Mi profesora de literatura de segundo de bachillerato se hubiera horrorizado. Parece que la oyera. "¿Manda huevos?" -Me diría- "¿Consideras necesaria una expresión tan soez?". Sentía un gran respeto por aquella mujer, me ruborizo con sólo pensar en su rostro serio y su mirada rigurosa traspasando mi fragilidad adolescente. Pero me he convertido en una mujer adulta, de la edad que ella tiene en mis recuerdos. En una de las tantas personas que asiste atónita a la destrucción del tan manido "Estado del bienestar". Los políticos del primer mundo se han jactado de construir durante décadas una sociedad en la que predomina la clase media. Un grupo social cuyo principal objetivo es el crecimiento. Crecer profesionalmente, formar familias acomodadas cuyos hijos acuden a la universidad y poseen desde los cinco años agendas repletas de actividades extraescolares destinadas a proporcionarles un futuro mejor y, no nos engañemos, a facilitar a sus progenitores más tiempo para trabajar y conseguir el dinero necesario para que sus pequeños puedan formar parte, en pocos años de esa misma clase media, que tiene hijos que van a la universidad y poseen desde los cinco años agendas repletas de actividades extraescolares. Si conseguimos que el bucle vertiginoso no ciegue nuestra capacidad de raciocinio, veremos con facilidad que somos máquinas de consumir. Cada vez que conseguimos satisfacer una necesidad, la mayor parte de ellas ni siquiera son reales, sino creadas por la propia sociedad de consumo, esa misma necesidad satisfecha, desemboca en el deseo imperioso de cubrir una nueva. Luego otra y otra más, impidiéndonos disfrutar del camino de la vida.
Nos hemos dejado atrapar como moscas atraídas por un panal de dulce miel. Corremos desesperados cual ratoncillos en la noria. Los árboles no nos dejan ver el bosque... La lista sería interminable. Hay muchas frases hechas que describen el absurdo desperdicio en que han caído nuestras vidas. Y es entonces cuando esos mismos políticos que han puesto a nuestra disposición el catálogo de la buena vida, cargado de segundas residencias, vacaciones, coches de gama alta, masajes, spas, ropa de marca y perfumes caros, nos dicen que ha llegado el momento de apretarse el cinturón. ¡Pero yo nunca dejé de pagar mis impuestos! -replica uno- ¿Dónde está el dinero? -acusa otro-.
Nadie responde. Sólo se toman medidas drásticas, no dicen que vayan a ser efectivas, pero estamos de acuerdo en que son drásticas y parece que eso llene de razón a quienes toman las medidas. Sí, las drásticas: IVA, IRPF, congelación salarial, abaratamiento del despido... Que caen como losas entremezclándose con procesos cada vez más frecuentes y que peligrosamente empiezan a resultar habituales para la población: Gurtel, Palau, Malaya, Pretoria, Campeón, Palma Arena. Están involucrados partidos políticos, empresas privadas y Seguridad Social. Emplean comisiones ilegales, concursos irregulares, tratos de favor, tramas urbanísticas, recalificaciones ilegales, EREs falsos... Y es entonces cuando para mí llega uno de esos momentos en la vida, en que tan solo la ordinariez, es capaz de reflejar la indignación y la impotencia. En que me gustaría vestirme con la piel negra de un rapero americano con ropas tres tallas mayores que la suya, para poder hacer gestos groseros con mis manos, convulsionando los hombros y los brazos al ritmo de un soniquete más o menos como este: métete tus jodidos impuestos por tu jodido trasero manchado de dinero jodidamente sucio... Seguro que me olvido de algún "jodido".
Pero como no soy ni negra, ni americana, ni rapera... me tengo que conformar con sentirme un poco menos jodida al gritar con todas mis fuerzas ¡Manda huevos!.
Foto: Edurne Iza
Texto: Onintza Otamendi Iza
Puedes descargarte esta foto libremente. La única restricción es su venta y/o el uso lucrativo de la misma. No olvides que toda obra pertenece a su autor, haz un buen uso de ella.

Tranquila, te enfadas muy pronto, tiene que llegar todavia lo peor pues la población esta impasible y los politicos seguirán actuando a su antojo y a sus intereses, como se dice "ponerse la medalla" ante sus colegas europeos que tienen mejor sus paises.En que hora nos metieron en el Euro!!, saludos y piano piano, El crac del 2012 esta a puertas.
ResponderSuprimirTienes toda la razón Manuel. Pero nuestra esperanza es, dado que el enfado es contagioso, conseguir que el vecino reaccione, y éste a su vez, que lo haga su vecino y así quizá podamos terminar con la impasibilidad que bien mencionas y que regala impunidad a manos llenas. Pero estoy contigo... Piano, piano. ¡Saludos!
ResponderSuprimir