. Y así el villano, desapareció para siempre. Sobrecogida, esperó unos segundos y vio salir en fila caminando airosamente a conejitos, ardillas y demás héroes, sanos y salvos y con la satisfacción de haber cumplido su misión. El último, era el oso y traía en brazos a sus nietos, que somnolientos se desperezaban, ajenos a todo cuánto había acontecido.
La normalidad regresó a sus vidas. Los vecinos despertaron de sus hechizos. Los padres de los pequeños, pudieron regresar junto a su familia. Desde entonces, cada 18 de Junio los habitantes del lugar y todos los animales del bosque, celebran la gran hazaña, y recuerdan que con un poco de ayuda mágica, los deseos, pueden hacerse realidad. Y colorín colorado...


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 17-06-2011 "El Billy Elliot español"

Edurne Iza, El Billy Elliot español

Rubén Orihuela es un joven que ha roto moldes. Con tan sólo 11 años, tuvo que enfrentarse a una larga lista de estereotipos, que encasillan la gimnasia rítmica, como una actividad puramente femenina. Tan sólo el tesón, el trabajo duro y la profesionalidad, hicieron que este joven valenciano, pudiera seguir  adelante con su sueño. Sin embargo, no fue hasta 2009, cuando por primera vez, pudo participar en una competición oficial. A sus veinticuatro años, ya ha hecho historia. Es leyenda viva y referente para otros muchos jóvenes que como él, sueñan con practicarla de forma oficial. De hecho, en su Valencia natal, ya son cinco, los muchachos que entrenan en esta disciplina, convirtiendo a su Comunidad de origen, en la zona con más participantes masculinos, en el último campeonato nacional. El resto de gimnastas, hasta un total de quince, procedían de Canarias, Aragón, Andalucía, Galicia y Murcia. Orihuela, afirma que la rítmica masculina, terminará por tener la misma repercusión que la femenina, pero sin duda para ello deberá adaptarse a las condiciones físicas del hombre, de modo que se puntúe más la fuerza física y menos la flexibilidad, donde se encuentran en clara desventaja ante las féminas. Sin embargo, Rubén tiene claro que la mayor barrera, que aún hoy en día tiene que superar un gimnasta masculino, se llama prejuicios. Comenzando por la familia, habitualmente reacia a apoyar que sus hijos practiquen este deporte; siguiendo por el entorno, el colegio, los amigos, aún hoy en día, tras haber obtenido el reconocimiento de jueces y público, Rubén recuerda las burlas y el rechazo; terminando por la dificultad para encontrar entrenadores, dispuestos y preparados para formar a un niño en esta disciplina. Lo cierto es, que él ha colocado la primera piedra de una muralla, que deseamos sea con el tiempo larga y sólida. No olvidemos, que hubo una mujer, que por primera vez utilizó pantalones, y otra que se puso un bikini, otra que defendió el sufragio... Rubén Orihuela, el llamado Billy Elliot español, es un ejemplo a seguir, por todos aquellos que tienen un sueño en sus vidas. Un pionero que será recordado, no sólo por sus éxitos en el deporte, sino por el valor de llevar adelante sus convicciones.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 16-06-2011 "Pont du Diable"

Edurne Iza, Pont du Diable

La guerra había terminado. Tras varios años en un campo de trabajo, aún no podía explicarse cómo había conseguido sobrevivir. Un día simplemente, abrieron las puertas y a gritos y empujones, del único modo que se dirigían a ellos, los sacaron fuera del recinto. Sois libres. Marcharos. Así, sin más explicaciones. Se qué suena horrible, pero estaba tan débil, y hacía tanto tiempo que había dejado de pensar en el mundo exterior, que no sintió alegría. Obediente y resignada, comenzó a caminar, sin rumbo. Tan sólo unos cientos salieron con vida de su encierro. Como autómatas, caminaban en todas direcciones. Famélicos, con vestidos harapientos. Con la cabeza muy baja, producto de años de humillaciones. Pasaron minutos, quizá horas y llegó a un pequeño pueblo donde había una tienda con un escaparate de cristal, que le devolvió su reflejo. El espanto invadió su alma. Era una silueta desgarrada. Huesos vestidos con jirones de dignidad, era lo único que quedaba de la hermosa joven, que un día había sido. De las cuencas huesudas de sus ojos, brotó una lágrima, voluptuosa y salada. No recordaba la última vez que había llorado. Continuó caminando. Ahora un poco más erguida. Algo más rápido. La lágrima recorrió solitaria su mejilla y desapareció, dando paso a un esbozo de sonrisa. Miró al cielo, estaba nuboso, amenazando tormenta, pero le pareció lo más bonito que había visto en años. Sin darse cuenta, comenzó a tararear una canción que siempre le había gustado. Sintió hambre. Se acercó tímidamente a un bodegón que vio al final de la calle. Abrió la puerta con cautela. El aroma era indescriptible, a guiso de carne con patatas, a vino de barrica, a pan recién horneado. El mesonero se acercó a ella. Le miró el número que llevaba grabado en su brazo. La tomó cuidadosamente del hombro ofreciéndole asiento, y sin mediar palabra, llenó su mesa de viandas. Ella le miró con prudencia. "Come hija, come sin miedo, ya has debido pasar bastante". En unos minutos apareció con un abrigo de lana, una bufanda y unas botas. "Ponte esto, es de mi hija, te ayudará a seguir camino". Era el primer gesto humano que podía recordar, después de las caricias de su madre cuando era niña. El resto, se lo había llevado la guerra. Tras reponer fuerzas, continuó su camino. Unos metros antes de llegar a la entrada de un puente, se cruzó con un pequeño de unos 8 años. Escuálido, sucio y harapiento, llevaba el inconfundible número grabado en su brazo. Se pararon uno frente al otro. Se observaron con disimulo y miraron hacia el puente, como preguntándose qué habría al otro lado. "Será mejor que lo que dejamos atrás, ¿no crees?", musitó la mujer. El niño asintió en silencio. Ella tomo su mano, diminuta y congelada. Ahora sí, sus ojos se encontraron en el espacio y el tiempo. Sonrieron y con paso firme comenzaron a cruzarlo altivos y con la fuerza que da el sentirse arropado por otro ser humano. De soslayo, miraron el cartel donde estaba escrito el nombre del puente "Pont du Diable"...Simbólico, si consideramos que dejaban atrás un infierno.


Foto: Edurne Iza
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La Foto del día: 15-06-2011 "Sí quiero"

Edurne Iza, Sí quiero
El día más importante de sus vidas acababa de amanecer. Sí, hoy era el día de su boda. Esa que habían estado preparando, durante casi dos años. Para la que habían ahorrado cada céntimo que había caído en sus manos. La misma en la que habían volcado sus ilusiones, imaginación, creatividad. Querían que fuera un día perfecto. Que nada fallara. Habían preparado regalos personalizados, para cada invitado. Habían sellado a mano cada una de las invitaciones con lacre rojo. Pero cometieron un fallo. En realidad, el novio fue quien lo cometió... Decidió salir a cenar con sus amigos, en su última noche de soltero. El caso es que la cena se alargó. Luego vinieron unas inocentes copichuelas. Más tarde un paseo a la luz de la luna para despejar la mente. Y ese fue el preciso instante, en que debería haber decidido volver a casa. Estaban cerca de la playa, decidieron tumbarse un rato sobre la arena. Allí les sorprendieron, los primeros rayos del amanecer. Vieron acercarse a un Kitesurfista. Encontraron un nuevo modo de divertirse. Uno de los amigos, ofreció al joven una suculenta suma de dinero, por el neopreno y la tabla. El novio, en un momento de lucidez, comenzó a protestar y exigir volver a casa. "Necesito dormir aunque sea unas horas" balbuceaba aún bastante ebrio. Los demás, no estaban dispuestos a que la fiesta se acabara y decidieron vestir por la fuerza a su amigo, con el traje impermeable. De pronto uno de ellos se percató, de que su reloj llevaba mucho rato marcando la misma hora. Discretamente se acercó tambaleante, hacia un señor que paseaba su perro y le preguntó la hora. "Las 16:52" contestó indiferente. Su corazón comenzó a bombear sangre de un modo tan acelerado, que tuvo la sensación de que la borrachera había desaparecido. Con la voz muy pausada y hablando bajito, se acercó al grupo que aún peleaba por vestir al novio y dijo "No os vais a creer la hora que es". Entre risotadas y empujones ninguno de sus amigos, parecía haber siquiera advertido su presencia. Se aclaró la garganta, tomó fuerzas y gritó "¡Son las 16:52!". Se giraron incrédulos. El novio corrió nuevamente a preguntar la hora. Efectivamente, quedaban menos de diez minutos, para dar el "sí quiero". Terminó de enfundarse el traje, agarró la vela y lanzándose al agua gritó. "¡Espérame cariño, que no pienso faltar a nuestra cita!, no puede ser tan complicado, estoy justo enfrente". La brisa era suave y con gran destreza, manejó la tabla en dirección al hotel, donde estaba todo preparado para la ceremonia. Cruzó hasta el espigón. Ya podía casi tocar la enorme W que coronaba el edificio. Saltó al muelle, corrió desesperado. Entró resbalando en el hall principal, recorrió pasillos y escaleras, hasta llegar a la espectacular terraza, donde estaba previsto que se celebrara la ceremonia. Se creó un murmullo de fondo, mientras todas las cabezas se giraban hacia él. Miradas críticas. Caras de incógnita. ¿Y la novia?. No estaba. Preguntó la hora, las 17:07. Seguro que aún no había llegado, las novias deben llegar tarde, es la tradición. De pronto, un ruido sordo de motor rompió la tensión. Todos miraron hacia el cielo, un helicóptero los sobrevolaba, bastante más arriba. Se abrió la puerta y un bulto blanco cayó al vacío. Un grito ahogado convulsionó a los asistentes. ¡Era ella, la novia!. Efectivamente, segundos después, se desplegó un espectacular paracaídas con forma de corazón y suavemente se posó sobre el suelo de la terraza. Corrió hacia su amado, aún ataviado con el traje de neopreno y fundiéndose en un apasionado beso musitó "Quería que este día fuera inolvidable, y veo que tu también habías pensado en hacer algo diferente". La gente se levantó y comenzó a aplaudir entusiasmada al grito de ¡Vivan los novios!.


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La Foto del día: 14-06-2011 "Impacto ambiental"

Edurne Iza, Impacto ambiental

Nos encontramos ante una rara especie de orquídea. Se trata sin duda, de una mutación genética, entre una bella orquídea de fondo blanco, papel, cables y demás desperdicios electrónicos. Ha sido vista por primera vez en rincones de nuestro plantea, donde las necesidades y el hambre de sus humanos habitantes, ocupan prioridades más elevadas que el reciclaje y el cuidado por la naturaleza. Es una especie peligrosa. Se reproduce a gran velocidad y engulle a las plantas autóctonas. De hecho se han encontrado ya casos de este tipo de mutaciones que han atacado al ser humano. Hace pocas semanas en una selva de Sudamérica, se dio un caso de una de estas plantas que arrancó de cuajo los dedos a un pequeño de seis años.
Como habréis adivinado a estas alturas, la mutación y la agresión al niño son fruto de mi imaginación, pero no me extrañaría, que si seguimos maltratando nuestra naturaleza del modo que lo hacemos, pronto se convirtiera en una triste y dolorosa noticia en las pantallas de nuestros televisores. Lo cierto es que estamos aniquilando el hábitat de miles de especies de flora y fauna. No queremos darnos cuenta, que este maravilloso planeta en el que vivimos está en perfecto equilibrio, porque existen una serie de cadenas vitales, que nosotros estamos destruyendo sin ningún escrúpulo. Aniquilamos al enemigo natural de una especie, con lo cual, ésta, invade una determinada zona, que luego fumigamos con sustancias tóxicas o llenamos de trampas, para eliminar la plaga, que a su vez elimina al depredador de otra especie, con lo que el proceso vuelve a comenzar, entrando en una espiral de destrucción y degradación del medio ambiente. La Foto del día de hoy, no deja de ser una llamada a la concienciación y a la colaboración individual, para intentar evitar que en pocos años, historias inverosímiles como la del principio de este artículo, sean posibles.



Foto: Edurne Iza
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La Foto del día 13-06-2011 "La vida pasa, por ser una pasa"

Edurne Iza, La vida pasa, por ser una pasa
Efectivamente, la vida pasa por convertirse en una pasa. Hoy en día, hay quien vive profundamente obsesionado por la imagen. Lo cual, está muy bien, siempre que no se traspasen ciertas barreras. La verdad, resulta un tanto patético, pasear por ciertos locales frecuentados por gente de clase media alta y ver las verdaderas atrocidades, a las que someten sus cuerpos por parecer unos años más jóvenes. Rostros estirados, labios, pechos y nalgas de silicona. Con lo bonito que es envejecer con dignidad, se convierten en lamentables caricaturas de sí mismos. El estiramiento de la piel, para camuflar las arrugas, se denomina ritidectomía. He investigado un poco sobre este proceso y se me han puesto los pelos de punta ,al ver la imagen con la que Wikipedia explica el proceso, podéis echar un vistazo aquí http://es.wikipedia.org/wiki/Ritidectom%C3%ADa. Luego viene la recuperación. Los hematomas, molestias y malestares se prolongan durante tres a cuatro semanas. Lo más triste de todo, es que al final la naturaleza hace prevalecer su poder y quienes se han sometido a este tipo de cirugía, deben operarse, una y otra y otra vez más para mantener ese aspecto de jovenzuelos con movilidad limitada. Porque por mucho que alisen su piel, sus huesos y músculos envejecen, se entumecen y pierden flexibilidad. Pasados unos años, ya no queda más piel para estirar y los rostros comienzan a deformarse, a perder sus facciones originales y asimilar una imagen artificial y estereotipada. Por eso yo me quedo con aquella mítica frase de "La arruga es bella". Apoyo a los que reivindican su edad, por lo mucho que les ha costado llegar a ella, y defiendo que la vida pasa, por ser una pasa.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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La Foto del día: 12-06-2011 "Misterio a bordo"

Edurne Iza, Misterio a bordo

Caía la noche. El sol, en su despedida de este día teñía el cielo de un tono entre naranja, rosa y morado. La temperatura era ideal para salir a cubierta, disfrutar de un cóctel y mirar como el horizonte se iba apagando poco a poco. Los últimos bañistas, hacía ya un rato que habían abandonado, las ahora tranquilas aguas de la piscina de a bordo. En la discoteca, a popa, ya se escuchaban las primeras notas de lo que auguraba ser una noche llena de diversión, música y fiesta. Charlaban animados, acompañados por el suave murmullo de las aguas chocando contra el casco, cuando de pronto, un espeluznante grito, cortó el momento. ¡Hombre al agua!. El desconcierto era general. Los pasajeros se abalanzaron sobre la regala, intentando vislumbrar en la oscuridad de las aguas la silueta de alguna persona flotando o quizá luchando por mantenerse a flote. El barco redujo la marcha, comenzó a dibujar círculos sobre sí mismo, intentando encontrar el cuerpo perdido. Al cabo de unos interminables minutos, se escuchó un gran revuelo a proa. Los marineros estaban descendiendo por la amura de babor. Efectivamente, poco después izaban sobre cubierta el cuerpo inerte de un hombre. De unos cincuenta años, con atuendo informal. Bermudas, chancletas y una camisa de flores un tanto chillonas. Los que estaban más cerca en ese momento pudieron  distinguir perfectamente un cuchillo clavado en su pecho que sujetaba un papel ensangrentado y medio deshecho por el agua. Entre la sangre y la tinta medio borrada, podía aún leerse "Asesino". El capitán tomó medidas de inmediato. Registraron el cuerpo, por la documentación, sin duda era uno de los pasajeros. Estaban a varias horas de tierra y el cuerpo aún estaba templado. Sin duda el asesino estaba a bordo. Debían interrogar a cada pasajero. Descubrir al culpable e intentar evitar que cundiera el pánico. Por megafonía, convocaron a todos en el salón principal. Preparado para grandes fiestas, era el único lugar del navío donde podrían congregarse, con un mínimo de comodidad los 1.200 pasajeros y la tripulación. Todos estaban bajo sospecha. No permitieron a nadie pasar por sus camarotes. De ese modo, el capitán pudo nombrar un grupo de hombres de su entera confianza y registrar todas las cabinas en busca de una pista razonable. Nada. Todo era normal. Vestidos de fiesta, souvenirs, cremas solares, bañadores... nada que apuntara hacia un asesino. Mientras tanto el cuerpo fue trasladado a la enfermería y el médico de a bordo le realizó una primera inspección. No había huellas, pero pudo determinar que el cuchillo no provocó su muerte. Ya estaba muerto cuando se lo clavaron. Por tanto, el asesino levantó el cuerpo para poder lanzarlo por la borda. Un peculiar tono liliáceo en la cuenca de sus ojos, delataba la utilización de algún tipo de veneno. Los venenos son armas femeninas, pero eso con concordaba con la fuerza necesaria para izar al hombre, bastante corpulento, por encima de la barandilla. El capitán investigó si el hombre viajaba solo. Habían embarcado en la última escala, él y sus tres hijas. El capitán decidió interrogarlas de un modo discreto. Desconsoladas, la viuda y las huérfanas, no paraban de sollozar. ¿Por qué?, ¿Por qué?, repetían sin cesar. Al capitán le pareció poco probable, que aquellas dulces féminas hubieran podido cometer el sórdido crimen. Cuando estaba a punto de dejarlas marchar, reparó en una pequeña mancha roja, en el vestido de la hija menor.
- Un segundo, ¿qué es esa mancha?
- ¡Oh!, una gota de sangre, me he caído en cubierta esta tarde.
- Ya veo, y ¿dónde te has herido? no puedo ver ningún rasguño sobre tu piel.
- Yo... esto...
- ¡Déjela!, ¿no ve que ya ha sufrido bastante por hoy?, espetó una de sus hermanas.
- Te dije que esto no saldría bien, ¡Te lo dije!, perdió los nervios la más joven.
- ¡Silencio!, bramó el capitán. Creo que nos espera una larga noche.
Tras un largo y penoso interrogatorio, el capitán logró una confesión en toda regla. La madre se había casado por cuarta vez, después de enviudar en tres ocasiones, con el magnate del petróleo que yacía ahora inerte en la enfermería de a bordo. Esta vez, había envenenado al pobre desdichado. Luego había clavado el puñal con la nota, como mero elemento de despiste, y entre las cuatro, habían lanzado el cuerpo por la borda. No esperaban que uno de los marineros de guardia, viese caer el cuerpo y diera tan pronto la voz de alarma. No pudieron asearse, ni asegurarse de que ninguna huella del crimen, quedaba visible. Su plan hubiera sido esperar hasta la madrugada, e ir personalmente en busca del capitán, para denunciar, conpungidas, la desaparición. Esta vez, el malévolo plan falló.


Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
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